3 lecciones periodísticas que nos dejó el temblor #19S
11 de Diciembre de 2017

3 lecciones periodísticas que nos dejó el temblor #19S

Para Jorge Tirzo, el temblor le movió el tapete al periodismo mexicano.
Terremoto 19/S Prolongación Petén 915 | Fotografía: Germán Gutiérrez en Flickr. Usada bajo licencia Creative Commons
Jorge Tirzo

Han pasado casi tres meses desde que un par de grandes terremotos azotaran el centro de México. El primero, el 7 de septiembre, devastó estados ya de por sí con problemas de pobreza, delincuencia organizada, corrupción y descontento social: Chiapas, Oaxaca y Guerrero. El segundo, el 19 de septiembre, fue sorpresivo para la Ciudad de México por la intensidad y por haber ocurrido el día del aniversario del temblor más fuerte que haya afectado a los mexicanos.

El periodismo mexicano también fue sacudido por dichos temblores. Esos días, la agenda noticiosa se repartía principalmente entre la cobertura de los huracanes en el océano Pacífico y los movimientos políticos previos a las elecciones presidenciales del próximo año. De pronto ocurrió el temblor del 7 de septiembre y la cobertura fue la habitual para una catástrofe natural: enviados al lugar de los hechos y la declaracionitis de funcionarios públicos. Hasta que llegó el temblor del 19 de septiembre y al afectar la capital del país también desquició a las redacciones periodísticas que en su mayoría tienen sede en la Ciudad de México. Como diríamos coloquialmente en México: el temblor le movió el tapete al periodismo.

En México, el referente absoluto de los movimientos telúricos era (y sigue siendo) el terremoto de 1985. La mañana del 19 de septiembre de ese año, un sismo y su réplica devastaron gran parte de la capital mexicana: edificios enteros colapsaron, el servicio de agua se interrumpió por semanas y las comunicaciones quedaron gravemente dañadas.

Justamente 32 años después del 19 de septiembre de 1985, en 2017, la Ciudad de México volvió a temblar. Las diferencias políticas, sociales y tecnológicas son enormes entre un momento y otro. Ya no vivimos en un sistema de partido único aunque otra vez gobierna el PRI. En vez de cartas y teléfonos, fueron las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea las que jugaron un papel crucial. Ahora México cuenta con una enorme red de alertas sísmicas, que paradójicamente no sirvió de mucho por el lugar del epicentro y la cercanía con la ciudad. En suma, que hubo muchas diferencias entre el sismo del 19 de septiembre de 1985 y el del #19S de 2017.

A continuación presento algunas de las lecciones periodísticas que dejó este temblor...

1. Las comunicaciones siguen siendo vulnerables

Apenas unos minutos después del temblor, la telefonía y el Internet de la Ciudad de México colapsaron. La saturación de usuarios, la falta de energía eléctrica en muchas zonas, así como los daños en centrales y torres transmisoras, ocasionaron que hubiera zonas de la ciudad donde el Internet fue inexistente hasta el día siguiente. Aunado a eso, algunas redacciones tuvieron que ser evacuadas por días debido a los daños, lo que ocasionó dificultades para la publicación periodística. Ni del lado de la emisión ni de la recepción había condiciones para el periodismo en línea.

La televisión no tuvo tantos problemas en la emisión, pero considerando que muchas partes de la ciudad no tenían energía eléctrica, su transmisión no era muy útil a nivel local. El periodismo televisivo tuvo un papel más funcional para las personas fuera de las zonas afectadas, en otros estados o en el extranjero.

Fue la radio la que tuvo un papel importante en la difusión de información en el momento de la crisis. La mayor parte de las estaciones pudieron transmitir desde el momento mismo del sismo e incluso coincidió con los horarios de sus informativos habituales. Por las calles de la Ciudad de México era frecuente encontrar automovilistas con la radio a un volumen alto para poder escuchar en grupo lo que decía el periodismo radiofónico. Además, considerando que el tránsito vehicular fue muy intenso ese día, la transmisión radiofónica escuchada desde el asiento del conductor fue algo muy importante para ese día.

Ante ello queda plantearse la reflexión de los protocolos de acción en casos de crisis. Evidentemente habrá momentos en que sea imposible transmitir información o hacer una cobertura digna. Sin embargo, el criterio ético que debería primar es el del interés público. Cada medio debería saber cómo continuar su labor informativa en caso de que su forma habitual de publicar se vea afectada.

2. El periodismo es un servicio público, sobre todo en momentos de crisis

El terremoto dejó a muchos ciudadanos en una inusual escasez informativa. Por horas no se sabía a ciencia cierta la intensidad, los alcances y las afectaciones reales del temblor. El rol social del periodismo debería ser el de informar en la cotidianidad pero aún más en las crisis. Un caso criticable fue el del Canal 22. Se trata de un medio público bajo la tutela de la Secretaría de Cultura. La tarde del 19 de septiembre la emisora suspendió todas sus transmisiones en vivo, dejando solamente programas grabados. La situación se prolongó por cuatro días a pesar de informar que sus instalaciones no habían sufrido daños.

En palabras del analista de medios, Gabriel Sosa Plata: “Canal 22 cuenta con recursos humanos y técnicos, así como con una unidad móvil para transmisiones remotas, que le hubiesen permitido salir a la calle y llevar a cabo sus responsabilidades periodísticas, mientras se realizaban los peritajes de sus estudios y oficinas administrativas. Sin embargo, en lugar de ello, se optó por lo menos problemático: cerrar sus puertas”.

Destaca el hecho de que algunos de los periodistas de Canal 22, como Irma Gallo y Víctor Gaspar, asumieron personalmente la responsabilidad de informar haciendo una cobertura directa mediante sus redes sociales, sus propias cámaras y sus propios medios. El periodismo, sea financiado por recursos públicos o privados, es un servicio para la comunidad.

3. Las autoridades son solo una fuente más y la información debe ser verificada

Mención aparte merece el papel de la verificación de datos en este caso. Las primeras horas se vivió una situación de escasez informativa excepcional: No se sabía qué edificios se habían derrumbado realmente, no había forma de comunicarse ni desplazarse en distintas zonas de la ciudad, no había certezas ni informaciones certeras. Al día siguiente la situación dio un giro enorme pues al regresar la señal de Internet y la energía eléctrica, regresó la hiperabundancia informativa, trayendo consigo los rumores, la desinformación y la mentira.

En redes sociales circularon decenas de reportes falsos de edificios que supuestamente se habrían derrumbado sin ser verdad. El contagio viral de esas informaciones fue enorme debido a la tendencia a confiar en nuestros contactos cercanos. Para muchos, si un amigo lo mandó por WhatsApp es verdad, aunque se trate de una descomunal mentira. Es por ello que abundaron decenas de informaciones falsas originadas principalmente en rumores o malas interpretaciones.

Sin embargo, el caso más llamativo fue el de la inexistente niña Frida Sofía, supuestamente atrapada bajo los escombros del Colegio Enrique Rébsamen al sur de la ciudad. El derrumbe fue real y hubo decenas de víctimas tanto de alumnos como del personal de la escuela. Sin embargo, al día siguiente del terremoto los medios comenzaron a enfocar su cobertura en las labores de rescate para acercarse a una niña denominada Frida Sofía. La marina tomó control del derrumbe y Televisa emplazó un equipo de tiempo completo frente al edificio colapsado.

La reportera Danielle Dithurbide fue el rostro más visible de una cobertura inusualmente intensa: Entrevista a los marinos rescatistas, la demostración de los aparatos de rescate, la narración en tiempo real de la remoción de escombros, múltiples anuncios de que Frida Sofía estaba a punto de ser rescatada... Toda una tarde y toda una noche la situación se prolongó sin que ninguna Frida Sofía fuera rescatada. Hasta que la marina anunció oficial e inesperadamente que ya no había nadie vivo y que nunca había habido contacto con ninguna Frida Sofía.

El anuncio se dio en vivo y representó un golpe de credibilidad para Televisa, que fue la principal emisora que dio cobertura al caso. Ya la noche anterior medios como Aristegui Noticias habían cuestionado la existencia de Frida Sofía dando voz a rescatistas que negaban haber oído de ellas y mediante el cuestionamiento del paradero de los padres de la supuesta alumna. Sin embargo, Televisa mantuvo su cobertura casi telenovelesca hasta que la Marina deshizo la historia.

El resultado fue que Televisa tuvo que sacar a cuadro a dos de sus presentadores de noticias de mayor impacto (Denise Maerker y Carlos Loret de Mola) para tratar de controlar los daños. Junto con la reportera, afirmaron que toda la información sobre Frida Sofía se las había proporcionado la Marina y que el almirante a cargo de la zona había confirmado antes la búsqueda de la niña. En resumen, que ellos no habían hecho nada mal y que todo era culpa de la Marina y su información oficial. Luego la Marina dijo que se había equivocado, que sí dijo lo que dijo, pero que al final resultó que no era así...

A nivel de ética periodística, el caso llama la atención pues Televisa realizó una cobertura monofuente más, como la que realizan la mayoría de los medios mexicanos de forma habitual. En vez de investigar, entrevistar, contrastar y hacer fair play, se confía ciegamente en la información oficial, la rueda de prensa o el informe gubernamental. Habitualmente el medio solo reproduce la información oficial y no pasa nada; el problema viene cuando es una situación extrema de crisis en que la fuente oficial se desdice.

¿Cuál era la única forma de prevenir este desastre informativo? Hacer periodismo de verdad: preguntar a los padres de familia si tal niña existía, preguntar a fuentes no oficiales, balancear poniendo a cuadro los diferentes puntos de vista... Verificar la información.

Por último, resulta ejemplar y sintomático que en este temblor el mayor esfuerzo de verificación haya venido de la sociedad civil. Un grupo enorme de usuarios de la red se organizó alrededor del hashtag #Verificado19S para hacer una labor de fact-checking sobre los derrumbes, afectaciones, centros de acopio, etc. La lección es que, si los periodistas no realizan su labor, la sociedad civil lo hará por cuenta propia. Si el periodismo no quiere volverse irrelevante, debe hacer buen periodismo o alguien más lo hará bien.

Sobre el autor

Jorge Tirzo es escritor, periodista y académico. Editor de la Revista Mexicana de Comunicación y bloguero en la revista Gatopardo. Es licenciado en Periodismo y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey. Maestrante en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Twitter: @ztirzo

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