El abuso de las cámaras de seguridad en los noticieros de TV

El abuso de las cámaras de seguridad en los noticieros de TV

Frente a la cantidad de veces que los medios televisivos se apoyan en los recurso de las cámaras de seguridad, caben dudas sobre su utilización que roza los limites del uso abusivo.
Fotografía: Jonathan McIntosh en Flickr / Usada bajo licencia Creative Commons
Hernán Restrepo

Veo cómo la escena se repite siempre al medio día. Mis compañeros de oficina comen su almuerzo prácticamente hipnotizados por el noticiero de televisión que transmite una seguidilla de grabaciones de cámaras de seguridad en donde ladrones hacen de las suyas sin mostrar ningún tipo de remordimiento. Entre reportaje y reportaje, los oficinistas comentan indignados sobre la situación de seguridad de la ciudad, y uno que otro trae a colación una historia de atraco que vivió en carne propia hace poco.

Al ver esta escena, constantemente me pregunto ¿la situación de inseguridad del país es tan grave como lo muestran los noticieros de televisión? ¿O están creando estos noticieros una percepción de exagerada sobre la incidencia de la delincuencia común? El presidente de Colombia está más a favor de mi segundo cuestionamiento. Así lo demostró al pedirle a los medios de comunicación no publicar videos de celulares robados. Algunos, con razón, calificaron esta petición del presidente como censura, entre ellos la Fundación Para la Liberta de Prensa (FLIP).

Lo cierto es que esta fórmula de plagar los noticieros de televisión con cuanto video de ladrones o accidentes de tránsito haya por ahí da excelentes resultados en términos de audiencia. Omar Rincón, el más respetado crítico de televisión del país, calificó esta forma de hacer noticias como periodismo carroña. “El dolor, el escándalo, el odio, el tuiter asesino, el bocón de esquina, el matón del adjetivo, el accidente de calle, el golpe de madre, la miseria de marido irascible, el joven que incumple la ley… La noticia es la carroña del pobre, la miseria del excluido, la barbarie del margen”, describe Rincón en su dura columna titulada El periodismo televisivo no existe.

A pesar de las críticas existe aquí un dilema periodístico. El primer deber de nuestro oficio es prestarle un servicio a la sociedad informando con equilibrio sobre la realidad actual. Estos videos suministrados por la Policía a los medios de comunicación hacen parte de la realidad. Estos robos, accidentes, violaciones y demás delitos ocurren a diario en todas las ciudades de Colombia. ¿Deberían los noticieros darle la espalda a esta información y no transmitirla para evitar ser calificados como amarillistas? Eso sería fallarle a la sociedad a la que servimos como periodistas.

El problema, desde mi punto de vista, radica en que hay una gran diferencia entre retratar y caricaturizar la realidad. La forma en que estas grabaciones de cámaras de seguridad son mostradas raya en lo absurdo. Los videos se repiten una y otra vez en los noticieros empleando recursos como el zoom in y la cámara lenta, con el único motivo de darle gusto al morbo del televidente. Adicionalmente, son presentados de una forma completamente descontextualizada. El periodista cuenta cómo sucedió el delito específico que se muestra en el video y concluye diciendo que el ladrón sigue suelto o que fue capturado. Hasta ahí llega su investigación. No hay cifras o análisis adicionales sobre las verdaderas causas sociales de estas situaciones de inseguridad que azotan especialmente a los sectores más pobres de Colombia.

La caricaturización de la realidad a la que me refiero también sucede por la cantidad de tiempo que se le dedica en los noticieros a estas grabaciones de cámaras de seguridad. Por lo general hacen parte de los primeros titulares con los que se presenta el noticiero, y luego terminan ocupando más de un 50 por ciento de la emisión total. Esto hace que, por estar satisfaciendo el morbo de la audiencia, los noticieros dejen de lado otros temas que significan menos rating, pero que son de vital importancia para el país: el proceso de paz, el cambio climático, las relaciones con nuestros países vecinos, por ejemplo.

Otro problema es que, por la forma en que son presentados estas grabaciones (en cámara lenta, zoom in milimétrico y loops de nunca acabar), se terminan convirtiendo en verdaderos video tutoriales para delincuentes sin experiencia que aprenden ahí todos los errores que deben evitar cometer para no terminar siendo sorprendidos con las manos en la masa. Los noticieros de televisión no solo entorpecen con esto las investigaciones judiciales, sino que se terminan convirtiendo en adiestradores de los criminales.

No digo aquí entonces que se deban dejar de emitir grabaciones de cámaras de seguridad en los noticieros de televisión. Pero hay que hacerlo en su justa medida, sin que éstas le quiten el tiempo a otros temas que la audiencia necesita conocer, investigando un poco más para presentar estas grabaciones en el contexto adecuado, y evitando recursos amarillistas que caricaturizan la presentación de la información.

En esto coincide el maestro Javier Darío Restrepo en una respuesta sobre el tema en el Consultorio Ético de la FNPI, quien no sataniza estas grabaciones, pero pide evitar el periodismo perezoso al usarlas. “El material registrado por las cámaras de seguridad se incorpora a otros datos que, manejados críticamente y con imaginación,  permiten entregarles a los televidentes una versión lo más cercana posible a la realidad de los hechos. Esto supone un trabajo de recolección de información mucho más exigente que el solo uso de los videos”, aconseja.

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