El Festival Gabo que viví
10 de Octubre de 2016

El Festival Gabo que viví

Así como los musulmanes deben visitar La Meca al menos una vez en su vida, asistir al Festival Gabo es un acontecimiento que todos los periodistas iberoamericanos deberían proponerse experimentar al menos una vez a lo largo de sus carreras.
El Jardín Botánico de Medellín fue el escenario de este Festival Gabo / Fotografía: FNPI
Hernán Restrepo

Acabo de estar en mi primer Festival Gabo, al cual asistí con el objetivo de promover entre los asistentes las descargas de la nueva aplicación del Consultorio Ético. Estar allí fue para mí una experiencia transformadora, inspiradora y decisiva para recuperar mi fe en el periodismo.

Tener la posibilidad de encontrárselos caminando desprevenidamente y tomarse una selfie o un café con maestros como Jon Lee Anderson, Miguel Ángel Bastenier o Judith Thurman, es algo que solo sucede en un evento como el que realiza anualmente la FNPI.

¿Por qué hacerlo en Medellín, ciudad donde Gabriel García Márquez no pasó tanto tiempo durante su vida?, se preguntarán algunos. Si bien es cierto que ciudades como Cartagena, Zipaquirá, Bogotá, Caracas o Ciudad de México fueron hogar de nuestro primer Nobel por más largas temporadas, Medellín es un lugar que ha realizado valiosos esfuerzos para apropiarse de su legado.

Muestra de esto es el bellísimo parque Gabriel García Márquez, que florece adyacente a la sede del Canal Telemedellín. Lleno de metálicas mariposas amarillas que decoran discretamente cada uno de sus rincones, el parque es un monumento vivo a la memoria de Gabo.

Monumento a García Márquez en el Canal Parque de Telemedellín / Fotografía: Hernán Restrepo

 

Lo que más me sorprendió durante los tres días del Festival fue la cantidad de jóvenes que desbordaron las salas de conferencias del Jardín Botánico. Si uno busca la palabra ‘periodismo‘ en Google, los resultados que le aparecen por lo general son viejas máquinas de escribir, cámaras fotográficas analógicas o micrófonos de los años 50’. Pero al caminar entre los pasillos que conectaban los distintos escenarios del evento, sentí que el periodismo está más vivo y más conectado con los jóvenes que nunca.

¿Por qué, si los grandes medios de comunicación contratan cada vez menos gente, hay tantos jóvenes que se siguen matriculando en las escuelas de periodismo?, se preguntó Rosental Alves, director del Centro Knight para Periodismo en las Américas, en uno de los conversatorios del Festival. La pregunta quedó flotando, en el aire, sin respuesta de ninguno de los asistentes.

Pero fue durante la entrega del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, evento central del Festival, que la pregunta de Rosental fue respondida. Ninguno de los ganadores en las cuatro categorías que competían este año pertenecía a lo que tradicionalmente llamaríamos ‘Un Gran Medio De Comunicación Tradicional’. Por el contrario, los galardonados y nominados en la noche del 29 de septiembre fueron periodistas valientes que le apostaron a hacer periodismo de calidad en proyectos independientes, lejos de las grandes cadenas de comunicación masiva. Algunos de ellos, habían logrado contar magníficas historias con apenas un teléfono celular, como es el caso del cortometraje animado Soy el número 16.

No me malinterpreten. No quiero decir que ya no se pueda hacer buen periodismo en los grandes medios de comunicación. De hecho, el discurso de Martin Baron, editor general del Washington Post, en la ceremonia de entrega del Premio Gabo fue una generosa lección sobre cómo uno de los diarios más tradicionales de Estados Unidos está transformándose para sobrevivir y destacarse en el mundo digital.

Sin embargo, los jóvenes que estudian periodismo hoy en día deben tener claro que probablemente no terminarán trabajando para una de las grandes cadenas de televisión, radio o periódicos de circulación nacional de sus países. Pero esto no es algo malo, porque el mismo internet que tiene en jaque el modelo de negocio de los medios tradicionales, ha permitido un boom de nuevos medios alternativos, independientes y experimentales. Y es en esos lugares donde se está originando el verdadero nuevo periodismo.

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