Taller de edición fotográfica: Violencia y sociedad en América Latina con Donna De Cesare
14 de Octubre de 2016

Taller de edición fotográfica: Violencia y sociedad en América Latina con Donna De Cesare

Esta es la relatoría del taller que la fotógrafa y escritora Donna de Cesare condujo en San Salvador junto a 16 reporteros gráficos de Colombia, Perú, México, El Salvador, Venezuela, Guatemala y Argentina. Durante una semana, los participantes presentaron proyectos de fotografía que venían construyendo con anticipación sobre temas de violencia y derechos humanos en Latinoamérica .

TALLER DE EDICIÓN FOTOGRÁFICA: VIOLENCIA Y SOCIEDAD EN AMÉRICA LATINA

Con Donna de Cesare

 

San Salvador, El Salvador.

Del 15 al 19 mayo de 2012.

CONVOCA: Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano – FNPI, Open Society Foundations.

Apoya: El Faro y el Centro Cultural España en El Salvador.

Relator: Luis Ángel Sas

Maestra: Donna de Cesare

Fotógrafa, videógrafa y escritora. Es profesora en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Texas en Austin. Ha ganado varios reconocimientos por su trabajo fotoperiodístico, entre ellos, los premios Pictures of the Year, Dorothea Lange, Mother Jones International Photo y el National Press Photographers Association Best of Photojournalism. Ha sido merecedora de una beca de la Fundación Alicia Patterson y una de la Fundación Soros para proyectos independientes. Sus imágenes han sido publicadas en diversos medios como The New York Times, Life, Newsweek, The Atlantic, Aperture y DoubleTake. Sus fotografías han aparecido en diversos libros, retratando temas de supervivencia y violencia de la juventud latinoamericana, que tomó durante más de diez años en Centroamérica y Colombia. 

Palabras clave: fotoperiodismo, narración, violencia, FNPI, 

Introducción

Esta es la relatoría del taller que la fotógrafa y escritora Donna de Cesare condujo en San Salvador junto a 16 reporteros gráficos de Colombia, Perú, México, El Salvador, Venezuela, Guatemala y Argentina. Durante una semana, los participantes presentaron proyectos de fotografía que venían  construyendo con anticipación sobre temas de violencia y derechos humanos en Latinoamérica .  

De Cesare, que durante más de una década documentó y narró la violencia en Centroamérica y Colombia, llevó a los talleristas por un camino narrativo para darle sentido a cada una de las historias, además mostró ejemplos de cómo, integrando la fotografías con audio y video, se pueden mejorar las narraciones. “Tienen que dar el siguiente paso, llevar sus trabajos a lo audiovisual” dijo de Cesare.

El taller fue en su mayoría práctico y Cesare brindó asesoría individual a cada uno de los participantes. Durante los primeros dos días hizo énfasis en la necesidad de conectarse con las historias, pero siempre conservando el equilibrio: ni involucrarse por completo y ser parte de la historia; ni tampoco quedarse afuera y ser insensible ante lo que se quiere narrar con imágenes.  En el tercer y cuarto día se conformaron grupos de trabajo para compartir experiencias y opiniones sobre los proyectos de fotografía preparados con anticipación. Esta parte fue la que más valoraron los talleristas porque abrieron sus trabajos a la crítica y consejos, siempre bajo la guía de la maestra.

Las buenas historias no dependen sólo de las cámaras

Dos décadas después Donna De Cesare se reencontró con El Salvador, el lugar donde descubrió el significado de la palabra violencia al cubrir los últimos años de la guerra civil. Esta vez está frente a 16 fotoperiodistas  que llegaron de varios países de Latinoamérica para aprender cómo debe ser la edición fotográfica en temas de violencia. El objetivo, explicó de Cesare después de ver la calidad de los trabajos de los talleristas, era buscar la manera de darle una consistencia narrativa a las historias que previamente reportearon.

Será un  taller de visión y selección de fotografías para contar una historia” anunció de Cesare. Además pidió restar importancia a la nueva tecnología en  las cámaras y en las herramientas digitales para mejorar las imágenes. “Las historias, las buenas historias, no sólo dependen de las cámaras o las computadoras, sino también de nuestra cabeza y corazón” dijo la maestra.

Al hablar de cabeza y corazón, De Cesare  no lo hizo desde el plano romántico, sino desde el equilibrio entre inteligencia y pasión que debe tener el fotoperiodista al narrar visualmente; también de la capacidad de encontrar la posición correcta en las historias: sin involucrarse demasiado pero tampoco quedarse fuera, rozando con la insensibilidad. 

“Cuando contamos historias de violencia no debemos pensar sólo en denunciar, debemos equilibrar la historia con hechos humanos, dar una visión de esperanza”, explicó De Cesare.

La maestra dijo que para eso se debe tener conocimiento del tema y esto obliga  a sumergirse en las historias para no explicarlas de forma superficial.  Al estar adentro lo mejor es tomar un personaje principal para contar un problema complejo, esto ayuda a la narrativa visual. 

“Para mí, enfocar la vida de un personaje es una manera de enganchar a la gente. Se puede narrar la historia de muchas formas: un tema sobre narcotráfico es difícil, pero cuando se cuenta la historia de una persona en especial se tiene más probabilidades de que el lector sienta una conexión humana con el personaje”.

Cuando esto sucede, según De Cesare, se debe tener cuidado de no involucrarse de más en la historia, de no comprometerse con ninguna parte, “se debe recordar que trabajamos para el público”, explicó la maestra.  

Nuevas formas de contar

La llegada de celulares con cámaras, videograbadoras y máquinas con más capacidad y al alcance de más personas es positiva para el fotoperiodista, porque eso lo reta a buscar nuevas formas de narrar las historias.

“Hay formas de narrar que se están quedando atrás. Esto es bueno porque obliga a crecer”, dijo la maestra, quien explicó que ahora deben apoyarse en el audio y video, aunque la mayor carga de trabajo seguirá estando en la fotografía. 

Para la maestra, la diferencia entre una persona que simplemente tiene un equipo moderno y un verdadero fotoperiodista, es la capacidad que éste último tiene para hilar una historia, para darle coherencia al relato y para saber lo que quiere decir.

“Los fotógrafos deben abrirse campos, deben buscar alianzas, hay posibilidades de financiar proyectos más profundos, eso es lo que nos va a diferenciar de la gente que simplemente toma fotos con celulares modernos: nosotros tenemos criterios conceptuales que tienen incidencia en la sociedad. Por eso estamos aquí, porque las formas que usamos en el pasado ya no funcionan: debemos buscar cómo contar historias en la actualidad. Ver todas las herramientas que la tecnología nos ha dado y nos seguirá dando pero hay que recordar que eso no es lo principal.” 

Construyendo la narración

“No hay una forma, no hay un regla única para seguir, pero trabajar en  lo audiovisual se parece mucho a construir historias según el triángulo de las ordenes dramáticas del teatro: buscamos un inicio para abrir la historia, una complicación, tensiones, contrastes, un conflicto y tensiones más leves.

Después todo comienza a resolverse y guardamos la resolución para ir al cierre”, puntualizó la maestra, antes de identificar tres elementos fundamentales que debe incluir la construcción de un relato visual: 

El anzuelo: usar una secuencia de imágenes que pueden incluir pensamiento e ideas que crean suspenso.

Anécdota: enganchar al espectador con preguntas y respuestas para adentrarse en el tema.

El momento de la reflexión: Es cuando se dice claramente de qué trata la historia.

De Cesare dio algunos consejos al editar fotografías y profundizó en  los detalles con cada uno de los participantes en sus sesiones individuales para afinar los trabajos:

  • Se objetivo al editar: usa ojos fríos y críticos, deja descansar la fotografía un tiempo para volver a ella con ideas más claras.
  • Elígelas basadas en el impacto visual, información narrativa y fuerza estética. 
  • Imagina que no son tus imágenes en el momento de edición.  
  • Piensa en la audiencia con la cual te estás comunicando y en la progresión del tiempo, trama y emoción del ritmo de la historia que estás contando.
  • No subas tu trabajo a la web sin poner tu nombre.

El sonido en la fotografía

Dar la misma importancia al audio que a la imagen es fundamental para trabajos multimedia, explicó De Cesare.

“El silencio nunca es silencio: hay sonidos de pájaros en la selva, de ríos, si uno está en la cocina hay sonido de agua hirviendo, cosas  que dan textura del escenario”, dijo De Cesare.

La maestra explicó que el fotoperiodista que desea entrar al mundo de la multimedia debe dedicar el mismo tiempo y dedicación para esperar la mejor imagen como para capturar el mejor sonido. 

“Cuando uno entra a un lugar siempre hay sonidos que no escuchamos porque no ponemos atención: las luces, la refrigeradora. Por eso hay que pedir permiso para desconectarla porque esos sonidos estorban mucho. Hay que buscar lugares silenciosos para grabar la voz”, expuso la maestra.

Ante la duda de uno de los talleristas  acerca de que si el proceso de elección de imágenes y sonidos son exclusivos del periodista o si es la historia la que lo exige, De Cesare explicó que los trabajos multimedia son relatos y que es una mezcla de ambos, pero apegados a lo que se encuentra en la investigación y reporteo. 

“Debe hacerse con grabaciones e imágenes reales que representen la verdad. Que estén construidas con la intención de hacer la historia más clara. El orden, la secuencia como se va a narrar es de cada periodista no hay una formula, no hay una regla a seguir. Al trabajar audiovisual estamos construyendo según el triángulo de ordenes dramáticas del teatro”.

Dejar respirar la cámara 

De Cesare enfatizó que cuando un fotoperiodista entra de lleno a una asignación puede sufrir problemas emocionales. 

Perder el  control emocional puede llevar a que el fotoperiodista se desmorone o pierda la sensibilidad. Ninguno de los dos extremos es recomendable. La maestra lo sufrió al cubrir la guerra civil en El Salvador, pero aprendió la lección cuando trató el tema de los primeros pandilleros expulsados de Estados Unidos y que llegaron a Centroamérica.

“Todos somos habitantes de la república del trauma: todos los que somos reporteros gráficos y periodistas somos testigos de la tragedia. Tenemos que controlar nuestros sentimientos para protegerlos, es la única forma de seguir trabajando. Es un mecanismo de protección. Todos en esta sala tienen historias dramáticas, de dolor, de injusticia, de impunidad y de violencia. Por eso tenemos que hacer del trauma algo útil que nos ayude a tomar decisiones”, dijo De Cesare.

Pero no sólo los sentimientos que nacen o mueren por las historias afectan a los fotoperiodistas, también el miedo. 

“El miedo nos desubica: hay miedos de hechos reales y hay miedos imaginarios de lo que pensamos que nos puede  ocurrir si decidimos narrar una historia. Como pasa en México por ejemplo”, explicó la maestra. De Cesare cree que, a pesar de todo, el estrés es un motor, es saludable “pero si se pasa de un punto comienza a causar fatiga, cansancio, pánico y puede terminar quemando al fotoperiodista”. 

Por eso, cada fotoperiodista de conocerse muy bien, debe aprender a leerse: “hay que identificar los niveles de estrés, tomar conciencia de eso. Algunos indicadores de estrés negativo son: desgastarse en el trabajo, entregar asignaciones tarde, fatiga, dolores, irritabilidad, miedo, tristeza, rabia, pesadillas, pérdida de control, desconfianza y desesperación”. 

De Cesare recomendó poner límites al trabajo; una barrera, tomar  descansos y hacer viajes que no tengan nada que ver con la fotografía, darse un respiro y dejar respirar a la cámara. 

Trabajar a largo plazo

De Cesare dijo que aunque trabajar en un periódico puede ser agotador también puede ser una oportunidad para identificar fenómenos o historias que están ocultas y que sólo se pueden obtener con constancia. 

La maestra, al final,  explicó que una semana era poco para profundizar en el conocimiento “pero cuando se trata de aprender siempre parecerá poco, dos o cuatro semanas, un mes” y resaltó el deseo de los fotoperiodistas de adquirir conocimiento que llegará con la prueba y el error. “Lo importante es marcharse con esa semilla de querer aprender más, de hacer cosas diferentes. De probar nuevos formatos y de contar mejor las historias de violencia y de ser mejores personas”. 

Bibliografía recomendada

Durante los días el taller, la maestra compartió varias publicaciones que pueden servir de inspiración para el trabajo del fotoperiodista. Aquí los compartimos: 

Libros de fotografías:

  • ‘‘War Is Only Half the Story: stories from The Aftermath Project ‘. Sara Terry.
  • ‘No place for children , voices from juvenile detention’. Steve Liss.
  • ’A Procession of them. Eugene Richards.
  • ‘The rape of a nation’. Marcus Bleasdale.
  • ‘War is Personal’. Eugene Richards.
  • ‘New York Noir’.  Crime photos from the Daily News archive. - Days with my father’. Phillip Toledano. 

Un libro de texto para periodistas multimedia:

'Videojournalism, multimedia storytelling'. Kenneth Kobré. 

Un documento recomendado para entender el contexto latinoamericano: La Seguridad Ciudadana: El problema principal de América Latina. Marta Lagos y Lucía Dammert.

Antología de sitios y proyectos, para explorar a fondo:

-Out my window -Waiting for justice -Venezuela’s climate of crime -72 migrantes -I am rich Potosi -Violentology -The Clarinetist -Tus pasos se perdieron con el paisaje -Vias de desesperación -Rape of a nation -Inside disaster -The places we live -The aftermath project 

Un proyecto de Donna De Cesare

Hijos del Destino. Proyecto de Donna de Cesare sobre las vidas de algunos jóvenes marcados por la violencia y las pandillas.

Sitios de algunos de los reporteros gráficos participantes:

-Alonso Castillo, México

-Juan Carlos, El Salvador

-Juan Carlos Cruz, México                                                      

-Marco Garro, Perú

-Miguel Gutiérrez, Venezuela

-Prometo Lucero, México

-Frederick Meza, El Salvador

-Federico Ríos, Colombia

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