Taller de publicaciones alternativas y culturales con José Ribas
7 de Octubre de 2016

Taller de publicaciones alternativas y culturales con José Ribas

“América Latina fue lo que más ánimo me dio para luchar por el periodismo independiente”.

Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano 

Fundación Proa 

Fundación Carolina

 

Taller de publicaciones alternativas y culturales

Con José Ribas

 

Buenos Aires, 20 a 23 de noviembre de 2006

 

PUBLICACIONES ALTERNATIVAS, PERIODISMO VIVO

 

Relatoría: Rosario Medina

rmedina@claringlobal.com.ar

Para comenzar a hablar de periodismo independiente y alternativo, José Ribas hace una confesión: “América Latina fue lo que más ánimo me dio para luchar por el periodismo independiente”. Y se explica: “Hoy en día hay una nueva censura, la de los grandes grupos que quieren arrebatarse todas las parcelas del periodismo. Pero cada vez que yo salía de América Latina, lo hacía fortalecido, porque veía una independencia y una fuerza que me recordaba cuando peleábamos contra el franquismo”. Los 13 talleristas que llegaron hasta el barrio porteño de La Boca desde distintos países de Latinoamérica, lo escuchan con atención. José Ribas es el fundador de Ajoblanco, la revista española que fue publicada por primera vez en 1974 y que marcó una época. El último número de la revista salió en el 2000. Desde entonces, el periodista trabaja en el libro Los 70’s a destajo, Ajoblanco en tiempos de transición que aparecerá en 2007. En una sala de la Fundación Proa, Ribas arenga a los asistentes a no desanimarse ante las dificultades que actualmente debe afrontar este sector del periodismo: “En las publicaciones independientes es donde hoy está el periodismo vivo”. Dicho esto, vendrá la presentación de cada uno de los talleristas. Allí nomás, comienzan a esbozarse los contratiempos a los que se refería Ribas y que serán tratados a lo largo de esta relatoría.

 

I. UNA NECESIDAD VITAL

 Ajoblanco vio la luz por primera vez en 1974, cuando en España el franquismo llevaba 35 años en el poder. Para Ribas, lo peor del franquismo no sólo fueron la represión ni todas las personas que murieron, también la miseria moral, lo rastrero, que tanto oscureció la posguerra perpetua. En aquella época todo estaba prohibido y la gente vivía con terror de cometer cualquier osadía. Entonces, un grupo de jóvenes estudiantes de la Facultad de Derecho de Barcelona sintió una ‘necesidad vital’ que los impulsó a ‘hacer algo’, a buscar el camino de la libertad.  

A mediados de 1973, comenzaban a surgir en España algunas corrientes antiautoritarias o movimientos paralelos que se diferenciaban tanto del franquismo como de la oposición autoritaria. Poetas catalanes y nuevos escritores hacían tertulias en bares con ánimo de cambio. También había muchos artistas con inquietudes y necesidad de expresarse. Eran movimientos libertarios que buscaban la forma de rebelarse contra la represión cultural y el nacional-catolicismo. Este contexto fue el principal impulso para el proyecto que tenían Ribas y sus compañeros. Así como la ‘necesidad vital’ de comprender lo que estaba sucediendo a su alrededor. 

 El grupo comenzó a trabajar en la revista que llamarían Ajoblanco. Y a pesar de las trabas de la dictadura consiguió los permisos para la publicación. En 1974 empezó con una tirada de 10 mil ejemplares y llegó, a lo largo de su historia, a tirar 200 mil con algunos números especiales. La revista tuvo dos grandes etapas: una de agitación (1974–1980) y una periodística (1987-2000).

 

Una revista de agitación 

  Ajoblanco representaba un movimiento social, como lo define el maestro. Durante el primer año, salieron seis números con los que la revista fue cambiando. Cuando se hace una revista de agitación, indica Ribas, cualquier fórmula es válida. Son revistas vivas, que evolucionan muy rápido y se van adecuando a lo que se quiere trasmitir. Nosotros, agrega, no teníamos conciencia de periodistas sino de agitadores culturales. No sabíamos hacia dónde íbamos. Y el lector se identificaba inmediatamente con la revista. Durante esta primera etapa casi no había diferencia entre los lectores y quienes escribían. Era necesario que se creara una plaza de toros donde se pudiera debatir cualquier tema. Por eso todo era colectivo y la participación del lector fue lo más importante de este primer periodo. 

 A partir del segundo año, Ajoblanco encontró la periodicidad mensual. Para entonces, quienes la hacían tenían claro su carácter libertario. Eran jóvenes de 20 años que no sabían nada de periodismo, pero además, todos los medios de comunicación les daban asco, según palabras de Ribas. Por eso fueron autodidactas. Y cometieron muchos errores, basta decir que uno de los números de la revista provocó 16 juicios. Pero hoy el maestro dice que supieron aprovecharlos. En buena medida el “dossier fallas de Valencia” les permitió crecer por el fuerte impacto mediático que tuvo. El dossier Fallas ocupó medio número, el 10, editado en marzo de 1976. Un grupo de colaboradores de Ajoblanco de la ciudad de Valencia, les propuso, con motivo de la fiesta popular de las Fallas, hacer un trabajo contracultural y reivindicativo sobre ellas. Las Fallas son las fiestas más importantes de Valencia, una ciudad muy rica, muy mediterránea y festiva. Durante todo el año, muchas agrupaciones, por barrios y calles, preparan unos inmensos muñecos de cartón, muy elaborados, que reproducen situaciones y personajes destacados en plan cómico y muy sarcástico. El día de San José –19 de marzo– se queman, entre tracas, petardos y fuegos artificiales. Toda la ciudad arde. Es una fiesta muy pagana, una fiesta de primavera. En aquella época estaban muy controladas por los franquistas, puesto que en torno a la fiesta existía una enorme trama social. “El dossier del Ajoblanco reivindicaba el tono festivo de las Fallas y se cachondeaba con un lenguaje muy atrevido para la época. La reacción fue desmedida; desde el alcalde de la ciudad a todas las autoridades nos pusieron querellas, juicios y denuncias en toda la prensa nacional. El Consejo de Ministros, en el que estaba Fraga Iribarne, nos condenó a una suspensión de cuatro meses de la publicación. Este afaire nos hizo muy famosos en todo el país y nos convertimos en una de las revistas más influyentes de la sociedad de entonces. Una año después vendíamos 100.000 ejemplares y teníamos un millón de lectores”.

 En este tipo de revistas, se viven historias que son únicas e intransferibles. Cada historia es un viaje, una aventura. 

 Lo que caracterizó a Ajoblanco en esta primera etapa fue abrir sus páginas a los lectores, que se convirtieron en colaboradores de la revista. Se planteaban inquietudes sobre temas que en tiempos del franquismo representaban toda una provocación, como el consumo inteligente de drogas, el nuevo cine independiente, la sexualidad libre, el cuestionamiento hacia la psiquiatría y planteos sobre ecología. Todos temas novedosos para la época, que eran objeto de debate en los sucesivos números de la revista.  

 Pero la consolidación de la democracia le jugó una mala pasada a Ajoblanco. Los movimientos sociales, las asambleas barriales y de vecinos fueron comprados con dinero y descabezados por la intervención de los políticos y de los nuevos partidos políticos, asegura Ribas. Sin embargo, por esos días quedó consolidado lo que hoy es la movida cultural y creativa de Barcelona. En la gente quedó, aunque en estado de larva, el espíritu libertario. 

Una revista periodística 

 Para la segunda etapa de Ajoblanco, Ribas, que acababa de llegar de Londres, convocó a Jordi Esteva, fotógrafo que recién volvía de Egipto, y a Fernando Mir, con quien había fundado el primer Ajoblanco. Esta vez, la apuesta de la revista fue más periodística. Buscaban crear un medio de comunicación semi-alternativo para ahondar en la democracia y perfeccionarla. También se propusieron establecer relaciones con el mundo, haciendo hincapié en América Latina y abriéndose hacia la cultura árabe (ver anexo). 

 Esta vez, la revista permaneció en la calle por 13 años. Hicieron muchos reportajes de ciudades buscando contar historias distintas. También se destacaron en esta etapa las entrevistas en profundidad, así como los debates en los que convocaban a escritores o intelectuales para discutir sobre un tema específico. Estos dos géneros fueron el eje del segundo Ajoblanco

Tuvieron una estructura por secciones, algo que Ribas considera esencial para hacer una buena revista. El objetivo, explica, es que el lector tenga claridad sobre el contenido, lo cual, a su vez, crea fidelidades de lectura. La estructura no tiene porqué notarse, lo importante es lograr que en ella quepan muchas cosas, al tiempo que le permita al lector adoptar rutinas de lectura. Ajoblanco contaba con cinco áreas: 

  • Editorial: marcaba la pauta de la situación que se estaba viviendo, o se refería al tema central del contenido.

  • Artículos Minipimer: artículos cortos hechos por colaboradores. Misceláneas sobre distintos temas. Eran puntos de vista, experiencias, pero cortas.

  • Dossiers: Se abocaba a temas que pudieran generar intereses. Esto, además, ayudaba para ganar lectores, porque se generaban polémicas concretas y se cuestionaba la oficialidad. 

  • Entrevistas y reportajes: entrevistas en profundidad para mostrar personajes. Con reportajes sobre ciudades, el lector se acercaba a lugares que no formaban parte de su vida cotidiana. Estos también abordaban cuestiones de ecología, temas sociales – como la situación de las cárceles, la realidad laboral de aquella época, la pobreza o la inmigración–, los movimientos culturales y el cambiante escenario político de Europa y el mundo a finales de la década del ochenta.

  • Secciones de cultura y arte: en las que se divulgaban obras experimentales con la participación del espectador. Estas secciones evolucionaron y se convirtieron en colectivos que hacían debates sobre arquitectura, teatro, ciudad, etc.

 

 Sobre la estructura y el estilo de los textos periodísticos, Ribas es muy claro: el hecho de ser libertarios o espontáneos no significa que no haya que escribir bien. No hay que decir con treinta palabras lo que se puede decir con cinco. Y eso no quita que el texto esté bien escrito. El periodista que sabe estructurar su texto ya tiene el 50% de la batalla ganada, asegura el maestro, y enfatiza que es necesario saber contar. Estructurar no quiere decir matar, tampoco quiere decir ir a lo cómodo, porque la comodidad es lo que mata a este tipo de revistas. La clave está en la creatividad. Plantear las cosas de una forma original: así es como se provocan reacciones. 

 

Entrevistas 

 Las entrevistas y los debates fueron el fuerte del segundo Ajoblanco. Antes de cualquier entrevista, lo primero que Ribas hacía era documentarse al máximo. Pedía al archivo de un periódico todo el material que había sobre el personaje en cuestión. Luego, si era un escritor, llamaba a su agente y le pedía todo lo que había publicado. Intentaba leer al menos un libro del autor, o ver su obra de teatro. Procuraba que la obra leída no fuera la última producida por el autor, prefería algo del comienzo de su carrera. Ribas cree que al inicio está la pasión. Luego, en unas fichas, apuntaba lo que consideraba más significativo, algunas frases. Con esto, creaba una disociación entre lo que él pensaba y lo que decía el personaje.

            Después de documentarse bien, pasaba una semana sin leer nada más. 

 Si lo que debía hacer era un perfil del personaje, lo hacía por teléfono, en tres o cuatro preguntas. Porque, gracias al trabajo de documentación, ya conocía al personaje.

 Si, en cambio, iba a hacer una entrevista en profundidad, ponía ciertas condiciones: poder estar con el personaje cinco horas, jamás en rueda de prensa. Si era una persona que viajaba desde el exterior primero iba a cenar con él y días después le hacía la entrevista en un lugar silencioso y aislado. 

El lenguaje corporal es muy importante para Ribas. Procuraba que la altura de sus ojos nunca estuviera al mismo nivel que los del personaje, sino más abajo. Con eso enviaba un mensaje: el periodista estaba por debajo, y el entrevistado lo dominaba. 

 Ribas indica que la entrevista es un género de generosidad, no de competitividad. Por eso, jamás ha confrontado con un entrevistado, ni ha recurrido al golpe bajo. Con la entrevista lo que se busca es arrancarle al personaje su historia; el que se tiene que lucir no es el periodista sino el entrevistado. 

 La forma de hablar en la entrevista también es importante. Se debe respetar la cadencia del entrevistado, y no imponer la del periodista. Para lograr esto y que el lector lea toda la entrevista, se necesita hacer una buena edición: jugar con las fotos, los epígrafes, los destacados y dejar blancos.

 En una revista cultural, afirma Ribas, se puede hacer la entrevista total, que apunta a la vida del personaje, en la que lo importante es su trayectoria y no lo último que haya hecho. El objetivo es desnudar al personaje y que se vea reflejado. Para eso, también es muy importante ser persuasivo y aprender a decir las cosas sin decirlas realmente. Que el lector pueda captar los guiños sin que el entrevistado se enoje.

 

La promoción

 Entendida para conseguir notoriedad e influencia, la promoción se puede lograr a través de acuerdos con otras revistas de la región. Ajoblanco lo hizo con muchas revistas europeas, con las que se reunían al menos una vez al año y coordinaban acciones conjuntas para divulgar ya fuera artistas o ideas.

 Ribas cuenta algunas de las campañas que organizaron en conjunto con otras publicaciones. Cuando ocurrió la matanza de Tiananmen[1], se publicó un número especial que se llamó “El fax de la libertad”. Con una decena de revistas europeas, pautaron un contenido común, cada una en su idioma. Era un dossier central que comenzaba con una entrevista a los líderes de Tiananmen, que relataban cómo se había llegado a esa situación. Además, publicaron un listado con los números de faxes comerciales de China, números gubernamentales dedicados al comercio exterior. Y convocaron a todos los lectores a mandar de a cinco faxes para así bloquear todos los de China. La campaña tuvo gran repercusión: durante dos meses no pudo ingresar ningún fax a China, todas las líneas estaban bloqueadas. Sólo desde España se mandaron más de 5 millones de faxes. Esta, explica Ribas, es una forma de promover una publicación y, a su vez, de imponerse a los modos convencionales de la sociedad tradicional.

 Ajoblanco tenía también otras formas de promoción: organizaban debates y planteaban temas. Convocaban a especialistas, los grababan y luego editaban el material. Con esto, lograban dos de los objetivos de las revistas alternativas: llevar algo que los demás no tenían y abrir nuevas pautas de periodismo. 

 

El equipo de trabajo

 Ribas se refiere a este tema a partir de lo que fue su propia experiencia en las distintas etapas de Ajoblanco. Si un equipo funciona, hay que ceder para poder preservarlo. En los equipos, dice el maestro, se produce una crisis a los tres años. Hay que ser permisivo e inteligente, permitir la fuga del que explotó. Pero no romper el equipo. A un equipo hay que mimarlo. Es importante complementarse con los demás miembros del grupo, con sus caracteres y sus ideas, asegura el maestro. Para eso, hay que escuchar. 

El debate es parte importante del trabajo. Cuando surge, explica Ribas, hay que darle espacio, no obviarlo ni dejarlo pasar. Hay que escuchar y atender al otro, entender qué es lo que quiere decir. Contrastar las opiniones, escuchar los argumentos. 

Por último, y muy importante, hay que ser generoso. Un ejemplo de esto, indica el maestro, es ceder entrevistas o notas importantes. No querer acaparar lo mejor. 

 

II. CÓMO HACER UNA REVISTA ALTERNATIVA

 

La empresa

Ajoblanco siempre optó por la Sociedad Anónima o de Responsabilidad Limitada. Ribas proviene del Derecho, siempre tuvo muy claro que había que cumplir la ley. Uno de sus  principios era no repartir entre los miembros el dinero que generara la revista, sino reinvertirlo para las necesidades sociales de los grupos que los rodeaban. De cualquier manera, el maestro aclara que la situación económica de Ajoblanco siempre fue precaria, porque no jugaban a los beneficios, sino a la cultura. En ese sentido, cree que tal vez hubiera sido mejor constituirse como fundación. Para el maestro, las revistas alternativas y culturales deben procurar que la figura jurídica que adopten les permita recibir ayuda o donaciones.

 Acerca del tema del financiamiento, Ribas comenta que el capital inicial para la revista lo consiguieron gracias a un amigo que les hizo una donación de 100.000 pesetas, quien además, los ayudó a constituirse como empresa, y a otras 200.000 pesetas repartidas entre varios otros colegas. Con eso llegaron hasta el número 6. Después tuvieron que pedir un crédito para seguir adelante.

             

Las asociaciones de revistas culturales

 Durante la época de Ajoblanco fue creada la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). Gracias a ella, el Ministerio de Cultura se comprometió a comprar suscripciones de las revistas que la integraban para destinarlas a las bibliotecas públicas españolas. También obtuvieron inserciones publicitarias, lo cual ayudó a la supervivencia de muchas revistas.

 “Lo importante es negociar con los municipios, los gobiernos, sacar ventaja de que las revistas pequeñas son poco trascendentales para el poder político y no les provocan temor”, asegura el maestro. Pero, aclara, siempre es mejor pedir la subvención en conjunto –he aquí la importancia de la asociación–, porque así es más fácil evitar cualquier intento de manipulación sobre el contenido de la publicación por parte del organismo o institución que aporta el dinero.  

La ARCE organizó debates, intercambios y encuentros con América Latina. Muchas revistas de la región llegaron a España gracias a ella. Este tipo de asociaciones traen beneficios para las publicaciones alternativas, por eso son buenas las iniciativas para conformarlas pues a veces es más fácil conseguir objetivos si se trabaja en bloque. Si hoy las revistas de América Latina consiguen venderse en Europa, obtendrían un buen ingreso gracias al tipo de cambio. España, además, es una excelente puerta de entrada al mercado de revistas de la Unión Europea.

 

La distribución

 Es muy importante conocer algunas reglas del juego. Por lo general, un agotado no es vender la tirada completa. Eso varía en cada país, hay casos en que al vender un porcentaje determinado se considera que la tirada ha sido agotada. Esas reglas, agrega el maestro, son las que los grandes grupos dominan mejor y las que los medios chicos deben dominar. 

 Sobre los puntos de venta, Ribas cuenta que Ajoblanco comenzó con 11.000 puntos y llegó hasta 40.000. Pero advierte que llegar a un kiosco con un solo ejemplar es como no haber llegado. Si el quiosquero recibe un paquete con dos ejemplares, lo más probable es que ni siquiera lo abra. Es mejor tener menos puntos de venta, pero con mayor número de ejemplares. 

 La portada juega un papel importante en la distribución. Si el quiosquero ve una tapa atractiva dice ‘esto puede vender’ y cuelga la revista.

 La distribución paralela es una herramienta que resulta muy útil y productiva para las revistas alternativas. Ajoblanco llegó a vender 100 mil ejemplares gracias a la distribución paralela. Buscaban a los estudiantes para que vendieran la revista en sus círculos y les ofrecían el 50% de la venta.

 Consultado acerca de si una revista cultural o alternativa debe ser gratuita, Ribas responde que no. Considera que de esa forma se pierde el eje. Vivir sólo de los anuncios de las empresas lleva a perder la independencia o a ser más vulnerable a las presiones, añade.

 

III. IDEAS Y PROPUESTAS

En los debates que se dieron a lo largo del taller surgieron muchas ideas y propuestas. Aquí las principales: 

  • Hay que descubrir plumas nuevas entre los jóvenes que tienen muchas ganas de escribir, que quieren darse a conocer y que pueden servir para tu medio.

Escucharlos, estar abierto a ellos. Los profesores pueden contribuir en esta labor.

  • Entrevista de dos vías: primero en forma personal para pautar una serie de temas y luego se continúa por correo electrónico, así el personaje tiene más tranquilidad y tiempo para pensar las respuestas.

  • Construir comunidad a través del medio. Convocar a fiestas, reuniones en las que se va generando un código, un nivel de entendimiento y comunicación. Así también el medio se redimensiona y tiene una visión más poderosa. 

  • Organizar eventos para que participen los lectores. Concursos de cuentos, y publicarlos. 

  • Entrevistas cinéticas. Cambiar al entrevistado de su escenario cotidiano. Hacer la entrevista en un lugar distinto. Y usar lo que está en el ambiente como una herramienta para llevarlo a lo cultural, sin hacer concesiones.

 

IV. CONCLUSIONES FINALES 

Tras cuatro días de debate e intercambio entre los talleristas y el maestro, llega la hora de la reflexión. Antes de hablar, José Ribas piensa. Y luego dice que el periodismo no es una profesión cualquiera. El periodismo tiene la misión, no menor, de trasmitir a la opinión pública una situación. Pero luego cambia el tono y afirma que en los últimos años la prensa se ha convertido en un órgano de poder para convencer a la opinión pública, y no para informarla. A este problema se suma la concentración de medios, que es cada vez mayor en todo el mundo. Dice que hoy en día está todo manejado por los intereses comerciales y el amiguismo, y ya no hay libertad de prensa.

 En este contexto, indica Ribas, las revistas alternativas y culturales cumplen un rol importante, porque están dirigidas a un público más conciente, más preparado. También porque intentan configurar una opinión pública alternativa. Buscan hacer pensar al lector. Agrega que muchos proyectos alternativos fracasan porque hay filtros y mecanismos  propios del mercado que impiden el surgimiento de nuevos proyectos.

 Por eso, y para finalizar, Ribas advierte a los talleristas que la batalla es muy dura, pero que es necesario darla. “No se pueden dejar desmoralizar. Debéis tener ánimo y coraje. Debemos ayudarnos entre todos, porque este es un buen momento para ser osados”.

Anexo:

 

Editorial del No1 de la segunda etapa de Ajoblanco. Octubre de 1987.

 

VOLVEMOS porque hoy más que nunca hace falta mejorar la información y ampliar las libertades sin servilismos de ningún tipo. Desde luego, no vamos a la caza de voto alguno. Somos, seguimos siendo independientes.

VOLVEMOS porque corren tiempos en los que las ideologías se van desahuciando unas a otras, vertiginosamente, en busca de nuevos sentidos. Tiempos en los que parece como si diferentes espectros del franquismo se hubieran encarnado en algunos políticos, intelectuales, economistas... mermando, acotando y custodiando nuestra sociedad, porque no saben, no pueden o no quieren hacer otra cosa.

VOLVEMOS porque se necesita mucha sociedad civil organizada, mucha iniciativa de grupos, entidades y asociaciones—, muchos puntos de vista divergentes. Es preciso impulsar la convivencia y enriquecerla constantemente mediante la crítica, la polémica, la sátira, el humor, la aventura, la apertura al mundo exterior, las nuevas tecnologías, el riesgo y el coraje... Es preciso denunciar y alertar sobre lo que no funciona. Queremos llegar hasta los límites. Transgredirlos. Porque nos gusta hacerlo y tenemos buenas noticias.

VOLVEMOS porque el mundo no se acaba en nuestro ombligo. Somos cinco mil millones. Existen otros países, otras culturas, otras razas. Queremos dar a conocer situaciones que sobrepasen nuestras fronteras. No queremos cerrojos ni provincianismos. 

Y AQUÍ ESTAMOS. 

El NUEVO AJOBLANCO ha surgido de un proceso con hondas raíces. Muchos de nosotros vivimos el 68. Otros más jóvenes se han incorporado sin haber vivido más experiencia que la transición. Pero a todos nos definen unas mismas exigencias. Entendemos la cultura como una plataforma creativa, reflexiva y analítica, que facilite la calidad de vida y la apertura al diálogo sin cortapisas. Es ocio y es diversión. Cachondeo y compromiso. Imaginación y fantasía, pero jamás corrupción. Entendemos lo social como un proceso en el que las identidades ni se compran ni se manipulan. Se hacen.

 

Esta relatoría pertenece a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Podrá ser divulgada con previa autorización escrita de la FNPI. Deberán darse los créditos al autor, así como a los organizadores del taller.

 


[1] El 15 de abril de 1989 estudiantes de la República Popular China encabezaron una serie de manifestaciones que terminaron con una brutal represión por parte del Ejército Popular de Liberación, el 4 de junio de ese año. Protestaban contra el sistema represivo del gobierno y cuestionaban algunas reformas económicas. Los hechos ocurrieron en la plaza de Tiananmen, en Pekín. La CIA (agencia de inteligencia estadounidense) estimó que hubo entre 400 y 800 muertos. Fuentes extraoficiales hablan de 2.600 víctimas fatales.

 

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