Desinformación: por qué es una amenaza para la democracia
3 de Agosto de 2021

Desinformación: por qué es una amenaza para la democracia

Fragmento del segundo capítulo del libro 'Periodismo ante la desinformación', publicado por la Fundación Gabo como una recopilación de las reflexiones de expertos presentes en seis actividades del Festival Gabo Nº8.
Fotografía: Element5 Digital en Unsplash. Usada bajo licencia Creative Commons.
Agustina Heb

El siguiente es un fragmento del libro digital 'Periodismo contra la desinformación', que puede descargarse de forma totalmente gratuita aquí

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“Hace una década, había un optimismo desmedido y no debidamente fundado sobre el potencial democrático de internet en temas de participación, de expresión pública”, dijo el argentino Silvio Waisbord, profesor en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en George Washington University. “Hoy, especialmente en los últimos años, el péndulo ha cambiado hacia una visión mucho más cínica, más pesimista, sobre internet, fundamentalmente por la desinformación y la política de odio, que sería limitado atribuirlo solamente a internet, sino que tiene otros factores que están motorizando esto. Pero obviamente, internet ha jugado un papel esencial. Creo que no es necesario ir ni a un extremo ni al otro”, expresó el académico en la charla ‘¿Cómo puede contribuir internet al fortalecimiento de la democracia?’

Para Waisbord, el problema de este fenómeno hoy es diferente al problema histórico de la desinformación. “La desinformación históricamente era un fenómeno piramidal: había poderes en la cúspide de esta pirámide, fundamentalmente estados, que eran los que tenían un poder desmedido para la propaganda y para la desinformación. Hoy tenemos un sistema mucho más descentralizado, en el cual la participación en la desinformación es más masiva, de diferentes organismos de estado, corporativos, ciudadanos, sociedad civil”, señaló.

“El tema hoy es que no hay soluciones fáciles a los problemas que internet presenta”, planteó el sociólogo argentino. Además, según él, por la desinformación no son todos igualmente responsables: “Algunos son más responsables, por la posición que ocupan, justamente en internet, por la llegada que tienen”.

El investigador propuso salir del debate dicotómico respecto a si Internet es malo o bueno para la democracia, y aconsejó poner el énfasis en cómo resolver los problemas y los desafíos de la comunicación digital.

Sobre esos mismos temas se refirieron Jordi Pérez Colomé, reportero de tecnología de El País, y el escritor y ensayista italiano Alessandro Baricco:

  • El aporte de la revolución digital en la democracia. Para Baricco, la revolución digital se produjo, en parte, para darle al mayor número de personas posible los privilegios y las posibilidades que antes eran solo accesibles a la élite. “Desde este punto de vista, la revolución digital consiguió los resultados esperados”, afirmó Baricco, durante la charla ‘Periodismo en busca de ¿la verdad?’ 

  • La relación de la revolución digital y la democracia. “Cuando empezó la revolución digital, la democracia ya estaba en crisis. No debemos culpar a las nuevas tecnologías de estos momentos difíciles por lo que le pasa a este sistema de organización social. No son causa y efecto”, determinó Baricco. “Pero la revolución digital sí ha tenido un efecto multiplicador, al darle mayor visibilidad, e incluso ha llevado al poder a las voces de quienes se muestran escépticos hacia la democracia”, consideró. 

  • El mundo está online. A esa conclusión llegó Jordi Pérez Colomé, durante su clase magistral ‘Por qué la tecnología necesita más periodismo’, al establecer que  la parte digital se ha convertido en algo fundamental en la vida de las personas, tanto como para ayudar a entablar relaciones con nuevas personas. 

El periodista especializado en tecnología remarcó que "en la misma época en la que surgía el móvil se empezaba a gestar el valor disruptivo de la tecnología en la vida de las personas”. “Lo increíble es que esto fue apenas hace 13 años", subrayó. “No podemos ver la tecnología como si no hubiese cambiado algo. Por eso no es algo neutral”. 

Regulación del contenido que desinforma, engaña o manipula: ¿sí o  no?

Un interrogante puntual atravesó el conjunto de actividades en la que se debatió el rol del periodismo frente a la desinformación organizada: ¿deben los estados establecer algún tipo de control o regulación para determinar si una información es engañosa o directamente falsa?

“La idea de que sea el estado el que se dedique a decir lo que es cierto es algo muy peligroso y que ayuda, sobre todo, a los estados más oscuros”, analizó el asesor de medios Jean François Fogel.

El maestro francés también dijo que duda “muchísimo” de que un estado sea capaz de ayudar a la prensa a crear normas de trabajo. “La parte del problema que tenemos es que la credibilidad de los estados ha caído de manera absolutamente fenomenal y que la credibilidad meramente se puede construir en un círculo más restringido con una voz. Puede ser una voz periodística, que día tras día no defrauda a su público y se expresa de una manera que consigue crear y hacer crecer una credibilidad. Los periodistas tienen que tener una gran claridad intelectual y moral, y hacer todo lo posible para decir las cosas según lo que consiguieron recoger en su búsqueda de la información”, justificó Fogel.

Asimismo, Fogel no cree que a un gobierno o a un juez les corresponda decidir lo que es acertado y lo que es falso. “Como siempre, la información vale por el contexto de su recepción. Al final es el público el que dice ‘lo creo o no lo creo’. Es el público el que dice ‘esto es periodismo y esto es propaganda’ o ‘esto es periodismo y esto es publicidad’. Hay que confiar en la voz del periodismo, pero teniendo en la mente que es una voz que no tiene una capacidad de hablar para todos en todos los momentos”.

Patrícia Campos Mello, periodista de Folha de S.Paulo, también cuestionó la intervención estatal o gubernamental ante actos de desinformación en el ecosistema digital: “Hay varios países debatiéndose sobre reducir o castigar la divulgación de noticias falsas. Sin embargo, esto es muy peligroso”, dijo durante la clase magistral ‘Investigar la desinformación’. Según la periodista brasileña, es mejor que se haga una regulación del comportamiento no auténtico en las redes y no del contenido. “¿Quién va a decir qué es verdad y qué no? ¿El gobierno? No queremos eso”, insistió. 

Además, hizo hincapié en que hoy la censura también se puede ver atacada por las “milicias digitales, trolls y otras cuentas automatizadas”. “Es como una nueva forma de censura tercerizada”, interpretó.

Catalina Botero Marino, decana de la facultad de derecho en la Universidad de los Andes, opinó durante la charla ‘¿Cómo puede contribuir internet al fortalecimiento de la democracia?’ que el Estado “no puede estar encargado de definir qué es verdad y qué es mentira respecto a lo que circula en internet, que es una  red global, descentralizada y abierta, en donde la desinformación puede entrar por cualquiera de los actores”.

La exrelatora para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos considera que los gobiernos sí tienen responsabilidades en materia de acceso a la información, es decir, la información que le entregan al público, aunque “eso no tiene que ver con internet ni con la esfera digital”. En línea o fuera de línea o “los gobiernos tienen la obligación de entregarle al público información oportuna, completa, accesible y fidedigna. Y eso es lo que dicen los estándares internacionales de derechos humanos. Es un problema distinto al control de verdad en internet. Hablamos de las obligaciones de los funcionarios públicos respecto del público en general. Es el límite a la gestión de los funcionarios públicos”, expuso.

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Este fragmento hace parte del libro digital de descarga gratuita 'Periodismo ante la desinformación', editado y publicado por la Fundación Gabo en el marco de su programa ‘Ética periodística’, posible gracias a la alianza con con los grupos SURA y Bancolombia, con sus filiales en América Latina. El texto profundiza en los aprendizajes que dejaron los expertos invitados a seis actividades que se desarrollaron durante el Festival Gabo 2020

Sobre el programa de Ética periodística 

La Fundación Gabo ha considerado la ética como una dimensión fundamental del oficio periodístico. Para Gabriel García Márquez, la ética y la técnica van de la mano, y desde 1995, año en que la Fundación empezó su actividad, invitó a Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, para que diera una serie de talleres sobre el tema. Cuando en mayo de ese año se hizo el primero de ellos, con el apoyo de la Unesco, Gabo pronunció una frase que hoy es famosa y se ha convertido en un lema: «En periodismo, la ética es a la técnica como el zumbido al moscardón».

Desde 2012 la Fundación Gabo, en alianza con el Grupo SURA y sus filiales, desarrolla este programa, que ha permitido potenciar el trabajo acumulado a lo largo de los años –en particular del Consultorio Ético–, y crear la Red Ética. En 2016, el grupo Bancolombia se unió como socio del proyecto.

En este espacio se reflexiona y se habla abiertamente sobre los desafíos éticos que enfrentan los periodistas en un contexto de profundas transformaciones de la práctica, la sostenibilidad y la función social del periodismo.

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