Seminario-Taller de Periodismo Desarrollo económico incluyente y superación de la pobreza
13 de Octubre de 2016

Seminario-Taller de Periodismo Desarrollo económico incluyente y superación de la pobreza

El desarrollo y el periodismo se encuentran en la perspectiva de derechos. Dicho de otra forma, se cruzan en el imperativo de poner en el centro a la persona.

DESARROLLO Y PERIODISMO DESDE LOS DERECHOS: LA PERSONA EN EL CENTRO

Relatoría del Seminario - Taller de periodismo: Desarrollo económico incluyente y superación de la pobreza

Organizado por:

La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, Colombia. Con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

Maestro:

Aldemar Moreno (Colombia).

Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano

Cartagena – Colombia, marzo 10 y 11 de 2001.

Relator: Santiago Burgos Bolaños

Resumen

El desarrollo y el periodismo se encuentran en la perspectiva de derechos. Dicho de otra forma, se cruzan en el imperativo de poner en el centro a la persona. Sin embargo, la puesta en práctica de esta premisa está lejos de ser simple. El Seminario-taller de periodismo Desarrollo económico incluyente y superación de la pobreza realizado por la FNPI y el PNUD Colombia, aporta herramientas para el ejercicio periodístico en esta dirección.

  1. Narrar el desarrollo

Los estudios económicos y las apuestas por el desarrollo han tenido un giro fundamental[1] en cuanto a la perspectiva del abordaje y la ejecución de estrategias. Los conceptos alternativos que se promueven desde los organismos multilaterales y la academia le apuestan a una nueva dimensión del desarrollo en el que la persona sea el eje central, tanto del debate, como de la ejecución de los programas. En ese mismo sentido, la práctica del periodismo en general, y específicamente de aquel que narra historias de temas económicos y/o de desarrollo, requiere la comprensión de estos nuevos enfoques; y, a partir de esto, el desarrollo de historias que, antes de contar poniendo el foco sobre las cifras, utilicen esos datos para centrar la atención en los derechos de las personas.

Esto requiere del periodista la capacidad de entender los fenómenos económicos y las dimensiones del desarrollo desde la perspectiva de los derechos humanos, para después, desde el mismo enfoque, cumplir con su ejercicio de lectura, información y formación. No es un proceso fácil, queda claro en las discusiones, pero es una tarea inhrente a los principios que rigen en este oficio.

Así lo asume Consuelo Corredor, consultora del PNUD, quien señala que la investigación y el análisis en el tema social comparten los principios éticos con el periodismo. Una premisa clave para poder potenciar el enfoque en ambas disciplinas, es pensarlas como ejercicios de formación además de información. En esto, hasta ahora, el balance no es el mejor. Amparo Díaz, oficial de comunicaciones del PNUD, opina que el tratamiento que hacen los medios de la pobreza es marginal e inadecuado. Como lo demostró el ejercicio documentado La pobreza en las páginas de El Tiempo, al hablar de pobreza en prensa, la voz y la imagen siempre es de expertos. El sujeto en esa situación es invisible, tal  como lo era en los enfoques anteriores de desarrollo.

  1. Desarrollo Económico Incluyente: nueva perspectiva

Desde el enfoque de derechos humanos se habla del Desarrollo Económico Incluyente (DEI), que según Corredor “es un contexto necesario para la superación de la pobreza”. Como todo en el periodismo, el abordaje y el cubrimiento de estos procesos no está absuelto de la mirada crítica. No en vano Corredor recuerda que el DEI es “una hipótesis que podrá comprobarse o refutarse”.

2.1. La pobreza y sus dimensiones

La pobreza ha sido medida a través de conceptos tradicionales entre los que han prevalecido el enfoque de necesidades y el enfoque de ingresos. El enfoque de necesidades marca una carencia, la ausencia de satisfacción de una necesidad. Es la medida de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI).  El enfoque de ingresos es una visión pragmática que resuelve las comparaciones interpersonales. Mide si la persona tiene ingreso suficiente para cubrir la canasta básica o para vivir decentemente o no. La línea de pobreza indica a partir de cuál ingreso se puede adquirir la canasta requerida para ciertas cosas. Y la línea de indigencia marca el mínimo para adquirir los alimentos requeridos (Corredor prefiere el término “línea de hambre”).

El reconocimiento de los derechos como fundamento del Contrato Social, indica un cambio fundamental en los consensos y la prueba del giro importante en las perspectivas del desarrollo. Ello adjudica al Estado una responsabilidad, ya no de satisfacer las necesidades, sino de garantizar los derechos, entre ellos, el derecho al desarrollo.

En síntesis, el giro lleva a abordar la pobreza desde la perspectiva de derechos y entenderla como una situación y no una condición. Es decir, que las personas no son pobres sino que están en una situación de pobreza susceptible de ser modificada usando instrumentos de cambio. “Esto, más que un problema semántico, implica la posibilidad de las estrategias”, advierte Corredor.

La pobreza se reconoce como fenómeno multicausal y multidimensional. Sus particularidades tienen que ver con diversos factores y tenerlos en cuenta cambia la visión de las políticas, expone Corredor. La perspectiva de derechos implica reconocer los derechos del etnodesarrollo y hacer diferencia en grupos poblacionales. Con esto, tiene en cuenta la heterogeneidad de los sujetos del desarrollo, en casos como el de La Guajira colombiana, donde los pueblos indígenas pueden tener otras perspectivas sobre el desarrollo y los derechos.

  1. Las fuentes del desarrollo

Esta visión de desarrollo se nutre de tres fuentes básicas: (1) El Desarrollo Integral de la CEPAL. (2) El Desarrollo Humano del PNUD, que dice que las personas son el fin último del desarrollo. (3) El Desarrollo como libertad de Amartya Sen, que rompe con la construcción positivista de los economistas, al postular el desarrollo como la posibilidad de ser, de ser lo que se quiere ser.  Implica una revolución total del pensamiento.

Las estrategias del Desarrollo Económico Incluyente tienen soporte en tres acuerdos internacionales: (1) Pacto Internacional de DESC (Derechos Económicos, Sociales y Culturales) de la Organización de Nacionales Unidas (ONU). (2) Los Objetivos del Milenio (ODM). (3) La Carta por el Derecho a la Ciudad del Foro Social Mundial.

  1. Derechos jerarquizados

Si las personas no pueden ejercer derechos no tienen oportunidades; y sin oportunidades limitan sus capacidades. Aceptar y entender esta triada (derechos-oportunidades-capacidades) conduce al desarrollo de políticas dirigidas a garantizar el ejercicio de los derechos para  potenciar las capacidades de las personas. En doble vía: “Potenciar las capacidades de las personas para generar sus oportunidades, llevará a la garantía de los derechos”, señala Corredor. La pobreza se entiende también como falta de eficiencia social, no solo de equidad y justicia, porque impide a las personas la libertad de ser y hacer, de poder lograr. Si la realización es un logro, la capacidad es la habilidad para lograrlo.

Las capacidades de las personas están determinadas por sus dotaciones y sus titularidades. Las dotaciones iniciales son el patrimonio con que cuenta para poner en acción sus capacidades (acervo intelectual, material y cultural). Las titularidades hacen referencia al dominio sobre un conjunto de bienes y servicios. Las estrategias de superación de la pobreza y las respuestas a los problemas planteados deberán afectar las dotaciones y las titularidades para garantizarle a la gente las oportunidades.

En una situación tan compleja como la colombiana, el contexto obliga a “jerarquizar los derechos”. De esa compleja trama  surge la importancia de los metaderechos, aquellos cuya satisfacción permitirá al sujeto la satisfacción de otros derechos. “La intención es ponerse de acuerdo en mínimos vitales: aquellos derechos que deben ser tutelados y contar con políticas que garanticen la progresividad (alimentación y nutrición, salud, educación, trabajo)”, expresa Corredor.

  1. El Desarrollo Económico Incluyente y los Objetivos del Milenio

Según Corredor, las ventajas del desarrollo con enfoque de derechos son: (1) Promueve el Desarrollo Humano y reconoce las capacidades y potencialidades. (2) Valora la participación social y comunitaria. (3) Promueve la responsabilidad y la corresponsabilidad social: si la situación es de los sujetos que la sufren, entonces son también sujetos de desarrollo. (3) Fomenta los procesos de descentralización y desconcentración de las funciones públicas: si Colombia es un país de regiones no se pueden trazar políticas homogéneas para todo el país.

Algunos países son evidencia de que si se aplican estos enfoques hay más eficiencia reduciendo la pobreza y  acercándose a las metas de los Objetivos del Milenio (ODM). Para la discusión, valga concentrarse en el primer ODM: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, cuyas metas generales son: (1) reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas con ingresos inferiores a 1 dólar por día; (2) lograr el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos, incluidas las mujeres y los jóvenes; y (3) reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que padecen hambre.

En este caso, los tres componentes de la meta deben cumplirse de forma integrada. Pero surgen obstáculos que afectan las tres metas: falta de oportunidades laborales de los jóvenes; desigualdad de género y urbanización rápida. El principal reto que tiene la política social es que en la misma se encuentren instrumentos de inclusión productiva para las personas. “Es decir, que éstas puedan tener autonomía como ciudadanos. Una política social no se construye ajena a la inclusión productiva. Ello requiere educación, empleo y generación de ingresos, equidad, sostenibilidad y sistemas de información”, dice Corredor.

  1. Colombia, mal panorama

El caso colombiano no es el mejor, dicho sin matices, es de los peores. Aunque la pobreza se redujo en 2009 con respecto a 2008, aumentó la desigualdad. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de 0 a 1, siendo ésta mayor a medida que se acerca a 1, es de 0,58 para 2009. La pobreza fue de 45,5 por ciento.

Jairo Núñez, analista de Fedesarrollo, señala que estas cifras muestran que Colombia es el país con la peor distribución del ingreso en América Latina: el 10 por ciento más rico del país tiene el 50 por ciento del ingreso. El 10 por ciento más pobre apenas tiene el 0,6 por ciento del ingreso. Casi todos los (más) pobres son informales. Su promedio de escolaridad es de 4,8 y la tasa de dependencia indica que por cada una de estas personas pobres ocupadas hay seis dependientes. Núñez va más allá con la siguiente apuesta: “Es probable que Colombia tenga la peor distribución del ingreso de todo el planeta. Los datos de los países africanos, que nos superan, son de hace 20 años. Puede que ahora sea la de mayor desigualdad”.

Su balance, más extendido, deja ver el peor escenario. En los recientes 25 años el Producto Interno Bruto colombiano se duplicó y en los recientes 20 años también se duplicó el gasto público. Sin embargo, la pobreza apenas se redujo en 2 puntos: “Esto prueba que no hay consecuencia entre el aumento del gasto público con la disminución de la pobreza”.

No podría ser de otra forma, si el gasto responde a las mismas lógicas inequitativas. El 20 por ciento más rico de la población recibe el 31 por ciento de todos los recursos del gasto social, que debería acompañar a la reducción de la pobreza. Y el 40 por ciento más pobre recibe 37 por ciento (18 por ciento para el 10 por ciento más pobre; y 19 por ciento para la siguiente proporción de población). En subsidio a pensiones, el 20 por ciento más rico se lleva el 40 por ciento de los recursos.

Un mal augurio es que al ritmo de 0,1 por ciento por año con que se ha reducido la pobreza en este periodo, la meta del milenio se alcanzará en 2045, unos 30 años después de la fecha consensuada en los ODM: “Si hubiéramos querido alcanzar  la reducción que nos dicen las metas del milenio, deberíamos haber bajado a esta altura hasta menos del 11 por ciento”.

 

5.1. Trampas que impiden ejercer los derechos

Corredor dice que este es el resultado de una violación de los derechos constitutivos, a lo que los expertos llaman el mínimo vital: alimentación y nutrición, educación, salud y trabajo. “Hay bajos niveles de formación, lo que lleva al desempleo y la informalidad; poco acceso a recursos financieros; inseguridad sobre los derechos de propiedad”.

Núñez advierte de la poca coherencia entre los planes de desarrollo y la problemática nacional, es muestra del desconocimiento del problema y de las características estructurales de la  pobreza. En su complejidad, la situación colombiana contempla trampas de pobreza  y trampas de desigualdad.

“Las trampas de la pobreza corresponden a un círculo vicioso que se presenta sobre una fracción importante de la población y deben romperse de forma simultánea. Esto solo es posible a partir de una estrategia integral. De otra forma se desperdician los recursos en el gasto social”, advierte Núñez. Estas trampas tienen manifestaciones específicas a nivel local, diferentes en cada región, cada municipio y cada comunidad, cosa que los programas nacionales no han tenido en cuenta.

Las trampas de la desigualdad han sido materia de sociólogos y politólogos, más que de economistas. “Hablan del poder, del status social”. Describen situaciones donde se evita la movilidad. “Los poderes interactúan para mantener el estado de las cosas. Así las diferencias en cuanto riqueza y estatus social entre grupos socioeconómicos persisten, mediadas por mecanismo e instituciones económicas, políticas y socioestructurales”, dice el experto.

A esto se suman las trampas de desarrollo local, que hablan de las diferencias estructurales entre regiones o zonas. “El país está desintegrado. Hay municipios tan apartados que no tienen cómo llevar la producción a los mercados. Hay problemas de seguridad en unos, otros tienen una trampa ambiental: en la reciente temporada de lluvias fue mayor el impacto, pero es algo que ocurre todos los años, echando gente hacia la pobreza. Hay trampas institucionales que capturan los recursos públicos. Y hay unas trampas económicas y sociales, porque no hay mercados o actividades económicas para producir”. Estas trampas de desarrollo local impedirán que las familias vinculadas en programas de desarrollo progresen y que el crecimiento económico se propague de los polos de desarrollo hacia las regiones.

  1. La desigualdad con respecto al centro

El panorama desagregado por regiones es más complejo y más complicado. Las diferencias entre Chocó y Bogotá marcan los extremos en una cadena de valores diferentes entre regiones, departamentos  y ciudades. De acuerdo con Adolfo Meisel, gerente del Banco de la República en Cartagena, el análisis de las disparidades regionales en Colombia se dificulta porque las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) están desactualizadas. Sin embargo, gracias a estudios alternativos[2] se pueden revisar las tendencias[3].

Aunque existe la tendencia desde el nivel central de culpar a las regiones de su propio atraso, las diferencias regionales no pueden endilgarse todas a la descentralización. La tendencia de desigualdad viene de antes de la Constitución de 1991. Y en ese análisis la participación de Bogotá es clave. El gasto público ha beneficiado principalmente a la capital. El 49 por ciento de los ingresos del Gobierno está allí, igual que el 68 por ciento del capital del sistema nacional financiero. Los ingresos de las empresas están en su mayoría en Bogotá.

Este panorama se construyó en medio siglo. Hasta la primera mitad del siglo XX Bogotá salía del patrón común de las grandes metrópolis de América Latina. En Colombia, muchas ciudades de las regiones también eran dinámicas. La segunda mitad del siglo pasado revirtió la dinámica.

En este periodo, de acuerdo con Meisel, podría hablarse de tres fenómenos importantes en el desarrollo nacional. (1) El despegue de Bogotá y su protagonismo en la economía nacional: comienza la concentración, también, de buena parte del capital humano. (2). El declive de la economía de la Costa Caribe, que en el último siglo entró en retroceso, pese a que tenía buena proyección a comienzos del siglo pasado  por una serie de factores que jugaban a favor de su economía: grandes cultivos, los tres puertos más importantes, la tercera ciudad del país (Barranquilla), las vías y las conexiones. Hoy, la región tiene uno de los menores niveles de desarrollo del país y está estancada. (3) El ascenso de la economía del Santander. Bucaramanga en muchos indicadores es la segunda ciudad del país. El trabajo de Laura Cepeda sobre la economía de Santander muestra el fenómeno. No es algo a gran escala. “La constante parece ser el capital humano que caracteriza positivamente a Santander”, dice Meisel.

El capital humano no caracteriza igual a todas las regiones ni al país en general. Núñez sostiene que la calidad de la educación en Colombia es de las peores del mundo: “Cuando ha estado en las mediciones, siempre queda entre los últimos tres puestos”. Entonces, por la baja calidad el sistema de educación, éste se convierte en una forma de reproducir las inequidades. “Cuando el sistema público educativo no es de buena calidad, no rompe con las estructuras de poder. Por el contrario, va filtrando a las clases. Después, en el mercado laboral, surge la exigencia de los postgrados. Entonces el sistema educativo es, dentro de esta práctica, una muy buena forma de reproducir las desigualdades”.

  1. Todo lo demás es pobre

Meisel agrega que la participación de Bogotá en el ingreso ha crecido exponencialmente. Su mercado equivale a más de la tercera parte de la economía nacional. En el sector financiero su participación es más de la mitad. Tiene los mejores indicadores del país, casi siempre en oposición a los (peores) de Chocó. De hecho, la única región del país con buen nivel de desarrollo es Bogotá. Todos los demás departamentos o Distritos están en el nivel bajo. “Es decir, la economía de Bogotá va al margen de la economía del resto del país y la inercia lo mantendrá así: tiene el capital más capacitado del país”.

Núñez muestra que la geografía nacional tiene unos cordones de pobreza inmensamente grandes. Hay 125 municipios con pobreza mayor a 85 por ciento. Hay 500 donde es mayor del 75 por ciento. Y hay 800 donde es mayor del 66 por ciento. “Esos son municipios inviables. Cuando escuchamos que la pobreza es de 45, es porque Bogotá, Bucaramanga, Cali y Medellín, jalonan hacia abajo el nivel de pobreza. En los otros es muy difícil romper las trampas”.

Aaron Espinosa, de la Universidad Tecnológica de Bolívar, expone que en Cartagena de Indias, la pobreza ha decrecido menos de un punto anual promedio; la economía informal está cerca del 65 por ciento, a lo que se asocia una alta tasa de dependencia. Las personas trabajan principalmente en el espacio público y están sometidas a unas presiones y a unos criterios de política pública que se reducen al plano de lo policial. En Cartagena la medida de desigualdad creció de 0,38 en 1995 a 0,52 el año pasado. “Si uno relaciona el crecimiento económico medido por habitante con los datos de desigualdad se nota que muy pocos grupos han captado gran parte del capital”, dice. Además, las oportunidades de generación productiva están mal distribuidas. Las zonas de mayor pobreza tienen poca densidad de proyectos productivos.

  1. ¿Regionalización?

Una de las estrategias que se postulan desde otras zonas, apuntan a la creación de regiones que puedan enfrentar los problemas del desarrollo. Meisel advierte que la literatura internacional demuestra que la regionalización sirve para disminuir disparidades en países desarrollados, pero hace lo contrario en países no desarrollados. “Es cierto que es mejor que la alternativa (centralización). Pero son procesos muy largos”.

Los problemas embrionarios de la descentralización en Colombia no podrían solucionarse ahora con procesos artificiales: “Tienen que responder a dinámicas sociales profundas. Los artículos de regionalización no quedaron en la columna vertebral de la Constitución y en la estructura del Estado. Crear ese nivel ahora es difícil”. Por ello, un ejemplo a seguir es el de Santander, que con la estructura política o territorial actual logró un proceso equilibrado de crecimiento y desarrollo.

  1. Políticas.

Consuelo Corredor expresa que entendiendo todas estas barreras, la inclusión productiva requerirá: (1) Adecuar las necesidades de las personas a las necesidades de la economía: formación y educación adecuada para el trabajo. (2) Aumentar oportunidades para la generación de empleos: cómo se fomenta empleo, autoempleo, emprendimiento. (3) Aumentar el acceso a recursos productivos: tierra, vivienda, crédito, infraestructura.

Todos estos elementos deben entenderse como eslabones de una cadena que hay que seguir para lograr que las personas sean actores, participen de la generación y también de la distribución de la riqueza. La síntesis de estas necesidades coincide con la dimensión del desarrollo económico incluyente, una apuesta para potenciar las capacidades productivas de la población en situación de pobreza y vulnerabilidad y ampliar sus oportunidades en materia de generación de ingresos y empleo.

Aaron Espinosa dice que la forma como se implementa la política de inclusión productiva debe pretender superar el tiempo del gobierno de turno, integrando lo local con lo regional. “La nueva visión pone en cuestión la visión local del fenómeno del empleo. Y busca formular políticas de empleo local”.

  1. Periodismo y desarrollo humano desde los derechos

El periodista Aldemar Moreno, conductor del taller, dice que el Desarrollo Humano es para el periodista una nueva forma de ver los temas, así como la perspectiva de derechos es una forma de interpretar las historias a contar. Ello comienza a elaborar una nueva serie de interrogantes: ¿Por qué ellos y por qué nosotros y qué explica esa situación? “¿Qué pasa cuando esas preguntas se hacen desde el periodismo?”, cuestiona Moreno.

El primer problema no es de escritura, sino de lectura. “El periodista lee su historia de la forma en que se lee la realidad”. Pero aquí se trata de un periodista y sus responsabilidades. Aquí es donde el meridiano del Desarrollo Humano y el periodismo se encuentran: “La perspectiva de derechos”, dice.

En principio, las ideas que dominan la agenda periodística no están en esa medida. Los asistentes al taller confirman que sus contenidos diarios están amarrados a intereses no necesariamente consecuentes con los derechos: “lo que vende”, “lo que llevan las fuentes”.

Moreno resalta la importancia de comenzar a plantearse qué es lo que hay detrás de esas historias, incluyendo “las que venden”. Se debe hacer un ejercicio de interpretación: “¿qué es lo que estamos dejando por fuera? ¿Qué podría hacernos ganar un espacio superior en nuestras audiencias porque las interpreta, las interpela o las atrae?”. Hacer nuevas lecturas del desempleo y de la pobreza: “No estamos cayendo en cuenta de que los pobres tienen derecho también a estar bien informados”.

Cuestionarse sobre a qué tienen derecho los colombianos les abre cupo en la agenda. “Es necesario ajustar agendas a los derechos de los lectores.  –advierte Moreno-.  Si mi lectura falla, estoy condenando  a la audiencia a la falta de una información importante”. Para que la lectura no falle, la manera de interpretar el mundo se debe enriquecer con los enfoques de derechos -y de desarrollo humano para los respectivos temas-.

7.1. Interlocución con el poderPara Aldemar Moreno el poder del periodismo radica en el poder de interlocución con las personas y con los poderes.  “El poder del periodista para seleccionar, elaborar y poner de relieve mensajes le genera una gran importancia para la sociedad”. Tal responsabilidad hace obligatorio el conocimiento de los derechos y herramientas con que se cuenta para ejercerla.

La Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señala que la libertad de prensa es esencial para la realización del pleno y efectivo ejercicio de la libertad de expresión e instrumento indispensable para el funcionamiento de la democracia representativa mediante la cual los ciudadanos ejercen su derecho a recibir, difundir y buscar información”. Además la Carta de Chapultepec expresa que el periodismo debe difundir informaciones, ideas y opiniones en uso de la libertad de expresión, contribuyendo a que el ciudadano ejerza en plenitud esa libertad y su derecho a la información (…)”.

Moreno señala que “los derechos de los periodistas se resumen en su derecho a afirmar cosas. El periodista no reproduce, afirma ante un público”. Para ello se nutre de la mayor cantidad de información posible, que deberá obtener de la adecuada relación con las fuentes. Ello subraya el derecho a la información y al acceso a la misma, como una herramienta fundamental del ejercicio. “Debemos entender qué significa y qué implica que la información sea de carácter público”, dice Moreno. Esto, además de llevarlo a conocer el uso del derecho de petición para la exigencia de la información, impone al periodista entender el principio que lo explica.

Los dos principios del derecho de acceso a la información son: (1) el principio de máxima divulgación, que determina que toda información es pública y solo excepcionalmente puede considerarse reservada - deben ser estrictas y limitadas-; y (2) el principio de buena fe que señala que quienes interpreten la ley deben hacer cumplir los fines perseguidos por el derecho al acceso a la información.

7.2  Nuevas perspectivasEs importante que las nuevas perspectivas alteren incluso nuestra práctica de selección: “Hay que buscar nuevas fuentes y nuevas maneras de obtener información, legítimas, claro está. Nuestra labor es un procedimiento logíco y epistemológico”. Eso quiere decir que el periodista deberá revisar los dos procesos, desde las prácticas cotidianas, para saber en qué está fallando y qué de lo fundamental en un tema de desarrollo deja por fuera.El Desarrollo Humano provee de un marco general de principios que pueden nutrir el criterio periodístico en cuanto a historias en esa materia y a la perspectiva de derechos bajo la cual pueden construirse.  Ninguna de las discusiones ignora la estructura de los medios. De hecho, en ellas los talleristas aceptan y enuncian algunos de los vicios generales de la práctica cotidiana:

  • Tendencia a limitar las fuentes: “en las noticias económicas nos limitamos a sectores turísticos, bancarios, económicos privados”.
  • Limitación de las noticias a las dinámicas empresariales de los medios: “los periodistas hacemos parte de los medios y las notas se enfocan con su dinámica económica”.
  • Editorialización  de las notas sobre pobreza.
  • Manejo periodístico exclusivo de la corrupción como factor de inequidad.

En el cruce de los enfoques del Desarrollo Humano con el ejercicio periodístico, uno de los puntos clave es el manejo del lenguaje. Tanto para investigadores sociales como para periodistas, las nuevas perspectivas arrojan un nuevo uso del lenguaje. Consuelo Corredor expresa que “ya no hablamos de los objetos sino de los sujetos. Aquí las personas dejaron de ser sujetos de necesidades para pasar a ser sujetos de derechos, lo que le da el estatus de ciudadanía”. El lenguaje, herramienta periodística, debe estar ajustado a estas nuevas perspectivas.

Un nuevo enfoque obliga a ampliar la perspectiva, ver el flujo de causalidades y consecuencias de la dinámica económica. “Analizar los efectos de los cambios en el sistema económico. Algo tan elemental como los precios de la gasolina me puede llevar a historias: ¿Qué implica para las regiones o los municipios específicos el aumento de la gasolina? ¿Qué historias surgen de allí?”, pregunta Moreno. En general, aconseja aterrizar las dinámicas macroeconómicas a las dinámicas locales y de allí construir historias periodísticas.

Aaron Espinosa complementa: “Todas las grandes noticias tienen una aplicación local”, que podemos encontrar en la medida en que conozcamos cómo funciona. En ese sentido, “a partir de una historia se puede proponer la revisión de las políticas”.

En el panorama nacional, según propone Moreno, hay al menos ocho historias que se prestan para este ejercicio: (1) la reformas al Sistema Nacional de Regalías; (2) la discusión de la Regla Fiscal, (3) la variación de los precios de los combustibles, (4) la minería, (5) la contratación pública, (6) las políticas de crecimiento, (7) los subsidios y (8) las relaciones regionales.

Después de la adecuada lectura, los periodistas requieren de una estrategia para convertir las historias relativas al desarrollo –empleo, educación, pobreza, desigualdad- en parte de la agenda. Pero una estrategia que permita su consumo por todos los interesados. Ello implica claridad y captación desde el manejo de las cifras. “El periodista debe ser capaz de desglosar las cifras y dárselas digeridas al lector o la audiencia, dice Moreno.

Sin contradecirse con lo anterior, las historias no pueden ser una suma anecdótica de hechos. Así como no se acepta que lo sean las historias de violencia, tampoco deben serlo las de desarrollo y economía. Hay que contextualizar. Así las noticias ayudarán al control y efectividad de ciertas políticas.

Nada de esto debe llevar a la pérdida de los principios de juego limpio del periodista. Cumplir el papel social de informar bien puede alertar sobre lo que puede ocurrir, si se utilizan las herramientas necesarias. “Una forma de poner el asunto en perspectiva es a partir de las comparaciones. En eso sirve mucho la referencia, para poner en perspectiva todos estos asuntos, sin necesidad de editorializar”, dice Moreno. Un ejemplo, a propósito de la polémica nacional por la posible explotación minera en el Páramo de Santubán: “el periodista puede buscar en experiencias de otros países las consecuencias de la degradación de los páramos o los beneficios de la explotación en cuanto empleo y recursos”.

El periodismo económico se cruzará con los enfoques de desarrollo incluyente si se pregunta quiénes son los pobres, qué políticas los afectan, qué derechos se violentan. “Hay que tener en cuenta las trampas para intentar convertir historias que las puedan interpelar o poner sobre el tapete”. ¿Qué tipo de historias se pueden transformar desde una nueva mirada?

  • Valoración o seguimiento de políticas públicas.
  • Historias sobre presupuestos y planes de desarrollo, que deben estar en la agenda.
  • Causas sociales de alteración de orden público.
  • Participación de la ciudadanía en procesos de formulación de presupuestos y construcción de políticas públicas.

De otro lado, la información sobre el verificable efecto positivo de una política de desarrollo en la situación social y económica debe ser también parte de la agenda. Esto ayudará a su sostenibilidad. “Gran favor harían los medios al estar pendientes de estas políticas. Del éxito o el fracaso de estas políticas. Y en esa medida convertirse en factores de corrección de las mismas”, dice Espinosa.

Los retos implican no sólo la cualificación del periodista en los temas. El carácter estructural de los fenómenos y la transversalidad de las políticas que se dirijan a enfrentarlos tienen efectos específicos sobre las comunidades, sobre las personas. Allí, en las personas, en sus derechos, está también el centro del periodismo.


[1] Varias son las disciplinas de las ciencias sociales que han estudiado la historia y la evolución del concepto de desarrollo. Por ello puede revisarse en múltiples fuentes. El mismo PNUD lo ha revisado en estudios para diversos países, muchos de los cuales pueden consultarse en línea: http://www.undp.org.mx/desarrollohumano/serie/images/Cuadernos2003-1.pdf, http://www.undp.org.py/odh/fotos/publicaciones5/id10_pub1.pdf.

[2] Meisel basa los análisis en los datos contenidos en: CEGA (2006),  Ingreso, consumo y ahorro en los departamentos de Colombia, 1975 – 2000, Vol. 2, Sistema Simplificado de Cuentas Departamentales, Bogotá.

[3] Para ampliar información pueden consultarse dos trabajos del autor, que contienen un análisis más profundo de las relaciones:

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