Contra el mito del periodismo como un trabajo de heroísmo individual
15 de Abril de 2013

Contra el mito del periodismo como un trabajo de heroísmo individual

Quiero lanzar una provocación: detrás de cada gran trabajo periodístico, hay un héroe solitario que pone su firma y una o más personas que fueron clave pero cuyo nombre no aparece.
Foto: Nagesh Kamath / Flickr
Luis Miguel González

No estoy hablando de plagio, ni siquiera de ingratitud u otras formas de mezquindad. Quiero arrojar luz sobre una limitación evidente del sistema de atribución o crédito de los trabajos periodísticos. No sirve para dar cuenta de los detalles que rodean el diseño y producción de una buena parte del periodismo de calidad: el diálogo con el editor, la lectura enriquecedora de los colegas y las sugerencias de los expertos, entre otros.

¿Por qué preocuparse por ello?, se preguntarán ustedes. Para eso están los agradecimientos, las atribuciones de las opiniones de otros entre comillas o incluso el organigrama, donde queda claro quién es el editor, el jefe de redacción, el director y hasta el encargado de la administración.

La cuestión es clave porque las posibilidades de hacer trabajos de excelencia están más relacionadas con la construcción y desarrollo de un entorno estimulante para el periodista que con el ensalzamiento de sus condiciones heroicas. No pretendo regatear el reconocimiento a los individuos que hacen esos reportajes, crónicas y entrevistas que hacen la diferencia positiva en nuestros medios. Mi objetivo es llamar la atención acerca del papel que desempeña el entorno que rodea a ese periodista. Es tan importante que puede hacerlo florecer o hundirlo. Entender cómo funciona la colaboración es clave para poder avanzar en un proceso de institucionalización, tan necesario en nuestra región, que parece no haber comprendido en toda su extensión que uno de los grandes retos es la gestión de la inteligencia colectiva.

“Nunca hice nada solo, excepto mis exámenes médicos”, dice en sus memorias Michael Eisner, un alto ejecutivo que fuera CEO de Disney. Les parecerá exagerado comparar el trabajo de un periodista con el del presidente de una empresa. Sólo traigo la frase a cuento porque el trabajo periodístico se produce, casi siempre, en organizaciones complejas: ahí tampoco se hace nada a solas. La colaboración es clave, aunque hablemos poco de ella. No somos como los pintores que producen sus obras en un taller, ni como los escritores a quienes puede bastarles su experiencia, su imaginación y una computadora.

Nos fascina la figura del periodista que lucha en solitario frente a las diversas formas de adversidad, como la censura, la opacidad, las limitaciones económicas y la estulticia. En esa fascinación hay algo de justa valoración del mérito de individuos excepcionales. También el testimonio de la enorme necesidad de tener héroes en estos tiempos donde el heroísmo es tan escaso. Hablar del equipo y la organización no es la mejor materia prima para producir héroes, incluso puede ser la receta para provocar bostezos entre periodistas, pero sí ofrece un retrato más realista de cómo funciona la cocina del periodismo.

“El secreto es que juntos somos mejores que por separado”, dijo Keith Richards, de los Rolling Stones en su autobiografía, Life. Bien acompañados somos mejores que solos, podríamos parafraesearlo. El buen periodismo es esa historia de buenas asociaciones y de colaboraciones fructíferas, aunque nos empeñemos en describirlo como una gesta en solitario.

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