Taller de crónica "Las historias del Bicentenario de Cartagena de Indias" con Alberto Salcedo Ramos
13 de Octubre de 2016

Taller de crónica "Las historias del Bicentenario de Cartagena de Indias" con Alberto Salcedo Ramos

Del 12 al 21 de mayo del 2011, en Cartagena de Indias, se reunieron 15 periodistas de América Latina con el objeto de desarrollar un taller de crónica, coordinado por el maestro Alberto Salcedo Ramos.
John Jairo Junieles.

“Hay que seducir, como Sherezade”

Taller de crónica "Las historias del Bicentenario de Cartagena de Indias"

Cartagena de Indias, Colombia, 12 al 21 de mayo de 2011

Organizadores:

Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano

Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena de Indias-IPCC

Maestro:

Alberto Salcedo Ramos

Es considerado uno de los mejores periodistas narrativos latinoamericanos, forma parte del grupo Nuevos Cronistas de Indias. Vivió seis años y medio en Cartagena y fue jefe de redacción del diario El Universal. Es comunicador social y periodista. Sus crónicas han aparecido en revistas como SoHo, El Malpensante y Arcadia (Colombia), Gatopardo y Hoja por hoja (México), Etiqueta Negra (Perú), Ecos (Alemania), Diners (Ecuador), Marcapasos (Venezuela) y Courrier International (Francia), entre otras. Sus crónicas han sido traducidas al inglés, al francés y al alemán.

Es autor de los libros “El Oro y la Oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé” (Random House Mondadori, 2005), “De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho” (Ediciones Aurora, 1999 y 2005) y “Diez juglares en su patio” (Ecoe Ediciones, 1994). También es coautor del Manual de Géneros Periodísticos (Ecoe Ediciones, 2005). Este año publicó su nuevo libro “La Eterna Parranda. Crónicas 1997 – 2011” bajo el sello editorial de Aguilar.

Sus textos se han incluido en las antologías "Lo mejor del periodismo de América Latina" (FNPI y Fondo de Cultura Económica, 2006), "Crónicas latinoamericanas: periodismo al límite" (Fundación Educativa San Judas, Costa Rica, 2008), "Crónicas SoHo" (Aguilar y Revista SoHo. 2008), "Años de fuego: grandes reportajes de la última década" (Planeta, 2001). Su crónica La víctima del paseo, que narra su drama personal al ser víctima de un "secuestro express", fue publicada por la Universidad de Rütgers en el libro Citizens of fear, 2001.

Otras antologías destacadas "Historia de una mujer bomba y otras crónicas de América Latina" (Uqbar Editores. Chile), "La pasión de contar. El periodismo narrativo en Colombia. 1638-2000" (Hombre Nuevo Editores y Editorial Universidad de Antioquia. 2010), "Domadores de historias. Conversaciones con grandes cronistas de América Latina" Ediciones Universidad Finis Terrae Chile, 2010 y "Antología de grandes crónicas colombianas" (Aguilar, 2004).

Salcedo Ramos ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (cuatro veces), el Premio de la Cámara Colombiana del Libro al Mejor Libro de Periodismo del Año, el Premio al Mejor Documental en la II Jornada Iberoamericana de Televisión, celebrada en Cuba y el Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), por su crónica "Un país de mutilados". En 2004, gracias a su perfil 'El testamento del viejo Mile', publicado en El Malpensante, fue uno de los cinco finalistas del Premio Nuevo Periodismo CEMEX+FNPI.

Relatoría:

John Jairo Junieles

Introducción

Del 12 al 21 de mayo del 2011, en Cartagena de Indias, se reunieron 15 periodistas de América Latina con el objeto de desarrollar un taller de crónica, coordinado por el maestro Alberto Salcedo Ramos. Salcedo es conocido por sus trabajos que abordan personajes anónimos víctimas de la violencia en Colombia, además de boxeadores, músicos, y personajes populares. En desarrollo del taller los participantes realizaron crónicas sobre temas y personajes de la ciudad, teniendo en cuenta la celebración del Bicentenario de la Independencia en Cartagena de Indias, motivo por el cual se contó con participación de historiadores y expertos que dictaron charlas sobre temas históricos, ecología, ciudad y desarrollo económico. El objetivo del taller fue suministrar a los participantes herramientas (técnicas y estrategias de trabajo), hacer ejercicios reflexivos sobre el material hallado y la posición del periodista frente a su tema. Todo esto bajo el contexto de la celebración de los 200 años de Independencia de Cartagena de Indias, un motivo para narrar historias que brinden una mirada periodista que conjuge el pasado y el presente de esa ciudad.

Palabras claves: crónica, periodismo narrativo, bicentenario, Alberto Salcedo Ramos

Instalación del taller (Martes 17 de abril)

La alcaldesa de Cartagena de Indias, Judith Pinedo, participa en la instalación del taller de crónica refiriéndose a la exclusión que viven algunas comunidades de la ciudad y la historia no contada de Cartagena. Invita a los participantes en el taller a descubrir y trascender  las diferentes facetas del retrato sesgado que los cartageneros parecen tener de sí mismos. Intervienen también Irina Junieles, directora del Instituto de Patrimonio de Cultura de Cartagena, en cuyas instalaciones se desarrollaron las reuniones de trabajo. Por su parte Jaime García Márquez, Director de Relaciones Interinstitucionales de la FNPI comparte un saludo enviado por su hermano, el maestro Gabriel García Márquez para los periodistas participantes.

Poner la historia en un altar: trabajar para ella

Empieza el maestro Alberto Salcedo dando la bienvenida al taller de crónica. Comenta que ha entregado una serie de documentos para lectura, análisis y trabajo[F1] , que intentan resumir aspectos esenciales con los cuales se trabajará en los siguientes días al escribir las crónicas. Comparte algunas definiciones del libro Casa de las estrellas, escrito por Javier Naranjo, quien se dedicó a trabajar con niños entre 4 y 12 años, los cuales hicieron el ejercicio de dar definiciones sobre elementos del mundo que los rodea. Lee algunas definiciones: Iglesia: Donde uno va a perdonar a Dios (Natalia Bueno, 5 años); Universo: Un universo es un concurso para las reinas (Walter de Jesús Arias, 10 años); Misterio: Cuando mi mamá se fue y no me dijo adonde (Gloria María Hidalgo, 10 años); Violencia: Uno coge una muchacha y hace el amor (Javier Ignacio Ramírez, 6 años); Sol: El que seca la ropa (Diego Alejandro Giraldo, 8 años).

Al final de la lectura Salcedo invita a que “el cronista debe rescatar, si la ha perdido, esa visión desprevenida de los niños sobre el mundo.  Es necesario descargarse del lastre de los prejuicios heredados o adquiridos, y practicar esa mirada de extrañamiento, reveladora, que se parece mucho a la teoría del marciano de la que habla Miguel Ángel Bastenier: hay que escribir de tal forma que si mañana llega un marciano y lee el periódico, entienda todo lo que ustedes escribieron, absolutamente todo”.

Alberto Salcedo comparte su visión de que  a un buen cronista lo definen la mirada y la voz. La mirada es la forma de ver el mundo, la forma de ubicarse para ver la realidad. Y la voz es la forma de transmitir esa mirada.

También hace énfasis en la necesidad de hacer para la crónica un trabajo de campo minucioso y completo. Afirma que: “la crónica es un genero informativo e interpretativo. Un cronista busca la información, como todos los periodistas, pero va más allá de los datos convencionales. Se interesa también por los detalles, por los aspectos de color, y eso exige un esfuerzo mayor”. Salcedo Ramos indica que el cronista, además de preocuparse por la información que transmite, debe preocuparse por darle una cierta dignidad estética al texto.

“Una vez”, dice Salcedo, “tomando tinto con el periodista Germán Santamaría en su casa, me dijo algo que me quedó sonando: los periodistas narrativos respetamos a los reporteros que andan por ahí con ansias de descubrir un fraude, pero preferimos ser más recordados por escribir una bella metáfora que por tumbar a un alcalde. Sin duda exageraba Germán, pero entiendo el sentido profundo de su frase: no nos basta con informar, no nos sentimos conformes si sólo hacemos encarcelar a un ministro: necesitamos, además, que nuestros textos generen placer. Yo pertenezco a esta legión, definitivamente”.

En ese sentido el narrador debe poner la historia en un altar y trabajar para ella, en vez de usar la historia como pretexto para mostrarnos lo listo o lo erudito que es.

Salcedo Ramos considera que el éxito de un narrador de historias se debe en gran parte a la calidad de las promesas que plantea a lo largo del texto y a la forma en que le cumple al lector esas promesas. Pone como ejemplo la entrada de la novela ‘Crónica de una muerte anunciada’: “El día que lo iban a matar, Santiago Nassar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. Desde el comienzo, como se ve – dice Salcedo – García Márquez le vende al lector una promesa: ‘ojo, quédate metido en las páginas de mi libro, que aquí va a morir alguien y yo te voy a echar ese cuento”.

Salcedo hace alusión a lo afirmado por Alfred Hitchcock en el sentido que: “el cine es como la vida, pero sin las partes aburridas”, de esa manera hace referencia a que el cronista debe elegir con cuidado lo que va a contar y lo que va a omitir dentro de su historia. No todo lo que un cronista encuentra en su investigación es digno de ser contado, añade.

El primer ejercicio que solicita Alberto Salcedo es que los talleristas intenten explorar los temas que puedan servir para desarrollar sus crónicas. Escucharán a varios expertos sobre problemas y dificultades de la ciudad, lo cual puede generar curiosidad sobre las personas que sufren esas circunstancias. También dice que los periodistas son libres de elegir el tema de su crónica, más allá de lo que se escuche y se hable en el taller, para lo que invita a que caminen por la ciudad, observen y se relacionen con las personas y sus formas de vida.

El maestro cede la palabra al investigador ambientalista Rafael Vergara Navarro quien realiza una exposición sobre ecología y ciudad, describiendo los daños ecológicos que se han evidenciado a través de los años en la ciudad de Cartagena, perjuicios realizados por todos los estratos de la ciudad, en donde se han contaminado cuerpos de agua, talado manglares e impuesto el crecimiento urbanístico sobre los complejos problemas ecológicos de la ciudad. Hizo referencia, a su vez, al crecimiento poblacional de forma exponencial de la ciudad de Cartagena a través de los años y relleno de las aguas derivado de la necesidad de tierras para los nuevos habitantes de la ciudad.

Toma la palabra el economista Alberto Abello quien explica aspectos sobre el  desarrollo de Cartagena. Afirma que la ciudad  es poco vulnerable en lo económico, debido al desarrollo de la industria, la actividad portuaria y turística, sin embargo es una economía excluyente ya que gran parte del pueblo cartagenero no tiene acceso a las ofertas de empleo que tiene la ciudad en la zona industrial. Dice que a Cartagena la socorre el turismo, que es un sector económico que salva a la mayoría de las islas del Caribe como Cuba. Además,  afirma que desde la colonia se ven profundas huellas de racismo que en la actualidad se busca reivindicar con políticas sociales y actividades culturales.

Al medio día los participantes se dirigen a la sede del Archivo Histórico de Cartagena, donde son recibidos por Moisés Álvarez, su director, quien los guía por las diferentes salas del antiguo edificio donde se reúne un número importante de archivos, mapas, maquetas a gran escala, pinturas y documentos que reconstruyen diferentes etapas de la historia de la ciudad.

En horas de la tarde Alberto Salcedo retoma sus reflexiones sobre la crónica. Dice que el tema del Bicentenario seguramente hará que algunos de los periodistas participantes en el taller opten por personajes históricos para sus crónicas. Comenta que las historias sobre personajes que ya no están presentes son tal vez más complejas de realizar, debido a que no se cuenta con el testimonio de primera mano de los protagonistas.

Salcedo Ramos advierte que “durante muchos años los contadores de historias de largo aliento tuvieron que exiliarse en los libros, porque en los periódicos no cabían. Los medios decían que no publicaban crónicas porque no había cronistas, y los cronistas decían que no hacían crónicas porque los medios no les daban espacio. Aquello era como el famoso círculo vicioso del huevo y la gallina, es decir, quienes planteaban esa polémica no se ponían de acuerdo en qué fue primero y qué vino después. Un día apareció una revista que se atrevió a apostarle al periodismo narrativo, me refiero a El Malpensante, y entonces se desplomó la farsa de que no había cronistas, ni gente interesada en los relatos largos, ni tiempo para leerlos. Después han venido muchas otras revistas, como SoHo y Gatopardo, que se la han jugado por esta modalidad. Supongo que el éxito de este tipo de periodismo se debe, entre otras razones, a que interpreta y cuenta de una manera más humana los hechos que el público consume atropelladamente en la televisión. Es un periodismo que le añade una preocupación estética a su responsabilidad de informar”.

En ficción se inventa el conflicto, los cronistas deben descubrirlo

Segunda sesión (Miércoles 18 de mayo)

Durante la jornada de la mañana los periodistas empiezan a explorar y elegir los posibles temas y personajes de sus crónicas. En horas de la tarde los talleristas se reencuentran con Salcedo, quien hace un balance sobre los temas escogidos. En desarrollo del reconocimiento de dichos temas el maestro comparte las siguientes impresiones.

Dice que las buenas historias son aquellas que están surcadas por conflictos. Un conflicto, en términos dramatúrgicos, es un obstáculo que se interpone entre el personaje y las metas que se propone alcanzar. Afirma que en la literatura de ficción el autor crea los conflictos mientras que en la literatura de no ficción el autor descubre los conflictos. Ejemplos de conflictos clásicos que pone Salcedo son la pobreza, las enfermedades, los amores contrariados, las guerras.

Salcedo afirma que muchos cometen el error de escribir para sí mismos: no manejan bien el contexto de la historia o de pronto omiten información que el lector necesita para entender lo que se les está contando. Y también dice que las historias deben ir más allá de lo anecdótico, deben conectarse con las sociedades, con el entorno general.

Las mejores crónicas no son aquellas en las que el cronista se limita a hacerle preguntas al personaje como si lo suyo fuera una simple entrevista. Las mejores crónicas son aquellas en las que el cronista emprende la aventura de estar con el personaje en diferentes momentos y en diferentes espacios. Los personajes cambian su actitud de acuerdo con el espacio en el que se encuentren. Lo peor que puede hacer un cronista es limitarse a conseguir testimonios.

Salcedo Ramos recuerda al periodista Mark Kramer, creador del Programa Nieman para el periodismo narrativo, quien dice que los periodistas narrativos deben aspirar a convertirse en parte del paisaje, mimetizarse, hay que desarrollar la habilidad de empatizar con la gente, la habilidad de generar confianza en la gente, sabiendo oír, siendo paciente, no atacando con preguntas al personaje a los pocos segundos de haberlo conocido.

Nadie visto de cerca es normal – Hay que convertir los datos en acción

Tercera sesión (jueves 19 de mayo)

La intervención de Alberto Salcedo Ramos en esta ocasión es sobre el enfoque ¿Cómo darle a las historias un tratamiento original? En ese sentido habla de la forma en que arma sus historias: primero elabora un croquis de la historia, el cual contiene los temas que abordará a lo largo del relato, como por ejemplo posibles capítulos, hitos narrativos, etc. También se hace preguntas sobre cuál es el tiempo narrativo más conveniente para la historia: ¿pasado o presente? ¿La cuenta de manera lineal o con saltos en el tiempo? Según Salcedo, esos puntos hay que contemplarlos desde antes de sentarse a escribir.

“En mi caso”, dice Salcedo Ramos, “leo y clasifico los datos que obtuve en el trabajo de campo, para descubrir cuáles serán los temas que deberé desarrollar en mi escrito. A diferencia de algunos románticos que desdeñan las grabadoras, a mí me gustan. La grabadora es una simple herramienta y no es justo culparla del mal periodismo.  Es cierto que la grabadora no oye los latidos del corazón, pero es que el que los tiene que oír eres tú, no ella. Con la grabadora puedes recrear atmósferas, reproducir ese sonido sinfónico de la vajilla, o el frenazo en seco de un auto en la calle, o el pregón de un vendedor ambulante, detalles que a veces uno no percibe mientras hace el trabajo de campo y que después aparecen mágicamente mientras uno oye la grabación. Todo eso enriquece la atmósfera y le da más verosimilitud a lo que se cuenta. Ahora, no siempre la grabadora es oportuna. A veces es un estorbo y entonces es mejor saber observar y retener la esencia de la realidad que estás contando”.

Luego de releer y clasificar los apuntes, trazo ese croquis general de la historia. Determino cuáles van a ser los capítulos y qué voy a contar en cada uno de ellos. Siempre, antes de sentarme a escribir, ya he decidido el orden que tendrá la crónica, no lo que voy a decir, sino la estructura que tendrá mi relato. En mi crónica “Cita a ciegas con la muerte”, publicada en SoHo, yo narro en el primer capítulo la vida de los fiscales que hacen levantamiento de cadáveres; en el segundo capítulo personifico a la muerte, la narro como si fuera un personaje de carne y hueso, un personaje femenino cuyo nombre es la señora Muerte. La utilizo para reflexionar sobre lo que ha sido la violencia en Colombia y digo, haciéndole eco a una vieja frase de Pablo Escobar, que la muerte es quizá lo único verdaderamente democrático que hemos tenido en este país.

En el tercer capítulo me ocupo del cadáver que encontramos esa noche, durante el recorrido: le sigo la pista en flash back, es decir, después de verlo tirado en el piso me devuelvo en el tiempo para contar los últimos momentos de su vida. Entonces, llego a un punto en el que todos los elementos que venía desarrollando fragmentariamente, coinciden en el tiempo y en el espacio: se encuentran en la misma escena los fiscales, la señora Muerte, la víctima de turno, y todo eso produce un efecto dramático inquietante, no tanto por lo que cuento como por la estructura que manejo.

Alberto Salcedo realiza una reflexión sobre ritmos y sobre inclusión o exclusión de información, indicando que hay mucha gente que pierde tiempo contando cómo llegar a un lugar o como llegar hasta donde se encuentra un personaje. El punto es el mismo que trató antes: hay que seleccionar con cuidado lo que debe contarse. Una cosa es hacer una crónica sobre el beisbolista Édgar Rentería y otra cosa es ponerse a contar cómo hace el periodista para llegar hasta donde está Rentería. Si esa travesía no es reveladora de lo que es el personaje, no vale la pena perder el tiempo detallándola. El cronista, según Salcedo, debe tratar de convertir los datos en acción, en narración. El dato frío no pasa de ser una cifra, pero el dato utilizado como parte de una acción narrativa cobra vida.

El secreto que sostiene una prosa es el sentido del ritmo. La demora gratuita vuelve lenta la prosa. El escritor tiene licencia para suponer o imaginar, siempre y cuando le deje claro al lector que está suponiendo e imaginando. En este punto cita a García Márquez: “Una gota de ficción contamina un océano de realidad”.

Normalmente lo que debe hacer el cronista es acercarse tanto al personaje de manera tal que se gane el derecho a que este se muestre como es, que nos muestre su vida, siempre y cuando se cuente con dignidad y con respeto, sin violentarlo.

El remate de una historia es indispensable. Para aprender a rematar hay que leer a grandes autores. Truman Capote decía que el que toma un avión sabe para dónde va. Quería decir que desde antes de empezar a contar la historia uno debe saber dónde terminará. Juan Rulfo, por su parte, decía que cuando comenzaba a escribir no tenía ni idea cual sería el remate, y por tanto él se sentaba a trabajar hasta cuando lo descubría.

Contarse la historia a uno mismo

Cuarta sesión (Viernes 20 de mayo)

Durante todo este día viernes los periodistas realizan visitas a barrios, pueblos e islas de las cercanías, donde transcurre la vida de los personajes relacionados, directa o indirectamente, con sus historias. Hacen entrevistas, recogen testimonios, y registro de observaciones sobre el entorno. Todo esto se suma a lo reunido en días anteriores. También inician la escritura del primer borrador de sus crónicas. Algunos de los periodistas llegan al lugar de reunión en el IPCC, con ellos Salcedo empieza el análisis sobre los temas de sus crónicas, mediante el sistema de clínicas individuales donde cada participante tiene tiempo para dialogar con el maestro.

El trabajo con estos periodistas le permite a Salcedo llegar a ciertas conclusiones tras analizar sus borradores. Levanta la vista de unas hojas impresas que un tallerista le ha pasado, y comenta que: “siempre hay que reflexionar sobre la estructura. Para organizar el material con que se cuenta,  hay que elegir una estructura. Y no olviden el croquis general, mapa, o plan de presentación de los hechos”.

Salcedo agrega una consideración importante: “Cuando uno escribe un texto está demasiado cerca y pierde perspectiva, para eso son buenos los editores, el editor viene de fuera, no está familiarizado con el texto,  no lo mira como lo mira el dueño, que se encariña con ciertas frases que no son tan convenientes como a uno le parecen.”

Una de las ventajas mentales que daba la máquina de escribir, con respecto al ordenador, dice Salcedo, es que te exigía pensar tres veces más antes de hundir la primera tecla. Tener clara la historia en gran medida, antes de ponerse a escribirla. Por eso, continúa Salcedo, el mejor consejo al momento de escribir una historia, viene de Adolfo Bioy Casares, quien decía que el narrador debe contarse primero la historia a sí mismo. Mucha gente sale del trabajo de campo directamente hacia el computador, sin pasar por una etapa previa de reflexión sobre el material con que se cuenta. Qué voy a hacer, cómo lo voy a hacer, para dónde me voy a ir. A eso se refería Bioy Casares cuando hablaba de contarse la historia uno mismo, porque si uno mismo no se cuenta la historia cómo se la va a contar a otro.

En el  mismo sentido, Salcedo recuerda que García Márquez dijo una vez que es más fácil atrapar a un conejo que a un lector. “En estos tiempos de la cultura del zapping, los lectores suelen ser volátiles, impacientes. Leen el sumario, leen el título y si no ven nada que les convoque, se van. Por eso las entradas deben ser muy atractivas, deben hacerle al lector una oferta que él no pueda rechazar, como diría don Vito Corleone”.

La primera persona en la crónica debe usarse cuando uno es parte de la historia, cuando el cronista ha vivido algo que es intransferible y que sirve para mostrar la realidad que se quiere contar. Martin Caparrós dice: “no es lo mismo escribir en primera persona que sobre la primera persona”. Escribir en primera persona es adoptar un punto de vista narrativo, mientras que escribir sobre la primera persona es ser vanidoso. Para verificar qué tan útil es realizar un escrito en primera persona, hay que plantearse una pregunta sencilla: si yo me hago invisible, ¿la escena pierde o gana? Si me quito de la escena y no pasa nada, eso quiere decir que estoy de más. La primera persona, cuando es vanidosa y gratuita, es lo peor que hay.

“Hay que seducir, como Sherezade”

Quinta y última sesión (sábado 21 de mayo)

Llega a su jornada final el taller de crónicas. Está previsto que mañana, tarde, y parte de la noche de ese día, se realice lectura pública y contínua de todas las crónicas de los periodistas. Comenta Salcedo que hay que ser conscientes de que las crónicas están en su etapa de borrador, o de primera escritura, con zonas narrativas por revisar, elementos por afinar, y reportería por completar.

Ante el límite de tiempo, Salcedo se ve obligado a ser concluyente, detenerse en aspectos puntuales, reiterar consejos urgentes sobre aspectos principalísimos del género de la crónica. Por ejemplo: el tono, que es uno de los elementos más difíciles de explicar en una crónica. “Yo digo que según el tema uno lo siente. En mi caso, de un trabajo sé las cosas que voy a decir y cómo las voy a ordenar, pero del tono no tengo la menor idea. Cada tema tiene su propio tono narrativo. Uno lo encuentra sentándose y trabajando. Yo sufro mucho cuando empiezo y no sé cuál va a ser el tono, pero siento mucha alegría cuando avanzo y veo que el tren va en su carril. Un contador de historias tiene que seducir, como Sherezade, que salvó su vida gracias a su habilidad para generar interés mediante sus narraciones”, comenta el maestro.

“Yo selecciono la información con un criterio ético y estético que me permita pensar en una verdad que no dependa sólo de los datos; Juan José Hoyos nos ha advertido que todo buen relato aspira a ser una representación de la vida, y yo le creo” continúa. En la crónica el escritor necesita ver mucho a los personajes, en diferentes momentos para enriquecer la historia, debido a que es necesario buscar acciones narrativas. El trabajo de campo es al periodista lo que el gimnasio al atleta: cuando el periodista no investiga bien le pasa lo mismo que al atleta que no se entrena: pierde la competencia. Balzac lo expresaba de manera más ruda: “Lo único que importa es poner el trasero en la silla cuantas veces sea necesario”. La moraleja es inquietante: a cualquiera le dan ganas de ser escritor: lo jodido es sentarse a escribir.

En la medida que se realiza la lectura de las crónicas, Salcedo interrumpe, haciendo y respondiendo preguntas. El maestro concentra sus comentarios en la pertinencia de los recursos que se aplican en las crónicas. En un momento de la tarde, leyendo una crónica, el maestro expresa que: “escribir es pensar qué se hace con lo que se tiene. Es algo muy grato cuando ves el producto terminado, pero a menudo es tortuoso”. Hay una escritora venezolana que dice: “odio escribir, pero amo haber escrito”.

Faltando pocos minutos para dar por terminado el taller, Salcedo dice sentirse orgulloso por  haber tenido la oportunidad de compartir con periodistas que, a pesar de su juventud, han demostrado con su dedicación y trabajo el inmenso amor que tienen por el oficio. “Me siento honrado por ser testigo de la gran creatividad del grupo, tan parejo en su nivel de desarrollo creativo, y por esta hermosa experiencia humana doy las gracias.”

Para terminar, Salcedo Ramos lee la siguiente anécdota, que significa mucho para él, pues ejemplifica muy bien el carácter sagrado del acto de escribir:

“Paul Auster contó alguna vez cómo se hizo escritor, una noche de 1955, cuando apenas tenía ocho años. Auster venía saliendo del estadio después de haber visto el partido de su novena favorita, Los Gigantes de Nueva York. De repente se topó con Willie Mays, la estrella del equipo. Sin pensarlo dos veces, Auster le pidió un autógrafo.

“Claro, niño, claro”, le respondió Mays. “¿Tienes un lápiz?” Desde luego, Paul no tenía un lápiz, y tampoco su padre, ni su madre, ni ninguno de los otros adultos que estaban abandonando el parque de béisbol. Mays se encogió de hombros, dijo que lo lamentaba mucho y se alejó. Paul Auster lo acompañó con la mirada hasta cuando se perdió de vista. Triste, frustrado. Esa misma noche juró que nunca más andaría por la vida sin un lápiz en el bolsillo.

Al cabo de los años Auster llegó a la siguiente conclusión: “Si hay un lápiz en tu bolsillo, existe una buena posibilidad de que algún día te sientas tentado a usarlo.”


 [F1]Enlace a la sección Materiales del Taller

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