Taller de Reportaje de investigación sobre artes y cultura
7 de Octubre de 2016

Taller de Reportaje de investigación sobre artes y cultura

Este taller es práctico, es la ocasión para hacer un paréntesis en el quehacer diario, en la presión de la sala de redacción y en la avalancha diaria de noticias.

Caracas, mayo 16 al 21 de 2005

 

Relator: Lorenzo Morales R.  

cienpies@gmail.com

Este taller es práctico, es la ocasión para hacer un paréntesis en el quehacer diario, en la presión de la sala de redacción y en la avalancha diaria de noticias. Es un espacio para hablar con completa confianza del oficio del periodismo. Y sobre todo para cargar pilas y dotarnos de nuevas perspectivas en nuestro trabajo hacia el futuro. Miraremos el tema de la cultura mas allá de verla como un producto, hay un gran debate al respecto y ese debate es el trasfondo de nuestro trabajo. Luego reflexionaremos sobre nuestro trabajo y responderemos a la pregunta: ¿qué es periodismo de investigación?

  1. La cultura en América Latina
  2. El periodismo de  investigación en arte y cultura
  3. Las fuentes y las entrevistas
  4. Nuestro lector imaginado
  5. Cómo fue investigar para “El museo desaparecido”
  6. Conclusiones

1. El panorama de la cultura en América Latina

Si nos miramos frente al caso de los países anglosajones, se puede decir que en  general en América Latina el tema de la cultura está centralizado. Aquí tenemos ministerios que agrupan esa labor y por lo mismo es un tema que maneja muchas dosis de política. En los países anglosajones la cultura la administran esencialmente fundaciones que a su vez subsisten gracias a donaciones de filantropía. Eso cambia el panorama. La descentralización facilita la investigación en la medida en que los archivos y los documentos están en muchos lugares. Aquí la fuente es mas estrecha, aunque no hay que olvidar que siempre existe una copia de casi cualquier documento. Esto para el periodista es muy importante. De otro lado la centralización también tiene sus ventajas y hay que saber aprovecharlas. Cuando hay centralización, por ejemplo, es fácil identificar la corrupción. 

En Europa, la cultura es considerada un renglón más del mundo de los negocios. En América Latina hemos tenido mucha dificultad para entender esto. Es decir, que si no nos basta con justificar la cultura por sí misma, queda el argumento de que además es un negocio que año tras año mueve mucho dinero, argumento que seguramente sensibiliza más a algunos. Sin embargo, está claro que la cultura no es sólo buena por que es buen negocio. Está llena de intangibles que la justifican. 

Aquí en América Latina tenemos la ventaja de que hay mucha pasión por saber más sobre la cultura, mientras que en los refinados países europeos ya hay una fatiga por la cultura. Somos gente que quiere aprender más, que estamos ansiosos por saber qué pasa en otros países, por entender muchas cosas. La educación aquí todavía nos parece que es algo conveniente. En Europa es algo obvio.

La cultura va más allá de las artes cultas. También está la cultura popular, la cual cada día gana más atención, e incluso goza de cierta moda. Evidentemente en América Latina hay una gran cultura popular que no está documentada y que se toma como algo banal y evidente. Son campos vírgenes para el periodismo y debemos integrarlo a nuestro trabajo. Es el caso, por ejemplo, del Reggeatón, un fenómeno musical que está naciendo y que ha sido poco documentado con profundidad. Los periodistas debemos estar atentos a esto.

La idea del arte latinoamericano es en muchos casos una invención (de hecho América Latina como término es una invención francesa). De alguna manera también esa clasificación sirve a intereses que están mas allá de la cultura. Sin embargo nuestro arte conserva muchas cosas en común. Las influencias exteriores, por ejemplo, son una de esas cosas. 

Se habla mucho de la influencia hispana en EE.UU, y que pronto vamos a ser un poder en ese país, aunque yo no creo que eso sea tan evidente.  Lo mismo sucedía con los italianos en los años 20, y sin embargo no se volvieron italianos en EE.UU, sino que fueron asimilados de manera que son americanos; italo-americanos. Lo mismo sucedió con los yidish y lo mismo sucederá con los latinos. Un caso que ilustra bien esto es el del secretario de justicia de EE.UU: de apellido González pero más americano que George Washington.

Somos países de una gran diversidad y riqueza cultural, pero no estamos haciendo el trabajo de conservar eso de alguna manera para cuando vengan las épocas de las vacas flacas, es decir cuando el paso de la historia haga de las actuales manifestaciones culturales algo más escaso. Los políticos no siempre ven el valor de estas cosas y parte de nuestra misión es hacerlo recordar todo el tiempo. 

En América Latina, las políticas culturales están en muchos sentidos amarradas a estructuras muy débiles, muchas dependen de mecenazgos, pero no hay una tradición de gestión cultural. Y esto es uno de los grandes problemas del continente. Hay proyectos que duran tres años y luego se caen. No hay continuidad. Y por lo mismo se siguen creando estructuras paralelas en vez de consolidar lo que ya hay. Esa es una de nuestras misiones: recordar que no hay continuidad. Tiene que haber generaciones de curadores, de editores, etc. Así se crea una memoria y una estructura.

Por eso mismo existe en nuestros países la necesidad de crear funcionarios culturales de carrera. De manera que aunque cambien los gobiernos y las gerencias, las estructuras permanezcan estables. Esto lo dan las generaciones de funcionarios precisamente entrenados y familiarizados no sólo con el tema, sino con el tema dentro de la estructura. Y aunque la gestión le corresponde a los administradores, debe haber un consejo consultivo en el que la gente de la cultura pueda intervenir.

También nuestra misión es dar a conocer y hacer recordar los modelos que se utilizan en otros países. En Inglaterra, por ejemplo, un porcentaje de los recursos que generan las loterías se dedica a la cultura. En Francia hay un impuesto a la taquilla del cine que se destina a nuevas producciones, de manera que quienes compran una boleta para entrar a ver el cine de Hollywood, están destinando un porcentaje a patrocinar la creación de cine francés, etc.

La ausencia de una tradición de gestores culturales y de estructuras consolidadas hace de la cultura un tema vulnerable. En algunos contextos y bajo ciertas circunstancias políticas, la cultura también tiende a convertirse en instrumento de la política. Por ejemplo se puede dar el caso en el que se exalta el nacionalismo a través de la cultura y el folklore. De la misma forma hay una censura a ciertas expresiones “impuras” o extranjeras, y con frecuencia a la cultura norteamericana por ser la dominante. Y esto parece ser una tendencia en América Latina. Detrás de esto está la pregunta: ¿qué es cultura?

La respuesta es compleja, sin embargo podemos advertir que la idea de cultura está siendo carcomida por la farándula. Hoy en día nos cuesta trabajo distinguir entre el último libro de Gabriel García Márquez y el último disco de Jennifer López. Hay que crear un dique y diferenciarlo. Hay que saber que son lectores distintos. Y esto vale la pena decirlo porque es algo que ocurre incluso en los grandes diarios y en los más serios.

Es importante señalar que incluso detrás de los temas que parecen más banales hay una historia que contar. Lo que es malo no son los temas en sí mismos (moda, farándula, estilo) sino el trabajo del periodista que no profundiza o no propone nuevos enfoques. Hay que liberarse del temor a proponer un nuevo enfoque, o un tono diferente por miedo a que sea difícil de clasificar en alguna sección o dentro del estilo de cierta publicación. 

La cultura es cambiante y por ello también lo es el trabajo del reportero que está en ese terreno. Los grandes diarios del mundo son conscientes de esto y permiten a sus periodistas asistir a eventos, obras de teatro, cine, música, etc. Eso es algo sobre lo que hay que insistir a los editores de nuestros países. Esa cierta libertad hace que en últimas el trabajo sea mejor. A veces uno no se atreve a decirlo a sus editores. Hay que insistir y como digo es algo que se verá en las notas.

Se pueden tener amigos en el mundo cultural, pero es importante tener presente que los medios deben cubrir una gran gama de manifestaciones, y no sólo aquellas a las que se tiene fácil acceso. Muchas veces los reporteros culturales se quedan siempre con las mismas fuentes y escriben sobre lo mismo. Diversificar el espectro da mayor credibilidad al periodista y en últimas al medio.

Son muchos los temas culturales desatendidos en América Latina. Sólo para mencionar algunos: están el robo y exportación de patrimonio (robo de arte colonial o prehispánico); el mundo editorial; la televisión y el cine, desde el punto de vista de su forma de producción y distribución; los CD y la música bajada de la red, una industria que se esta transformado y que afecta desde los contratos de los artistas hasta la forma de los conciertos; las fiestas populares, las cuales no sólo mueven pasiones sino también millones, entre otros.

 

2. El periodismo de investigación en arte y cultura

La primera pregunta que habría que responder es ¿qué es periodismo de investigación? El periodismo de investigación es el reportaje de todos los días pero llevado hasta el fondo. Es hacerse más preguntas, desarmar un tema, y volver a armarlo. Es saber bien y en profundidad de lo que se habla para poderlo narrar de la mejor manera a los lectores. Es como contar un chiste: quien lo hace tiene que conocerlo desde el principio hasta el final. De eso depende su éxito. De lo contrario el periodista repite como un papagayo.

También hay que saber cuándo un artículo es de investigación y cuándo no. Es un error frecuente de los periodistas, y a veces incluso de los editores, desperdiciar un tema muy bueno en una nota corta y efímera cuando merecería un trabajo más paciente. En contraposición, tampoco vale la pena gastar mucha energía en una historia que no merece una gran investigación. Cuando el tema lo merece, hay que hacer uso de todos los medios.

Hay que luchar contra el síndrome de la premura. No siempre es mejor publicar lo antes posible todo lo que se tiene. Es importante aprender a contenerse y a reconocer las historias que tienen un aliento mayor, no sólo por las posibilidades que ofrece el tema, sino por el entusiasmo y el interés que despierta en nosotros. Lo cierto es que de todas las historias se podría escribir un libro, pero esa decisión depende también del interés del periodista y de su pasión por sacar un tema adelante.

A mi parecer, uno de los errores que cometen muchos diarios por temor a que la competencia tome la delantera es publicar antes de tiempo y de manera incompleta aquellas historias que, se sabe, son para trabajar a largo plazo. Así terminan por matar la historia. El periodismo de investigación implica artículos largos. Hay que mostrarle al editor que eso que uno investigó tiene valor y por lo mismo vale la pena publicarlo en su extensión. Como último recurso, si se decide publicar la historia por entregas, hay que lograr conexión entre una y otra, incluso repitiendo un párrafo sintético de la entrega anterior.

Cuando se piensa que una historia tiene el aliento suficiente para convertirse en libro, hay que prever la estructura que se le quiere dar al texto. En general es muy buena idea, aunque no siempre es posible, que cada capitulo del libro sea una estructura autónoma. Que cada capítulo sea un reportaje redondo ligado a un tema concreto que se desarrolla y se culmina. El libro lo termina haciendo el entramado que hila todos los capítulos.

En todo caso, cuando se hacen investigaciones a profundidad siempre hay elementos o pequeñas historias que pueden ameritar una nota más corta, como un subproducto de nuestra investigación grande. El trabajo es muy cambiante así que el periodista debe aprender también a distinguir entre los temas que pueden perder vigencia y los que no. Tener clara esa distinción nos permite aprovechar al máximo el trabajo que hacemos.

Hay cinco elementos que deben estar en la actitud del periodista. El primero debe ser, sin duda, la modestia; el segundo la modestia; el tercero más modestia y el penúltimo; aún más modestia. Finalmente, el quinto, que se deriva de los cuatro anteriores, es aprender a escuchar. 

Cumplir con estos principios nos permite identificar cuál es el punto central de la historia, y es ella la que debe ser protagonista de nuestros textos. Precisamente escuchando con modestia puede que se descubra que la noticia está en otro lado y no donde nosotros asumíamos que se encontraba. Para eso hay que estar abierto. No es malo preguntarse varias veces ¿cuál es la noticia? Y este auto-cuestionamiento no solo debe hacerse con frecuencia sino que debe venir a nosotros como un reflejo.

En general, para cualquier tipo de investigación suele ser muy útil seguir el rastro del dinero. En el tema cultural, el dinero sigue siendo importante pero quizás no el asunto fundamental. En la cultura muchas veces la clave está en el poder. Probablemente, por dar un ejemplo, la intriga con un ministro, un director de museo, un promotor cultural, un editor, etc. no suele ser por que este quiera enriquecerse sino más bien porque este quiere perpetuarse. Para cubrir los temas culturales no sólo hay que preguntarse por dónde va el dinero sino por dónde va el poder. Esto es muy importante. En todo caso vale la pena no dejar de lado el tema de la corrupción, o de los incentivos a la corrupción. No sobra advertir acá que para el delicado tema del dinero, es preciso conseguir siempre pruebas escritas, no bastan declaraciones ni citas.

Una vez identificada la historia, el asunto es saber cómo abordarla. Cuando los temas son muy complejos y el volumen de información es muy grande hay que recurrir a ciertas técnicas que nos permitan sistematizar y ordenar el material. 

Por un lado son muy útiles los cuadros organizativos y los organigramas donde establecemos las relaciones entre personajes o hechos. Incluso esos cuadros luego se pueden poner en un recuadro del texto publicado, pues pueden facilitar la comprensión del lector. También resulta muy útil para nuestro trabajo hacer una cronología. Estas cronologías hay que hacerlas con un lenguaje muy escueto y refiriendo solo los hechos. Las cronologías y los cuadros permiten también jerarquizar el valor de los hechos. Estos hechos son como gavetas donde después podemos quitar o poner los elementos de la narración. Igualmente nos permite ordenar la historia de la mejor manera y también empezar por cualquier lado. Yo empecé El museo Desaparecido con la historia del cuadro de Vermeer con una cruz svástica detrás. No fue lo primero que yo descubrí pero me pareció que eso encapsulaba todo.

Junto a las cronologías o mapas es preciso describir también los argumentos que se van a utilizar paso a paso para demostrar o justificar nuestra historia. Hacerlo de esta manera un poco esquemática nos va a permitir identificar fácilmente las lagunas, los eslabones que nos hacen falta, las pistas inconclusas, etc. Esto es muy importante. 

Hacerlo de esta manera también nos permite ordenar las ideas y de paso visualizar mejor la estructura de nuestro texto. La claridad en cada argumento y el enlace entre uno y otro, nos permite no solo ser claros sino también tener una historia en acero inoxidable. A prueba de detractores y críticas.  

Cuando trabajen en temas muy extensos o sobre asuntos delicados es preciso guardar una copia de todo lo importante y conservarlo en otro lugar. Sin paranoia.

En el trabajo del periodista es fundamental tener clara una estructura desde el principio. Naturalmente, con el tiempo y a medida que se avance en la investigación, la estructura va a cambiar y va a adaptarse a los nuevos datos. Pero sin embargo es importante prever una estructura como punto de partida. 

Hay una imagen que me gusta porque retrata muy bien los peligros a los que estamos expuestos los periodistas. En mi país hay una hierba que se llama “Pepe Ortiz”, y que crece de tal manera que si uno hala de un lado la ve levantarse por otro. En el periodismo de investigación es importante ir detectando esos puntos donde el Pepe Ortiz se levanta, y seguir el rastro que va de un lado a otro. Hay que seguir ese hilo de la misma manera en que hay que aferrarse a la noticia, a la raíz del problema sobre el cual vamos a investigar y a escribir. No podemos perder de vista el asunto central, porque a veces es muy fácil perderse en los subtemas, seguramente muchas veces son interesantes pero no podemos perder el hilo. Eventualmente ese subtema puede convertirse en material de otra noticia o de investigación, pero no debemos distraer la mirada.

De otro lado es importante tratar de anticipar cómo hacer la historia atractiva. En esto tiene un papel la creatividad pero también hay que saber que existen formulas preestablecidas, y que sin duda a veces son útiles. 

La prensa americana suele comenzar con un hecho muy contundente que muestra cómo un hecho afecta en particular a una persona. Por ejemplo: cómo el recorte a las subvenciones a las artesanías afecta a un artesano en particular. Este hecho con el que se encabeza constituye una especie de núcleo que recoge y sintetiza casi todos los elementos que más adelante irán a desarrollarse en el artículo. Esto es solo una formula para hacerlo, pero sin duda las posibilidades son infinitas. 

En esto la literatura es una fuente muy rica e inspiradora para el periodista, y es importante que se recurra a ella como mina de recursos. El periodista no puede limitarse a leer los diarios, por que de esa manera lo único que podrá hacer es, consciente o inconscientemente, reproducir los mismos modelos que usan sus colegas. Esto genera un estancamiento que no sólo agota a los periodistas sino también a los lectores. Precisamente esto fue lo que trató de evitar lo que se conoce como el Nuevo Periodismo, que recurrió a la literatura no sólo como fuente de inspiración para un buen enganche sino como inspiración para la estructura y el lenguaje. Naturalmente la literatura tiene otro tempo, pero nos puede ayudar a hacer la historia más atractiva y novedosa.

Cuando se hace investigación es muy útil tener lo que yo llamo un “grupo de resonancia”, que es un grupo de personas que están al tanto de nuestra investigación, que leen lo que vamos escribiendo y que en general consultamos sobre el tema que nos ocupa. Yo procuró que estas personas no sean periodistas pero si inteligentes y de total confianza. Los abogados tienen una gran empatía de espíritu con los periodistas. Cuando se trabaja bien con ellos, son una excelente fuente y un buen control. Entienden muy rápido cual es la nuez del asunto. A veces uno se mete en un tema que uno cree que es maravilloso, o del cual se convence hay una gran revelación pero al comentarlo con alguien descubre que no es muy importante. Este grupo debe convertirse en una especie de lectores ideales, que nos exigen y nos obligan a mejorar lo que tenemos. Igualmente nos ayudan a definir la historia. Este grupo nos sirve también para no caer en estados de paranoia, cuando creemos que todo lo que hacemos o averiguamos es sumamente importante, o a veces incluso secreto. 

El periodista es autónomo y debe conservar una actitud abierta. No debe dudar, cuando lo requiera, para buscar el apoyo de otros periodistas que dominen ciertos temas. Esto es fundamental, pues permite ahorrar mucho trabajo, identificar a veces cual es la noticia, e incluso saber cuando no hay noticia. Eso permite además ganar amistades que a largo plazo pueden ayudar para otras investigaciones u otros temas que se vayan a trabajar.

Sin embargo, en lo medios hay una tendencia a trabajar compartimentados. No necesariamente por imposición de la dirección sino como hábito de trabajo. Esto a veces puede ser inconveniente y especialmente en el caso de las noticias muy grandes, donde hay muchos elementos que requieren cierta especialización, como aquellos que tienen que ver con temas financieros o legales. Es necesario buscar alianzas en la sala de redacción y apoyarse en otras unidades. Los equipos de investigación suelen ser muy costosos y hoy en día la tendencia es a desmontar estas unidades. Por eso la gente que trabaja cierto tema no suele estar en contacto con la que maneja una fuente distinta, y sin embargo muchas veces todas entre si se necesitan. Esto hay que preverlo desde el principio.

Otra situación muy recurrente, especialmente en las investigaciones de largo aliento es el tiempo muerto. ¿Qué hacer cuando llega ese momento en el que parece que no hay forma de seguir adelante, en que parece que todo está estancado? ¿Qué hacer cuando parece que las fuentes se agotaron, o que perdimos todas las pistas de una historia? Hay varias opciones para salir de estos tiempos muertos. Una buena opción es revisar las notas que se tienen, leer por segunda vez lo que se ha escrito, repasar lo que se tiene. Otra opción es profundizar sobre algún dato o alguna información, volviendo a entrevistar a alguien y tratando de ir más allá. Finalmente, otra alternativa es buscar en Internet, pues se trata verdaderamente de un espacio lleno de sorpresas. Hay que buscar de distintas maneras, intentar todas las combinaciones y a veces puede uno llevarse una sorpresa. En cualquiera de estos casos, siempre saldrán nuevos elementos que quizás nos ayuden a salir del atasco. No siempre lo que se necesita –como a veces solemos creer– es más recursos. Muchas veces basta con lo que tenemos a mano.

Finalmente, aunque algunos no lo crean, cubrir el tema cultural no está exento de profundos dilemas éticos. El periodismo cultural expone muchas cosas que están resguardadas de ciertas circunstancias, y que visto de una forma, están a salvo del mundo. Un buen ejemplo es quizás el de algunas comunidades indígenas que viven aisladas y que a raíz de un reportaje quedan expuestas al público. ¿Es esto bueno o malo? Cuando yo publiqué El museo desaparecido, el libro generó una serie de demandas y de pleitos que yo no había previsto. Otras veces no estamos exentos de cometer errores imponderables. 

Sin embargo, la mejor manera de ayudar y empujar el ámbito cultural es criticando. Aunque los perjudicados siempre dirán que lo poco que han hecho, con todos los errores, ha sido con mucha dificultad y mucho esfuerzo. Y eso puede crear un conflicto al periodista. El lector no solo quiere comunicados de prensa. Tampoco todo tiene que ser investigación. Pero uno si puede y debe dar enfoques que enriquezcan el debate.

Incluso a veces un informe periodístico puede ser la vanguardia y la punta de lanza de reformas estructurales o leyes que favorecen o protegen el arte y la  cultura. Pero podemos influir no solo sobre las leyes, sino sobre las mentalidades y esto a veces es más valioso.

Sin embargo el tema de la crítica en cultura necesita mucha responsabilidad. Muchos críticos se dan libertades que a la postre los autodesprestigia. De otro lado los mismos medios se han encargado de desprestigiar el género, al poner a personas que no conocen del tema a hacer la “crítica”. Cuando no se conoce el tema se pude hacer crónicas o comentarios, pero la crítica es un género muy particular. 

Un buen  ejemplo es el tema de la crítica de cine, que se ha reducido a me gustó, no me gustó. Y después le ponen unas estrellas y basta. Pero al mismo tiempo la carencia de críticos especializados hay que llenarla, porque casi podría ser peor que no haya “comentarios” sobre ciertos temas.

Cuando se hace crítica hay que ser exigente. Si lo que se va a comentar no es bueno pero se quiere ser misericordioso, es preferible hacer otro género. Se puede hacer una crónica que narre los esfuerzos, por ejemplo de la grabación de un disco, y así se evade  una crítica destructiva. Pero insisto, los críticos tenemos que ser muy exigentes, esto en últimas es un aporte a la cultura y es esto lo que dinamiza y tal vez gracias a ello, la próxima vez corrijan cosas y lo hagan mejor. No hay que olvidarse tampoco de los lectores. Así que la compasión debe ser a veces también con los lectores, y esto se da haciendo crítica seria.

3. Las fuentes y las entrevistas

Cuando se va a empezar una investigación es importante preguntarse cuáles van a ser las fuentes, además de las obvias. Para cualquier historia siempre tenemos unas fuentes evidentes, que suelen ser los protagonistas del tema. Pero también es importante hacer el esfuerzo para identificar fuentes alternativas. Muchas veces las fuentes claves son todos los “Ex”. Ex alcaldes, ex consejeros, ex ministros, los jubilados, los viudos, etc. Los “Ex” suelen ser una buena fuente, porque ya están más allá del bien y del mal, están fuera del escenario y ya no tienen el poder, ni lo ambicionan. Además, según los casos, son personas que tienen razones personales para hablar (rabia, admiración, rencor, frustración, envidia, etc.). Hay que aprovechar los conflictos entre oficinas y entre funcionarios. De esas peleas internas se puede sacar  mucho provecho.

Estos sentimientos y esas rivalidades pueden jugar a favor del periodista pero también en contra. Por eso es importante la distancia, la cual nos dará la sagacidad de advertir los intereses que puede tener una fuente al dar cierta declaración. A veces las declaraciones de un “ex” pueden ser mal intencionadas o equivocadas, precisamente porque están en juego muchos sentimientos. Hay que estar atento a los señuelos. A veces hay fuentes que no valen la pena y pueden terminar por confundirnos, otras que simplemente no son fidedignas y finalmente otras que tratarán, por intereses que ven amenazados, de desviar al periodista del camino que le han marcado sus pistas. 

Por esto, una actitud clave es la cautela. Siempre, una de las primeras preguntas que debemos hacernos es: ¿por qué una fuente me habla? ¿por qué tiene recelo? ¿cuáles son sus intereses? Es necesario preguntárselo y a la vez respondérselo para poder establecer una distancia. Se trata sobretodo de poder establecer lo que yo llamaría una desconfianza amable y amigable con nuestra fuente. Es muy importante que los periodistas mantengamos las distancias. Eso lo que imponemos nosotros internamente, y las anteriores preguntas ayudan a establecerla. La distancia nos permite asumir una actitud mental en la que la noticia no es lo que la persona me diga que es, sino lo que nosotros veamos en lo que la fuente nos dice.

Otras veces la fuente le preocupa en particular que no se mencione un detalle, que incluso a veces no tiene nada que ver con el tema. Hay que tener sensibilidad para descubrir que el temor de la fuente va por un lado distinto al de la investigación que está haciendo el periodista. Por poner un ejemplo, puede presentarse la situación en que alguien tiene miedo de hablar sobre una persona que estamos investigando por un fraude, pero la fuente lo que teme es revelar algo sobre una relación amorosa que ese alguien tuvo en el pasado. Tranquilizarlo en ese respecto libera mucho al entrevistado y nos permite acceder a información que puede ser importante para nosotros, sin tocar el tema amoroso que preocupa al entrevistado.

Con las fuentes es muy importante que se hagan negociaciones, y es fundamental respetar esos compromisos. Respetarlos hace parte no sólo del profesionalismo sino de la ética del periodismo. Hay que saber que violar ese compromiso puede poner en peligro a muchas personas, pueden perder su empleo, o incluso a veces la vida. El compromiso puede darse de diferentes formas, a veces guardando la confidencialidad de la fuente, o a veces no publicando alguna información en particular. 

En el caso de EE.UU, se han establecido tres niveles de confidencialidad. El primero es el que se llama deep backgroud (trasfondo profundo), background, e in the record. Cada uno implica un nivel distinto de confidencialidad. Estos niveles pueden proponerse a nuestras fuentes. Naturalmente no toda una conversación queda necesariamente registrada bajo el mismo nivel. Muchas veces una persona puede hablarnos con total libertad e in the record, sobre un tema, pero pedir que cierto tópico en particular, quede como deep background, o solo background

Aunque todas estas herramientas están a la mano no se debe abusar de las fuentes confidenciales. En una historia sin fuentes el lector se va a resbalar, no va a encontrar forma de asirse a los hechos. Y el papel del periodista no es el de reproducir rumores. Siempre es preferible una fuente que acepta ser citada.

Hay que prohibirse decir, “se dice”, “se rumora”, “cuentan”. Todo tiene sujetos. Todo lo dice alguien. Hay que buscar la cita. Mientras más citas y voces tenga una nota, más va a aumentar la complejidad, y más se va a parecer a la verdad. También habrá una mayor credibilidad por parte del lector.  Hay que evitar al máximo la ausencia de sujetos.

En nuestros países hay una dilución de las órdenes y de las responsabilidades. Eso no quiere decir que nosotros tenemos que replicar esas diluciones. Todo lo contrario. Nosotros tenemos que desmadejar la cadena de responsabilidades. Está bien contar los hechos, pero es importante también decir quienes son los protagonistas de esos hechos. Es parte de nuestro trabajo tratar de buscar y establecer esas responsabilidades.

Es común encontrarse con gente que reconoce algo frente al periodista pero dice que lo negaría públicamente. Tal vez la información nos sea útil, pero un articulo no puede estar todo sustentado en estas fuentes. Ante estos casos hay que blindarse la espalda y hay que salir a buscar otras fuentes.

Otra situación que un periodista enfrenta con frecuencia es la de las fuentes que no dejan que se recurra a ningún tipo de registro. Si no autorizan que se grabe o se tomen notas, una vez terminada la charla hay que salir corriendo a transcribir lo que uno recuerde. En últimas lo importante es hablar con la persona y el hecho de que alguien quiera hablar ya es un logro que no se debe desaprovechar. En estos casos resulta muy útil organizar la memoria por temas, pues lo cierto es que casi cualquier entrevista siempre gravita alrededor de tres o cuatro temas que son recurrentes en el entrevistado.

También podemos encontrarnos con gente que simplemente no quiere hablar sobre un tema. Esto a veces −no siempre− es parte de la noticia y por lo mismo es preciso incluirlo en nuestro texto, advirtiendo explícitamente que se intentó hablar con tal persona tantas veces, pero que rehusó responder. En investigaciones de largo plazo hay muchas sorpresas y las fuentes que se resisten a hablar, de pronto deciden cambiar de opinión. Hay que ser perseverantes. 

Por último, creo que hay una tendencia de los periodistas a ser poco insistentes con las fuentes que tendrían que defenderse de la información que vamos a publicar. Hay que darle voz a ellos sin miedo y sin pensar que pueda dañar nuestro artículo. No hay que tener miedo a darles espacio. Al contrario, eso da credibilidad. Eso hace parte de la información. 

La posición ideal del periodista frente a la fuente es la de convertirse en un ser invisible. Hay que hacer lo posible por desaparecer frente a ella, de manera que poco a poco empiece prácticamente a pensar en voz alta. En otras palabras, hay que lograr que el entrevistado llegue a su “velocidad de crucero”, y desaparecer. Igualmente es muy importante aprovechar al máximo una primera entrevista, pues en ella hay mucha espontaneidad porque la persona al tiempo que habla está también organizando para sí misma la información. Por eso mismo hay mucha riqueza. Es ahí que aparecen muchas veces las grandes citas. Sin embargo esa espontaneidad sólo se alcanza cuando la fuente tiene todas las garantías de que el compromiso adquirido con ella, cualquiera que sea, se va a respetar. 

Una pregunta frecuente es ¿cómo manejar la información que uno ya tiene pero que prefiere no compartir con el entrevistado? Esto funciona un poco como las exclusas de un canal. El periodista las abre y las cierra cuando quiere. Naturalmente cuando uno sabe que alguna pregunta puede indisponer al entrevistado o delatar que el periodista ya tiene conocimiento de algo o que previamente habló con alguien, simplemente podemos guardar esa pregunta para el final. Es algo muy difícil de manejar y para lo cual se necesita mucho tacto y mucho olfato. Es un asunto de sensibilidad.

En otros casos hay personas que hablan y no saben lo que les puede pasar con lo que están diciendo. Yo creo que hay una responsabilidad moral del periodista y por lo mismo es preciso que si el periodista es consciente de las implicaciones de lo que su fuente está diciendo, y que esta a su vez lo ignora, debe informarle. Evidentemente, como periodistas nunca queremos que una fuente que está hablando con toda espontaneidad, se nos enfríe. Es precisamente en estos casos cuando son muy útiles los pactos de confidencialidad y sus distintos niveles. En ese momento hay que negociar con la fuente. Explicarle que lo que dice no debe publicarse todo, o tal cual como lo expresó y que se pueden encontrar formulas que resguarden la verdad pero sin perjudicarlo.

Por lo general la complejidad del tema que investigamos es del mismo tamaño del silencio de las fuentes. Una buena medida para alcanzar confianza con la fuente, es explicarle que el interés es que el asunto se aclare. La gente reacciona muy positivamente cuando ve que el trabajo que está haciendo el periodista es serio. 

Para ello, es muy importante −y lo he comprobado con mi experiencia personal−  que el entrevistado o la fuente se de cuenta que uno sabe en general sobre el tema, tanto o más que él mismo. En la medida en que el entrevistado percibe esto, acepta mucho mejor al periodista y sobre todo le dará información de mejor calidad y más profunda. Si el periodista no domina el tema del que trata la conversación, la fuente tendrá que empezar por el principio, hacer muchas aclaraciones, y la conversación en vez de fluir será como un hipo. Esto además aburre rápido al entrevistado.

La ingenuidad permite también hacer muy buenas preguntas: la ingenuidad no es ignorancia del tema. Formularse bien las preguntas permite también localizar las fuentes. Para cada pregunta hay una fuente que puede aclararla.

Por último, creo que como ejercicio todo periodista debería someterse a una entrevista. Es como someter a un abogado a un juicio y con un fiscal bien estricto. Para que al menos una vez nos preguntemos: “¿es esto lo que yo hago a diario?”

Otro tema, es el caso de un país pequeño con fuentes limitadas. El problema es que si el periodista pierde alguna, casi le toca abandonar el tema. En ese caso, aunque es muy difícil, uno debe ser capaz de escribir sobre los temas y la gente que puede que a uno no le agraden mucho o no le caigan muy bien. Y eso amplía el espectro de fuentes. Aunque reconozco que es muy difícil. Independientemente del contexto en el que se trabaje, hay que procurar siempre diversificar las fuentes.

En el caso de obras de arte, para rastrearlas se puede revisar distintos tipos de fuentes como las sucesiones de los artistas, los expertos (que pueden  ser extranjeros, que no tienen tantos amarres como un experto local) y los catálogos.

 

4. Nuestro lector imaginado

En el siglo XIX la palabra escrita estaba en el centro de la sociedad. Hoy en día es la imagen la que está en el centro del mundo. La gente tiene una gran carga de imágenes en su formación y en su información. La lectura ha pasado a un segundo plano.

La gente prácticamente no lee y si lo hace, apenas lee los diarios. Esto nos tiene que hacer caer en cuenta de que muchas veces nosotros somos las únicas fuentes de lectura de mucha gente. Yo soy de la escuela que cree que el periodismo está hecho para el lector más que la misma literatura. Hay que pensar siempre en que hay un lector.

Lo más importante para un lector no iniciado es recibir algo de contexto. Y eso se puede dar de forma sencilla, que no quiere decir simple. No se debe bajar el nivel. Hay formas de llegar a los lectores con un buen nivel. No debemos subestimar a nuestro lector. A veces es importante hacer artículos de fondo porque es ahí donde hay espacio para presentar el contexto. Los lectores acumulan información, luego esos artículos profundos se vuelven un eslabón de una cadena de información que está buscando el lector. Este es curioso y hay que darle elementos para que pueda alimentar su curiosidad y que esté esperando siempre un poco más.

Una vez, cuando yo trabajaba para la prensa americana, un editor me dijo que yo debía escribir como si mi lector fuera un chofer de camiones de cerveza. En la prensa norteamericana, siempre están bajando el nivel de complejidad de los artículos. En la prensa americana la complejidad es el terror. Sin embargo yo no estoy de acuerdo con esta actitud. Yo pienso que el fondo y la forma vienen juntos, de manera que es muy difícil subir el nivel de la prensa al tiempo que se pide que se escriba para un mundo hecho como Disney World. Yo trato de escribir para gente que sabe más que yo. Eso me exige. En El museo desaparecido yo trataba de escribir para una especie de Ayatolá del mundo del arte. Es muy exigente pero es necesario ponerse esas referencias. Yo tenía que estar seguro que ese Ayatolá no me iba a poder criticar. Hay que imaginarse un lector. 

Uno de ustedes mencionaba un buen ejemplo al referirse al deporte. En el deporte se acepta cierto grado de complejidad y jerga. Nadie le pide a los periodistas de deporte que bajen el nivel para que lo entiendan las personas que no siguen los deportes.

Claro está que del otro lado también existe una tendencia en el mundo del periodismo cultural, de escribir para uno mismo, con gran erudición y con un gran ego. Esto también es un error. Aquí se mencionó un frase de Ortega y Gasset que viene bien a la discusión: “la cortesía del filosofo es la claridad.” Lo mismo vale para el periodista.

Para evitar tanto un extremo como el otro es clave imaginarnos a nuestro lector. El lector de diarios es muy distinto al lector de revistas o libros. El de diarios es un lector presuroso. Eso también cambia el lenguaje como se escribe. No es lo mismo escribir para una revista especializada o para un diario o para un libro.  Cada uno tiene un tempo especial. 

Cuando el texto esta recargado de información esto hace difícil la lectura. Hay que pensar en otros recursos que lo complementen y que lo hagan más accesible o más claro. Por ejemplo, los recuadros y las infografías o cualquier otro recurso sirven para liberar un poco la densidad de información. No se puede hundir un texto con demasiadas cifras. En el fondo muchas veces una cifra es una vivencia, y eso se puede rescatar con la intención de hacerlo mas ameno.

Cuando se empieza a escribir y se piensa en nuestro lector, es frecuente preguntarse si se debe utilizar la primera persona o la tercera.  La primera persona es válida en el caso de la crónica. Si no se utiliza se van a perder muchas cosas. A veces la historia para llegar a la historia es tan o más interesante que la historia misma. Al lector le puede interesar conocer los traspiés de la investigación, las dudas que tuvo el periodista, sus accidentes y sus errores. (ej: En busca de Corvo de A.J.A Symons). También la primera persona permite pensar mientras se escribe. Al escribir estamos pensando sobre el papel. Y eso nos ayuda a ver qué nos sirve y qué no. Escribir en primera persona nos permite ser más autocráticos con aquellos argumentos que en la cabeza parecen muy coherentes. Eso no quiere decir que todos los libros o crónicas deban ir en primera persona.

Otras veces la tercera persona es muy cómoda y útil, porque da cierta distancia. A veces para poder ver el bosque y no estar tan pegados a los árboles tenemos que ponernos en tercera persona. Muchas veces esa cabeza fría de la que he hablado está en la tercera persona. En todo caso hay terceras personas más íntimas y primeras personas más frías y distantes. Ambas están llenas de matices. 

 

5. Cómo fue investigar para el El Museo Desaparecido.

Escribí el libro de un solo tirón, porque me gusta mucho la idea de inmersión. Pero mientras lo escribía seguía investigando. También es bueno salir a tomar aire, porque te da distancia con el texto. A otra gente le funciona ir por partes y dilatadas en el tiempo. 

En cuanto a la estructura, yo comencé por el caso del Vermeer. Me pareció que ese hecho sintetizaba todo. Empezar por un hecho concreto es solo una fórmula. Se puede empezar por una presentación general. Pero narrativamente es más fuerte empezar por un incidente, un evento, lo cual te distancia de tu lector, pero lo atrapa al mismo tiempo. Hay muchas fórmulas. Escogí este cuadro porque además tiene el elemento de sorpresa. Es un cuadro que la gente reconoce, es un cuadro emblemático. Hay que encontrar un objeto, o una cita, o un evento que sintetice. Y que además enganche.

 

¿Cómo fue el proceso de encontrar un tono? 

El tema me apasionaba, claro está, pero siempre trataba de conservar la cabeza fría. Yo buscaba un lenguaje frío, no quería tampoco que nos regodeáramos en el tema con el lenguaje. Eso me podía hacer caer en la demagogia, de los rumores y los mitos y los cuentos. Lo primordial era una posición distanciada. Así mismo las entrevistas eran muy escuetas para no contaminar a la fuente. 

De otro lado yo sabía que mi mayor desafío en cuanto a lectores se refiere eran los historiadores de arte. Tenía que ponerme al más alto nivel y creo que la frialdad me sirvió en ese propósito. Aunque siempre supe que la escritura debía ser para un público mucho más amplio. Reconozco que en aras a esa frialdad me ahorré muchos adjetivos que ahora creo me hubiera gustado utilizar. Afortunadamente en las ediciones ulteriores, he podido recomponer un poco eso, porque ya estoy mas seguro de  muchas cosas.

¿Cuáles fueron los mayores equívocos?

El terreno se movía mucho porque constantemente iban llegando nuevos documentos.  Era una situación muy cambiante y dinámica. Claro, había errores todo el tiempo y siempre había que estar ajustando las tuercas. En la edición francesa hay un error que no me perdono. Creí en un dato de unos curadores, y me equivocaron. Yo debí ir personalmente a Pittsburgh a verificar el dato pero no lo hice. Fue mi error. 

¿Cómo se maneja ese vértigo de un tema tan extenso?

Por alguna razón es un tema que me apasiona. Y tiene algo de arqueología. A partir de una pedacito se reconstruye una civilización. Había que tomarlo con esa óptica para tener la paciencia. El tema tiene que gustarnos o apasionarnos, de lo contrario es muy difícil encontrar las fuerzas y la aptitudes para un proyecto con tantas dificultades y de tan largo aliento. 

Por eso hacía las cronologías, y también mediante un trabajo de eliminación. Yo empiezo por eliminación mirando los catálogos de las colecciones. Lo más importante es identificar los huecos, aquello que uno no sabe. La asociación es también un método muy valioso. Uno le va poniendo palabras a relaciones y coincidencias que nadie ha nombrado. 

Es muy importante el contraste entre las fuentes vivas y las fuentes muertas (fuentes documentales de archivo). Se necesitaba mucha filtración.

¿Había preocupación de que alguien se adelantara con la primicia? Usted le contaba a la gente lo que estaba haciendo?

Yo matizaba cuando decía lo que estaba haciendo, decía en que consistía en términos generales. Una de las cosas que sí aprendí es que uno se angustia al pensar que alguien le robó o le va a robar la primicia, etc. Pero en estos temas de largo aliento, en estas investigaciones profundas, si uno sigue trabajando puede estar tranquilo porque sabe que nadie va a tener algo mejor. 

¿Cómo decide terminar la investigación?

El editor me dio una fecha y yo la peleé hasta el final, pero fue la única manera de ponerle fin a la investigación. En últimas me ayudó mucho tener esa fecha límite, porque de lo contrario yo habría podido seguir y quizás nunca detenerme.

¿Para las entrevistas, siempre revelaba que era periodista?

Yo si me presentaba como periodista, pero a veces esos contactos me llevaban a otros y ahí yo ya iba como recomendado por alguien. En Francia por ejemplo no se habla de la ocupación nazi porque precisamente hubo colaboración, y en ello estuvo mucha gente implicada. Yo tuve que trabajar mucho con las familias, incluso a veces durante años. Naturalmente había cierta desconfianza: a veces no querían hablar porque pensaban que yo era un cazatesoros, a veces porque era muy doloroso para ellos, y otras veces porque simplemente creían que a ellos no les habían robado nada.

Yo pensé que mi calidad de extranjero iba a ser un impedimento. Pero el hecho es que poco a poco, ser de Puerto Rico me ayudó, porque en últimas no representaba ninguno de los países que se enfrentaron a Francia. Más aún como país para ellos casi ni existía. Eso fue una gran lección. Hay que aprovechar el hecho de no pertenecer a un grupo, eso también a veces permite generar en confianza a la gente.

 

6. Conclusiones

  • Quizás lo primero que habría que decir es que después de este ejercicio, cada periodista debería incrementar y mejorar su capacidad de introspección. La capacidad de estar pensando sobre su trabajo, bien sea sobre sus métodos de trabajo, sobre sus temas, la forma en que se dirige a sus lectores, sus fuentes, etc.
  • Debemos acostumbrarnos a elaborar más y mejores preguntas sobre nuestras historias. Esto tiene que dejar de ser un deber para convertirse en un reflejo, en una actitud automática. Este cuestionamiento constante nos va a permitir conocer muy bien nuestro tema. Conocerlo al derecho y al revés es lo único que nos permite transmitir nuestro mensaje de la mejor manera. Hay que ser capaz de desarmar y desmantelar un texto y volver a armarlo.
  • Siempre hay que tener presente que una historia debe tener el tiempo, el tono y el lenguaje preciso.
  • Algo muy importante, y que espero haya quedado demostrado aquí, y que ustedes nunca olviden es que podemos ser exigentes y hacer buen periodismo. El esfuerzo y el sacrificio que le dediquemos a nuestras historias se devuelve al final con creces en la satisfacción del trabajo bien hecho.
  • Por último, les recuerdo las cinco principios que no deben olvidar: modestia, modestia, modestia y más modestia y sobre todo aprendan a escuchar. Añado cuatro mas: lean, lean, lean y lean.
  • Lo bueno de un taller como este es que carga las pilas. Les renueva muchas percepciones y les refresca las ganas de hacer nuevas y mejores cosas. Pero después de este “paréntesis” en su trabajo diario, volverán a sus salas de redacción y sentirán de nuevo la presión del día a día, la escasez del tiempo, y quizás el poco interés que

sus editores le prestan a sus ideas. Entonces tienen que encontrar la manera de no perder esa carga.Algunas recomendaciones les pueden ser útiles: La experiencia posterior al taller es casi tan importante como el taller mismo. Cuando lleguen a lasa sala de redacción, lo primero que deben hacer es una lista con: 

      1-las cosas que quieren hacer. 

      2-una lista de lo posible.

      3-una lista de lo inmediatamente factible (en las próximas 2 semanas). 

  • Lo importante es que la cotidianidad de las notas no consuma todo. Que no los deje sin oxígeno para sus propios proyectos o para las investigaciones de largo aliento. De regreso a la ruda realidad de la sala de redacción seguramente vendrá un bajón de ánimo pero hay que asumir una actitud como la que aplican los combatientes de Jujitsu: aprovechar a su favor la fuerza del enemigo.
  • A continuación, cinco sugerencias de sitios en Internet que deben consultar regularmente:
  • El País de España, el cual cuenta con una excelente sección cultural y con un suplemento especial, Babelia. (www.elpais.es)
  • New York Times, en especial la sección de arte. Tienen la tendencia de buscar siempre rió arriba y eso es bueno. (www.nytimes.com)
  • International Herald Tribune, es un diario de la elite internacional cultural. Especialmente recomendable viernes y sábado. Allí escribe Souren Melikian, un excelente reseñador. (www.iht.com)
  • Financial Times, donde encontrarán la mejor sección cultural internacional de hoy. (www.ft.com)
  • www.periodistadigital.com, un portal donde encontrar muchos recursos útiles para su trabajo, así como enlaces a medios de todo el mundo.

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