Relatoría Taller de ética periodística con Javier Darío Restrepo
12 de Diciembre de 1996

Relatoría Taller de ética periodística con Javier Darío Restrepo

Relatoría unificada del taller de ética periodística dirigido por Javier Darío Restrepo en Cartagena, Colombia, en mayo de 1995, y en Guayaquil, Ecuador, en junio de 1997.
Javier Darío Restrepo (centro a la derecha) junto a Gabriel García Márquez (centro a la izquierdaa) en el taller de ética periodística, en 1995. Foto: Archivo fotográfico Fundación Gabo.

La Ética es un saber práctico, por eso puede comprenderse a partir del oficio diario del periodismo. No se trata de hacer un ejercicio teórico inaplicable. No se construye en un día. Se va haciendo cada día.

¿Qué es eso de ética?

Arranquemos por ahí y las repuestas inmediatas son las siguientes:

  1. Lo correcto y lo justo.
  2. Sentirse bien consigo mismo y con el otro.
  3. Responsabilidad y transparencia.
  4. Valor absoluto y supremo.
  5. Escala de valores que mide la conducta del hombre y de la sociedad.
  6. Característica de la conducta humana que busca ajustarse a valores sociales.
  7. Una actitud.
  8. Conjunto de normas que rigen el proceder de las personas.
  9. Conjunto de valores morales adquiridos a través de la experiencia y que normativizan la conducta.
  10. Algo subjetivo, relativo a la moral de cada persona. Honestidad.

En verdad los hombres crearon ellos mismos el bien y el mal. Los valores son el recurso del hombre para conservar y dar sentido humano a las cosas. Nietszche en el capítulo de , dice:  «Zaratustra vio muchos países y muchos pueblos y en ellos descubrió muchas cosas buenas y malas. Zaratustra no encontró poder alguno sobre la Tierra superior al Bien y al Mal. Muchas cosas que en un pueblo parecían buenas eran para otro vergonzosas y malas: eso fue lo que vi. Aquí hay muchas cosas que se llaman malas, que en otros pueblos he visto honradas... En verdad, los hombres crearon ellos mismos el Bien y el Mal.

En verdad, no les cayeron del cielo. Los valores los puso el hombre en las cosas para conservarse: dio un sentido humano a las cosas. Al principio, los creadores eran sólo los pueblos, luego fueron los individuos: el mismo individuo es la más reciente creación».

Hay que establecer una diferencia entre ética y moral. Si vamos a las raíces , viene a ser lo mismo, ética es de ethos en griego, que es costumbre y moral de moss que en latín es también costumbre. ¿Y qué es la costumbre? Usos que se han adquirido respondiendo a necesidades comunes, o sea, la reacción del hombre frente a su historia. Ética son principios, moral es la aplicación de esos principios. Entonces, teniendo en cuenta esa diferencia, cuál es el valor absoluto y cuál el valor de lo subjetivo y, es que en todo predicado moral hay un elemento subjetivo. Apelo a Ortega y Gasset,  y las circunstancias tuyas no son las mismas mías y el momento en que tu recibiste ese sobre, no es el momento mío, yo tengo un buen sueldo y tú tienes un pésimo sueldo, tu mujer está enferma y tus hijos están a punto de ser expulsados del colegio porque no has pagado, entonces, yo no tengo ningún derecho, desde mi comodidad para juzgar tu acción. De allí el rechazo de los moralismos y moralistas, que se atribuyen el derecho de juzgar.

¿Es la ética un valor absoluto o un valor subjetivo?. Durante la elaboración del Código de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá nos dimos cuenta que la humanidad ha hecho un proceso de descubrimiento que ha sido largo y accidentado. De lo más antiguo se recuerda a Protágoras hablando del hombre que es la medida de todas las cosas. Este nos lleva al concepto subjetivo, cada uno es la medida de las cosas. No estamos hablando de leyes jurídicas, sino de otra clase de legalidad que no es la legalidad impuesta desde fuera, pues nos está diciendo que es una legalidad impuesta desde dentro. Eso de sentirse bien con uno mismo, significa que desde dentro ese juez que lleva uno nos dice  o por el contrario ese juez nos dice  y ahí entra la subjetividad.

Los evolucionistas encuentran que sí, que hay una evolución de la conciencia personal y de la conciencia colectiva. Entonces esto se identifica en parte con las culturas y da respuesta a Nietszche que vio que en partes era condenado algo, aunque eso mismo en otras era premiado.

Luego Spengler viene a ratificar lo anterior, cuando dice que hay tantas morales como culturas. Es una evolución del concepto.

Aparecen luego, los voluntaristas y dicen: es bueno o es malo lo que la voluntad de Dios ha dicho que es bueno o es malo. Y eso es, ya un tajo, como decir, nada de discusiones...

Esa coexistencia de distintos principios llevaría a pensar en un desorden y a esto respondió Kant con su regla perfecta desde el punto de vista racional: que lo que tu consideras bueno se pueda imponer como regla universal; que lo que tú consideras malo se pueda imponer como regla universal. Ese es el principio kantiano, que desde entonces ha ido evolucionando y va ganando a través de los tiempos.

Después aparece Jean Paul Sartre, que dice qué es bueno y qué es malo: eso que dentro de tu libertad sea bueno o sea malo, pero que al mismo tiempo no viole los derechos de los demás.

Marx, en su momento dice: ¿qué es ética? Es el conjunto de valores que nos impone la clase dominante. Es el concepto marxista.

Viene después la ética de los bienes que dice lo bueno y lo malo no son conceptos abstractos sino que están en las cosas, en las situaciones y en las personas. Y aparece algo que es la ética de los valores, y que es un avance bien importante, pensar en el valor en sí.

Cuando se realiza el valor de algo es lo bueno, cuando se contradice el valor de algo es lo malo, lo cual viene a coincidir mucho con la ética aristotélica. Para Aristóteles es bueno aquello que obedece a la naturaleza de algo o de alguien y es malo lo que contradice su naturaleza. Una medicina es buena cuando da salud, es mala cuando envenena, porque la naturaleza de la medicina es dar salud y es contra la naturaleza de la medicina que envenene.

Para el ser humano es ético todo lo que corresponde a su naturaleza de ser inteligente, pero si niegas la inteligencia de alguien o le impides realizarla, estás haciendo algo malo porque contradice esta naturaleza. Después de la ética de los valores aparece la ética comunicativa:  ya se plantea que lo ético viene a ser el resultado de un consenso de las personas. ¿Y en qué se funda el consenso? En que las personas, dado el conocimiento que tienen de sí mismas, dado el conocimiento que tienen de la naturaleza de las cosas y de la sociedad, pueden saber qué es lo bueno y qué es lo malo. Pero es bueno o es malo en cuanto está más identificado con la naturaleza misma de las cosas.

Hay un libro del teólogo suizo Hatkins, que se llama  y parte de la consideración de todas las dolencias y problemas que tiene esta humanidad, desde la destrucción de la naturaleza, la destrucción del hombre por el hombre, la exaltación de sistemas que oprimen a unos y favorecen a otros. Llega un momento en que el filósofo se pregunta si la humanidad sigue así, ¿la humanidad se va a acabar?. Esto va a ser una gran hecatombe. Tenemos que ponernos de acuerdo en unos valores mínimos que nos permitan sobrevivir.

Allí va apareciendo una pista muy interesante: unos valores mínimos que nos permitan sobrevivir. Es ponerse de acuerdo pues, en unas normas mínimas, es lo que se llama la ética civil; son esas normas mínimas que nos permiten sobrevivir, las que se están poniendo en funcionamiento en las ciudades. Porque las ciudades están llegando a un grado tal, que se necesitan para ellas ya unas normas mínimas de supervivencia.

Recuerda el filósofo español Fernando Savater a Robinson Crusoe, el día en que Robinson en su isla vio que se le alteraba la existencia completamente. Había resuelto todos sus problemas y se sentía muy satisfecho consigo mismo: el solo, en su isla, encontraba que era un hombre feliz y sin preocupaciones. Esto le duró hasta el momento en que vio en la playa la huella de un pie desnudo y entonces le vinieron preguntas que antes no se había hecho: ¿quién es? ¿es amigo o enemigo? ¿debo convivir con él o lo debo destruir? ¿Me va a ser útil o me va a ser perjudicial? Y todas estas preguntas fueron el infierno momentáneo de Robinson Crusoe, fue la nube oscura dentro de ese paraíso de cielo azul, porque Robinson Crusoe en ese instante tuvo que responder interrogantes éticos. Y, dice Savater: .

Ética es simplemente responder a qué debo hacer con el otro, cuál es mi actitud ante él y entonces, tienes los principios y puedes tener una reacción de acuerdo con tu naturaleza: tú lo vas a aceptar. Eres humano. Te humanizas, porque humanizarse es aceptar al otro; cada vez que uno acepta a alguien, crece en humanidad. Es aquello de Protágoras: soy hombre y nada de lo humano me es extraño. Entonces todo lo humano se asimila a la naturaleza y mediante eso voy creciendo en humanidad. Si por el contrario, rechazo al otro y acabo con él, porque en esta isla Soy yo y nadie más, en ese momento Robinson Crusoe empieza a deshumanizarse.

La línea de deshumanización está hecha de rechazos al otro y de todo lo que implique desconocer al otro, destruir al otro, demeritar al otro, silenciar al otro.

 

¿Qué es lo ético?

Déjenme hacer una exploración de ese pasado remoto que es la evolución que va desde el hombre de las cavernas, que sobrevive únicamente con base en su instinto, al hombre que vive en familia, que ya no es sólo instinto sino gregariedad. Transcurre mucho tiempo en que el hombre es sólo familia: lo que los griegos llamaban el oikos, familia pero cuando esto se rompe y los de las otras familias no son mirados como enemigos sino que, con ellos, se comparten los dioses y los intereses, desaparecen las fratrías y aparece la tribu y poco a poco al hombre se le va ampliando el horizonte y se va haciendo cada vez más rico, pero esa riqueza tiene como fundamento, la apertura al otro.

Este es el fundamento ético de la vida: yo me enriquezco como persona humana, como ser humano vivo bien en la medida en que vivo bien con los otros. Yo no sé a qué principio ético corresponderá eso, pero sé por instinto que me va mejor trabajando bien con la gente, en fraternidad y que, como periodista, si trato bien a la gente entonces ellos se van a abrir y me van a contar cosas. Es un comportamiento ético. De qué naturaleza es tu relación con el otro.

Porque tu relación puede ser simplemente: yo voy a ver quién es este otro para aprovecharme de él; a poco que se ponga en práctica esa relación de aprovechamiento del uno por el otro, se dan cuenta de que eso no los hace felices y que los convierte en rivales, que son enemigos. Es precisamente esa evolución la que lleva a corregir el concepto inicial de que la felicidad es egoísta y llega un momento en que me doy cuenta de que la felicidad egoísta no puede ser, porque yo estoy relacionado con los otros. Porque mi naturaleza es una naturaleza social, entonces estoy bien en la medida en que vivo bien con los otros, no que los otros vivan para mí, sino en vivir con ellos.

El trueno que viene a perturbar esa felicidad paradisíaca de Robinson Crusoe es el trueno de la consideración. ¿Yo soy feliz a costa de quien? Y es cuando aparece la respuesta, yo soy feliz a costa de otro y es cuando aparece el otro como alguien que está cuestionando mi felicidad.

 

La conciencia colectiva

De un cierto bienestar, que se llama inconsciencia en el que veníamos,  ¿qué es la inconsciencia?: una renuncia a la naturaleza social del ser humano y a las implicaciones que esta tiene. Ahora cuando se asume plenamente la condición humana, sin subterfugios, sin silencios cómplices es cuando se alcanzan plenamente los valores humanos, y entonces sí, es cuando plenamente llega a sentirse bien. Lo otro, lo que contradice su naturaleza social, es como cuando una persona se droga y entra a un paraíso artificial, se duerme para no afrontar las cosas, o se aturde con espectáculos y demás, simplemente para ausentarse de sí mismo.

Cuando la sociedad aprende a vivir inhumanamente, entonces es cuando se aclimatan en ella todos los comportamientos inhumanos. Es cuando no puedes esperar del otro una actitud humana sino reacciones que, a ti como ser humano, no te satisfacen.

La humanidad se dio cuenta de que por mucho tiempo había estado adormecida colectivamente y ese adormecimiento colectivo es el que la está precipitando a situaciones como las que se viven hoy en las ciudades. Las ciudades están convertidas en unos complejos en los que cada cual se tiene que defender de los otros: son ciudades a la defensiva. Uno comprende la magnitud de este desastre cuando, después de estar en una ciudad de esas, llega a una pequeña población en la que todavía se vive humanamente, es decir con respeto por el otro.

La función del ser humano es la de estar recuperando lo que ha perdido, conquistando cosas nuevas en todos lo ordenes de la vida, pero particularmente en el orden ético. Uno aprende más de los errores cometidos, reconocidos, corregidos, que de cualquier otra instancia.

 

¿Y la ética periodística?

Si nos perdemos en algunas discusiones de la evolución que ha tenido el concepto ético es probable que no podamos cumplir con hacer un código de ética periodística. Fue cuando dijimos. pues reunamos Códigos de Ética, buscando la experiencia de otros periodistas, qué era lo que ellos consideraban ética y cuáles eran los valores que consideraban universales. Es decir buscamos una especie de consenso universal. ¿Qué relación hay entre ética y técnica?

Un viejo periodista que ahora es profesor en la Universidad de Pensylvania, Eugene Godwin, escribió el libro , que comencé a leer por el final porque me encontré allí la relación entre ética y calidad: «Dado que los medios más grandes buscan la noticia más agresivamente, son medios que toman más riesgos y se enredan en más problemas, las organizaciones que juegan a lo seguro y no van más allá que reportar las noticias que vienen por correo, no enfrentan demasiados problemas éticos convencionales pero cometen el pecado más grande de todos, fracasar en el cumplimiento de la responsabilidad primaria que es la de reportar las noticias con justicia apropiada, agresiva y tan comprensiblemente como sea posible».

Sigue Godwin: «A mi juicio los periodistas más éticos del gremio se descubren detrás de las operaciones periodísticas de calidad, grandes y pequeñas. Si como parece, calidad y ética van de la mano, entonces el periodismo tiene por delante todo un programa de mejoras por cumplir si quiere definirse como una vocación ética. »

La revista Pulso que publica la Universidad de Florida, tuvo el año antepasado una carátula agresiva, estaba desplegado en toda la portada: La ética vende. En el interior tenía unas crónicas del periódico Reforma de México, el más nuevo de los periódicos allí. Nació con dos grandes objetivos, primero incorporar lo último en materia de tecnología y segundo gran objetivo, la intransigencia absoluta en materia de ética, para contradecir una línea muy corriente en el periodismo mexicano que es la de vender su información y hacer caso omiso del asunto ético. Pues ese par de normas, al cumplirlas, fueron suficientes para convertir a este periódico en uno de los de mayor circulación. Ese hecho unido a otras estratégicas actividades distintas al periodismo.

Ética como principio fundamental. ¿Por qué hace cinco o diez años este no era un lenguaje que se hablara y ahora se está hablando?. La humanidad en razón de los propios medios de comunicación, ha tomado conciencia de que no estamos en una época de bonanza en ningún sentido y más bien, la humanidad tiene un cierto complejo colectivo de supervivencia,  que está condicionada a un acuerdo sobre principios mínimos, que son precisamente los principios éticos. Se está reflejando en los medios de comunicación esa necesidad de que la ética vaya de la mano de la técnica.

Por ejemplo la preocupación de los medios por tener un Manual de Estilo y ¿Qué significa además que los grandes medios ahora estén en competencia y si no adoptan un manual de estilo tienen por lo menos un defensor del lector o del televidente o lo que se llama en el lenguaje extraño ombdusman?

 

Las presiones del periodista

Hubo un tiempo —los periodistas más viejos podemos dar fe— que para uno era casi palabra de Dios el boletín de prensa que daba la policía, el ejército, la Alcaldía o la Gobernación y, uno, con mucha tranquilidad, lo podía citar como algo muy autorizado. Ya hoy no se puede hacer eso. Hoy día, la tarea del periodista es muy difícil porque uno tiene que asumir que toda fuente, mientras no se demuestre lo contrario, es mentirosa. Más, si es una fuente oficial y, más todavía, si es de la policía o del ejército. ¿Por qué? Porque ellos si han tomado muy en serio lo de que la verdad es la primera baja en una guerra; entonces, ellos le dan de baja, de entrada.

Si el ejército mira la información como estrategia en una guerra sicológica, nosotros tenemos que mirarla como información. Si yo como periodista siento que no puedo vivir con lo que recibo de la profesión, debo irme a hacer otra cosa, porque lo que hago es muy especial y este es el punto clave: el periodista no trata con una persona individual, sino con toda una sociedad, y su trabajo está afectando un bien social que es la información. Entonces, va a resultar que sus problemas de alimento, de su hogar están afectando a toda una sociedad. El gran compromiso del periodista y que lo define éticamente es su compromiso con la verdad.

Nos ocurrió y nos sigue ocurriendo con los aspectos del orden público en Colombia, donde se comete en las redacciones un error: te vas a cubrir la guerra solo, luego por teléfono se dicta, alguien copia y eso es lo que sale. Sobre los hombros de una sola persona, con todas las limitaciones que puede tener esa sola persona, se hace recaer la información que se le va dar a toda la sociedad, de un conflicto que hiere a todos.

En la época intensificada del terrorismo en los años ochenta, los grandes medios en el mundo recuerdan que, en esa época, fueron conscientes de que esa era una información con demasiadas implicaciones, qué no se le podía dejar a un solo reportero; entonces constituyeron en las redacciones grupos que recibían la información y la filtraban.

Esto introducía un elemento de equipo en la labor de la redacción, y por consiguiente, de mayor juicio y de menor posibilidad de que alguien influenciado anímicamente por su circunstancia, pudiera deteriorar la verdad. Esto es algo que se acercaba más a la utopía, a la ética.

Uno individualmente está limitado para encontrar la verdad, porque puede estar presionado, en cambio si existe ese grupo de personas pensantes, frías, que no están presionadas por las circunstancias, esto neutraliza.

Uno de los errores en que se cae en la vida personal y en la vida de las redacciones, es cuando se da una peste que se llama la rutina periodística. Trabajar por rutina es todo lo contrario de trabajar por pasión, si trabajo por rutina llegan los boletines y simplemente se cambia algo del lenguaje, edita y ya, es decir, no hay pasión periodística, no hay pasión por la verdad, por los datos. En cambio cuando hay pasión por la verdad, siempre se está utilizando la técnica que está a favor de la utopía.

 

¿Qué es verdad en periodismo?

Para no metemos en la disputa que viene desde los escépticos, que se preguntaban —y esa fue una discusión que continúa todavía— si el hombre es capaz de asimilar y de captar la verdad objetiva de las cosas, si sus sentidos le permiten eso, y si sus acondicionamientos culturales le permiten eso. No es esa nuestra discusión. Nuestra discusión es dar el dato preciso: que no le cambiemos el nombre al teniente que dirigió la operación. Lo que a nosotros nos importa definitivamente es que la gente nos crea, porque sabe que decimos la verdad. Es un principio fundamental ético. Toda la técnica de la profesión está dirigida a eso.

Hay un conflicto que todos hemos sentido y si no lo hemos sentido lo hemos visto en otros. Es el dilema de, o digo la verdad y me matan, o callo la verdad y vivo. Hay que quitarse a esto el transcendentalismo de la muerte y resolverlo sin dramatismo. Por ejemplo: yo, como padre, sin dármelas de héroe ni nada, estoy dispuesto a que si le van a tocar un pelo a mi hijo pequeño, me hago matar. Y eso lo entiende uno como normal dentro del oficio de padre.

De ahí paso a otra imagen: Guillermo Cano, frente a la hoja en blanco, en la soledad de su escritorio. Este es un hombre que si dice esa verdad puede precipitar su muerte, porque lo han amenazado, y él resuelve sin dramatismos el dilema: yo tengo que decir esta verdad, para eso estoy; es simplemente eso, yo nací para esto. En el caso de Guillermo Cano, —periodista asesinado en Colombia—, eso se ve con absoluta claridad.

Y me lo hizo sentir, con más viveza, un periodista español, el de Arturo Pérez Reverte. Lo entrevisté una vez en Bogotá sobre sus momentos difíciles. «Mire, hay un momento que a mí nunca se me olvida —me dijo—. Estaba en Sarajevo en el hotel poniéndome la camisa frente al espejo y me estaba abotonando, cuando la imaginación me jugó una pésima pasada: puede ser la última vez que yo me esté abotonando con esta mano». Y se le pegó como un moscardón esa idea, que él podía perder esa mano ese día y que a lo mejor era la última vez que podía utilizar los servicios de la mano, porque tenían que ir a un lugar donde había mucha balacera. Y dice: . Parece que a todos los había condicionado el lugar adonde iban a llegar. Todos en ese hotel tenían la posibilidad de decir no voy. Todos. Sin embargo, como obedeciendo a un signo irreversible, fueron haciendo fila y subiéndose a la busetica que los iba a llevar al lugar de combate, porque entendían que habían nacido para eso: que uno está para darle la verdad a la gente, así como hay unos que viven para hacer construcciones y otros para hacer política. Nosotros estamos para dar la verdad.

Otra defensa de la independencia del periodista es la austeridad. El periodista es alguien que por profesión, por talante interior, por exigencia de su búsqueda diaria de la verdad tiene que casarse con la austeridad de por vida. La palabra austeridad es una palabra muy peligrosa, porque fácilmente la hacen equivaler a pobreza o a miseria. Lo de la austeridad lo digo en el sentido de que uno no debe tener dependencias. No te vas a meter en un montón de deudas, porque te da miedo depender de ellas y sabes que cada dependencia te está restringiendo el ámbito para poder buscar la verdad. El periodista es rabiosamente independiente, porque quiere estar libre de toda atadura que le impida decir las cosas. Esa es la razón de la independencia, que está estrechamente relacionada con la búsqueda de la verdad. Esa austeridad de vida supone que no te tiene que entrar el cuento de que tu auto tiene que ser el último modelo, porque contradice el talante de un tipo que aspira a ser independiente. La disciplina personal está en la base de todo.

 

La dificultad de las presiones

Otra de las presiones a la que está sometido el ejercicio del oficio del periodista es la del propio medio en que trabaja y, de esto, uno tiene que ser consciente. Si aceptamos que el objetivo es la verdad, para llegar a ese objetivo hay que liberarse de todas las dependencias que se crean alrededor de uno. Hay que ser conscientes que es una dependencia.

Tiene que entender el ejercicio de esta profesión como una lucha de todos los días por conquistar el espacio de independencia, de libertad, de verdad, no para uno sino para la gente a la que está sirviendo. A veces es insignificante lo que se conquista hoy, pero lo importante es que todos los días hay que hacer una conquista nueva.

En este momento, la gran amenaza en los medios de comunicación, especialmente para los periodistas, es precisamente la avidez con que los grupos económicos se están haciendo a los medios periodísticos. Los periodistas tienen que buscar sus defensas. Por supuesto, el gran medio para defenderse es la agremiación, la fortaleza de la unión de los periodistas, que en Colombia aún está en pañales.

Otra presión es la del colegaje: los colegas y los otros medios, ejercen sobre él también una presión. La dependencia casi total de lo que otros publican y, sobre todo, la competencia, es una presión tan real, como lo fuera la presión de las amenazas, que ahora han cambiado de signo.

En este momento, todos los periodistas estamos expuestos a que por cualquier afirmación tengamos que ir ante un Fiscal a responder, porque las tutelas las están utilizando como un obstáculo al oficio. Lo cual pone en evidencia otro estilo, otro sistema —más actualizado— de presión que tenemos, que nos impide llegar a la verdad y proclamar la verdad.

Son diversas las dificultades que tiene el periodista para encontrar la verdad; dificultades acrecentadas por la naturaleza comercial de los medios, porque el medio tiene que publicar algo, lo tiene que publicar rápido y lo tiene que publicar espectacularmente. Nosotros resultamos cómplices de unos medios que no están diciendo la verdad, pero que sí están recibiendo ganancias. De tal manera la profesión resulta deformada, hasta el punto en que se convierte en subsidiaria de una empresa a la que sólo le importa la ganancia, pero no el derecho que tiene la gente de saber las cosas.

Hay una pugna entre actualidad y verdad. Lo definitivo es que la información sea verdadera, así llegue un poco atrasada. Me parece muy grave que llegue a tiempo y que no tenga garantía de ser verdadera.

Puede ser la verdad de la policía, pero yo como periodista, tengo que ir más allá. La verdad del periodista es la precisión en los hechos. Entonces, tengo que decir: de acuerdo con estas versiones, hay tales coincidencias y hay tales discrepancias, y los hechos son éstos. La nuestra es una producción de certezas. La gente que nos oye, que nos ve, que nos lee, es gente que va a recibir certezas en lo que nosotros producimos.

Es el profesional de la información el que lo tiene que señalar: . Es mi profesión. Para eso me formé yo. Y es el gran orgullo que uno tiene cuando descubre una verdad y la manifiesta al público. Equivale a lo que decimos en ese pésimo lenguaje, , es mi verdad, es la verdad que yo descubrí.

 

Los derechos del informado

El periodismo colombiano ha contemplado un aspecto que antes no se veía. Siempre que se habla de libertad de prensa, es mirada desde un lado, desde el lado del que emite: libertad para informar, libertad para publicar. Es decir, siempre desde este lado, del lado del que informa. ¿Qué derecho tiene el que recibe la información? Eso prácticamente no contaba. Comenzó a contar, en buena parte, merced a la tutela. Ya al sentarse a escribir se piensa en eso: ¿estaré violando los derechos de esta persona, cuya intimidad estoy aquí describiendo?

 

La libertad de prensa

Si uno examina las reacciones que tiene, no sólo la prensa local, sino la prensa mundial frente a todo lo que se llama atentado contra la libertad de prensa, va a encontrarse la razón de ser de una reacción exagerada, porque la libertad de prensa se mira como un absoluto.

No hay democracia sin libertad de prensa. Mientras se conserve la libertad de prensa, todo lo demás se puede caer, y eso nos ha llevado a que sea la bandera de los empresarios de la prensa para volver intocables sus empresas y rodearlas de privilegios.

La verdad es que la libertad de prensa no es un absoluto, es un instrumento al servicio del bien común. Si los periódicos del mundo están protegidos por las distintas instituciones para que informen libremente, no es porque la información en sí tenga algo de sagrado, sino que es un instrumento sin el cual no puede haber democracia, y para que la haya, se necesita que haya libertad para informar. En segundo lugar, es esta calidad de servidor del bien común lo que le da trascendencia a la profesión.

Esta es una profesión respetable en cuanto sirve a la comunidad. No es respetable en sí, sino por la función que cumple. Si el periodista utiliza la profesión para hacer dinero y hacerse a un nombre, él como profesional es irrelevante. En cambio, si como periodista utiliza la profesión para prestarle un servicio a la comunidad, de inmediato adquiero trascendencia. Es precisamente esa una de las razones, por la que se rechaza instintivamente la prensa sensacionalista. El periodista serio la rechaza porque ve que allí no hay ninguna trascendencia para la profesión, por el contrario, ha llegado a ser una prensa mercenaria que sólo publica para vender y no para servir.

El servicio al bien común es un síntoma de madurez. Se puede medir la madurez de cualquier medio por la cantidad de información que está publicando para el servicio de la comunidad, o medir su inmadurez por la cantidad de frivolidades que publica, que no tienen utilidad para la comunidad. No quiero decir con esto que todas las notas frívolas necesariamente sean contrarias al interés de la común. Eventualmente, también pueden ser útiles.

El 9 de febrero, el día del periodista en Colombia, todos los artículos publicados son alrededor de la libertad de prensa, concebida míticamente como algo que no se puede tocar y con eso nos satisfacemos, hasta el punto que se piensa, que una prensa es libre existe en un país donde el gobierno da libertad de prensa. Tomemos un caso. Una empresa donde dan todas las garantías, con unos periodistas que tienen buenos sueldos, donde desaparecen una tras otra esas amenazas, pero resulta que el hombre llamado periodista no es un tipo libre y no le satisface ningún sueldo. Su avidez por figurar es creciente y nada es suficiente para satisfacerlo en materia de figuración, de prestigio, de premios. No podrá haber una prensa libre así, a pesar de que exista todo el marco para serlo.

Cambiemos el escenario: no hay libertad de prensa, hay malos sueldos, amenazas y demás, pero el periodista es un hombre que interiormente es libre, que trabaja todos los días en esa dirección, porque ese es su talante. Allí hay más posibilidad de tener una prensa libre que en el primer escenario, porque ese periodista será capaz de superar obstáculos. Podrá sacar, si mucho, un boletincito pequeño, que interpreta a una comunidad, que dice lo que la comunidad necesita y piensa. Es alguien que está investigando las necesidades de la comunidad y las está haciendo conocer a pesar de todos los obstáculos, a pesar de la modestia del medio que utiliza. 

Sólo habrá prensa libre mientras haya hombres libres: lo demás son cuentos. Para comenzar a construir una libertad de prensa, una verdadera independencia, hay que comenzar a construir hombres libres. Y ahí es donde viene el interrogante que todos nos hacemos. ¿Las universidades están tocando eso? ¿La formación del periodista que se está dando toma esto, como factor principal? Porque la independencia es al periodista como la vista y el pulso al cirujano. Esta es una profesión para hombres libres: examine usted si es capaz de ser independiente y de construir todos los días esa independencia y ahí, sí, venga a ser periodista. Esa pregunta, que yo sepa, no se la plantean a los estudiantes de periodismo como un fundamento básico. Esto lo viene a descubrir cuando ya está metido en la grande, cuando ya está apremiado por la profesión y está aprendiendo todos los días que es una profesión donde, sin independencia, todo falla.

 

Perfil del periodista

Los periodistas trabajamos para la sociedad y la base de nuestro trabajo con la sociedad es que nos crean. Y en la medida en que una sociedad no puede creer en sus periodistas, esa sociedad está perdida porque es como si fuera una sociedad sorda y muda y ciega porque no puede creer en sus periodistas.

Digámoslo de una vez: esta profesión, mirada a la luz de los principios éticos, es muy difícil, es una lucha de todos los días, no tanto para conseguir la noticia, sino para mantener la credibilidad y la integridad. Y esto es de todos los días. Nadie adquiere esto, de una vez y para siempre. Todos los días se adquiere la cuota de mantenimiento de las veinticuatro horas. Nos pasa como a los alcohólicos anónimos, que hacen compromiso de no beber alcohol sólo por las próximas veinticuatro horas, porque si aumentan a cuarenta y ocho, no están seguros de poder ser fieles a su palabra. Podemos jurar ser fieles a esta profesión con lo exigente que es, sólo día a día. Uno no es periodista de una vez para siempre, sino que lo va siendo todos lo días.

Aparece la necesidad de un perfil ético propio del periodista. Tocamos un terreno al que se le tiene mucho miedo, que es el terreno de la utopía. Hablar de un Código de Ética, de normas éticas, es ir introduciéndose en ese terreno que se cree es gaseoso, de la utopía, pero que es mucho más real y concreto de lo que nos imaginamos.

 

La verdad periodística

¿Cuál es el sentido exacto que le dan los periodistas del mundo a la palabra verdad? Suena demasiado pretencioso decir: . Las nuestras, son las verdades humildes de cada día, no es esa verdad majestuosa que es la justicia, que es la libertad, que es la democracia, si no, por qué subieron las tarifas del agua hoy. Esas son las pequeñas verdades, que al fin y al cabo, son los hilos con que está tejida toda la historia cotidiana y estamos incrustados en ella.

La verdad es fidelidad a los hechos, exactitud. Entonces estoy correspondiendo a mi utopía de la verdad cuando compruebo antes de entregarle al jefe de redacción el nombre de la persona que entrevisté que no se llama Edgar, sino Rafael: eso es exactitud, y es importante para el señor Rafael como para uno, porqué el sentido de verdad que uno tiene es sentido de exactitud. Como columnista de opinión, no puedo emitir opiniones sobre hechos que no se hayan comprobado o que sean inexactos. De allí el peligro de darle autoridad y entidad de columnista, a simples opinadores que no conocen los hechos y que se sientan a la máquina a decir lo que se le pasó por la cabeza en ese momento, y entonces, el periódico asume en ese momento, una cierta irresponsabilidad. Una cosa que puede ser el afán de opinar de una persona o de sacarse un clavo con otro, y eso le resta credibilidad a los periódicos que corre el riesgo de poner a la sociedad en una agua contaminada de parcialidad y a veces de rencor.

El periodista debe ser veraz porque conocer la verdad es un derecho del público, no es una dádiva que yo le doy, ni que el periódico le da, es un derecho que tiene la gente. Y si se ahonda un poco, veremos que es un derecho cuyo ejercicio equivale a ponerle fundamento a la democracia. La democracia está construida precisamente sobre el derecho que la gente tiene a conocer la verdad de lo que pasa.

Recuérdese el ágora griega, era la reunión de gobernantes y gobernados con el derecho igual para unos y para otros de preguntar y responder, de modo que fortaleció la democracia en la misma medida en que el pueblo veía claro lo que estaba sucediendo y lo veían claro porque la información era clara, transparente.

Albert Camus, periodista y escritor francés, en una entrevista que fue publicada en 1951 en la que le preguntan: ¿cree usted lógico relacionar las palabras odio y mentir? responde: «El odio es en sí mismo una mentira. Se calla instintivamente con relación a toda una parte del hombre, niega lo que en cualquier hombre merece compasión, miente sobre el orden de las cosas. La mentira es más sutil, sucede incluso que se miente sin odio, por simple amor a uno mismo; todo hombre que odia por el contrario se detesta a sí mismo en cierto modo, no hay pues un lazo lógico entre la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira. El odio no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma, no se puede odiar sin mentir, o inversamente, no se puede decir la verdad, sin sustituir el odio por la compasión. El privilegio de la mentira siempre vence al que pretende servirse de ella. Ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira. La verdadera aristocracia no consiste en batirse en duelo, la verdadera aristocracia consiste en no mentir».

Luego Camus relaciona la mentira y la verdad con la libertad. «La libertad consiste en primer lugar en no mentir, allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa. Los verdaderos esclavos están en otra parte dictando sus ordenes al mundo, nosotros no reharemos a los hombres, pero tampoco los rebajaremos».

Habla de la frecuencia tan increíble con que los periódicos mienten y habla de que nueve de cada diez periódicos usualmente mienten: los periodistas estamos trabajando en unos mecanismos que usualmente están dedicados a la mentira, lo cual deja al periodista como una minoría abrahamica , que es la única minoría que cree en el poder de la verdad y por esa razón se ha convertido en parte de nuestro instinto, en decir la verdad, buscarla y comunicarla.

 

La verdad y la independencia

En esos códigos de ética periodística revisados,la independencia figura en segundo lugar después de la verdad, dentro de las coincidencias de todos. La independencia se mide en la credibilidad que el público deposita en los medios de comunicación y eso lo está construyendo diariamente el periodista, sin embargo, independencia es lo que menos se está viendo.

El libro , de Chomsky se puede colocar junto a otro que es , se trata en el primero sobre la prensa en los Estados Unidos y en el segundo sobre la prensa europea, lo mismo: los medios son instrumentos al servicio del engaño ¿por qué? Porque no son independientes. De las conclusiones de Chomsky, ésta:

«Los medios de comunicación de masas de los Estados Unidos son instituciones ideológicas efectivas y poderosas que llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado; mediante los supuestos interiorizados y mediante la autocensura. Sin una coerción abierta significativa, este sistema de propaganda se ha ido haciendo cada vez más eficiente en las décadas recientes, con el desarrollo de las redes nacionales de televisión, con la mayor concentración de los medios de comunicación de masas. con las presiones de la derecha en la radio y en la televisión públicas y con el crecimiento y sofisticación de las relaciones públicas y del tratamiento de noticias».

Es una enumeración de factores los que están impidiendo la utopía de la independencia de los medios y sin independencia, es imposible la verdad en los medios. Puede leerse en  lo que pasa en la prensa europea: con énfasis particular en cómo le está quitando independencia a los medios la cuestión política, les quita veracidad y por tanto peso específico en materia de credibilidad. Elementos muy unidos unos con otros, no nos podemos quedar sólo con la utopía de la verdad con todas sus limitaciones. Hay que contemplar una condición para la verdad que es precisamente ésta, la de la independencia.

Sobre esto hay dos grandes escuelas. Una escuela es la de Joseph Pulitzer, quien al iniciar El Globo estableció: . Hace depender pues, la independencia informativa, del buen funcionamiento del negocio.

La otra propuesta es del fundador y primer director de Le Monde de París y establece: .

El primero, es un enunciado eminentemente pragmático, el otro está dotado de algo de idealismo, pero el hecho es que los dos son señales de independencia, la cuál es crítica en este momento.

¿Qué está demostrando este problema de los grandes imperios periodísticos? Que comenzaron a perder su independencia y también su objetivo, que es el de servir a través de la información periodística. Empezaron de acuerdo a la teoría de Pulitzer a depender del dinero, y resulta que el dinero es una amante muy poco fiel, que en cualquier momento puede dar la espalda. En ese sentido la teoría del fundador de Le Monde puede resultar más fiable y el pronóstico final que hace el libro  de Alvin Toffler, es: los medios que finalmente captarán toda la credibilidad y la confianza de la gente, serán los medios modestos económicamente, modestos también en cuanto a pretensión de cubrimiento, porque van a grupos especializados y prestan un servicio concreto. Porque el medio modesto tecnológicamente no tiene todas las dependencias que generan los problemas financieros que traen consigo el desarrollo de la tecnología, cada vez más rápidamente obsolescente. Es allí donde él funda su pronóstico: los medios que sobrevivan tendrán que ser los más sobrios y los más independientes. Es una teoría. Cásese cada quién con la teoría que quiera, lo que sí queda claro es que para hacer periodismo o eres independiente. o estás haciendo propaganda. Eso no tiene vueltas de hoja, la independencia es requisito fundamental.

 

La independencia propia

Por allá en el año ochenta y siete ochenta y ocho, quizá unos años antes, cuando abundaron los atentados terroristas, se les planteó a las grandes cadenas de televisión de los Estados Unidos y a los grandes medios, el problema de cómo cubrir esos evento teniendo en cuenta la repercusión que iban a tener en la sociedad y la facilidad de una manipulación. Porque, de hecho, el terrorista es un manipulador de opinión y ya el acto terrorista mismo, lo es. Teniendo en cuenta esto comenzaron a elaborar una serie de normas. Recuerdo en un evento parecido en Colombia, el ministro de turno trajo a colación esas normas y se las distribuyó a los medios de comunicación colombianos, como una sugerencia para hacer frente al terrorismo.

En esas normas se destaca como la principal, que siempre que haya información de esa naturaleza sea un equipo el que la trabaje, lo cual excluye que haya un solo reportero de orden público que sea quien tenga que decidir, si es chiva, si no es chiva, si es noticia, o si no es, si la transcribe toda o si la transcribe parcialmente. Debe ser un equipo de las más altas calificaciones el que lo haga, hasta el punto que, cuando existe el pedido de unos secuestradores de conversar con un periodista, ese pedido sea tramitado y resuelto en cabeza de uno de los más altos directivos del medio, presumiendo que será la persona de mayor experiencia en el grupo periodístico el escogido para afrontar ésto. Además del peligro de manipulación que supone el terrorismo, para contrarrestarlo usted necesita mucha experiencia, porque está de por medio la seguridad y la paz de una sociedad. Tanto más en casos como el de grupos guerrilleros que tienen a una sociedad en cuestión y en conflicto, resuelto por las armas y no por la política. Al aparecer la alternativa de que haya una solución política, esta exige del medio lo mejor de su capacidad crítica y de la elaboración informativa, para que la ocasión sea aprovecha al máximo en beneficio de la sociedad.

Está completamente ausente, dentro de las normas vistas, el afán de circulación, de la chiva, de la exclusiva porque se está pensando en el bien de la sociedad. Normas dadas por la UPI, en el IFICI, la BBC de Londres, una visión de lo que es la noticia en relación con la paz o con la violencia en una sociedad.

Si tenemos en frente a un jefe de brigada y a un jefe guerrillero, el periodista va a buscar, en primer lugar, no tomar partido a pesar de que uno está por la institucionalidad y el otro contra la institucionalidad. Pero en este caso, el periodista está frente a una situación de conflicto en que está de por medio el bien de la sociedad. El militar funciona formalmente en favor del bien de la sociedad y el guerrillero también dice que está trabajando para el bien de la sociedad. Como periodista, los tiene que considerar bajo esos parámetros: ambos dicen tener fórmulas para el bien de la sociedad.

Es lo mismo que le sucede frente a dos candidatos políticos. El error va a consistir en casarse con alguno de los dos discursos, porque él está casado con la sociedad y está buscando para esa sociedad lo mejor. Parte del principio que estos señores son de buena fe y que cada uno está proponiendo su fórmula. Lo que tiene que defender es la posibilidad de que ellos dos puedan presentar su fórmula a consideración de la gente, sin casarse con ninguna. El periodista, por razón de su oficio, se tiene que situar —es arrogante decirlo—, por encima del partidismo.

También el periodista confronta a los militares. Ellos parten de un razonamiento bastante simplista.

Y como periodista, se tiene que discrepar de ese razonamiento, no porque apruebe a unos y sistemáticamente condene a los otros, sino porque tiene que dejar abierta la posibilidad de que, si éstos están trabajando en bien de la comunidad y éstos otros también dicen querer hacerlo, se concilien esos intereses.

Las alternativas, en el fondo, lo que están buscando es neutralizar la seducción propia de alguien que nos concede una entrevista exclusiva. Cuando le dicen al periodista que es exclusiva, ya entra en un campo de seducción que es muy peligroso. Recuerden la gran habilidad que tuvo el movimiento guerrillero colombiano M- 19, en sus comienzos, cuando secuestró a Germán Castro. Analizado despacio, esto nos indica que el contacto de un medio de comunicación periodístico con un medio subversivo tiene ese ingrediente de la seducción al que, fácilmente, se cede si no se vuelve conciente.

Es el mismo síndrome de Estocolmo, por el que se acaba amando al secuestrador, se acaba encontrándole las razones que él tiene, verdaderas o parcialmente verdaderas. También puede hacerlo un comandante del ejército: para dar una exclusiva y obtener el periodista una información que sabe no se la va a dar a nadie más, eso le va a disponer su ánimo periodístico en favor de él. Entonces, están jugando los intereses de la fuente, los propios intereses personales o los de su medio, y aparece descartado de planta en este caso quien tiene que ser dueño y señor de la información: el público.

El público va ser el engañado, porque el periodista depuso todas sus armas críticas en razón de la seducción y entregó la información tal y como la vio, como la gran maravilla. Eso nos pasa a todos los periodistas: es el gran peligro y en situación de guerra o de semi guerra, que ha sido nuestra situación hace treinta años, estamos expuestos a que las partes en combate utilicen los medios de comunicación. Esa es la razón de fondo en el temor que existe en el caso de unas conversaciones de paz, con unos medios que están allí metidos en la sala de negociaciones filmando, grabando y condicionando a los que están discutiendo.

 

Una lista de verificaciones

Para curarse en salud, estos chequeos de tipo práctico son:

  1. Si la situación lo permite, revele la identidad de sus fuentes. La noticia tiene mayor credibilidad y futuras fuentes reconocerán sus reglas básicas.
  2. Sólo se debe dar confidencialidad para proteger a alguien relativamente indefenso, cuya vida o trabajo puede ponerse en peligro, o que puede perder la capacidad de continuar como fuente.
  3. No abuse de fuentes ingenuas. No se deje abusar por fuentes sofisticadas.
  4. No permita confidencialidad .
  5. No deje que fuentes anónimas se cobijen en la confidencialidad para atacar a otros.
  6. Siempre tenga en mente el poder de la prensa: usted está en posición de causar daño o beneficio.
  7. Una vez que prometa confidencialidad, mantenga su palabra.

 

Dice el Código sobre fuentes:

El periodista debe tener una actitud analítica frente a las fuentes confrontando, comprobando sus afirmaciones. En principio es aconsejable que el receptor conozca las fuentes de las informaciones, esto otorga mayor credibilidad y fija mayor responsabilidad sobre lo que se afirma, porque hay cierta irresponsabilidad cuando se puede atribuir a otras fuentes que no son.

Aparece con mucha claridad un aspecto que identifica mucho a nuestro oficio y es que el periodista no tiene derecho a la confusión. Cuando todo el mundo está confuso espera que los periodistas demos claridad sobre las cosas. Lo cual es a veces una exigencia inhumana, al fin y al cabo somos uno más entre otros, simplemente con un oficio muy determinado. Pero se plantea dentro de las expectativas de la gente que sea el periodista el que en medio de la confusión diga , y cuando todo el mundo tiene miedo, la esperanza de la gente es que los que están informando no tengan miedo y, que si lo tienen se lo aguanten para cumplir su oficio.

Un aspecto que valdría la pena anotar es cómo se convierte uno en enemigo de su propia libertad. Por razón de algo que uno no está controlando eficaz, radicalmente, que es su propia vanidad profesional. A mí me parece enormemente peligroso el tipo al que voy a entrevistar y me dice  

Ese tipo es más peligroso que otro que estuviera armado de una pistola y te obligara a escribir algo, porque se te está metiendo adentro y te está manejando desde dentro. Resulta que esta es una profesión de la que podríamos decir que el periodista es una persona siempre al borde de un ataque de arrogancia, sobre todo si es televisión.

John Virtue de la Universidad de Florida, contaba una historia de Bernard Shaw, la historia de la actriz a la que el filósofo le preguntó ¿usted se acostaría conmigo por un millón de dólares? A ella le chispearon los ojos y le dice que sí. El le dice luego: ¿Y se acostaría conmigo por un dólar?. A ella le chispean los ojos pero esta vez de indignación. Y ella responde: ¿usted quién cree que soy yo ? y le dice Bernard Shaw: .

Y a veces es cuestión de discutir el precio: el periodista entonces tiene que resolver que a él no lo sobornan porque no tiene precio, porque esa es una limitante que va contra nuestra independencia.

Es un riesgo que también corren las grandes empresas periodísticas al diversificar sus intereses, el de afectar su credibilidad. Cada vez que el periódico tiene que hacer ese anuncio: tomen con beneficio de inventario esta información que les doy, porque aquí puede haber intereses que tengo en tal empresa y esa advertencia dicha a cada rato equivale a: Las consecuencias de lo que se dice.

La humanidad está aprendiendo que hay unas cosas fundamentales que no pueden ser reemplazadas por nada, entre otras la verdad y la credibilidad consiguiente. No podemos ignorarlo so pena de ignorar un elemento vital para nuestra propia supervivencia como medio de comunicación y como trabajadores en los medios.

No sé si en el prontuario que cada uno conserva de su propia experiencia periodística, haya una cicatriz mal curada y, si le fuera posible a uno devolver el tiempo, lo devolvería exclusivamente para borrar una palabra, sobre todo si eso atentó contra alguien.

Recuerdo y o cuento porque para mí fue una lección inolvidable, la vez que llamaron al noticiario del DAS, Departamento Administrativo de Seguridad:  y salimos raudos con cámaras para ir a captar la imagen de los secuestradores. Allí los tenían con el gran letrero del DAS al fondo, cuatro hombres, y la orden fue: ; recibimos un boletín, no se podía conversar con los señores, no había otra fuente. De nuevo raudos para el noticiario a editar la nota, la nota sale, y al día siguiente llega al noticiario una mujer que quería hablar con la directora. La directora me llama: , la señora me mira y me dice, «mire señor, yo no vengo a pedir ninguna rectificación porque se que eso será inútil, lo único que quiero es que usted me oiga decir que ese hombre que usted señaló como secuestrador es el más bueno del mundo y le puedo garantizar que ese hombre nunca estuvo en eso. Sólo quiero que usted lo sepa», no dijo más, pero fue más que suficiente.

Después vino el aviso de que el DAS había procedido precipitadamente como de costumbre y ese hombre sí era el hombre más bueno del mundo. Ustedes comprenden que ese día la profesión le pesa a uno como si fuera de plomo sobre las espaldas, que uno entiende que esa precipitación no habrá nada que la pueda reparar. Porque es una profesión que tiene entre sus grandes cargas, que uno tiene que responder por cada palabra que diga y si es una imagen, peor.

Y esto se dijo en distintas formas, que fue la idea que cundió, en el año 1989, el año donde culminaban varios años de presiones y el Círculo de Periodistas de Bogotá  hizo a los periodistas una encuesta nacional. Les preguntó sobre las presiones que recibían los periodistas. Dos años antes, las respuestas habían sido que las presiones venían de los grupos económicos, especialmente los anunciadores, y esa clasificó antes como la primera presión denunciada por los periodistas. En este año 1989, dos años después, se repitió la pregunta en la encuesta nacional y la principal presión que estaban recibiendo era de los narcotraficantes.

Es el cuadro de un periodismo aterrorizado, que tenía respuestas de ese estilo... un periodista vivo... comprensibles en ese momento porque había cundido el miedo. Pero, ahora, cuando podemos analizar las cosas, rechazamos, unánimemente, dejar el tema de las presiones quieto para evitar problemas, por la conciencia que existe ahora de que esta es una profesión para tener problemas y no puede ser una profesión tranquila.

 

Las medidas de emergencia

Sucedió también en el año 88, cuando había toda esa cantidad de amenazas sobre los medios. ¿Qué resolvieron entre todos? Unirse para publicar las mismas crónicas, conjuntamente, tanto radio, prensa como televisión. Esa fue una solución que se adoptó en ese momento. Lo interesante de discutir es: ¿es decoroso para un medio entregar su trabajo para que los otros medios lo publiquen anónimamente?

Llega un momento en que no importa tanto la identidad o los intereses de un medio, si está en juego el bien común. Entonces, si es necesario en un momento, que el medio prescinda de los derechos de autor de una investigación, porque esa publicación va a beneficiar a la gente, no importa compartirla con otros. Porque los periodistas hacemos nuestro trabajo no en función del medio sino en función del público.

Hay que unirse, apelar a la solidaridad, de pronto no de un modo esquemático como se planteó en 1988 en Colombia. Hay otras experiencias en el mundo, exitosas, como la de los periodistas norteamericanos cuando en Arizona fue asesinado un periodista que estaba haciendo una investigación sobre mafias locales, y la respuesta fue un aluvión de periodistas investigativos que cayeron sobre ese estado, cada uno para investigar desde distintos puntos de vista y en distintos medios, y desenmascararon lo que estaba pasando, lo que había ocurrido en el caso del periodista asesinado.

En Colombia, desgraciadamente la solidaridad es casi inexistente. Los periodistas son asesinados y no hay seguimiento. Ese es uno de los puntos que lleva a plantear la creación de un comité, al estilo del de New York, de protección al periodista. Una organización de periodistas que vele por no olvidar ningún caso de un periodista asesinado o que haya tenido un atentado o haya sido amenazada su vida. Esos casos hay que escrutarlos al máximo, porque llevándolos a la luz pública de manera sistemática y solidaria, es como se pueden prevenir nuevas situaciones de este tipo.

Cuando fue ocupado el Palacio de Justicia en Colombia el 7 de noviembre de 1985, comenzaron unos saqueos y vandalajes en las calles de Bogotá alrededor del Palacio. La gente, viendo que todo el mundo estaba concentrado en el hecho, comenzó a asaltar almacenes, a romper vidrieras; los periodistas tomaron nota del asunto e inmediatamente preguntaron, ¿qué hacemos?. Casi al mismo tiempo llegó a los medios la llamada de la Ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, que le dijo a los directores: ésto se informa es muy probable, muy predecible que se nos forme otro 9 de abril. Y los directores de medios fueron conscientes, previeron que eso podía suceder y esa noticia no salió al aire. Entendieron que hay un derecho de la gente a saber, porque el ejercicio de ese derecho le genera bienes a la comunidad, pero que el objetivo final es el bien de la comunidad.

En años recientes la mayoría de los editores se ha mostrado dispuesta a cooperar con la policía cuando se les ha pedido abstenerse de desplegar publicidad que pueda amenazar a una o más vidas, porque nos pone frente a un problema muy crudo. Especialmente en los Estados Unidos se alega en circunstancias en que hay en peligro una o más vidas humanas  y se ha convertido en un dogma casi inapelable. En caso de secuestro por ejemplo, es como pedirle a los periódicos que demoren sus noticias, de modo que los secuestradores crean que la policía o el FBI, no tiene noticias del caso. Las autoridades piensan que si la publicidad se retrasa tendrán una oportunidad de garantizar mejor un rescate de las persona o personas secuestradas.

 

Responder por lo dicho y por lo no dicho

Tenemos que limitarnos a una norma: tienes que responder por lo que publicas o por lo que no publicas, pero las circunstancias cambian de caso a caso. Hay una vieja discusión, sobre los efectos de los mensajes de sexo o de violencia en la televisión. No puedes medir eso, o atribuirle a la televisión, por el hecho de que allí se difunden noticias de violencia, toda la difusión de la violencia, pero no hay ninguna razón científica que permita decir que la violencia es originada por esos mensajes.

Entonces trabajamos sobre una base muy inestable en la que lo único cierto es que, por tratarse de unos medios que tienen unos efectos tan claros, precisos y amplios en la opinión, no pueden ser manejados de una manera irresponsable o inconsciente. A veces tiene uno la sensación de que el periodista es como un niño al que se pone en las manos una metralleta cargada, sin que sepa cuales son las consecuencias que va a tener su funcionamiento.

Tan grave puede ser callarse como hablar de un modo irresponsable sin tener en cuenta las consecuencias. Los periódicos o las agremiaciones periodísticas deben estudiar el caso para definir unas normas generales y luego tener un cuerpo que esté estudiando los distintos casos que se ofrezcan pero no decir simplemente no vamos a dar la noticia. Una consecuencia negativa de mantener en silencio algo es el que esta gente actúe de una manera más impune.

En este momento una noticia de la que depende que en el inmediato futuro pueda haber conversaciones de paz entre la guerrilla y el gobierno, resulta que en conversaciones de paz, la prensa estorba. A los periodistas no nos gusta eso y los primeros en protestar somos nosotros. En el caso de Vietnam, con Estados Unidos, el mundo vino a saber que existían negociaciones cuando se terminaron, transcurrieron en el más absoluto secreto y Kissinger le atribuye el éxito de esas negociaciones en buena parte, a que la prensa no interfirió.

En esos casos, como en todos los casos, la prensa crea sus propias realidades. Cualquier hecho que yo cubra como periodista es un hecho cuyos datos pasaron por mi sensibilidad, por mis prejuicios, por mi formación cultural, por mis apetencias políticas, es decir, que pasa por mi yo y eso constituye una alteración de la realidad. Yo determino qué ángulo toma mi cámara, qué planos tomo, determino cómo es la edición, cuáles son los textos, qué es lo que van a decir los personajes que entrevisto porque tengo que editarlos y esa es la creación de una realidad.

 

Puede cambiar las cosas

Esa prensa que crea esa realidad, situada en un proceso de paz en donde las situaciones sociales y la situación personal de los negociadores está en un estado cercano a la crisis, la presencia de los medios puede determinar cambios repentinos. Una cosa es un negociador sentado en una mesa de trabajo conversando con el otro, razonando y exponiendo sus argumentos sin interferencia de ninguna clase y otra cosa es el mismo negociador situado ante una cámara y viendo detrás de esa cámara a millones de personas que lo están oyendo: ya no es el mismo cerebral que estaba en la mesa. Eso determina cambios, cualquier información debe estar mediatizada por la premisa de cómo hago yo para que la vida de los soldados, guerrilleros, testigos o militares sea protegida.

Ese debe ser el pensamiento, pero no lo es desgraciadamente es así. El pensamiento es: cómo obtengo mejor información que mis colegas de la competencia,  y resulta que en estos casos, como en todos los casos, lo primero es el bien de la sociedad.

Esto es lo que en la conciencia universal de los periodistas está como el tercer gran elemento distintivo de esta profesión que tiene que corresponder al poder del instrumento que utiliza. Nos pasa lo que a los profesionales de todas las cosas que comienzan a manejar máquinas de distinta naturaleza y se les olvida el poder de las máquinas. Nos acostumbramos a los medios y ni caemos en cuenta del impacto que un medio de comunicación ejerce sobre la gente, después nos rutinizamos; resulta que cada vez que nosotros utilizamos el medio de comunicación, hay un impacto del que no tenemos ni la más remota idea.

 

El lugar del periodista

De la misma manera, las autoridades tienden a pensar qué es lo que la gente debe saber y qué es lo que la gente no debe saber, es allí donde entra la tarea de la prensa como intermediadora. Pero la prensa está calificada para eso en cuanto su tarea sea de servicio a la sociedad y no de provecho para su negocio. Esa es la diferencia. Y la prensa se ha descalificado para hablar en nombre de la sociedad por su persistencia de convertir su tarea informativa en un negocio lucrativo.

En la medida en que los medios de comunicación puedan convencer a la sociedad de que lo suyo es un negocio lucrativo pero subordinado al servicio de la sociedad, irán adquiriendo no solo la autoridad sino la sabiduría, para entender qué es lo que la sociedad necesita y qué es lo que no necesita.

Eso sólo lo da la independencia por una parte y luego, esa permanente actitud de servicio a la sociedad, que es la que permite conocer qué es lo que necesita ella. A nosotros los periodistas nos preguntan con toda razón: ¿con qué autoridad pregunta en nombre de la sociedad? ¿quién lo eligió? La respuesta es difícil porque resulta que la nuestra es una representación informal de la sociedad, una representación que se ha construido a golpes de credibilidad y de servicio permanente a la sociedad. Si no es así, esa autoridad es artificial y sin sentido.

Tenemos que plantearnos el puesto del periodista en la sociedad: hasta qué punto ese puesto le está dando a él la credibilidad y la autoridad detrás de cada una de sus informaciones. Porque cuando nosotros informamos está implícito que escogimos esa información sobre otras, ¿por qué? : es pretencioso decirlo. No alcanzamos a dar toda la información posible, todos sabemos que a los Consejos de Redacción se presentan cuarenta temas y de esos finalmente en el periódico o en el noticiario salen veinte ¿por qué los otros no ? No van porque de acuerdo con el criterio del Consejo de Redacción estos si son importante para la gente y los otros no. ¿Quién les dio esa autoridad?

 

¿Y a ustedes quièn los eligió?

A los periodistas los enviste la gente como aquellos que le podemos dar certezas. ¿Y cómo se merece esa investidura, esa credibilidad? Se merece a través de actos de comunicación en los que la gente ve que puede confiar. Y puede confiar en actos que sean a la vez veraces y responsables. Falla una de esas dos cualidades y la investidura pierde piso, pierde fundamento, se derrumba, no tiene razón de ser.

Hemos visto las formas más coactivas: una manera diferente de utilizar al periodista es a través de la atracción, del deslumbramiento. La seducción como amenaza tiene formas muy plurales. Es un peligro real, todos lo hemos sentido, porque a todos encanta que lo traten como estrella, como el periodista más espléndido, que cuando llega a una rueda de prensa de inmediatamente lo distinguen.

La verdad, para un ser consciente, tiene además del compuesto de todos los ingredientes de afuera, su conciencia. Yo estoy reflejando la realidad con esos elementos de afuera, a través de mi conciencia. ¿Por qué la urgencia de ese planteamiento? Porque ese espejo con conciencia es el que va a influir en la futura historia. Uno no puede perder de vista que está influyendo en la realidad. Y uno influye en esa realidad con una finalidad, no somos simples notarios de la historia: nosotros también hacemos parte de esa historia, allí es donde está la gran diferencia de los conceptos éticos sobre la profesión.

Es una autoridad que se tiene que ir construyendo: que la gente presiente, que la gente acepta, pero sólo en aquel que ha ganado credibilidad a golpe de responsabilidad. Y sobre todo, de amor por la verdad.

En el caso en que está por medio la paz o la libertad o la vida de las personas, ese papel del periodista es un asunto que se convierte en asunto de vida o muerte. Miren este caso que a mí me resulta patético: el día que resultó liberado el secuestrado se encontró con una inmensa batería de micrófonos: ante todos esos periodistas que lo asediaban con sus preguntas esperó que se silenciara el grupo y les dijo: "Un día cuando oía radio con los guerrilleros se dio a conocer la astronómica suma que los secuestradores de la joven Sarmiento —otra secuestrada— exigían por su rescate, lo miraron y le dijeron: se fija, nosotros deberíamos subir su precio. Y comenzó una lucha para demostrarles que no tenía los recursos. Ya los tenía convencidos cuando se pusieron a oír radio y el periodista dijo: y en cuanto a la noticia sobre el acaudalado ganadero... bastó el adjetivo acaudalado, para que los secuestradores montaran en cólera, con lo que pusieron en peligro su vida y demoró un mes más mi secuestro, por el adjetivo: y no soy acaudalado".

 

Los adjetivos

Es una práctica común nuestra tendencia a exagerar todo, no nos bastan los colores de la realidad, sino que le agregamos otros colores todavía más rechinantes con el fin de que nos lean, porque no nos basta la realidad. Si se decía , no era lo mismo que si se decía . Es el peligro de los adjetivos. Y al ser liberado les dijo a los periodistas:

Algunos de esos errores cometidos se explican por la velocidad con que uno trabaja, en el momento del cierre obra atolondradamente, y resulta que en periodismo no se puede obrar atolondradamente. Decía un periodista de Estados Unidos al analizar lo que había sido el comportamiento de la prensa en la invasión de Panamá: cuando todo mundo estaba agitado, confuso, en un caos total, el único que tenía plenamente la obligación de mantener su cabeza en orden y su cerebro fresco era el periodista, porque él no tiene derecho a estar atolondrado, ni siquiera bajo el apremio de la hora del cierre, porque una palabra suya puede ser definitiva para la vida o la libertad de alguien. Esa es la responsabilidad.

 

Para saber si algo es o no información

Hay una serie de preguntas que pueden ser útiles cuando se elabora una información:

  • ¿Cuán importante es la información que estoy buscando?
  • ¿Tiene el público el derecho a saberla?
  • ¿Tiene el público la necesidad de saberla?
  • ¿ Qué nivel de protección merecen las personas envueltas en la noticia?
  • ¿ Cuánto daño pueden recibir?
  • ¿Conozco los hechos de la historia lo suficientemente bien?
  • ¿Qué puedo hacer para minimizar la invasión a la privacidad y el daño?

Alguien daba este consejo: cuando hay noticias complicadas piense en los que pueden ser afectados por esa noticia como si fueran o mis hijos o alguien cercano y cuando se tiene ese pensamiento hay un matiz que de otra manera no se le hubiera encontrado, o de delicadeza o de ternura y siempre de responsabilidad.

 

¿Y si fuera uno mismo?

Cómo me sentiría si fuera sometido al mismo escrutinio, si yo fuera el sujeto de la noticia. Siempre me acuerdo del caso de un periodista muy importante que durante mucho tiempo mantuvo el principio de que en su periódico no había por que disimular nada en casos de suicidio; esa regla la mantuvo hasta el día en que tuvo un suicidio en su familia. Cuando hubo ese suicidio en su casa andaba desesperado llamó a sus amigos a pedirles por favor que no dijera el nombre, porque sentía en carne propia lo que significaba eso.

 

El bien público

Se relaciona con el criterio del bien público, es un hermoso texto de Pulitzer que es un referente:

  • Siempre luchar por el progreso y la reforma.
  • Nunca tolerar las injusticias y la corrupción.
  • Siempre combatir a los demagogos de todos los partidos.
  • Nunca pertenecer a un partido.
  • Siempre oponerse a las clases privilegiadas.
  • Nunca ser omiso en la simpatía por lo pobres.

 

El periodismo y la paz

Existe una tendencia particular del periodismo hacia subrayar las divergencias, porque esto es fácil; la otra tarea es intelectualmente más difícil, la de encontrar las convergencias entre bandos opuestos. Por ejemplo, entre guerrilla y ejército, entre partido liberal y partido conservador, partido de gobierno y partido de oposición. Siempre hay algunos elementos comunes que a veces son mucho más importantes que los detalles que hacen la divergencia.

¿El papel de la prensa, cuál ha sido en Colombia? Acentuar las divergencias. No es notorio en ella señalar las convergencias, decir estos son los elementos, las ideas, los puntos de vista en común. Los periodistas somos profesionales de la palabra, es nuestro instrumento y, más que nadie, estamos convencidos de que la historia se hace conversando. Somos los primeros fanáticos de la conversación, porque entendemos que esa es la manera de arreglar los problemas, de manera que me parece contradictorio que uno quiera descalificar una conversación entre un obispo y un guerrillero, por las mismas razones por las cuales descalificamos a cualquiera que pretende prohibirnos, a nosotros como periodistas, que hablemos con los guerrilleros.

Otra pregunta frecuente es cómo el periodista ha podido entrevista a un delincuente si las autoridades no lo habían podido encontrar. Incluso respetables órganos de la prensa llegaron a formular esa pregunta, a todas luces absurda. Porque un periodista no encuentra al delincuente buscado, es éste el que encuentra al periodista, y el caso de las autoridades es el contrario, ellas son las que están buscando al delincuente y éste es el que se les esconde. 

La pregunta es: ¿por qué la política de paz no es precisamente la que adopte un periódico como criterio para hacer la selección de noticias?. Después vienen los otros criterios: el del tratamiento, el de la edición, el de la ubicación dentro de la emisión, es decir, si lo pongo de primero o lo dejo de último. Así, en asuntos de paz la política del periódico debiera ser clara, si es favorable a que se hagan conversaciones o no. Pero no existe esa política informativa. Lo otro es, hasta qué punto los medios influyen en que haya paz o que haya violencia. ¿En este momento, se le podría hacer a la prensa colombiana la acusación de que por su acción los colombianos somos violentos y amamos las soluciones violentas y subestimamos las soluciones políticas?

Al hablar de cuál es la influencia de los medios en asuntos como la violencia o la paz, lo único que sabemos es que hay momentos en que se llega a trivializar la violencia. La gente sometida a una ración diaria de noticias de sangre por los periódicos, por la radio y por la televisión, por la mañana, al mediodía y al anochecer, y esto durante semanas, meses y años, no es raro ni aventurado concluir que esas personas en esos momentos cuando tienen que resolver un conflicto personal, ya estén condicionadas a buscarle la solución más rápida que es la solución violenta, se han acostumbrado a ella y eso crea un ambiente.

Hay un poder de los medios que no es sólo el de vender artículos de consumo, sino poder de crear una mentalidad, de influenciar una cultura y ese poder se puede dar tanto por lo que uno dice, como por lo que uno deja de decir, porque se calla tal información, o se recorta.

La materia prima que nosotros utilizamos no es un bien particular de nadie, es un bien social. Esa clasificación de bien social se encuentra en varios documentos. Uno como periodista está manejando la historia que todos hacemos. La información está en función de la sociedad, no es un producto comercial. Eventualmente, la propiedad de los medios es una propiedad particular, pero son medios que están manejando un material que no les pertenece, que es pertenencia de toda la comunidad.

Siempre que se inaugura un medio de comunicación, —como si eso perteneciera al formulismo irreversible de las inauguraciones—, publica la frase de . ¿Qué es lo que quiere la comunidad del periodista, cuál es el papel que le asigna la sociedad?

La mejor fuente para esa respuesta es la misma Constitución de Colombia. ¿Por qué la Constitución sólo se refiere a una profesión, la del periodista y no menciona ninguna otra profesión, para decirle al periodista que tiene una responsabilidad social?

Porque ese oficio es vital para la sociedad. Y luego, en la misma Constitución otros artículos están dedicados a describir ese estatus, hasta cierto punto privilegiado del periodista, por el cual le protege su fuente, le protege su secreto profesional, le protege el acceso a la información, lo va rodeando de ciertas garantías, no parar él, sino precisamente por su responsabilidad social.

 

El periodista es responsable

Los criterios periodísticos no están descritos en un manual donde se diga ésto es lo primero y ésto es lo segundo, sino que tienen un gran componente de subjetividad y ésta, tiene que ser gobernada: si lo miramos desde el punto de vista ético, por un sentido de responsabilidad tengo que preguntarme: ¿cuál es la respuesta que le estoy dando con mi información a esta realidad que acabo de ver y a las necesidades de aquellos a quienes estoy informando? Es el punto de la responsabilidad.

Responsable es una persona que tiene una respuesta ante sí, ante los demás. Uno llega a una entidad y pregunta: ¿quién es el responsable aquí? quién puede responder con autoridad. En mi tierra se decía que uno tenía edad de ser responsable cuando ya podía responder por sí mismo. En el caso del periodista, es responsable y tiene conciencia del poder del medio que maneja.

Uno no cree que tenga que responder por cada palabra, pero es lo cierto. Es tal el poder, que una sola palabra dicha por uno puede marcar una vida, puede ser la diferencia entre la libertad y el secuestro. Es una conciencia casi universal en el periodismo: que hay que responder por cada palabra, por los silencios y especialmente por los efectos.

Debo responder por un derecho que se deposita en mis manos, que es el derecho de la gente de estar informados, porque yo se que ese derecho lo tiene que alegar la gente, porque es el punto de partida de su participación en la sociedad.

Una gente que no sabe lo que está pasando, no puede participar, está como ausente o es un peso muerto en la sociedad; por el contrario, la gente bien informada hace una sociedad viva, democrática, con participación de todos, en donde la corrupción se hace tremendamente difícil. Esta corrupción es, precisamente, el resultado de la no participación de la gente, de la participación de unos pocos que aprovechan los bienes de todos para su propio provecho, porque saben que los demás no reaccionamos, que los cubre un manto de impunidad.

Mi acción de informar está directamente relacionada con la capacidad de participación de la sociedad. Una sociedad participante en todo, tiene una buena prensa; una pasiva, a la que nada le importa, que deja pasar todo, es una sociedad que tiene una mala prensa, donde no hay periodistas responsables, porque mi responsabilidad es hacer real el derecho a estar informado. La única justificación a la confianza que la gente tiene en el periodista en quien cree, es que ese periodista conoce la comunidad, conoce sus intereses, ha seguido paso a paso todos sus procesos.

 

Puedo seleccionar por los otros

¿El conocimiento de mi audiencia, me califica a mí para exhibir esa autoridad? Porque la verdad es que sólo tendrá esa autoridad el día en que pueda decir: puedo seleccionar la información que le interesa a mi comunidad. Terriblemente arrogante decirlo, pero implícitamente lo estamos diciendo cada vez que seleccionamos la información de nuestros medios. Esa es una autoridad que se va adquiriendo poco a poco, a medida que el periodista se va consagrando con actos de fidelidad y de conocimiento a la comunidad. Y esos actos son actos de servicio a la comunidad hasta el punto de que llega un momento en que la máxima credibilidad del periodista coincide con la máxima conciencia de la comunidad, del periodista que no está buscando ni su interés ni el de su medio ni el del gobierno, sino la máxima prioridad suya, la de la comunidad.

Hay periodistas a quienes les creen y otros a quienes no les creen, y otros que ni fu ni fa. Aquél a quien le creen es alguien que ha sido elegido en un plebiscito implícito y silencioso, que resulta de que todas las veces en que el público se encuentra con ese señor en la radio, en la televisión, en las columnas de un periódico, dice: . Yo creo que no hay homenaje más grande y conmovedor para un periodista que la gente le diga . Eso vale mucho más que cualquier premio de periodismo, que cualquier pensión o sueldo grande, porque es la consagración del oficio. Es la elección del público respaldada por la autoridad concedida por la gente que está recibiendo la información, porque les da elementos para participar, para ejercer fiscalización, para analizar lo que pasa, para sentirse viva y activa dentro de la historia. Y esa autoridad la merece el periodista a golpes de responsabilidad.

La pregunta siempre es a quién servimos. Servir a la sociedad está en 23 Códigos de Ética del Periodista. A veces los gobiernos miran a los periodistas buscando su apoyo y les ofrecen la tentación del poder, en esos casos hay que responder al interés social y evitar caer en la tentación.

No hay que olvidar que la democracia se hace con palabras y si le falta la palabra libre cae. En este sentido el periodismo es el ágora, el lugar donde está la palabra del pueblo. El uso de la palabra en el periodismo debe obedecer a su naturaleza: ser eficaz y establecer un puente entre los hechos y la sociedad. En la comunicación la palabra tiene poder y hay que ponerla al servicio del bien común. Cuando el periodista se enfrenta a situaciones difíciles y debe tomar una decisión, siempre debe preferir el bien común, que es sinónimo de altura profesional. Tener esto presente equivaldría a decir que el periodista es un profesional de lo cotidiano.

Con todo lo dicho, nos hemos acercado a un perfil ético del periodista y a los principios básicos de la profesión. Queda claro que dependen del periodista la verdad, la responsabilidad, el enfoque hacia el bien común. No depende totalmente de él la independencia.

Para cumplir, para responder a este perfil, el periodista deberá vencer los obstáculos: el desarrollo de la propia personalidad, las tentaciones como el dinero, la comodidad y la fama. Trabajar cada día para mantener la lealtad a la verdad, dicha con responsabilidad y tomando en cuenta el bien común.

Los códigos de ética de Liberia y de Israel, dicen: . Para ellos ese es el test definitivo para saber si el periodista tiene una alta calidad periodística. No dicen si es un buen redactor, o un buen investigador. La buena redacción, la buena investigación, la buena edición están subordinadas al que estén al servicio del bien común.

Si algún día se llegara a establecer un organismo de evolución de la calidad periodística, ese organismo tendría que apelar a este criterio: calidad periodística por su servicio al bien común.

Esto es un periodista

Hemos descrito a un periodista, como un profesional de la verdad, independiente, responsable de cada una de sus palabras y servidor del bien común. Esas son las cuatro características que encuentro después de examinar los códigos de ética periodística del mundo, de modo que tengo la convicción de que ese es un perfil universal del periodista. Así como universalmente la palabra médico se asocia con la salud, o así como la palabra juez se asocia con la justicia, o la palabra maestro se asocia con la enseñanza, la palabra periodista se asocia con la verdad. Así ha sido y será siempre. A pesar de que haya médicos que dejen morir a sus pacientes por falta de dinero, a los que no les importa el hombre sino el dinero cuando hacen la consulta, siempre el concepto médico estará asociada con salud. Y todos los abogados tramposos que hay, no han podido quitarle la idea de justicia. Ni los maestros ignorantes no han podido divorciar maestro de enseñanza. Lo mismo sucede con todos los periodistas mentirosos y tramposos, o los jefes de redacción sin ninguna lucidez, ni los directores vendidos han logrado romper la asociación indisoluble entre periodista y verdad. Existe en la conciencia universal, que está en la conciencia de todos los periodistas del mundo. Son realidades que no podemos cambiar, pertenecen a ese género, como dos más dos son cuatro. Nosotros en los momentos más lúcidos de la profesión lo vemos así. Cuando lo vemos en el pasado, en esos periodistas a quienes admiramos, a esos que pertenecen a la historia personal nuestra, a nuestro imaginario. Ese es el periodista ético que encontramos.

La ética no se adquiere de la noche a la mañana, es un proceso que coincide con el desarrollo del individuo. Les queda pues, la batalla entre la realidad y la utopía.

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