Taller de cobertura de temas ambientales con Arturo Larena
10 de Octubre de 2016

Taller de cobertura de temas ambientales con Arturo Larena

“La tierra está de nuestra parte” recoge los principales apartes del taller sobre periodismo ambiental dictado por el periodista español Arturo Larena en Cartagena de Indias, Colombia, en octubre de 2007.

Con Arturo Larena 
Cartagena, Colombia del 22 al 27 de octubre de 2007
Organizado por 
Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI),
Corporación Andina de Fomento (CAF)
Relatora: Gloria Cardona Restrepo 
Editor: José Luis Novoa 

Palabras clave:

Periodismo, medio ambiente, fuentes de información, temas ambientales.

Llegó al periodismo científico y ambiental a finales de los años ochenta, cuando recibió una beca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España para especializarse en esta área, lo que consolidó su interés y trabajo previo en el área. Luego ingresó a la agencia EFE, donde permanece hasta ahora. Allí ha cubierto temas ambientales y ha dirigido las delegaciones de Extremadura y Madrid y la Delegación Xeral de EFE en Galicia. Es miembro fundador de la Asociación de Periodistas Ambientales de España (APIA) y desarrolla contenidos ambientales para www.infoecologia.com. Para él, la especialidad ambiental del periodismo “es adictiva como una droga, como el alcohol: nos da satisfacciones, a veces un ‘subidón’ y otras veces nos da un dolor de cabeza terrible”. Larena subraya que “soy un periodista ambiental y estoy orgulloso de ello. Es un lujo y aunque no siempre he sido periodista ambiental, es de lo único de presumo”. El reto -piensa- es convencer al resto del mundo y de colegas de que ser periodista ambiental no es un demérito sino una oportunidad.

Lucha contra la naturaleza

Tradicionalmente el hombre ha visto la naturaleza como un enemigo, como una realidad hostil que había que dominar. La humanidad, hombres y mujeres, nos hemos pasado la vida plantando cara a la naturaleza, peleando contra ella: hemos talado bosques, cazado especies hasta el punto de hacerlas desaparecer, hemos contaminado ríos, estamos envenenado la atmósfera, cubriendo los campos con kilómetros de asfalto. Basta recordar que cada día se pierden 18 millones de hectáreas de bosque y hay miles de especies en vía de extinción. Cada vez se derrite más hielo en los polos, los glaciares alpinos y andinos están en retroceso y los niveles del CO2 han sido los más elevados de los últimos 20 años —a pesar del Protocolo de Kioto y de las cumbres del clima—, sin contar con el agujero de la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad o los desastres naturales como huracanes, tifones, tsunamis o lluvias torrenciales.

Larena recuerda que se trata de señales de que algo malo está ocurriendo, similar a cuando un edificio empieza a presentar grietas. La diferencia es que las grietas se están produciendo en nuestra casa común, en el planeta, y eso no lo dicen sólo ecologistas y periodistas ambientales sino organizaciones como el PNUMA, Worldwatch o Worlresources. La pregunta que lanza Larena es si somos conscientes de todo esto y si estamos haciendo algo para evitarlo. Porque cada día hay más fenómenos adversos pero hasta ahora parecía que nos negábamos a darnos cuenta.

El panorama podría llevarnos a pensar que tenemos una visión pesimista. “Realmente quiero pensar” -expresa el maestro- “que somos unos optimistas bien informados” sobre la situación a la que nos enfrentamos y, además, conscientes de que cualquier actividad humana tiene un impacto sobre el medio ambiente: comer, viajar, escribir y hasta vivir supone un coste grande o pequeño para nuestro entorno. La cuestión es saber cuál es el punto de no retorno.

Eso significa que el progreso se puede dar, siempre que seamos conscientes de buscar el mínimo impacto posible. De hecho, muchas veces, asegura Larena, “cuando se intenta atacar a las posturas conservacionistas o ecologistas se dice que somos radicales y que estamos en contra del progreso”.

¿Cómo se pueden reducir los impactos?

No hay soluciones mágicas. Si hubiera sido así, las tres grandes conferencias sobre medio ambiente de la ONU hubiesen dado respuestas a los problemas y ya las estaríamos implementando. Los periodistas tampoco tenemos la respuesta. Por eso nuestra mirada crítica debe observar todos los aspectos. Si nosotros tuviéramos la solución no seríamos periodistas y seguramente estaríamos en otros foros, asegura Larena.

La pobreza es otro de los grandes problemas ambientales. Un 15 por ciento de la población sigue consumiendo un 70 por ciento de los recursos del planeta y más del 4.000 millones de personas viven con apenas 1,5 euros por día, una cantidad insignificante. Es difícil hablar de estas cuestiones de medio ambiente cuando ni siquiera se tiene garantizada la subsistencia. Por tanto, cualquier solución pasa por superar las desigualdades y suplir las necesidades básicas insatisfechas. Eso también provoca contradicciones ya que en el caso de que todos los países del mundo lograsen alcanzar el modelo de desarrollo occidental, se requerirían 250 veces más recursos de los que hasta ahora consumimos y llegará el momento en que el planeta no va a dar para tanto.

Una especialidad joven

La celebración de un curso como este es importante, porque hace unos años— comenta Larena— este tipo de reunión no hubiera sido posible, entre otras cosas porque el periodismo ambiental realmente no existía. No es que no se escribiera sobre medio ambiente. Si se repasan las hemerotecas se pueden encontrar infinidad de artículos, noticias, editoriales y reportajes de temática ambiental, pero no existía una especialidad como tal, ni vías para especializarse.

Sí había la labor individual de “francotiradores”, lobos esteparios apasionados y convencidos de la importancia de estas cuestiones, que hacían lo que podían para divulgar temas ambientales en los medios donde trabajaban. La situación ha cambiando y cada vez es más el espacio dedicado a la información ambiental.

Han pasado 15 años de la Cumbre de Río, algunos más de Estocolmo 72 (Cumbre de la ONU) y desde entonces se ha producido una revolución ambiental en los medios y en la sociedad. Ahora no solo los ecologistas se preocupan por estas cuestiones, sino los empresarios, sindicatos y los políticos. Esto tiene su trascendencia porque “cuando personajes importantes deciden hacer suya la bandera del medio ambiente, los responsables de los medios empiezan a pensar que algo está pasando aquí y que quizá esas personas que estaban pidiendo espacio para contar sus historias realmente lo merezcan”.

El periodismo ambiental es, no obstante, una especialidad joven y por lo tanto todavía débil.

El caso de España —recuerda el maestro— se pueden encontrar informaciones del siglo XIX, cuando se empezaba a notar una preocupación por la degradación de los espacios y paisajes que con el tiempo se convirtieron en áreas protegidas y reservas naturales como recuerda J. Fernández en su libro “Un siglo de periodismo ambiental en España”.

“No es que fuera periodismo ambiental puro y duro, pero eran informaciones en las que se mostraba ese interés por transmitir lo que estaba ocurriendo en un determinado territorio y que tenía un marcado componente medioambiental”. No fue sino hasta la década de los 70 cuando surgió una generación de periodistas comprometidos con estas cuestiones, en algunos casos vinculados al ecologismo y al movimiento antinuclear.

“Ahora en España el medio ambiente ha dejado de ser un campo menospreciado y ha adquirido el máximo rango administrativo con la creación del Ministerio de Medio Ambiente. Ahora hay más sensibilidad, hay más compromiso y hay más educación”, afirma.

Según Larena, “a comienzos del siglo XXI el periodismo ambiental está más organizado, es más informativo, más profesional y más aséptico. Ya no se identifica tanto con los ecologistas como fuente casi única y, sobre todo, reivindica un papel de igualdad con el resto de los periodismos especializados de las redacciones. Es tan digno y tan importante o más como el periodismo de sucesos, economía, sanidad política o información local.

“Lamentablemente en general, se nos sigue viendo como periodistas de segunda categoría. Tal vez, porque hasta ahora no era un periodismo de gran prestigio, quizá porque antes difícilmente este tipo de noticias abría los informativos de televisión ni conquistaba las portadas o los grandes titulares de los medios, salvo cuando se producía una catástrofe”. Hoy esto esta cambiando.

En los setenta

En los años setenta —recuerda el maestro— la eclosión del periodismo ambiental en España se produjo vinculada al movimiento antinuclear. Entonces había un plan muy ambicioso del gobierno para construir centrales nucleares, aunque “al final fueron siete”. El debate caló en la sociedad, llego a la calle y los periodistas estuvieron allí para contarlo. El lema “Nuclear no, gracias” y su logo: un sol amarillo con rayos rojos, todavía se recuerdan.

Pero no solo había simpatías por el movimiento antinuclear; el eje de su trabajo era la denuncia de situaciones negativas. La situación ambiental del país no era buena. En esos años en España se producían muchos vertidos contaminantes, se

intentaba implementar la energía nuclear, se utilizaban combustibles contaminantes, se edificaba sin ningún tipo de control en zonas de protección, entre otros problemas. Para los periodistas tampoco era fácil abordar estas cuestiones: no había sensibilidad en los jefes de redacción y difícilmente se encontraban fuentes dispuestas a hablar. En este contexto las organizaciones ecologistas se convirtieron en el principal referente. Gracias a ellas los periodistas encontramos temas y explicaciones de asuntos que no entendíamos porque, muchas veces, carecíamos de la capacitación para entender de cuestiones tan diversas. “No sé si esto ha cambiado mucho, pero en aquella época, los periodistas eran vistos como los raros de la redacción, incluso por su imagen alternativa. Fue también una época en la que surgieron las revistas especializadas vinculadas al movimiento conservacionista”, recuerda.

Hay tres grandes momentos emblemáticos para el periodismo ambiental: la conferencia de la ONU de Estocolmo en 1972, a partir del cual se produjo un impulso del movimiento conservacionista y el comienzo por el interés en el periodismo ambiental en España; la Cumbre de la Tierra en 1992 (Río de Janeiro), que permitió crear conciencia de grupo en España, establecer una asociación y que se nos viera como un colectivo que trabaja sobre estos temas, y la Conferencia de Kioto (1997) sobre cambio climático. “Ahora tenemos que aprovechar el efecto Gore. Nos va a favorecer porque este tipo de temas ya no serán vistos como una rareza en las páginas de los medios” opina Larena.

En Río 92 estuvieron acreditados más de 8.000 periodistas. Y 8.000 periodistas buscando y publicando noticias ambientales todos los días supone la elaboración de muchas informaciones. Lamentablemente pasada la euforia llegó el declive y estos últimos años han sido bastante malos. No obstante no se debe ser pesimista. Los periodistas que en 1995 integramos la Asociación de Periodistas Ambientales de España APIA (www.apiaweb.org), con la idea de impulsar el periodismo de calidad y defender el ejercicio de sus asociados apenas sumaban unos 50. La cantidad se ha triplicado desde entonces, pero una cosa es el número de profesionales vinculados a la información medioambiental y otra los profesionales que realmente están de lleno en la información. La mayoría de las veces ellos deben compartir la dedicación a los temas ambientales con otros tipos de noticias. Es este contexto es fácil caer en la tentación de la espectacularidad de la información ambiental, apostar por lo llamativo y por lo atractivo frente a lo importante y por la envoltura más que por la investigación y la profundización en un asunto concreto.

¿Qué es el periodismo ambiental?

Para Larena se trata la especialidad periodística que se ocupa de la actualidad relacionada con el medio ambiente. El objetivo es ofrecer información útil y práctica que permita a los ciudadanos decidir con conocimiento de causa. Por ello “hay que explicar los factores de un hecho o acontecimiento de tal forma que el lector pueda entender por qué se llegó a esa situación y cómo se prevé que evolucionen los hechos”. Hechos que deben ser objeto de un seguimiento posterior.

La información ambiental debe ser entendida por cualquier tipo de lector. Esto se logra con frases sencillas que lleguen a todo el público potencial: desde la gente con una formación básica hasta destacados investigadores o pensadores. Hay que buscar historias e identificar lo que realmente le interesa y le sirve a la sociedad.

Para que los ciudadanos puedan tomar decisiones motivadas, Larena opina que el periodista especializado en medio ambiente ha de entregar una información de calidad, que aporte todas las claves sobre una determinada cuestión, hecho o problema y que además ofrezca el qué, cuándo, dónde y por qué, muestre los antecedentes de las cosas y cómo van a evolucionar.

Además, debe haber un “vivero” que conforme el relevo generacional: jóvenes periodistas que compartan la pasión por el tema ambiental. Un factor juega en nuestra contra, dice Larena, y es que hay que partir de que las empresas informativas son negocios y apuestan por obtener buenos resultados y beneficios. En ese contexto, en lugar del periodista especializado, suelen optar por periodistas todo terreno que les resuelvan situaciones tanto en política, economía, sucesos, además de la propia información ambiental. “De todas las W que nos enseñaron en la universidad la más importante es la de “por qué”, siempre y cuando hayas resuelto las anteriores”.

La función pedagógica

En muchas ocasiones los medios de comunicación son la única vía de aprendizaje para los ciudadanos. En el periodismo ambiental esa función educativa tiene un beneficio añadido: si hoy existe una mayor conciencia hacia estas cuestiones en parte se debe a los periodistas ambientales, cuyos mensajes han ido impregnando la sociedad. Pero se debe tener en cuenta que la función básica del periodista ambiental no es educar sino informar en igualdad de condiciones que el resto de los periodistas y que la sociedad tenga los elementos para juzgar por sí misma. Y aunque para la educación ambiental existen otras entidades, no debemos renunciar a esa capacidad de crear conciencia y cultura ecológica o convencimiento de que hay que proteger las especies. “Hoy tenemos a muchos periodistas y medios escribiendo más sobre cambio climático que hace algunos años, pero lamentablemente la magnitud del problema es tal que no son suficientes”.

¿Qué debemos saber para escribir de estos temas?

No hay reglas fijas, dado que, según Larena, un periodista ambiental debe saber sobre una lista casi interminable de temas: biología, botánica, geología, agricultura y ganadería, insecticidas, transgénicos, flora bascular, etología, química, gases invernaderos y capa de ozono, física, meteorología, genética, legislación ambiental y derecho ecológico, convenios internacionales, normativa nacional e internacional, política, gestión de empresas, auditorias ambientales, sistemas de gestión limpia, entre los principales. “Entonces —comenta— necesitaríamos varias vidas para aprender todo lo necesario”.

“Es una actividad pluridisciplinaria a la que tenemos que hacer frente con la mejor preparación y siendo conscientes de que será imposible dominar todas las disciplinas. Se suele decir que los periodistas aprenden de muchas cosas y no saben de nada. Por ello no debemos tener miedo en reconocer nuestras limitaciones y acudir a las mejores fuentes posibles para cada asunto”. Para sistematizar se podrían dividir aquellos temas en dos grandes campos:

  • Conservación de la naturaleza y medio ambiente, donde cabrían asuntos de flora, fauna, paisajes, espacios protegidos. Temas enfocados en la naturaleza misma.
  • Temas especializados desde un punto de vista más industrial y urbano, para asuntos como los residuos sólidos urbanos, agua, contaminación industrial, entre otros.

¿Cómo identificar una buena información ambiental?

Larena asegura que las piezas fundamentales del oficio siguen siendo la curiosidad y el olfato y que este último se termina de desarrollar con el ejercicio profesional. Por ser un oficio el periodismo se aprende en las redacciones y en la calle, buscando y levantando noticias, haciendo entrevistas, escribiendo notas. La capacidad de ver dónde está la historia sigue siendo decisiva. Si esto falla, falla todo y aunque el olfato es fundamental hay reglas que siguen siendo válidas para aproximarnos a lo que es noticia: actualidad, relevancia, novedad, proximidad, conflicto, impacto y empatía.

La importancia de los protagonistas de la historia también influirá en la penetración de la noticia. Cualquier asunto conflictivo, desastres ambientales, posturas políticas, religiosas, derechos ambientales y todo lo que genere polémica va a tener un interés especial. Al igual que todo aquello que genere un impacto económico o ambiental. “Si conseguimos que un determinado asunto genere corrientes de simpatía o animadversión puede convertirse en noticia”. Entonces ¿qué hace diferente al periodista ambiental? Larena responde que “la temática que aborda y los conocimientos necesarios para hacerlo con garantías”.

Algunos problemas de la comunicación ambiental

Las fuentes

Uno de los problemas del periodismo ambiental y del periodismo científico es que suelen tratar cuestiones complejas que el informador debe transmitir aunque no siempre las entiende a la perfección.

Por ello debemos recurrir a las fuentes más cualificadas, aunque esto no es siempre posible. En unos casos por la dificultad de identificarlas, y en otros por la incapacidad para acceder a ellas: no siempre están disponibles o no confían en nosotros. Esto nos puede llevar a caer en manos de oportunistas, falsas fuentes ambientales, personas o entidades que realmente no entienden tanto del tema pero que han sabido cultivar esa imagen. “Aunque suele constituir una excepción, ha ocurrido con organizaciones no gubernamentales que realmente encubren intereses privados pero que han adoptado esa figura de ONG para su propio lucro y beneficio, obteniendo una credibilidad de partida que no se merecen. En ese caso lo que procede es la denuncia pública. Claro que, afortunadamente, no todas son así”, explica.

“Las organizaciones ecologistas han sido decisivas en la concienciación social y en el impulso de la información ambiental. Como revulsivo de la conciencia social su papel ha sido determinante, pero algunas no han sabido evolucionar. En otro tiempo entusiastas militantes se han convertido en “profesionales” de la confrontación y en el ‘NO’ por sistema”.

“Hay que reconocer que no es una tarea fácil ir más allá del hecho o la rueda de prensa pues las fuentes no querrán que se les haga publicaciones negativas”.

Lenguaje y jerga

El riesgo de no poder traducir la jerga técnica de los expertos es caer en el excesivo tecnicismo. “El problema es que el receptor no comprenda lo que tratamos de comunicarle, por eso hay que preguntar y no tener el mínimo reparo. Insistan, como si fueran alguien de la calle o como si fueran nuevos en la materia o la profesión. No podemos quedarnos callados, con dudas: es preferible quedar una vez como ignorante a quedar con dudas porque luego tenemos que transmitir aquello que no entendemos”.

 “Muchas veces, los periodistas ambientales nos complicamos la vida utilizando un lenguaje complejo para explicar las cosas, para demostrar nuestra sabiduría, pero el consejo es ir a lo sencillo, ponernos en el lugar de los lectores, ver si ellos entenderían y si “comprarían” nuestras historias. Es importante pensar como lo haría el lector y un truco es buscar el lado más atractivo y un enfoque que enganche, pero sin caer en el sensacionalismo”.

Cuando se conoce el tema todo es más fácil. Por eso la preparación y la documentación resulta esencial. No es lo mismo escribir sobre el cambio climático si se ignora lo que es y por qué se produce. Otra cosa es si uno se ha empapado sobre estas cuestiones, ha leído y preparado notas previas sobre el asunto. Claro que eso requiere un mayor esfuerzo y acudir a fuentes pero el resultado siempre compensa.

 

En la sala de redacción

Competimos con nuestros compañeros por el espacio en los medios y todos creemos que tenemos los mejores temas. Convencer a los jefes de la importancia de los temas ambientales es otra de las claves para que se publiquen. Una vez que hemos identificado la historia debemos convencer al editor o redactor jefe de que merece ser publicada. A eso ayuda el acudir a las fuentes más fiables, cubrir todos los ángulos y flancos de la información y escribir y desarrollar la información de la mejor manera”.

Si la información ambiental es pluridisciplinar las jefaturas de redacción lo son elevadas al cubo. Por lo tanto aportemos argumentos que atraigan la atención de los editores jefes a los temas ambientales y si no es posible “ambientalicemos” el resto de las secciones. Impregnemos con el espíritu verde el resto de los periodismo, porque cualquier información (económica, política, etc.) puede tener un enfoque o un desarrollo ecológico.

Supongamos que cumplimos a la perfección todo el proceso y hemos encontrado un hecho, suceso o persona relevante y convencimos al redactor jefe o editor de que esa historia merece la pena ser publicada, que hemos logrado acudir a las fuentes de información más fiables y hemos escrito correctamente la información, de un modo atractivo y fiel a la realidad. Aún así todavía quedan obstáculos, como los derivados de las características de los medios para los que trabajamos. En televisión necesitaremos imágenes. En radio e Internet, tendremos la limitación del tiempo o el espacio.

“Los periodistas ambientales tenemos fama de pesimistas y de que siempre nos quejamos de lo mal que estamos y el poco espacio que tenemos, pero debemos ser conscientes de que la capacidad para cambiar las cosas esta en nuestras manos con una visión positiva. Analicemos en qué fallamos y planteemos temas interesantes. Identificar temas que le interesen a la gente y a nuestros jefes de redacción nos permitirá superar el primer escollo”.

 

Denuncias

Otro de los males que se le achaca al periodismo ambiental es el del catastrofismo, la denuncia constante y, en ocasiones, el amarillismo. Además, muchas organizaciones conservacionistas siguen ancladas en un discurso de denuncia y oposición sin plantear alternativas, diálogo o soluciones. Ahora, faceta es que si la mayoría de las noticias ambientales son negativas es porque nuestro entorno está tremendamente degradado.

Si tenemos en cuenta que en la mayoría de los casos los temas ambientales se estructuran en torno al conflicto, a los sucesos y eventos negativos, podríamos llegar a la conclusión de que es así. Pero, al mismo tiempo, se podría considerar que ello supone un paso previo al periodismo de investigación. La denuncia sirve como el arranque de una investigación periodística que profundice en los hechos con documentación, conversación con los actores, análisis, temas de archivo, informes, tratando todos los flancos y enfoques posibles de una historia. No siempre es así y en muchos casos nos quedamos en la etapa inicial, sin ir más allá.

 

Con o sin especialidad

La información medioambiental exige una preparación previa y un seguimiento posterior por parte del periodista y para ello debemos contar con redactores mejor formados. Aquí aparece la duda de que si los medios realmente quieren tener especialistas o periodistas todo terreno. “Creo que prefieren lo primero: un periodista experto, que conoce el tema, va a aportar una información más rica, diferente, original y atractiva para los lectores”.

Pero la realidad es otra. En los últimos tiempos la función del periodista está siendo cambiada por la del mero redactor. “El periodista busca temas, levanta historias, identifica cuestiones de interés y el redactor se dedica a copiar, cortar y pegar la información de los comunicados y notas de prensa, algo que constituye la perversión de nuestro oficio”, advierte.

“Los periodistas ambientales no somos ni mejores ni peores, somos diferentes, somos complementarios a otros periodismos”, opina Larena.

Fuentes de información:

Su número ha crecido de manera significativa en los últimos años. Por ejemplo, si consultamos en Google sobre cambio climático, vemos que hay cientos de miles de entradas y podríamos pensar que hay muchos periodistas escribiendo sobre el tema. Hay más medios que comunican, y con internet y el correo electrónico, ha aumentado el número de potenciales fuentes de información. Con internet la información se ha democratizado y para los periodistas o para quienes piensan que tienen algo que contar existe una ventaja: cualquiera puede tener una página web o un blog y llegar a una pluralidad de público con los mismos intereses o inquietudes, que de otra forma sería imposible.

Si tuviéramos que hacer una división de las fuentes lo haríamos en varios grupos:

  • Las fuentes directas, aquellas con las que establecemos un contacto de manera directa, como científicos, gente de la calle, Organizaciones No Gubernamentales.
  • Los gabinetes de prensa de las empresas.
  • Los gabinetes de imagen y comunicación de las empresas.
  • Las fuentes institucionales públicas o privadas
  • Las agencias de prensa.
  • El acceso a las conferencias de prensa, los contactos informales, documentos, notas informales, libros, internet y hasta el mito de “garganta profunda” (fuentes que tienen mucho conocimiento de un tema, pero pide la reserva de su nombre).

Entre todas ellas, las fuentes número uno son las organizaciones ecologistas o medioambientales. Son muy ágiles y en parte son las más confiables, por su profesionalismo, seriedad y fiabilidad, aunque no se descartan las indeseables, que solo pretenden mantener su imagen. Otras fuentes importantes son las administraciones o los ministerios, porque guardan informaciones muy valiosas, y pueden ser nacionales, locales e internacionales. Los convenios internacionales también, al igual que las universidades y centros de investigación y desarrollo. Esa comunidad científica debe tenerse como fuente de cabecera porque va a dotar a nuestra información de rigor y credibilidad. Las organizaciones de defensa ambiental han sido tradicionalmente una de las grandes fuentes de los periodistas ambientales. Ellos han tenido mucha más presencia en los medios que las empresas, administraciones oficiales y otras fuentes.

Con los partidos políticos y los sindicatos, las organizaciones vecinales, de consumidores, industrias y empresas hay que tener cuidado porque en ocasiones intentan publicitar en vez de informar. Sin embargo, hay algunas que están haciendo un esfuerzo por preservar el medio ambiente. Las revistas especializadas pueden dar una idea para un tema más general.

Temas para escribir sobre lo ambiental

Muchos jóvenes periodistas se preguntan si realmente hay temas para escribir sobre medio ambiente todos los días. La respuesta es que hay tantos que incluso habría que elegir: naturaleza, espacios protegidos, especies amenazadas, especies invasoras, biodiversidad, recuperación de especies, material genético, etc.

Existen muchos temas ambientales sobre los que se puede escribir con poblaciones autóctonas, temas sobre aves, desde las campañas de emigración o iniciativas para la investigación científica o temas de caza; humedales protegidos y contaminados por el plomo que se utiliza en los cartuchos para la caza. Temas de pesca, recursos pluviales, el mundo de los insectos, especies depredadas en el mar, pesca ilícita con redes que afectan el fondo marino.

Los delitos ambientales interesan al igual que las condenas a empresarios, los desastres naturales, tornados, lluvias, inundaciones, las políticas ambientales, leyes que se debaten y que aportan aspectos novedosos. La economía ambiental, los días mundiales como el Día de la Tierra o de los Océanos.

Siempre debemos tener en cuenta si estos asuntos le interesan al lector porque con demasiada frecuencia el periodismo actual solo cubre temas que interesan a la élite. También funcionan los temas prácticos, los que aportan pistas o consejos. Preguntarse ¿qué podemos hacer para salvar el planeta? también engancha. Y es tan sencillo como pensar en cosas que se pueden hacer en la casa, en la calle, en el colegio, en el transporte. Por ejemplo: los consumidores no somos conscientes de que tenemos un gran poder para minimizar el problema ambiental que generamos al hacer un buen uso de los recursos. Cada decisión que tomamos al comprar puede ser la mejor arma contra el cambio climático.

Becas para jóvenes

Una cuestión que merece empeño es la especialización de jóvenes periodistas ambientales. Larena pone como ejemplo el caso de la Fundación EFE, que ha creado algunas becas. La de Joven Periodismo Ambiental, EFE-Tetra Pak-APIA, que este año cumple su novena edición- le permite a un periodista recién egresado hacer información medioambiental durante un año en la sección de medio ambiente de la redacción central de EFE en Madrid. Otras iniciativas del mismo tipo son las becas de periodismo y energía con Red Eléctrica, o las de Periodismo y RSC en Galicia con REE y Unión FENOSA.

El más reciente y ambicioso proyecto lo constituye el Programa de Becas de

Periodismo Ambiental Autonómico de la Fundación EFE y la Fundación

Biodiversidad. Se trata de diez becas en nueve comunidades autónomas a las que los seleccionados se incorporan tras superar un curso en Madrid. Durante un año reciben 900 euros mensuales para especializarse en la elaboración de información ambiental.

Páginas web para consultar

www.efe.es

www.greenpeace.org

 www . fundacionbiodiversidad  .es

Algunos libros recomendados.

  • A lección do Prestige. Varios autores
  • Periodismo Ambiental en España, Joaquín Fernández. MOPTMA
  • El medio en los medios. José María Montero. Ayto de Sevilla
  • Dos siglos de Periodismo Ambiental. J. Fernández
  • Libros de los Congresos Nacionales de Periodismo Ambiental. (APIA)
  • Perspectivas del Medio Ambiente Mundial. PNUMA.

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