Ataques a la libertad de expresión: mal comienzo para un año en riesgo
4 de Febrero de 2019

Ataques a la libertad de expresión: mal comienzo para un año en riesgo

¿Qué hay detrás de la seguidilla de ataques a la libertad de expresión en Colombia, el disenso y críticas a la actual administración?, se pregunta Mario Morales.
Fotografía: ernie114 en Pixabay. Usada bajo licencia Creative Commons.
Mario Morales*

Es año electoral y hasta las mismas autoridades prevén un año de mayor riesgo para la prensa y la libertad de expresión. Una alerta relacionada son los 30 hechos de violencia política en los últimos 90 días, según la MOE. Pero el acoso a la prensa en Colombia no sabe de calendarios. El 2018 terminó mal y el nuevo año mantuvo la racha. El caso más sonado fue el del intento de censura a los medios públicos. Pero ha habido otros brotes preocupantes que mantienen la misma línea de base y las mismas manifestaciones públicas en contra del ejercicio periodístico y que han enrarecido la atmósfera de la opinión pública y han comprometido el mandato democrático de la libertad de expresión:

-Acoso judicial a periodistas. El año pasado fueron 52 las víctimas, según la Flip; en enero hubo ya una.

-Estigmatización, como el reciente caso de Vicky Dávila desde una cuenta oficial del partido Centro Democrático. O como ha acontecido con periodistas como Daniel Coronell. En 2018 hubo 28 víctimas.

-Calumnias a críticos que sobrepasan su trabajo profesional, como le sucedió a Daniel Samper Ospina.

-El despido a una comunicadora de una Unidad de Trabajo Legislativo por las críticas al gobierno.

-Las 18 víctimas de amenazas, 3 de obstrucción al trabajo periodístico, 3 de hostigamiento y en general, las 30 de violaciones a la libertad de prensa en, apenas, en apenas el primer mes del año de este año, para no hablar de 2018 que dejó 605 víctimas, en el que retrocedieron los indicadores de libertad de expresión en nuestro país. Una racha que también se incrementó en el mundo de manera inédita como resultado del creciente odio a los periodistas, en muchos casos originados por líderes políticos, aprovechando la viralidad de las redes sociales, como lo señala Reporteros sin Fronteras.

En lo público y lo privado

El 2018 terminó enlazado con el actual a raíz de los intentos de censura en los medios públicos del país por cuenta del saliente gerente de RTVC, Juan Pablo Bieri, denunciados por la Flip y conocidos por todo el país, y que hacen parte de una seguidilla de acciones en otros medios y contra periodistas críticos, en las que la primera víctima ha sido la libertad de expresión.

Vista la coyuntura, se trata de una prueba de la manera como entendió el delegado del gobierno para dirigir los medios públicos, que tiene en su historial nada menos que haber sido el jefe de comunicaciones de la campaña del actual presidente y “su mano derecha en el trabajo de campo”, al decir del mismo Duque.

En grabaciones de audio divulgadas, se documentó todos estos días el intento inexcusable de censura, toda vez que tiene voz en off del exgerente Bieri, que ordena, determina, se contradice y habla en nombre del mismo presidente: “ni este hombre que fue elegido políticamente por el pueblo, por las grandes mayorías, ni esta empresa, (sic), yo no estoy dispuesto a aguantarme ese sonsonete…” para intentar vetar el programa Los Puros Criollos (“matamos la producción”) y a su presentador, Santiago Rivas, (“no hay posibilidad de que en esta gerencia Santiago vuelva a trabajar…con esta empresa”).

Esa grabación deja ver, más allá, las razones del intento de aplastar la opinión de Rivas y su manera de pensar, expresada en redes sociales.  Según Bieri, “No habla de RTVC, pero habla del proyecto de ley (el de la modernización de las TIC), pero hace quedar, digamos si RTVC está a favor del proyecto, y critica el tuit donde RTVC respalda el proyecto de ley…declárese impedido…”

En el fondo está pues, el polémico proyecto de ley que ha sido cuestionado desde diversos sectores de la industria, la academia, partidos políticos y sociedad civil, y la pretensión del exgerente de evitar el debate y de contribuir, como lo ha intentado el gobierno, a que la iniciativa pase sin objeciones, sin medirse en las acciones o decisiones que tuvieren que tomar para lograrlo.

La consecuencia directa es la displicencia con respecto a los medios públicos y el riesgo inminente de que se aparten de su función democrática de favorecer la libertad de expresión, la diversidad y el pluralismo, y se conviertan en caja de resonancia del gobierno; dejan en vilo también la autonomía y la independencia de la entidad con prácticas autoritarias que no llegaron a fraguarse merced a la intervención de las entidades encargadas de defender la libertad de prensa, como la Flip, y a la presión de la opinión pública, que llevó a los encargados a reprogramar “Los Puros Criollos” y a la renuncia  del funcionario luego de 5 meses de posesionado.

Los otros síntomas

Pero la trama que detonó el explícito intento de censura tiene muchas más escenas y una línea argumental claramente contradictoria con el deber ser de los medios públicos, que se vislumbraron desde la posesión de Bieri en septiembre pasado.

-La intención manifiesta desde la posesión de poner a competir los medios públicos con los privados. El mismo presidente ponía el énfasis, en el discurso de posesión de Bieri, en el aumento exponencial de la audiencia y dejaba en segundo plano la función de los contenidos públicos de llenar las carencias y vacíos que dejan los operadores privados, aún sin con ello se sacrifican las mediciones, en la medida en que lo narrado entra a formar parte de la memoria audiovisual y del patrimonio cultural del país.

-La directriz de acabar con la que denominaron “dictadura de las parrillas” que siguen siendo, como sabemos, la base de consumo televisivo en pantalla tradicional en un país desconectado y tremendamente desigual en el acceso a los productos audiovisuales en otro tipo de dispositivos y de redes.

-El cambio intempestivo, en diciembre pasado, de los equipos creativos del Canal Señal Colombia que habían dado muestra de su capacidad, como lo prueban los premios, menciones y críticas favorables de los expertos. No les fue renovado el contrato a 19 empleados que tenían que ver con todo el proceso creativo del Canal.

-La demora en aprobar la parte contractual de las 23 coproducciones pactadas por un valor total de 20 mil millones de pesos, de los cuales la entidad aporta el 25%, con el correspondiente detrimento en la oferta y la programación, amén de la afectación de las casas productoras, a la espera de los giros necesarios para terminar sus productos.

-La usurpación de funciones en la decisión sobre la programación de Señal Colombia y en la Radio Nacional, como el pasado 28 de noviembre, cuando sus periodistas no pudieron intervenir en la entrevista al presidente Duque, y fueron reemplazados esa mañana por dos analistas invitados. Su director, denunció injerencia en el tratamiento de los temas y listas de invitados.

-La toma de partido del exgerente, a nombre de todo el sistema de medios públicos, para apoyar el ya mencionado proyecto de ley de modernización de las Tics, a pesar de las dudas acerca de las amenazas o riesgos que puedan sobrevenir para su sostenibilidad.

-La displicencia en torno a las narrativas y estéticas de los medios públicos, más allá de la mera conectividad tecnológica, así como el desprecio al trabajo realizado en la construcción de la parrilla de Señal Colombia con base en franjas, mediciones de audiencia y coherencia de contenidos.

Lo que está en juego

Procesos disruptivos como los mencionados ponen en tela de juicio todo el sistema democrático, porque afectan la aplicación de principios fundamentales de consensos internacionales como los que expone la Unesco, para que:” puedan prosperar la libertad de expresión, independencia y pluralismo de los medios”,  o “fomentar el libre flujo de la información” y para que “los ciudadanos pueden comunicar entre sí historias, ideas, información y correctores de la ´natural asimetría´ de la información entre gobernadores y gobernados y entre agentes privados en competencia u facilitadores del debate bien informado entre diversos actores sociales, fomentando la resolución de controversias por medios democráticos y maneras en que la sociedad aprende sobre sí y conforma un sentido de comunidad´”, es decir, para que puedan garantizar la autonomía de los medios públicos concebidos como estatales pero no como voceros del gobierno de turno, ni como propagandistas de sus políticas o pretensiones.

¿Preguntas?

Frente a un panorama tan desalentador es normal que medios, periodistas y ciudadanos se pregunten si hay sistematicidad en estas formas de actuar y de decir, y si corresponden a estrategias para evitar preguntas, desinflar debates, arrinconar periodistas, obviar explicaciones, culpar terceros, ocultar errores o aplastar críticos. Pero también:

-Si hay directrices en estos ataques a la prensa y, de manera directa e indirecta, a la libertad de expresión de los ciudadanos.

-Si el carácter irascible, lenguaje de odio y mensajes violentos en redes sociales forman parte de una táctica para obstruir el trabajo periodístico y la labor de columnista y críticos.

-Si estamos frente a una suerte de doctrina aplicada por fanáticos que parecen ser más papistas que el papa. 

-Si fue reemplazada la meritocracia por el pago de favores con nombramientos clientelistas.

-Si las hojas de vida corresponden a las necesidades de los cargos y funciones requeridas.

-Si se va a mantener o no un proceso histórico ganador como el de RTVC y especialmente de Señal Colombia, cuyas bases fueron sentadas a comienzo de siglo y representan un trabajo creativo polifónico, de miles de personas expertas en el área, durante más de 3 lustros.

- Si la gerente encargada de RTVC, Juana Amalia González, que trabaja allí desde 2011 y tiene una hoja de vida que habla de su amplia experiencia en el sector, retomará la senda de los medios públicos o si los asesores contratistas que contrató la gerencia saliente, seguirán metiendo la mano por encima de los empleados en cada una de las áreas.

-Si está en marcha una aplanadora con tal de lograr la aprobación de un proyecto de ley que no ha tenido la suficiente participación ciudadana, académica y de expertos, a pesar de lo que diga la minTic; y si a ella le tocaría aclarar si tiene conflicto de intereses, habida cuenta de sus cargos previos como jefe de políticas pública para el Cono sur de Facebook y gerente de relaciones gubernamentales de Apple para América Hispanoparlante; empresas tecnológicas que, entre otras, se verían beneficiadas con la nueva legislación. ¿Por qué la prisa y el llamado de urgencia?

-Si el gobierno apoya o no los tipos de censura brutal mencionados anteriormente y si al frente de RTVC, Señal Colombia, los medios públicos y los entes reguladores quedarán personas idóneas, éticas y preparadas que garanticen la libertad de expresión y las aspiraciones democráticas de un país diverso y pluricultural, o seguirá dándole contentillo a sus áulicos con puestos en lo que está en juego el destino de la nación.

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* Apartes de este artículo fueron publicados en la Revista digital Razón Pública.

** Mario Morales es analista, columnista y profesor asociado de la Universidad Javeriana. www.mariomorales.info y @marioemorales

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