Seminario Nuevo Periodismo para el Nuevo Milenio: temas, problemas y retos en América Latina
6 de Octubre de 2016

Seminario Nuevo Periodismo para el Nuevo Milenio: temas, problemas y retos en América Latina

Este taller se trabajó a partir de las conclusiones, el panorama y las luces que arrojó el proceso de selección del primer Premio Nuevo Periodismo CEMEX/FNPI.

CONSEJO RECTOR
Monterrey, abril de 2002
Edición para internet: Óscar Escamilla
 

PREMIO A LAS HISTORIAS DE UN CONTINENTE 

Bienvenidos a esta tertulia. Esperamos que se convierta –como ocurre con los talleres y otros encuentros entre periodistas que nosotros organizamos– en un espacio de camaradería, de intercambio, de aprovechamiento profesional. ¿Cuál es la idea? Trabajar a partir de las conclusiones, el panorama y las luces que arrojó el proceso de selección del primer Premio Nuevo Periodismo CEMEX/FNPI. Para eso, le vamos a dar la palabra a los ganadores con el fin de que nos cuenten cómo hicieron la reportería de sus textos, qué problema tuvieron y bajo qué condiciones trabajaron. Luego le pediremos a Julio Scherer, ganador en la categoría homenaje, que nos hablé, en plan desprevenido, acerca de su experiencia profesional en estos años de oficio permanente.

Más tarde escucharemos a Tomás Eloy Martínez y a Sergio Ramírez comentar algunas ideas sobre el valor de la narración periodística y la manera como la historia pública puede proveer de contenidos al periodismo y a la literatura. Para finalizar, José Luis Novoa, coordinador de comunicaciones de la Fundación, presentará el mapa de temas que surgió de lectura de los trabajos enviados a esta versión inicial del Premio.

Todo este esfuerzo pretende convertir el Premio en un proceso que no se limite a la entrega de un reconocimiento a unas personas, sino que contribuya a transformar el periodismo del continente. La información del Premio, los textos finalistas y las fotografías ganadoras están a disposición de la comunidad virtual que a diario ingresa a nuestro sitio web de la Fundación Nuevo Periodismo (www.nuevoperiodismo.org/premio). En el futuro esperamos, tal y como lo pidió el Consejo Rector, poder organizar un proyecto de banco o centro de memoria para que toda la información adicional a los trabajos postulados, las autobiografías de los participantes y de los talleres, que esperamos hacer con algunos de los ganadores en adelante, se organice y pueda ser consultada por los periodistas para contribuir en su proceso de mejoramiento profesional.

A Cemex queremos agradecerle su generoso apoyo, el entusiasmo y la credibilidad que le dan a la Fundación, al acompañar –sin esperar nada a cambio– las ideas que nosotros les proponemos. Lo mismo debemos decir del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con quienes hemos coordinado en los últimos años una serie de talleres y seminarios financiados por ellos.

Jaime Abello Banfi (Director Ejecutivo Fundación Nuevo Periodismo)

 

Primera Jornada

Los hallazgos del Premio

Primero vamos a escuchar al ganador del premio Claudio Cerri, acompañado por el fotógrafo y prácticamente coautor del mismo, Ernesto de Souza, quien nos hablará sobre su texto: ‘Un río en busca de un país’, un reportaje multifacético, en el que se demuestra la manera en que se pueden integrar con calidad la gran reportería, la narrativa y la fotográfica. Luego, Daniel Santoro nos explicará cómo realizó la investigación sobre la venta de armas argentinas, bajo el gobierno de Carlos Menem, durante la guerra entre Ecuador y Perú, que derivó en consecuencias políticas para los implicados. Oiremos a Julia María Urrunaga, periodista de la unidad investigativa del diario El Comercio de Lima, sobre la manera como descubrieron una fábrica de firmas falsas para legitimar el partido político que apoyaría la reelección del entonces presidente Alberto Fujimori. El ganador en la categoría de fotografía, Diego Levy, nos explicará la razón por la cual decidió retratar el tema de la violencia en Buenos Aires. De igual manera, los dos finalistas, José Augusto Varella y Marco Cruz, nos comentarán la historia que encierran sus fotografías sobre los centros de reclusión para menores en Brasil y el mundo de los ciegos mexicanos, respectivamente.

Primer lugar en categoría de Texto:

‘Un río en busca de un país’

CLAUDIO CERRI y ERNESTO DE SOUZA

Revista Globo Rural

Brasil

Orlando Villas Boas es un sertanista brasilero encargado de establecer, desde hace más de 30 años, contactos entre el mundo de los blancos y el mundo de los indígenas. Entre las tantas cosas que Orlando me ha hablado sobre la manera de ver el mundo por parte de los indígenas, la que más me gusta es la que se refiere “al robo de alma”. Dice Orlando que cuando un indígena cae en un trance que no le permite ni hablar, ni oír, ni ver, ni moverse, su tribu determina que los espíritus malignos le han robado el alma. Para curarlo, la comunidad recurre a su memoria ancestral, de tal manera que los sabios y los viejos de la aldea se instalan alrededor del enfermo, en vigila ininterrumpida, para rememorar los secretos de la tribu, sus creencias, sus valores, sus secretos de caza, sus danzas, su música. Sólo así pueden traer de vuelta el alma robada de ese hombre postrado. No es un trabajo fácil, dice Orlando, hay casos donde la maldad es tan profunda que el alma se pierde del todo.

Si decido empezar por esta historia es porque creo que hay una analogía entre el robo del alma de los indígenas y el fenómeno que ha desatado en nuestras sociedades la globalización, y esa lógica económica actual que dificulta hacer realidad nuestros sueños y que nos impide poder ver con claridad el futuro.

Hacer un viaje por el río San Francisco nos iba a permitir mostrar de qué manera una suma de hechos externos e internos le han estado arrebatado al país su importancia y su capacidad de autodeterminación. En otras palabras, con nuestro reportaje queríamos enseñarle a la gente como la globalización nos ha estado robando el alma.

Hace unos días, hablando con García Márquez y con Alma Guillermoprieto llegamos a la conclusión de que los emblemas en nuestro continente –como el San Francisco– encierran en sí mismos algo de melancolía. Nuestro texto tiene mucho de melancolía. No me refiero a ese tipo de nostalgia paralizante, sino a la sensación de pérdida y tristeza que activa en nosotros los periodistas el deseo de rescatar pedazos represados en la historia, para ayudar a construir con ellos el futuro.

Hicimos el texto aprovechando la celebración de dos eventos importantes para la revista: su aniversario y los 500 años del descubrimiento de Brasil. Gracias a que en fechas especiales la revista acostumbra editar un número conmemorativo, que le da cabida a textos amplios y extensos, pudimos proponer la historia que desde hacía un tiempo nos venía dando vueltas en la cabeza.

Teníamos el tema, difuso en principio, porque no habíamos logrado establecer la pregunta básica. Además de ello contábamos con la fuerza grande de la metáfora arraigada en la memoria nacional que permite creer que el río es un cauce por el cual se desliza la solidaridad. Sin embargo, nos hacía falta la estructura para montar el reportaje. Alguien dijo que el periodista sale en busca de preguntas fundamentales y que cuando se sienta a escribir es para responderlas. Y eso fue lo que hicimos: remontamos el río en busca de preguntas, nos dejamos llevar por su corriente, conocimos sus orillas y encontramos las respuestas que buscábamos. En el transcurso de ese tiempo descubrimos un río que era a la vez un enorme caudal de historias y la fuerza de la agonía y de la esperanza de muchas personas de mi país. Fue así como se revelaron ante nuestros ojos, además del tema principal, una serie de subtemas que también quisimos contar: la cultural, la ecología, la memoria.

Sólo hasta que iniciamos el viaje pudimos encontrar la pregunta que terminó siendo la idea central de nuestro texto: ¿para qué sirve un país en la época de la globalización? Y otra paralela a esta: ¿para qué sirve nuestro país en la época de la globalización cuando los mercados nos dicen que no hay fronteras, cuando no hay autodeterminación económica ni política, cuando culturalmente nos están aplastando, cuando los pueblos no tienen autonomía para proyectar su futuro porque el mercado parece dirigir nuestras vidas?

Que el texto fluyera a través del San Francisco también nos servía para desmitificar la idea ancestral, que desde niños hemos aprendido los brasileños, según la cual el río simboliza un proyecto colectivo de nación solidaria que le entrega las aguas de un río poderoso, que nace en el rico sudeste del país, al nordeste pobre, donde viven 16 millones de miserables. Sin embargo, ni la idea de la integración brasileña ha sido realidad, ni el río ha podido mantener su destino misionero con la gente del nordeste, pues el nivel de sus aguas, cada vez más contaminadas, ha disminuido y la furia desatada por la economía desarrollada en sus orillas y la construcción de varias represas a lo largo de caudal lo están acabando.

Muchos de los momentos importantes del viaje quedaron atrapados en la cámara de Ernesto: como la escena que da inicio al texto en la que un perro sale al encuentro de un pescador para emprender juntos la búsqueda del San Francisco. Esa sola escena iluminó lo que al principio parecía difuso. Fue durante el encuentro de esos dos seres donde pudimos entender lo que era pertenecer a un lugar, a un tipo de vida. Comprendimos lo que el avance progresivo de la globalización podía afectar a un lugar y a una pareja como esa.

Puede parecer poco relevante el hecho de que un barquero y un perro le den origen a un texto. Sólo se trata de una anécdota. Más allá de eso está lo verdaderamente importante de esta historia: la gente. Es a ellos a quienes terminan por afectar los acelerados cambios del mundo actual. No estoy hablando de confrontaciones geográficas, sino de la manera como las decisiones económicas o políticas que se toman en los centros de poder terminan afectando a pequeñas comunidades de lugares apartados o perdidos del mapa. De cómo lo internacional pude hacer cortes transversales en lo local.

La gente tiene derecho a disfrutar de los cambios del mundo, pero también tiene derecho a decidir la velocidad de esos cambios. Es en esos traslados veloces donde la gente tiende a perder la memoria y cuando la gente pierde la memoria es cuando comienzan los espíritus a robarle el alma.

 

Ronda de preguntas

 

Antes de arrancar el viaje, ustedes se plantearon una cantidad de preguntas que de alguna manera definían el tema. Cómo hicieron para que esas preguntas no sesgaran el trabajo y de qué manera resolvieron el problema, si es que se presentó, de querer forzar la realidad a las ideas iniciales.

Nunca revolvimos las preguntas y los temas. Las inquietudes que se resolvieron en ese viaje nos acompañaban desde antes de emprender el mismo.

Qué tanto tiempo invirtieron en la búsqueda de la información y cómo hicieron para que las historias y la gente los sorprendiera en un viaje, aparentemente, monótono por el río.

Trabajamos cerca de veinte días. Había además un hecho adicional y es que teníamos la obligación de conocer a fondo los sistemas ecológicos del San Francisco para saber si soportaba un proyecto del gobierno que pretendía desviar sus aguas hacía el nordeste. Debíamos averiguar hasta dónde ese desvío era relevante para atender los objetivos propuestos en el proyecto o por el contrario, como se decía, esa decisión iba a matar de sed a unos seis millones de habitantes. Al final encontramos un río agonizante, sin la capacidad para soportar cualquier cambio en su cauce. Además las obras por sí solas no ayudaban a resolver las necesidades de la región; por el contrario, debían hacerse inversiones millonarias para lograr sistemas de irrigación eficaces.

Por qué la decisión de incluir en un texto tan fluido datos duros que frenan la lectura. No habría sido mejor utilizar un texto lateral para dejar en un lado el texto fluido y en otro la información dura.

Nuestro reportaje, de alguna manera, ayudó a la evolución narrativa de la revista acostumbrada a textos más técnicos y otros puramente agrícolas. El 50 por ciento de sus lectores viven en ciudades y nos leen, porque quieren tener un pie en las tierras de sus antepasados, quieren tener noticias de una parte del país que no aparece en los noticieros. Así que la revista busca reducir las cuestiones aparentemente técnicas apelando a una narrativa de interés general. Yo no creo en ese tipo de periodismo cifrado para unas elites o para grupos de personas especializadas en economía o negocios. Durante los 12 años en que fui periodista financiero siempre procuré escribir para todos los públicos. Eso mismo es lo que intentamos hacer en la revista: encontrar una narrativa capaz de contar cómo las decisiones económicas o los grandes temas mundiales afectan la vida de personas comunes y corrientes. Yo creo, además, que una historia bien contada también puede llevar detalles técnicos.

Cómo se da entre ustedes el proceso de seleccionar las fotografías que acompañan los textos

Una vez revelados los rollos que ha tomado Ernesto, hacemos una primera revisión del material. Luego nos sentamos y discutimos como lo harían dos personas encargadas de realizar una película. A veces salimos de nuevo y hacemos unas cuantas fotos más para ampliar el abanico de posibilidades. Al final confrontamos la historia con las fotografías para evitar que no se nos vayan a pasar escenas importantes, y cuando ya hemos escogidos las tomas intervenimos en el montaje y edición.

Cuál es el diagnóstico que ustedes pueden hacer sobre la manera en la que los periodistas actuales están pescando noticias ocultas y grandes temas, como los que ustedes trabajaron.

A mí me embarga una enorme preocupación con lo que está pasando hoy en el interior de las salas de redacción. Yo pertenezco a una generación anterior de periodistas que discutían cada noticia, que esperaban junto al telefax las últimas informaciones para luego comentarlas con reporteros de otras secciones y llenarse de información valiosa. Hoy, cuando uno entra en una redacción le da susto del silencio de hospital que se ha impuesto allí. A veces, esos mismos lugares, que antes fueron puro bullicio, parecen fábricas de montaje en línea donde los operarios están entrenados para teclear su computador y permanecer en silencio, sin hablar con nadie. Creo que este es un desafío importante en el futuro del periodismo para recuperar el sentido de la tertulia que parece haber perdido este oficio. Necesitamos volver a escuchar a los viejos de esta profesión.

 

Finalista en categoría de Texto:

‘El traficante de armas’

DANIEL SANTORO

Revista Gatopardo

Argentina

 

Como el tema es algo complejo quiero iniciar, brevemente, con algunas cifras que he ido descubriendo a lo largo de estos siete años de trabajo. El gobierno de Carlos Menem traficó miles de toneladas de armamento, mediante dos maniobras que se llevaron a cabo entre 1991 y 1995. Primero enviaron a Croacia 6.500 toneladas de armas y munición, a través de seis buques de la empresa Croatia Lance. Luego despacharon cuatro vuelos a Ecuador cargados con 8.000 fusiles FAL y 75 toneladas de munición, en momentos en los que ese país libraba una guerra contra el Perú. Con este acto la Argentina, garante de paz de los problemas limítrofes entre estos dos países, violaba su propia condición política en el conflicto, y todo por dinero.

En marzo de 1995 yo cubría cancillería para el diario en el que actualmente trabajo, Clarín. Por aquella época circuló un cable de la agencia France Press en el que se decía que, “Se habrían vendido armas de la Argentina a Ecuador, según fuentes militares”. De inmediato el gobierno de Menem salió a desmentir la información aduciendo que se trataba de calumnias y afirmaciones sin fundamento. Yo, que ya empezaba a dudar de todo, presencie una escena que acabó por convencerme de que algo andaba mal. Estando en cancillería vi salir al embajador peruano con cara de pocos amigos. Entonces decidí buscar respuesta a las inquietudes que ya me rondaban y fue así como obtuve, de parte de algunas fuentes de información, una serie de documentos que demostraban que efectivamente el gobierno había estado vendido armas a países en conflicto.

En el caso de la venta de armas a Croacia, lo primero que me llamó la atención, entre los documentos que logré conseguir, fueron los dos decretos presidenciales 1697 y 2283) que autorizaban la venta de armas de guerra a Panamá, cuando todos sabían que ese país no tenía ejército. De entrada descubrí que la transacción no había sido de gobierno a gobierno, sino a través de una empresa llamada Daforel. En momentos en que intentaba descubrir que había detrás de esa empresa, el menemismo desató una arremetida que empezó con desmentidos a las notas que publicaba en Clarín y que luego se transformó en una denuncia en mi contra por violar secretos de estado, al hacer públicos los decretos presidenciales que autorizaban la venta de armas. Más adelante intentaron sobornarme con 50.000 dólares. Al final surgieron las amenazas. Pese a todo, yo me había propuesto demostrar que las armas argentinas habían sido desviadas hacía Ecuador y Croacia, que por ese negocio se habían pagado coimas, y que la culpa de todo no recaía solamente en las empresas intermediarias, sino que había gente del gobierno detrás de dichas maniobras.

La fuerza propia que adquirió la investigación me llevó a averiguar una serie de hechos que poco a poco fueron cerrando el círculo de la historia. Establecí, por ejemplo, que Daforel no era una empresa argentina, sino uruguaya con domicilio en la calle 33 orientales al 1000, la misma residencia de otras dos empresas fantasmas que figuraban como intermediarias en el negocio: Aiton Trei y Debrol. También establecí que sólo registraron en la contabilidad de Fabricaciones Militares de Argentina, de donde salieron las armas, el ingreso de 40 millones de dólares de los 100 que pagaron los compradores. El resto del dinero se quedó en manos de los intermediarios. Ante la avalancha de pruebas publicadas en Clarín, la justicia decidió abrir una causa judicial que encendió las alarmas en el gobierno y que terminó tocando a varios hombres fuertes del menemismo, entre ellos Emir Yoma, ex cuñado del presidente.

La situación generada por las denuncias dio origen a una pelea dentro del mismo gobierno entre el Ministerio de Defensa y la Cancillería. La disputa se agravó cuando conseguimos una carta secreta, a través de una de las ‘viudas del poder’, en la que el canciller le advertía al ministro de defensa que no continuara hablando sobre el caso. Las ‘viudas del poder’ son por lo general personas excluidas del negocio, amantes despechadas y gente procesada o encarcelada que quiere hablar. Con la carta en la mano llamé a cancillería para decirles: “Bueno, voy a publicar esto, ustedes que dicen”. Poco después apareció en la redacción del periódico el vocero del canciller con la respuesta a la carta secreta. Esa era la prueba con lo que podía demostrar que se estaban peleando entre ellos para intentar tapar el escándalo. Así que, aparte de hacer públicas las diferencias dentro del gobierno, establecí una alianza con el fiscal del caso para intercambiar información. Eso, además de protegerme de posibles denuncias, me permitía llegar a documentos que, a través de la búsqueda periodística, hubieran sido difíciles de obtener.

En adelante mi interés estuvo marcado por seguir la ruta del dinero. Tuve suerte en que llegaran, a la Comisión de Lavado de Dinero del Congreso, varios documentos de movimientos en cuentas uruguayas. Ya se podrán imaginar qué nombres aparecían allí: Daforel y Aiton Trei, además de Luis Sarlenga, ex interventor de Fabricaciones Militares. El fiscal del caso, por su parte, solicitó información al gobierno suizo sobre cuentas de Menem en bancos de ese país. Tras una espera larga se descubrieron dos cuentas del ex presidente a nombre de su hija Zulema Yoma: una con 650 mil dólares y otra con 10 millones de dólares en depósito. Aún se está buscando una tercera cuenta, con lo que se podría darle vuelta de tuerca a esta investigación judicial.

Cuando Gatopardo me pidió que hiciera un reportaje en el que sintetizara estos siete años de investigación me enfrenté al dilema de pensar cómo relatar todos estos hechos aburridos, los datos de los documentos obtenidos y los números de armas, calibres y cañones. No tuve otro camino que recurrir a las técnicas del periodismo literario. Fue así como mezclé la narración de datos fríos con las escenas que me habían contado. Por esa decisión técnica fue que surgieron pasajes como el que ocurrió durante la confesión de Luis Sarlenga, después de seis años de silencio, de estar amenazado de muerte y encerrado en la cárcel. Aterrado inicialmente ante la posibilidad de que la habitación estuviera llena de micrófonos ocultos, Sarlenga decidió escribir con el dedo índice en el aire el nombre “YOMA”. Era la primera vez que un testigo clave acusaba a uno de los principales implicados en este caso: Emir Yoma.

 

Ronda de preguntas

Durante el tiempo que invirtió en la investigación fue apoyado por la unidad investigativa de Clarín o lo hizo solo, al tiempo que elaboraba artículos de información diaria.

 

Al principio el diario no creía en la necesidad de crear unidades de investigaciones específicas así que yo investigue prácticamente solo con la ayuda de compañeros especialistas en algunos temas. Recién hace un año Clarín decidió crear un equipo de investigación de tiempo completo. A través de la experiencia, descubrimos que son muchas las historias que se puede encontrar si se invierte en esfuerzos de tiempo y personal. Y fundamentalmente para evitar caer en uno de los problemas del periodismo argentino de crear escándalos que a la semana se archivan. Eso al final fomenta el escepticismo entre la gente hacía la justicia y la democracia.

 

En Latinoamérica es difícil poder respaldar con documentos las versiones que nos ofrecen en off the record. Cómo documentó la primera información publicada de este caso.

Obtuve información de tres fuentes que me aseguraron que dentro del gobierno se había iniciado una investigación, a raíz de la primera información sobre la venta de armas a Ecuador publicada en un diario limeño y luego difundida por la agencia de noticias. Esas mismas fuentes me enseñaron documentos en los que se creía que las armas estaban en Venezuela. Sin embargo, nuestro corresponsal en aquel país obtuvo una declaración oficial en la que se desmentía cualquier información relacionada con este tema. Luego conseguimos los planes de vuelo de los aviones que transportaron las armas hasta Ecuador. Creo, que una de las virtudes de nuestra investigación fue la cantidad de documentación que logramos obtener.

 

Normalmente se publican las amenazas contra periodistas cuando se realizan investigaciones delicadas. Alguna vez consideraron publicar el intento de soborno del gobierno para detener la investigación.

Solo publicamos amenazas cuando realmente significan un peligro claro y no cuando llama un loco con intenciones de crear un clima de convulsión. El soborno me lo ofreció un abogado de un traficante de armas, no fue el gobierno directamente que me ofreció los 50 mil dólares para que abandonara la investigación. Y no publicamos nada porque no hubo testigos del ofrecimiento. Era su palabra contra la mía.

 

Cómo recibieron en la Argentina el reportaje escrito en tono de periodismo literario.

Las notas que se publicaron utilizando la técnica del periodismo literario fueron las de mayor lectura en Clarín. El gran peligro es mal uso de este tipo de periodismo. En Argentina han sucedido casos en los que periodistas, en un intento por narrar en clave de novela, se han inventado historias. Ahora, siempre existirá el debate sobre la manera en que se deben citar las fuentes para evitar ruido en el texto, personalmente creo que hay una obligación hacia el lector de adjudicar siempre la fuente. Por encima del ruido está la necesidad imperiosa de que el lector sepa de donde salió la información que lee.

 

Hasta dónde puede uno como periodista extender la posibilidad de llenar con su propio lenguaje algunas lagunas de la reportería para que la narración tenga fluidez y ritmo.

La información con la que arme la escena donde el arrepentido delata a Emir Yoma la obtuve de dos fuentes de entera confiabilidad. Y en cuanto al dilema si escribimos para los expertos, yo coincido con Claudio en que hay que hacer un esfuerzo siempre, aunque se pierdan algunos detalles, en tratar de llegar a la mayor cantidad de gente posible. Ahora, si no se quiere interrumpir la atención del relato, podría usarse un recuadro con la información de contexto.

 

Cuál es el diagnóstico que ustedes pueden hacer sobre la manera en la que los periodistas actuales están pescando noticias ocultas y grandes temas, como los que ustedes trabajaron.

Yo creo que una gran historia pasa pocas veces en la vida de un periodista. Y en mi caso conté con la suerte de estar entrenado y de conocer el trabajo de las generaciones anteriores de periodistas de las que aprendí mucho. Pero es inevitable ver en las redacciones de los periódicos a reporteros fosilizados, incluso a burócratas que hacen periodismo de escritorio. Son esa misma clase de reporteros que esperan sentados en las salas de prensa a que les llegue la información, no la buscan.

 

En la Argentina, así como en muchos países de América Latina, han ajustado el número de personas de las redacciones. Cómo se pueden hacer investigaciones periodísticas en un clima laboral tan difícil.

No hay una respuesta única. En mi caso puedo hacer el trabajo sin mayores problemas porque estoy vinculado a un gran medio de comunicación que tiene el privilegio de tener asignados, a la unidad de investigación periodística, a cuatro reporteros. Pero también creo que desde afuera de los medios se pueden hacer grandes trabajos de investigación. Ahora, los libros son el mejor soporte para una investigación periodística y allí no se depende, como en los diarios, del tiempo, sino de la estructura narrativa.

 

Finalista en categoría de Texto:

‘ONPE investigará masiva falsificación de firmas en la inscripción de Perú 2000’

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN

Diario El Comercio

Perú

Antes de hablar sobre el tema central de nuestro trabajo, quisiera referirme primero a su protagonista: Alberto Fujimori; un ingeniero de ascendencia japonesa que pasó de ser un desconocido profesor universitario a jefe de estado por casi una década. Los peruanos supimos de él en 1990 cuando hacía parte del grupo de candidatos “anónimos” a la presidencia. Sin embargo, de la noche a la mañana se convirtió en presidente gracias a la alta votación que obtuvo, pese a no contar con el respaldo de ningún partido político. En 1992, ya instalado en el poder, Fujimori decidió disolver el congreso aduciendo que no le permitían manejar el país, ni aprobaban sus leyes para atacar el terrorismo generado por Sendero Luminoso y la hiperinflación que galopaba sobre la pobre economía peruana.

El 80 por ciento de la población de mi país apoyó el golpe de estado de Fujimori, que desde entonces intentó cerrarle el paso a la información emitida por los medios de comunicación. Después afinaría sus métodos. Muchos de ustedes deben haber visto por televisión los videos en los que Vladimiro Montesinos entregaba grandes cantidades de dinero en efectivo a propietarios de medios informativos a cambio de no darle cabida a la oposición.

Tras el golpe de 1992, Fujimori cambió la Constitución Nacional y abrió la posibilidad de la reelección para un periodo más. En 1995, con una aplastante mayoría Fujimori ganó de nuevo las elecciones, y en 1997, luego de una interpretación amañada de la Constitución, logró que su tercera candidatura a la presidencia fuera aceptada, con el argumento de que no contaba el periodo anterior a la entrada en vigencia de la nueva carta constitucional. Esa decisión cayó mal entre la gente, pese a que la población respaldaba la gestión del presidente, que por aquella época había, prácticamente, acabado con el terrorismo subversivo y obtenido importantes logros económicos.

En 10 años de gobierno, Fujimori llegó a controlar toda la maquinaria del estado. No había un grupo de oposición organizado, el poder judicial y el ministerio público estaban en manos de gente leal a él y a Montesinos quien, además de ser el poder en la sombra, había logrado colocar a hombres de su entera confianza en las fuerzas armadas y granjearse el respaldo de varios sectores económicos y empresariales del país.

Por aquella época la prensa no tenía acceso a la información pública, así que los periodistas debíamos acudir a fuentes anónimas para obtener información aparentemente legal. La mayoría de esas fuentes eran ministros o asesores inconformes por algún robo demasiado grande del que no habían logrado sacar tajada. A grandes rasgos, ese era el panorama del Perú durante los años del gobierno Fujimori.

Ahora vamos a nuestro trabajo. La unidad de investigación del diario El Comercio está integrada por un equipo de cinco periodistas de distintas áreas informativas, quienes nos reunimos cada mes para ver como avanzan las investigaciones que nos planteamos a principio de cada año. Una de las cosas que habíamos presupuestado en ese año 2000, eran los posibles fraudes electorales que se iban a presentar. El problema era encontrar el camino para poder llegar al corazón de ese tipo de delitos. Antes de conocer a la persona que nos puso en la pista del fraude, habíamos escuchado los rumores sobra la falsificación de firmas para inscribir el movimiento político que respaldaría la candidatura de Fujimori, pero no teníamos pruebas.

El hombre que nos abrió el camino a esas pruebas llegó cualquier día al periódico. Se trataba de un chico de unos 20 años que quería hacer una denuncia en contra de un regidor municipal, que había estado haciendo grafitis de apoyo a la candidatura de Fujimori. Nos contó la historia del regidor y cuando le preguntamos cómo lo había conocido, respondió que ese personaje lo había reclutado a él y a muchos otros jóvenes para falsificar las firmas del movimiento político que respaldaría la candidatura a la presidencia de Fujimori. Luego supimos que nuestra fuente había delatado todo esto en venganza con el regidor quien le negó el pago de un dinero.

No era suficiente con el testimonio del alguien que había participado en el fraude, debíamos llegar a los documentos oficiales para poder respaldar con pruebas sus afirmaciones. Sin embargo, sabíamos de antemano que eso era imposible de lograr. Teníamos, además, el tiempo en nuestra contra, pues conocimos la denuncia en enero y las elecciones estaban programadas para abril.

Pese a todos los problemas que nos planteaba esta investigación, contamos con el respaldo de El Comercio, un diario tradicional –fundado hace más de ciento sesenta años– que muy pocas veces le había apostado a temas tan audaces. Los directores decidieron jugarse el pellejo con este caso, a pesar de que podían perder el control del periódico en cualquier momento por problemas internos con los accionistas. Fue tal la zozobra que durante varios días estuvimos sacando de la oficina la documentación que logramos conseguir y las grabaciones que teníamos en nuestro poder, ante la eventualidad de un cambio inesperado.

A nuestro testigo lo entrevistamos varias veces para que nos contara a fondo la historia. Le pedimos que recordara, una y otra vez, cada hecho, cada cosa que había visto y oído. En el fondo, buscábamos también protegernos de un joven que pudiera estar mintiéndonos con algún propósito. Ya habíamos escuchado de las trampas sembradas por Montesinos y el servicio de inteligencia a los medios de comunicación que no se prestaban para sus juegos o que no se habían dejado comprar. La estrategia consistía en filtrarles documentación supuestamente secreta, que en realidad era falsa, para luego salir a desmentirlos.

De modo que intentamos desmontar los testimonios de este chico en las entrevistas que le hicimos, pero resultó ser tan sólido y firme en sus apreciaciones que terminamos creyéndole. Nuestro siguiente paso consistió en tratar de armar y sustentar cada una de las denuncias de nuestro informante. De esa manera empezamos a acercarnos a la gente que compartió con él la mesa de firmas y quienes se habían hecho sus amigos. Él mismo se ofreció para hacer la llamada telefónica a una de las personas que participó en el delito. Nosotros grabamos aquel diálogo, con su autorización, que se dio en los siguientes términos:

—Hola, soy Carlos, te acuerdas de mí. —No.

—Pero si soy Carlos, el de la falsificación de firmas. —¡Ahhh!, sí, claro. Carlos cómo estas

Luego visitamos el local donde funcionó la fábrica de firmas. Estaba ubicado en un sector poco comercial así que fue fácil que los pocos comerciantes y algunos vecinos confirmaran que habían visto recientemente mucha gente entrando y saliendo de aquel lugar al que bautizamos “la fabrica”. Después nos enteramos que “la fábrica” funcionaba en tres turnos diarios.

En el transcurso de la investigación nos reunimos con observadores internacionales que estaban en el Perú para garantizar la transparencia de las elecciones. Tras la primera reunión, en la que les presentamos a nuestro testigo, ellos nos advirtieron sobre el peligro que corría esta persona. Nosotros no habíamos calculado ese riesgo, así que decidimos trasladarle al joven el ofrecimiento de protección que nos hicieron los representantes de esos organismos internacionales. Él, por su parte, respondió que lo iba pensar y si se decidía nos autorizaba a presentar su rostro y a adjudicarle con nombre propio todas las declaraciones que nos había dado. Todo esto nos puso en una situación delicada: entre el riesgo que corría su vida y nuestro deseo de publicar. Finalmente, él y su hermana, que también fue testigo, aceptaron salir del país, pero luego regresaron para atestiguar en el juicio que se abrió por este hecho. Al final, los dos fueron acusados y condenados pero no los enviaron a la cárcel porque el gobierno de Fujimori entendió que era mejor evitar un escándalo internacional.

Si bien nosotros teníamos la historia completa, la información fuerte estaba sustentada en una serie de entrevistas y en un gráfico que dejaba ver el montaje de la fábrica de firmas falsas –que contó además con la logística de la misma gente que trabajaba para un congresista muy importante y cercano a Vladimiro Montesinos–. En realidad no contábamos con los documentos suficientes que pudieran respaldar nuestras afirmaciones, sin embargo, decidimos acudir a la única institución autónoma que había en el país en ese momento: la Defensoría del Pueblo. A ellos les propusimos presentar la investigación como algo conjunto y así se hizo.

Queríamos estar cubiertos para cuando el gobierno intentara desmentirnos. Pero eso nunca sucedió. De hecho, cuando salió todo esto publicado y se le preguntó a Fujimori por el caso él dijo: “Bueno sí. Todos los movimientos falsifican firmas. Que se investigue”, y ese mismo día nombró una fiscal que de inmediato acudió al organismo electoral, recogió los documentos y nunca nadie más los volvió a ver.

En ese proceso de armar la historia surgió una pregunta de parte del director del diario: ¿para qué querría Fujimori falsificar firmas? Era claro que el presidente no necesitaba un nuevo movimiento que respaldara su candidatura, pues tenía derecho a presentarse como candidato de su propio partido. Lo que descubrimos después es que había decidido ponerse en el trabajo de montar esa empresa y aparentar un porcentaje importante de firmas, para demostrarle a sus contradictores que un número grande de personas lo apoyaban de manera espontánea.

Nuestro gran logro en todo esto fue poder hacer una investigación periodística con repercusiones políticas, en momentos en los que el país se había acostumbrado a presenciar escándalos que al día siguiente se disipaban. Por este caso fueron detenidos el jefe del organismo electoral de la época y un funcionario de mediano rango. Coincidencialmente ambos recobraron su libertad hace una semana.

 

Ronda de preguntas

Usted mencionó que tuvieron discusiones sobre ética, puede ampliarnos el contenido de esas discusiones.

Temo haber confundido las situaciones y los lugares. La discusión sobre ética se planteó durante un taller al que asistí en Cartagena. En esta investigación en particular, en ningún momento surgió duda de parte nuestra sobre el tema ético. Nunca tuvimos la intención de utilizar ese material, lo teníamos como respaldo de la investigación, para consumo interno. Si me parece que es interesante hacer en algún momento una discusión sobre ese tema.

 

Qué paso con el joven que los puso en la pista de la historia.

Él y su hermana se fueron a Costa Rica antes de que se publicara el artículo. Sin embargo, estando en ese país, empezaron a recibir amenazas en su contra. Así que no soportaron más y dieron marcha atrás. Al principio, el chico pretendía regresar para esconderse, pero yo le advertí si se escondía lo mataban. Fue así como los convencimos de que regresaran a declarar. Él estuvo como un año vinculado como asistente nuestro llevando y trayendo papeles, pero luego decidió regresar a su provincia porque no aguantaba mas Lima. Cada tanto tiempo regresa a la capital para rendir declaraciones. En eso está, tratando de rehacer su vida.

 

¿Por qué el testigo prefirió contarles a ustedes la historia y no fue al diario La República, acostumbrado a publicar más investigaciones periodísticas?

Sí fue a La República pero no le hicieron caso. Entendemos que no era una decisión fácil, pero nosotros nos arriesgamos. Incluso, después de que apareció publicada la denuncia en El Comercio, nos llamó otra testigo para decirnos que el hombre que había manejado la empresa de firmas falsas había aparecido ese día en un canal de televisión. Fuimos al canal, vimos la nota, tomados una impresión y la enviamos a Costa Rica, donde estaba el joven que nos sirvió de testigo y su hermana. Ellos confirmaron que se trataba del mismo personaje que en nuestra historia aparece con el alias de ‘Ángel’, y que resultó ser un funcionario del organismo electoral en Arequipa. La testigo que nos dio el dato se convirtió con el tiempo en nuestra fuente. Unos meses después ella nos contaría que antes de llamarnos, había marcado a La República y no le había hecho caso.

 

Cuál es el diagnóstico que ustedes pueden hacer sobre la manera en la que los periodistas actuales están pescando noticias ocultas y grandes temas, como los que ustedes trabajaron.

A las unidades de investigación cae de todo. A mi me han llegado personajes que quieren denunciar una invasión interplanetaria o gente que dice haber sido torturada vía satélite por hombres de la CIA. En nuestro diario nos tomamos el tiempo de escuchar todo tipo de relatos. Es allí donde cazamos nuestras historias. Pero esto no es tan fácil, para lograrlo se necesita criterio, panorama del país y perspectiva.

 

Primer lugar categoría fotografía:

‘La muerte y la vida’

DIEGO LEVI

La Revista diario La Nación

Argentina

Yo hice un reportaje sobre la violencia urbana en Buenos Aires, que es la ciudad donde vivo. La idea empezó a gestarse en un taller con el fotógrafo Jorge Sáenz, en el que cada reportero gráfico debía tomar un tema y hacerle seguimiento durante un tiempo largo. En principio no tenía ningún tema, así que un día Jorge me preguntó: “qué es lo que más te gusta hacer”, y respondí: “me gusta hacer las fotos de policiales”.

En aquella época yo trabajaba para el diario Clarín. Allí estaba encargado de hacer las fotos de hechos policiales, un género menor y desprestigiado dentro de los grandes diarios, pero que a mí me gustaba por encima de otros temas. De esa manera empecé a desarrollar el trabajo, manteniendo el ojo vivo en cualquier situación difícil, policial o de violencia. Siempre llevaba conmigo la cámara del taller, pequeña y con película a blanco y negro. Así fue como me crucé con muchas de las fotos. A veces, camino a un trabajo del periódico, me encontraba con situaciones como que un chico estaba tirado en el suelo y junto a él estaba un patrullero, entonces me bajaba del carro y corría a tomar la foto. Luego seguía.

No fue un ensayo fácil. Por el contrario, se trató de un trabajo complicado de hacer porque no dependía solamente de mi voluntad o de mi esfuerzo, sino de estar en los momentos justos todo el tiempo, de estar pendiente de lo que sucedía y llegar a tiempo, no dos horas después como generalmente pasa. También estuve al tanto de las noticias policiales que aparecían en Crónica T.V. y conté con la ayuda de amigos que trabajan en agencias de noticias o periodistas que me avisaban cuando ocurría algo que pudiera interesarme.

La mayoría de estas fotos corresponden a hechos menores a nivel periodístico, solamente una de una de ellas fue publicada como noticia. El paquete completo apareció como ensayo en la revista dominical del diario La Nación. Muchas de estas tomas no fueron hechas en barrios marginales, ni en villas miseria, sino en barrios de clase media, clase media -alta o clase alta. Buenos Aires no era una ciudad insegura, ni peligrosa, pero en los últimos años, a raíz de la crisis económica, se ha convertido en un lugar difícil transitar y poco seguro.

 

 

Finalista categoría fotografía:

‘Escuela del crimen’

JOSE AUGUSTO VARELLA

Periódico Correio Braziliense

Brasil

 

Traje conmigo dos trabajos: el que se envío al Premio y uno más que resultó ser una consecuencia de este y que ha sido publicado desde enero como un cuaderno especial. En el segundo trabajo descubrimos que la semilla de la violencia no estaba en las prisiones para jóvenes, sino en los orfanatos. El 56 por ciento de los presos adultos en Brasil han pasado por orfanatos, esa cifra alertó al congreso de mi país que decidió enviar una comisión de derechos humanos por cinco estados, desde Belén hasta Porto Alegre, durante diez días en los que visitaron 18 instituciones de atención a niños. Luego de ese primer viaje, mi esposa, encargada de escribir los textos, y yo provocamos a través de nuestro trabajo, que la comisión se diera otra vuelta por diez estado más y visitara otros 36 orfanatos.

Hasta hace seis años yo cubría para un periódico nacional Presidencia y Congreso, pero luego me cambié a un medio local, el periódico Correo Braziliense, que tiene una visión diversa del diseño, del dibujo de las páginas y del espacio para la fotografía. Fue en ese periódico donde publiqué las fotografías. El reportaje lo realicé en 10 días y es el único, en 30 años de reportería gráfica, que he discutido ampliamente con editores sobre cómo deberíamos abordar el tema, cómo lo íbamos a realizar, qué espacio necesitábamos y cuál era la idea inicial.

Para mi esposa la idea era que los niños hablasen directo al lector, realizar lo que los brasileños llamados “un texto de costura”. Pero había un problema, y es que por ley no se pueden mostrar los rostros de niños como estos, así que mi trabajo fue lograr que esos rostros hablaran, así no pudieran mirar directo a la cámara.

Entre los personajes que encontramos en las cárceles de niños recuerdo a un chico que estaba recluido por robarse una bicicleta azul. Él quería saber cómo llegamos hasta aquel lugar y si teníamos miedo. Era la primera vez que estaba en una prisión y compartía patio con traficantes y asesinos. Uno de ellos, y que aparece en las fotografías, tenía ocho marcas dibujadas en sus brazos que correspondían al número de personas que había asesinado. Había otro que decidió asesinar a su compañero de celda para que lo enviaran a una cárcel de mayores y poder así tener visita conyugal. Fue en aquellos lugares donde me enteré que el crimen que genera mayor respeto entre los jóvenes era el asesinato de policías. Cuando alguien mata un uniformado se hace una marca permanente en el cuerpo, como un tatuaje.

Esta historia nos permitió saber que los huérfanos en Brasil no son huérfanos por la muerte de sus padres, sino que son huérfanos de la violencia, del abuso sexual, del desprecio, del hambre, de la economía globalizada. Por último, me gustaría destacar que no conozco un espacio otorgado en un periódico para fotografías como estas.

 

 

Finalista categoría fotografía:

‘Ciegos’

MARCO ANTONIO CRUZ

Página web www.zonazero.com

México

 

Antes de hablar del ensayo ‘Ciegos’, me gustaría decir que Imagen Latina es una agencia con fotógrafos independientes que se fundó en 1986, con la idea de ser dueños de nuestra producción y realizar periodismo investigativo. A lo largo de todos estos años hemos hecho cerca de 50 reportajes y ensayos fotográficos; el trabajo ‘Ciegos’ es uno de ellos y en él invertí cerca de 14 años de mi vida. Lo hice, porque creo que las condiciones sociales de los ciegos en México no son las mejores.

Este trabajo empezó en Ciudad de México. En aquella ciudad es impresionante ver la cantidad de gente ciega que trabaja en las calles. Al principio me interesaba por saber quiénes eran, qué hacían, cómo vivían y de qué manera se relacionaban. Con el tiempo, el ensayo me obligó a viajar por varios estados de la República. Allí también había ciegos, algunos eran campesinos, otros indígenas.

Este ensayo en realidad me ha enseñado mucho sobre la investigación fotográfica. Al principio retrataba personas y casi no hablaba con ellos, en estos 14 años he aprendido que es necesario hablar con la gente. Así fue como conseguí recoger información de muchas de las personas que aparecen en mis fotos sobre ciegos. Esas informaciones me han sido útiles para poder editar el trabajo publicado en www.zonazero.com . Esta fórmula de hablar con las personas me ha obligado a cargar, no sólo con la cámara, sino con una libreta para tomar apuntes. También me obliga a cargar un computador y grabadora, pero sobre todo a conseguir la mayor cantidad de información.

En México los ciegos están muy marginados. No hay nada planeado ni pensado para ellos. Los planes educativos de este sector no se han reformado desde que se instauraron en el siglo XIX. No se conoce, por ejemplo, una cifra certera que nos diga cuál es la cantidad real de ciegos que tiene México. Se dice que corresponde a un cuatro por ciento de la población total del país, de ser así estaríamos hablando de una cantidad impresionante.

 

 

Ganador Categoría Homenaje

JULIO SCHERER GARCÍA

Proceso

México

 

¿Cómo hizo en todos estos años de trabajo, en los que vio como la corrupción se tragaba el país, para mantenerse con ánimos, para estar convencido de lo que hacía?

Yo cito a muchas personas porque no tengo un pensamiento original. Por eso escucharán que mis respuestas acuden siempre a los libros o a las conversaciones con la gente. Esta no va a ser la excepción.

Un día Rosario Castellanos, quien escribía artículos para Excélsior, me dijo que iba a dejar de escribir porque se sentía desdichada de arrojar piedras a un pozo sin saber que ocurría con ellas. Le pregunté cómo sabía eso, si sería acaso que ella ya había llegado al fondo del pozo y conocía el tamaño de las piedras. No será, le dije, que las piedras han ido subiendo de a poquito. Y rematé mi respuesta recordándole que los valores no se cuantifican, los éxitos sí.

 

¿Cuáles han sido los momentos más importantes en su carrera?

Han sido muchos. Pero permítanme adentrarme un poco más en los resultados de nuestro trabajo, a propósito de la pregunta anterior. Vicente Leñero, un amigo entrañable, le dijo a un reportero que empezaba en este oficio:

–¡Carajo, si quieres ser buen reportero, no pienses, por Dios!

–Pero señor Leñero..., –intentó contestar el reportero, pero de inmediato Vicente lo interrumpió. –No pienses, camina, habla, vuela, palpa, toca, aspira, respira. No pienses por favor, porque en cuanto el reportero piensa se evade, se pierde.

 

¿Cómo lograr que la gente ame este trabajo, que luche, antes de dejarse vencer por las dificultades y llenarse de quejas. Cómo hacer de este oficio un sacerdocio?

A mi no me gustan los sacerdotes, por tanto no me gusta el sacerdocio porque fuera de ciertos movimientos muy hermosos, como podría ser la teología de la liberación, el sacerdocio está tan maltrecho que los propios sacerdotes ya no hablan de apostolado sino de servicio, lo cual me parece horrendo. Entonces, como el periodismo es una tarea humana, creo que lo mejor es tener dentro de nosotros mismos al competidor para medir si realmente estamos avanzando o retrocediendo. A mí no me importa la competencia con los demás, a mí lo que me gusta es la competencia interna.

¿Alguna vez estuvo tentado a abandonar el periodismo?

Me gusta mucho mi trabajo. Esta es una profesión muy humana, muy hermosa, muy limpia, y hasta ahora no me ha traicionado. El periodismo como vocación no puede traicionar a nadie, pero si uno lo traiciona se merece que le vaya mal.

 

¿Cuál cree que va a ser el desafío de los periódicos en el futuro con un mundo cada vez más globalizado y con un esquema como el actual que le genera pérdidas, sobre todo a la prensa de América Latina?

No quiero ser profeta. Prefiero utilizar la frase de un maestro en México que decía, “yo solo quiero ser profeta del pasado porque ahí no me equivoco, o me equivoco poco”. El futuro me resulta muy complicado, sobretodo porque no acabo de entender el presente. Lo único que sé es que mientras más opresivo es un sistema, la fuerza interior de los seres humanos se hace más lúcida.

Permítanme recordar algo que me pasó hace años cuando viajé a París a entrevistar a André Malraux. Poco antes de iniciar aquella charla él me preguntó:

–¿Usted por qué me quiere entrevistar? –Porque lo conozco, –le respondí. –¿Por qué me conoce?

–Porque he leído sus libros.

–Si usted ha leído mis libros, entonces puede decirme qué es la condición humana.

–Es la dignidad, –le dije de manera torpe.

Malraux se sonrío y luego accedió a ser entrevistado. Muchos años después supe que la condición humana en el pensamiento de Malraux no es la dignidad sino la esperanza. Para ser más puntual: la desesperación es la condición humana de la esperanza, o sea, la esperanza nace cuando ya no hay clavo de que asirse, cuando uno está absolutamente gastado interiormente y no queda sino la última palpitación de la vida. Eso es la esperanza.

En verdad lo que a mí me importa es el presente, el futuro sólo me interesa aquí en la cabeza.

 

¿Qué ha cambiado en el público de Proceso, y en general en el público mexicano. Y por qué ha logrado posesionarse un periódico como Reforma?

Yo creo que Proceso no ha cambiado, o ha cambiado levemente, pero sus objetivos siguen siendo los mismos: la denuncia del poder. Durante muchos años los únicos que tocamos a los presidentes fuimos nosotros. La crítica al gobernante de turno era nuestra exclusiva permanente.

Fueron incontables los artículos, los reportajes, las fotografías y las portadas dedicadas a un presidente que no nos merecía respeto. En ese terreno estuvimos solos. Ahora es un pasatiempo pegarle al presidente de la República, o sea, nuestra exclusiva se volvió un boletín. Todos golpeamos al presidente cuando se nos antoja. En la medida en que nuestro público se redujo, se ampliaron las expectativas de la prensa, pero ese es nuestro gozo, nuestra satisfacción.

 

Si le diéramos diez muchachos recién salidos de las universidades mexicanas para hacer una revista, ¿por dónde empezaría? ¿Qué haría usted con esos muchachos? Imagino que debe tener alguna crítica frente a los que están saliendo ahora de las facultades o los que están comenzando en este oficio.

Lo primero que haría sería desechar el currículum. No me importa si fue el mejor estudiante de la facultad. En Proceso el currículum empieza cuando un aspirante a reportero se sienta a escribir. Lo segundo que haría sería pedirle que escribiera una carta, si tiene dos faltas de ortografía no lo acepto. La tercera condición sería vigilar la sintaxis, si el tipo tiene ordenada su cabeza hay mucho que hacer. Y la cuarta sería pedirle que entrevistara a alguno de la redacción y escribiera la nota en una hora.

 

¿Cuál es su opinión sobre el uso o no de la grabadora?

Me preocupa tanto la pasión por el computador como me preocupa la pasión por la grabadora. Una vez Gabo me dijo que la grabadora lo limita todo, que frente a la grabadora no se puede ser natural, ni sentir la libertad de estar en una conversación. Particularmente me siento cómodo cuando me entrevista un tipo lúcido, porque sé que va sacarle brillo a las cosas que dije. Pero si el que me entrevista es un imbécil, prefiero que lleve grabadora para que ponga en el texto las cosas tal y como yo las dije. Si tengo una grabadora, para qué hago la entrevista, mejor le digo a la secretaria que haga preguntas y se acabó. Cuando el instrumento sustituye a la persona se jode.

 

Este es un oficio en el que fácilmente el reportero, por estar tan cercano al poder, puede distraerse y caer en una actitud de superioridad frente a los demás y frente a la realidad. ¿Cómo evitar no sentirse superior?

El reportero mal preparado suele verse mal preparado, suele verse en condiciones de inferioridad. Cuando el reportero no está bien preparado, cuando carece de armas para batirse con su entrevistado, recurre a la prepotencia. Si un reportero va en busca de un entrevistado para aclarar puntos de vista su actitud debe ser modesta sin caer en la humillación.

 

No voy a hacerle una pregunta, sino a pedirle que le envíe un mensaje para todos aquellos periodistas jóvenes que nos van a llenar de preguntas, cuando regresemos a nuestros países, sobre cómo estuvo este encuentro.

Alguna vez fui a un festival de cine en Italia detrás del amor de una chica que me tenía loco. En realidad yo no sabía nada de cine, pero me gustaba tanto aquella muchacha que decidí invitar a cenar al rector de aquel festival, un jesuita de nombre hermoso, Angelo Arpa, para intentar impresionarla. Como no podía entablar con él una conversación sobre cine decidí encauzar la charla a un tema religioso, entonces le pregunté:

–Padre que piensa usted del pecado de la carne.

–No seas idiota –me respondió. El pecado de la carne debiera llamarse el pecado humilde, porque si no lo hemos cometido todos, todos quisimos cometerlo alguna vez.

Esa fue una lección de humildad bien entendida. No porque signifique modestia, sino porque apela a la fragilidad de lo que somos cada uno de nosotros. En esas condiciones yo me sentiría muy pedante, muy fuera de mi, muy al margen de lo que soy, imaginando cuál sería el mensaje que me pide. Lo único que podría decir es que cada uno de ustedes, en la medida de lo posible, se agote a sí mismo de la mejor manera.

 

Segunda Jornada

Lecturas del Premio

 

La segunda parte de esta relatoría se inicia con la voz de los maestros Tomás Eloy Martínez y Sergio Ramírez. Ellos, desde su perspectiva, destacan los valores de la narración y de la historia pública como fuente para el periodismo. Luego se presentarán las cifras globales del Premio y los mecanismos mediante los cuales se hizo la selección de los ganadores y finalista en las categorías de texto y fotografía. Por último iremos, a manera de conclusión, a los temas recurrentes y a los que faltaron, así como a una serie de elementos particulares y comunes que se hallaron en la lectura país por país de los artículos.

 

El poder del relato

Tomás Eloy Martínez

 

Voy a deslizarles algunas ideas. Generalmente son ideas provocadoras para despertar en ustedes la disensión. Lo mejor que puede suceder es que ninguno esté de acuerdo con todo lo que diga, aunque lo que diga sea aquello en lo cual creo. El objetivo es que podamos discutir de manera fértil sobre un tema que me inquieta mucho a partir del siguiente dato de la realidad. Hay un cambio en el lenguaje de los medios, un cambio forzado por los instrumentos técnicos que se han ido añadiendo al periodismo tradicional: la aparición de la radio hace casi ocho décadas, la aparición de la televisión hace medio siglo y la aparición de internet hace unos 20 años o menos. Estos medios técnicos han ido añadiendo un elemento de instantaneidad a la información y deshaciendo uno de los objetivos centrales del periodismo antiguo: el hallazgo de la primicia. La primicia ya no es un objetivo, ya no es algo que perseguir porque está en todas partes, en todos los lugares y al alcance de cualquiera. De pronto es muy fácil encontrarse con que algo que les está vedado a los medios, ya se encuentra publicado en algún sitio de internet porque, por alguna razón, se ha filtrado hacia allí.

Quiero contarles una escena paradigmática que ocurrió hace unos 6 ó 7 años, quizá más, que muestra lo que me parece está sucediendo en el periodismo. El New York Times decidió como estrategia central, para oponerse a la política de la instantaneidad de los medios y a la imposibilidad de competir con ella, cierta forma de periodismo narrativo dentro del diario. La idea de aquella estrategia tenía dos frentes: por un lado el periodismo debía crear su propia agenda, es decir, la agenda no podía ser impuesta por las fuentes sino creada por el periodismo. Y dos, para poder enfrentar a la instantaneidad de la información era necesario recurrir a uno de los recursos más antiguos del oficio, narrar.

Para poner en marcha estas dos ideas, el New York Times decidió preparar cinco grandes y curiosos artículos sobre el Japón. El diario consideraba que pasada la guerra fría y con el desmoronamiento de la Unión Soviética la disputa se iba a trasladar a los terrenos de la economía y aquel país se presentaba como uno de los rivales más fuertes para Estados Unidos. Así que les parecía necesario que los ciudadanos de su país conocieran o ampliaran la idea que tenían sobre los japoneses. Una vez empezaron a circular los artículos, muchos de los lectores quedaron sorprendidos al encontrarse con textos extensos sin mayores ilustraciones que tenían la intensión de atraer por la manera en que estaban escritos. Recuerdo la frase de Joseph Lelyveld, quien era en ese momento el editor en jefe del New York Times, cuando me explicó el objetivo de la estrategia: “que el lenguaje y la narración del texto atraiga de tal modo a los ejecutivos y empresarios que están leyéndonos, que lleguen tarde a sus trabajos y a todos se les queme la tostada del desayuno”.

La serie empezaba con cinco aspectos de la vida japonesa, no recuerdo todos, pero uno era los japoneses en el trabajo, otro era la educación de los niños, había otro sobre las empresas japonesas por dentro y el primero de todos era la vida conyugal de los japoneses. Este último, que tenía al costado la fotografía de una anciana con su nombre y un epígrafe que decía: “Matzuko Yozida, mi marido nunca me amó”, comenzaba así: “Matzuko Yozida de 78 años vive en un barrio a las afueras de Tokio, ha enviudado hace cuatro meses, y estuvo casada durante 50 años. Tuvo un matrimonio feliz, la única queja que tiene de su matrimonio es que su marido jamás le dijo: te quiero”. La nota continuaba diciendo que el 87 por ciento de los matrimonios japoneses eran arreglados, convenidos o concentrados, mientras que en el 12 por ciento de las uniones restantes, las que se habían realizado por amor, el índice de divorcio era alto. El artículo continuaba explicando la historia de la señora Yozida, al tiempo que mezclaba la interpretación de las cifras de manera que lograba, mediante la narración, producir en el lector un efecto de identificación con aquel fenómeno ajeno. El mismo efecto que producen las películas o las novelas en las que el destino de un individuo termina por parecerse al destino de muchas personas.

Varios días después de la aparición de aquellos textos, durante una cena de homenaje a Carlos Fuentes, escuché como un círculo de periodistas, escritores y críticos literarios discutía sobre la nueva forma narrativa que empezaba a ser presencia en el New York Times. La mayoría se mostraba en desacuerdo con esa forma particular de contar historias y algunos se lamentaban por el giro en el tono del periódico que parecía imitar al de las revistas. Escuchándolos pensé que la estrategia de Joseph Lelyveld había fracasado. No fue así. El New York Times persistió en mantener la estrategia, pese a las críticas y a una baja considerable en la circulación durante los primeros meses del cambio. Al final triunfó, porque pasados unos meses, cuando ya se había producido entre sus lectores el efecto de acostumbramiento, el periódico logró aumentar la circulación. Hoy, es uno de los pocos en el mundo que mantiene un aumento sostenido en ese aspecto.

Averiguando un poco de donde venía aquella idea del periodismo narrativo Lelyveld me remitió un libro de Hayde White, un teórico norteamericano, que decía que no era posible traducir ni la poesía, ni las ideas, que lo único traducible de una lengua a otra era el relato porque poseía una insuperable fuerza, presencia y carga de convicción ante los lectores. Habiendo leído esto me surgieron las siguientes preguntas: ¿Hasta dónde es posible narrar? ¿Cuáles son los límites?

Para responder, primero quiero establecer las diferencias entre la novela y el periodismo. La novela tiene una exigencia relacionada con la libertad, en la medida en que allí pueden mezclarse entre sí todos los géneros. Obviamente que para escribir una novela se necesita rigor, aunque el escritor sólo debe tener una fidelidad y es consigo mismo, con aquello en lo cual cree. Un escritor se traiciona cuando decide pensar en el lector. En cambio las lealtades del periodista son mayores y diversas. Él no sólo le es fiel a sus lectores, también debe serlo con la verdad o con lo que cree que es la verdad, porque la verdad es infinita; hay tantas verdades como seres humanos. Cada uno de nosotros cuando ve un hecho filtra ese hecho con su propia visión del mundo, con su propia manera de entender las cosas y de ver la realidad de una determinada manera, por lo tanto, la única verdad que debemos narrar es aquella que de buena fe creemos que es la verdad, o que se ajusta a los hechos, o que se ajusta a los documentos, o que puede ser verificada o es verificable.

También es cierto que no todas las noticias pueden ser narradas, ni toda la realidad debe o puede ser narrada. Es función del editor saber muy bien qué puede ser narrado y quién debe hacerlo. No todos estamos dotados para narrar, no todos sabemos hacerlo bien. A lo mejor somos extraordinarios periodistas de información o de investigación con dificultades para comunicar ordenada, armónica y rigurosamente un cierto hecho. Narrar exige un cierto entrenamiento. La narración es la conversión del lenguaje en belleza. El lenguaje no es bello cuando acumula palabras bonitas, es bello cuando acumula palabras eficaces. Acumular palabras eficaces consiste en decir exactamente aquello que queremos decir en el menor número de palabras y con la mayor claridad posible. De manera que la voluntad de buscar la verdad, el rigor informativo y la eficacia en el lenguaje, son muy pocas condiciones o cualidades, me parece, a partir de las cuales podemos abrir la discusión.

 

La historia pública

 Sergio Ramírez

 

Quisiera retomar una de las ideas de Tomás Eloy que, además de parecerme fundamental, fue tema de discusión hace poco en Cartagena con un grupo de jóvenes participantes de mi taller de narrativa y periodismo. Se trata del concepto de la historia pública que informa tanto a la novela como a la narración periodística, es decir, a la narración de ficción como a la narración periodística. 

En América Latina es muy difícil para un escritor de novelas separarse de ese poderoso fenómeno que es la historia pública. A mí me gusta pensar que pasaría si yo fuera un escritor finlandés o noruego. Seguramente tendría que cambiar mi agenda, tendría que refugiarme en esos temas de la soledad o de la desesperación del individuo aburrido de una vida programada y plana. Como escritor latinoamericano la historia pública me es inevitable, no puedo prescindir de ella, porque es a la vez desordenada, sorpresiva y muy atractiva. Cómo podría ignorar a personajes como Carlos Menem, Vladimiro Montesinos o Domingo Cavallo, por sólo citar tres nombres y rostros que aparecen constantemente en las primeras planas de los periódicos. Mientras tengamos en el continente sistemas políticos y sociales anormales las agendas de los periodistas y escritores no se van a agotar. Ahí está el narcotráfico con su poder disolvente de lo político y lo social como ocurre en Colombia, un país explotado en cámara lenta. O la corrupción que se carcome diariamente eso que nosotros llamamos democracia, devorándose de la noche a la mañana edificios que nosotros creíamos sólidos como sucedió en la Argentina.

No soy enemigo de la globalización, pero el fenómeno de la homogenización también va a estar en las agendas de novelistas y periodistas. Hace poco tuve que viajar por varias ciudades de América Central y descubrí que ciertos sectores de esas urbes son iguales: las mismas torres de hoteles construidas por las mismas compañías, los mismos restaurantes de comidas rápidas, las mismas pizzerías. Todo era tan calcado que pensé que se habían acabado las formas arquitectónicas autóctonas. Pero no sólo se parecen entre sí los lugares iluminados, también los sitios oscuros en estas ciudades tienden a resguardar a las pandillas y a los señores de la muerte. Para protegerse los pobres se encierran en sus casas bajo llave, la clase media debe levantar muros coronados por serpentinas de alambres con púas, y los más ricos vigilan sus propiedades con cámaras de televisión y guardias de seguridad. La violencia también parece estar extendiéndose de manera homogénea por todo el continente.

Temas como esos fueron los que encontré al leer por lo menos 60 trabajos enviados al Premio. Tal vez de aquella galería de males sociales y propagación de la violencia me faltaría uno tan importante como los demás: el desastre ecológico. El trabajo ganador, además de ser ecuménico, encierra las claves en las que pueden leerse las consecuencias de lo que ya se ve como un problema inmenso con el agua, que de alguna manera ya estamos viviendo con los ríos importantes de nuestros países. De manera que la historia pública seguirá estando vigente en los relatos que seguramente se presentaran en los años que viene al concurso que convoca este Premio.

 

Cifras y procesos del Premio

 

Para ser la primera edición el número de trabajos enviados excedió nuestras expectativas. Creíamos que iban a ser menos, pero al final recibimos 447 en la categoría de texto, 154 trabajos fotográficos y 49 candidaturas a homenaje para un total de 650 postulaciones. Cada una estuvo acompañada por una autobiografía narrada sobre la experiencia profesional y la historia del autor o de los autores de esos textos. La Fundación sabe que ahí tiene un banco de información muy importante y la fuente con la que podríamos armar una gran memoria del periodismo latinoamericano actual.

Entremos de una vez en el proceso de selección en la categoría de texto. El primer nivel –integrado por Ricardo Corredor, comunicador social, con maestría en Comunicación para el Desarrollo y Coordinador de Proyectos de la Fundación; José Luis Novoa, periodista y Coordinador de Comunicaciones de la Fundación, y Óscar Escamilla, periodista independiente– leyó los 447 trabajos enviados al Premio. Su trabajo consistió en dividirse la lectura de los textos y luego someter a consideración de los demás las razones por las cuales debían o no pasar al siguiente nivel. Los textos descartados en esta ronda correspondieron a trabajos que tenían fallas evidentes o que no cumplían con los cinco criterios establecidos en la convocatoria. Al final este grupo seleccionó 220 trabajos que pasaron a la lectura de un segundo nivel integrado por Jaime Abello Banfi, Germán Rey, Javier Darío Restrepo y Geraldiño Vieira. Como en la ronda anterior, también aquí cada uno expuso los argumentos sobre los textos leídos y escuchó las observaciones de los demás. Este grupo seleccionó al final 42 trabajos que leyó el Jurado Internacional integrado por: Ryszard Kapuscinski, Alma Guillermoprieto, Phil Bennett, Rosental Calmon Alves y Sergio Ramírez, quienes se encargaron de escoger los 20 semifinalistas de donde salieron el ganador y los dos finalistas.

En la categoría de fotografía no fue necesario hacer una preselección como se hizo en texto ya que la lectura se hace de manera distinta. Aquí el Jurado Internacional, compuesto por Susan Meiselas, Pablo Ortiz Monasterio y Marcelo Brodsky, revisó en día y medio los 147 trabajos postulados y escogió 21 trabajos semifinalistas. De esa cifra salieron el ganador y los dos finalistas.

 

Mapa temático

 

Las reflexiones que se presentan a continuación deben ser leídas como un borrador de trabajo, como una serie de hallazgos por país a partir de los trabajos enviados al Premio. En ningún caso estas conclusiones pueden ser entendidas como juicios de valor, ni mucho menos como un documento oficial de la Fundación. Entre otras cosas, porque no tuvimos una muestra lo suficientemente representativa de cada uno de los países participantes que nos permitieran elaborar grandes conclusiones de la prensa latinoamericana.

Para organizar estas reflexiones decidimos establecer tres líneas temáticas. Temas, en donde se relacionaron todos los asuntos o temas recurrentes o comunes que se encontraron en la lectura de los textos enviados. Hallazgos, dedicado a destacar las particularidades o características comunes en la prensa de cada país. Y Reflexiones, el espacio abierto que recoge las voces de los participantes en el seminario y en donde quedaron consignados los temas que hicieron falta y el análisis de contexto sobre la prensa de cada nación. Veamos, entonces, el resultado que arrojaron las lecturas. Vale aclarar que no incluimos los datos y reflexiones de países como Paraguay o Uruguay por el poco número de trabajos postulados. En el caso de Centroamérica decidimos presentar datos globales y ni particularizar la información.

 

ARGENTINA

Temas

Los desaparecidos durante la dictadura militar.

El racismo explicado desde la xenofobia, el desprecio a la raza negra y a los migrantes bolivianos.

La emigración como consecuencia de la crisis económica.

Problemas en las fronteras, en especial con Bolivia y con el Paraguay.

 

Hallazgos

En algunos diarios regionales se encontraron trabajos en profundidad y grandes informes de hechos locales, así como artículos elaborados por enviados especiales a otros países.

Grandes reportajes de más de 10 mil palabras en las revistas dominicales de los diarios de circulación nacional y regional.

La mayoría de los textos leídos estaban elaborados con gran calidad narrativa y estructural.

Excelente despliegue gráfico y muy buen uso de infografías como apoyo informativo en algunos diarios.

Permanente seguimiento a hechos noticiosos y artículos a manera de memoria sobre hechos de trascendencia histórica.

Varios textos en los que se mezclaban los géneros y el intento de algunos autores por narrar a partir de una voz propia o con un tono particular.

No hubo un solo trabajo deportivo.

 

Reflexiones

Hizo falta un tema importante en la prensa argentina: el aumento de la pobreza que de 5 millones y medio de personas en 1989 pasó a ser alrededor de 15 millones en el 2000.

Las agendas informativas cambiaron a partir del 2000, ahora los temas centrales son la corrupción política y el descrédito de la clase dirigente y la justicia.

Un tema que se perfila a futuro en esas agendas será la intolerancia entendida como consecuencia de la crisis económica y política.

El que haya una mirada sobre los hechos del pasado reciente no es un revisionismo histórico por parte de los periodistas, sino el resultado de unos hechos que todavía hoy tienen consecuencias muy graves sobre nuestra vida cotidiana. Muchos no han sido resueltos, no están cerrados, la mayoría de los asesinos de la dictadura militar están libres y las abuelas siguen buscando sus nietos.

 

BOLIVIA

 

Temas

La frontera caliente con Argentina también preocupa a los bolivianos quienes se emplean en ese país en trabajos de mano de obra.

Hallazgos

Hubo cinco o seis piezas en las que se destacaba como gran virtud que el reportero se hiciera pasar por incógnito o que hubiera escondido una cámara o grabadora para obtener información.

Muchas de las informaciones estaban bien desarrolladas, con amplitud de fuentes contrastadas, pero no se encontró, como en otros países, un gran reportaje, una pieza por encima de este nivel medio.

El uso del lenguaje era plano y en ocasiones poco eficaz. Con él se intentaba describir fenómenos pero no se iba más allá.

 

Reflexiones

No hubo periodistas bolivianos que ayudaran a ampliar o a contextualizar las lecturas hechas a los textos enviados al Premio.

 

 

BRASIL

Temas

En este país los medios informativos hacen cubrimiento profundo y amplío de los temas sociales: educación, salud, niñez, pobreza, etc.

 

Hallazgos

El nivel de calidad narrativa en promedio es más alto en comparación con los demás países, a excepción de Argentina.

Los medios regionales que se vieron eran de una gran calidad gráfica.

Abundaron los trabajos extensos de uno o dos cuadernillos y series completas de fotografías.

No hubo textos sobre deportes.

 

Reflexiones

Otros de los grandes temas de la prensa brasileña son la pobreza urbana, la violencia generalizada, la corrupción y los temas ambientales.

El periodismo deportivo en Brasil es el más popular pero es muy poco trabajado desde el punto de vista narrativo.

En Brasil la Fundación y el Premio son poco conocidos. Tal vez por el lenguaje. Los premios de periodismo local han ayudado al mejoramiento en la calidad de

la prensa regional.

 

CHILE

 

Temas

El tema recurrente fue Pinochet y la dictadura.

Hallazgos

La mayoría de las publicaciones postuladas eran revistas. Muy pocos diarios enviaron trabajos.

La característica común en los textos leídos fue el lenguaje fluido y la gran calidad en el diseño gráfico.

 

Reflexiones

La Fundación es poco conocida en Chile.

Uno de los grandes problemas de la prensa chilena, con contadas excepciones, es la falta de agenda propia. Se dejan llevar al ritmo de los hechos diarios, tal vez por eso el tema recurrente es Pinochet.

La dictadura es, pese a todas las informaciones que aparecen, un tema tabú y en el que hace falta ahondar más.

El tema más fuerte de la prensa chilena y al que más despliegue se le da es a la economía, tanto en lo que respecta a macroeconomía como el cubrimiento de actividades empresariales específicas. Sin embargo, es un tema donde hace falta más investigación, pues los empresarios son vistos como dioses, como seres intocables.

Hay otros tres temas fuertes en la prensa: la inseguridad ciudadana, de alguna manera distorsionada por ciertos medios informativos; un paquete de temas sociales que comprenden entre otras: la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil, el abuso sexual, la educación y la salud; y por último el tema Mapuche, que todavía no se ha trabajado a fondo.

 

CENTROAMÉRICA

Temas

El tema social en conjunto dominó, pero el tratamiento fue poco profundo. El otro tema fue el de la migración, sobre todo a Estados Unidos.

Puerto Rico envió varios trabajos sobre el tema Vieques, Guatemala remitió un par de textos sobre la posguerra, y Cuba hizo llegar artículos de opinión.

 

Hallazgos

No se presentaron grandes reportajes y series extensas, con algunas excepciones.

 

Reflexiones

Buena parte de la prensa centroamericana se debate entre jóvenes reporteros con ganas de hacer bien el trabajo y viejos periodistas de costumbres poco éticas.

La política como tema impera en los diarios, pero trabajada desde las declaraciones y no desde el análisis de fondo.

Hay otros temas que empiezan a perfilarse en los periódicos: la ecología, los intereses del consumidor, el periodismo económico y una seria y renovada investigación periodística.

 

COLOMBIA

Temas

El conflicto armado que incluye masacres, desplazamiento forzado y combates.

Hallazgos

Pese a que el tema de la guerra dominó, el cubrimiento carece muchas veces de contexto.

El lenguaje utilizado en la prensa en general es directo y fluido.

No hubo muchas propuestas de los medios regionales, algunos de los cuales hacen un gran periodismo.

El periódico El Tiempo domina la prensa diaria, y entre las revistas quien lidera es Semana.

Los títulos de las notas son cortos, como si el diseño dominara el contenido.

Pese a que la corrupción es tema diario, se presentaron muy pocas investigaciones sobre este fenómeno.

No hubo textos híbridos, al parecer se respetan demasiado las formas clásicas de periodismo, y no hubo intentos por explorar lenguajes personales.

No se presentaron trabajos en los que se hablara sobre el narcotráfico.

 

Reflexiones

Dos temas recurrentes en la prensa colombiana son el narcotráfico y la pobreza.

También se ha vuelto común ver artículos sobre resistencia civil a la guerra, heroísmo de gente del común y una reafirmación de lo público en Bogotá.

 

 

ECUADOR

Temas

La frontera con Colombia y el conflicto interno de ese país. La migración hacía Estados Unidos vía Centroamérica.

 

Hallazgos

En general se vio una limpieza en el lenguaje y unos textos bien construidos

El perfil es un género que se trabaja, pero por lo que se presentó, parece que son muy blandos, muy condescendientes con los personajes.

La mayoría de los trabajos enviados pertenecía a diarios. Tampoco hubo textos híbridos.

Se nota mucha reportería de campo, pero contrario a esto hay una cierta inocencia en el enfoque de las notas comparado con otros países en donde se es más crítico.

 

Reflexiones

Habría que ver quiénes enviaron los perfiles, porque en el país se han hecho trabajos importantes de investigación periodística. Tal vez el más significativo es el que llamamos “el atraco bancario”, que originó una crisis económica de gran magnitud.

Además de la inmigración hacia Estados Unidos, también está la salida de gente hacía España y en general a Europa. Un fenómeno que en los últimos dos años significó la salida de unos 500 mil ecuatorianos.

También hay otros temas que trabaja a fondo la prensa: la criminalidad, la corrupción policial, los problemas estructurales en seguridad social (atención médica, pensiones, etc.), la pobreza, el tráfico de niños, la desigualdad social y el tema indígena, aunque a este último todavía no se le ha dado ni el tratamiento ni la dimensión que merece.

Tal vez los temas ausentes son el narcotráfico, el lavado de bienes y la provisión de insumos a la guerrilla y a los narcotraficantes colombianos.

 

 

MÉXICO

Temas

La frontera con Estados Unidos. Las denuncias sobre corrupción.

 

Hallazgos

Sólo hubo un trabajo sobre la marcha zapatista.

La presencia de varios trabajos en los que reporteros de incógnito conseguían información.

Hubo historias sobre el tema indígena.

Poca innovación en el lenguaje, más bien un uso plano del español.

Una sintaxis particular en los titulares de prensa en la que el verbo comienza la frase.

No se presentaron historias sobre narcotráfico.

A diferencia de otros países, aquí no hay un gran periódico o periódicos de circulación nacional, sino varios diarios fuertes en la capital y en los distintos estados.

Este fue el país que envío más trabajos de medios distintos.

Al final de la lectura de este país quedó la sensación de que la prensa mexicana recién está aprendiendo a denunciar.

México envió cerca de 100 trabajos al Premio, pero sólo dos autores quedaron entre los 20 finalistas: Juan Villoro, más escritor que reportero, y Silvia Cherem, un periodista Free Lance.

 

Reflexiones

Después de siete décadas de gobiernos del PRI la prensa se acostumbró a una forma de hacer su trabajo y todavía parece no responder, no despertar.

Distinto a Proceso durante estos años nadie fue crítico con los gobiernos. Quien se atrevía a hacerlo se enfrentaba a la falta de papel o a quedarse sin pauta oficial.

No se lee en los medio informativos sobre el avance de la globalización, ni sobre cómo la cultura de Estados Unidos cada vez más nos invade.

Los pobres son presentados en la prensa como víctimas, lo que no permite ir al fondo de las desigualdades sociales. 

Hay esfuerzos individuales por hacer bien el trabajo periodístico.

 

PERÚ

Temas

El tema recurrente fue la corrupción ligada a dos nombres: Fujimori y Montesinos.

 

Hallazgos

Cierto tratamiento amarillista a la información por parte de periódicos populares que se postularon al Premio.

El Comercio y La República fueron los medios que más trabajos enviaron. Una de las características de estos dos diarios fue el buen diseño gráfico. No se recibieron trabajos de la prensa regional.

Reflexiones

No se hicieron comentarios.

 

VENEZUELA

Temas

Hugo Chávez fue el tema central de los trabajos enviados. No sólo como político, sino como personaje.

Hallazgos

No había mucha elaboración en la redacción de los textos.

Pocas apuestas creativas, al igual que pocos reportajes en profundidad, perfiles o crónicas de largo aliento.

Como ocurrió en Colombia el tema espacio es crítico, cosa que no se ve en países como Brasil o México.

 

Reflexiones

Además de Chávez hay otros temas recurrentes en la prensa venezolana: la delincuencia, como consecuencia de la aguda crisis social, sobre todo en la capital. El seguimiento continuo a las alzas y caídas en los precios internacionales del petróleo, las oscilaciones del dólares y los paros gremiales.

También hay temas que poco se trabajan o se exploran a profundidad: los relacionados con las etnias, el contrabando, el narcotráfico, la corrupción dentro de la Fuerzas Armadas, la crisis universitaria, el maltrato infantil y a la mujer, los problemas relacionados con la seguridad social y los accidentes de tránsito.

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