La promesa

La promesa

Los habitantes aguardan con anhelo el cambio que quizás restaure la gloria que el pueblo perdió antaño cuando una noche el Magdalena optó por un nuevo cauce. Los turistas, en cambio, observamos con apática tristeza el posible fin del aislamiento. Tememos que el pueblo pierda su esencia.
Santiago Wills

La promesa del progreso no llegó a Mompox en la forma de un tren amarillo o una flota de barcos a vapor. La ilusión del cambio llegó con el anuncio de la próxima construcción del que será el puente más largo de Colombia. 

Los habitantes aguardan con anhelo el cambio que quizás restaure la gloria que el pueblo perdió antaño cuando una noche el Magdalena optó por un nuevo cauce. Los turistas, en cambio, observamos con apática tristeza el posible fin del aislamiento. Tememos que el pueblo pierda su esencia. Lo imaginamos repleto de turistas, de miles y miles de personas como nosotros, y sentimos tristeza. Creemos que nuestra visita perdería algo de su encanto si no cortaran la luz los domingos, si pudiéramos acceder a Internet en todas partes o si quienes ofrecieran los recorridos de la ciudad no historiadores callejeros, sino empleados de agencias vistiendo uniformes o usando megáfonos…

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