Relatoría del taller Fotoperiodismo: edición y gestión de proyectos en la ‘nueva normalidad’, con Dani Yako
9 de Enero de 2021

Relatoría del taller Fotoperiodismo: edición y gestión de proyectos en la ‘nueva normalidad’, con Dani Yako

La actividad, realizada durante el Festival Gabo Nº8, reunió de manera virtual a 20 fotoperiodistas de nueve países del 7 al 9 de diciembre de 2020.
César López Linares

Con la irrupción de las nuevas tecnologías, y más recientemente con el impacto de la pandemia por COVID-19 en la industria de los medios, la fotografía periodística enfrenta cambios y desafíos, tanto en las formas de producción como  en el modo en el que se gestionan proyectos.

Durante el taller de tres sesiones “Fotoperiodismo: edición y gestión de proyectos en la ‘nueva normalidad’”, el fotógrafo y editor agentino Dani Yako ofreció su visión sobre el panorama que vive el fotoperiodismo hoy en día y dio consejos sobre cómo las actuales y futuras generaciones de periodistas gráficos pueden mantener a la fotografía en el lugar importante en el que se ha ubicado durante años.

El taller sirvió como espacio de reflexión sobre la conceptualización de proyectos de largo aliento, la edición de la narrativa fotográfica y la búsqueda de plataformas para su circulación, en el entendido que producir historias de calidad es difícil pero no imposible, en un mundo hostil donde todos intentan hablar con imágenes. 

Desde su estudio en Buenos Aires, donde durante todo el confinamiento por el coronavirus se la ha pasado leyendo, escuchando música y revelando fotografías con los métodos de antaño, Yako dio retroalimentación a los trabajos de los fotógrafos participantes del taller, contó experiencias que vivió como editor jefe de fotografía en grandes medios de Argentina y reflexionó sobre el proceso de creación de proyectos de fotografía documental de largo aliento.

El fotoperiodismo como experiencia autodidacta

Yako dijo que tras los estragos de la pandemia por COVID-19 en la industria de los medios, la fotografía periodística enfrenta el reto del trabajo a distancia, algo que es más complicado de realizar para el fotoperiodismo que para el periodismo escrito. 

Sin embargo, resaltó que el aprendizaje de un fotoperiodista es en muchas ocasiones de tipo autodidacta, por lo que el confinamiento puede ser oportunidad para expandir la adquisición de habilidades y conocimientos por uno mismo.

“Yo soy autodidacta, nunca estudié fotografía, no he hecho un solo curso de fotografía en mi vida”, dijo. “Todo lo que aprendí de la fotografía fue mirando libros, el laboratorio lo aprendí estudiando lo que decía Kodak de cómo había que revelar, leyendo las recomendaciones de la gente que a mí me gustaba”.

El fotógrafo compartió que su formación universitaria se desarrolló en el área de arquitectura porque en aquella época -los años 70- no existía en Argentina la fotografía como carrera universitaria. Tomó de la arquitectura los conocimientos referentes a lo artístico y lo visual y los aplicó en la práctica en la captura de imágenes.

Las primeras experiencias de Dani Yako como fotógrafo fueron desde años antes, en su adolescencia, cuando a los 12 años se afilió a las juventudes comunistas, grupo con cuya ideología no se identificaba del todo, pero por venir de una familia totalmente comunista, no tuvo otra opción. 

Como parte de este grupo, comenzó a tomar fotos para la publicación oficial de la organización, según relató.

“Mi militancia era muy mala, sin convencimiento y me fueron degradando año tras año hasta que vieron que hacía buenas fotos y me dijeron que hiciera fotos para la revista oficial de la Juventud Comunista. Ahí comencé a hacer fotos periodísticas”, contó.

Pese a nunca haber estudiado formalmente fotografía, Yako reconoció que tuvo maestros que lo ayudaron a desarrollar sus habilidades, como Jorge Aguirre, pionero del fotoperiodismo en Argentina, a quien considera como su padrino en el oficio del periodismo gráfico.

“Fue la persona que me guió un poco en esto de aprender el oficio de reportero. Usaba (una cámara) Leica. Yo no tenía dinero para una Leica, así que usaba una Nikon”.

Yako complementó su formación en los diversos talleres a los que acudió con expertos fotógrafos de grandes agencias internacionales como Magnum. El contacto directo con estas figuras y las anécdotas que le compartieron fueron los elementos que más le ayudaron en su aprendizaje.

“Yo creo que en esto de la fotografía se puede aprender mirando, escuchando experiencias. No sé si tengo un manual sobre la teoría de lo que es la fotografía, de la estética fotográfica. No tengo teorías sobre eso, pero sí creo en la transmisión de conocimientos y experiencias”, dijo.

De los años dorados del papel al mundo digital

La fotografía tuvo un enorme crecimiento durante el siglo XX gracias a los medios gráficos, consideró Dani Yako. No solo por los diarios y las revistas que a lo largo de los años fueron ampliando y mejorando el uso de imágenes, sino también por el uso que la publicidad dio a la fotografía.

Tras vivir siete años en el exilio en Madrid, a su regreso a su tierra natal Yako se incorporó como editor a la Agencia Diarios y Noticias (DyN). En ese momento, la fotografía jugó un papel fundamental en la documentación de la lucha contra la dictadura militar en Argentina.

“DyN fue el lugar más maravilloso para mí”, contó. “El equipo era realmente de dos fotógrafos que estaban muy comprometidos en una militancia contra la dictadura. Ahí se generaban muchas de las fotos icónicas de la lucha contra la dictadura y la verdad que teníamos una libertad impensada. Fue una libertad que no esperábamos pero que tuvo que ver con el éxito de la fotografía. La libertad nos dio eso, que todos los medios publicaran nuestras fotos”.

En sus años como editor, Yako fue descubridor de grandes fotógrafos documentalistas de Argentina, como Gabriel Díaz, Fernando Gutiérrez y Adriana Lestido. A esta última la invitó a incorporarse a su equipo tras ver su icónica foto Madre e Hija de Plaza de Mayo, la cual se convirtió en un emblema de la resistencia contra la dictadura en Argentina.

Esos años dorados de la fotografía en medios gráficos se fueron desvaneciendo hasta que a finales de siglo, ya como editor del diario Clarín, Yako vivió la transición de la fotografía periodística análoga a la digital. Durante sus primeros años en el medio, al que ingresó en 1996, la película convivía con las primeras herramientas digitales.

“El papel era un gran consumidor de fotografías propias. El papel necesitaba ser abastecido constantemente, había un nivel de cobertura diaria de cientos de notas”, contó. “El mundo digital fue cambiando ese paradigma y de hecho el departamento fotográfico que hace menos de 20 años tenía más de 100 personas hoy tiene 20. Son 20 personas para abastecer el diario de papel y a internet”.

Yako destacó que ese es el panorama al que se enfrentan los fotoperiodistas hoy en día, en un mundo donde la fotografía sigue teniendo un lugar importante en los medios, pero cada vez se requieren menos fotógrafos.

“Todo este avance de la fotografía en el mundo creo que nos ha llevado a un retroceso muy importante en lo profesional. Hay cada vez más fotos pero a nosotros como trabajadores de la fotografía nos necesitan menos”, dijo.

Según Yako, algo similar ocurre con los editores de fotografía: el internet no requiere su trabajo, porque a diferencia de los medios impresos, en los que un editor selecciona las mejores imágenes para ser publicadas, los medios digitales pueden alojar múltiples fotografías y el proceso de selección es menos especializado.

No obstante, Yako fue claro al decir que su relación con la fotografía sigue siendo de forma física y cree firmemente que el mejor formato para mostrar imágenes es el libro. Compartió que sus fotos físicas representan de hecho una fuente de ingresos para él y aseguró que hay un pequeño mercado para la fotografía analógica que los fotógrafos podrían aprovechar.

“No sé si soy el mejor impresor de mis fotos, pero me da la sensación de que son mías”, dijo.

Yako planteó a los asistentes la pregunta de cómo los fotógrafos como colectivo pueden seguir produciendo cosas interesantes, en un contexto incierto para el fotoperiodismo.

“Este es un medio de comunicación que ha crecido, tiene un lenguaje propio, que está quizá un poco distorsionado pero que de alguna forma tiene un futuro”, dijo. “Hay un futuro para la fotografía y para los fotógrafos. No sé si para todos, ni cuánto, pero creo que el que tenga las mejores herramientas para sobrevivir en este mundo y seguir adelante, va a haber un lugar para él”.

La Trilogía de la Argentina Desolada

Al hablar de formas de producir proyectos fotográficos de largo aliento, Dani Yako compartió su experiencia de trabajar en la serie que lo ha llevado a ser reconocido internacionalmente: La Trilogía de la Argentina Desolada, que consiste en tres trabajos de fotografía documental en los que aborda la crisis laboral, la marginación y la pobreza en su país desde los años 90.

Yako contó que cada uno de los tres proyectos le tomó 10 años. El más reciente, Exclusión, lo concluyó en agosto de 2020 y espera que, al igual que los dos anteriores, sea publicado en un libro. 

Gestionar un proyecto como el suyo, a lo largo de casi 30 años, no es algo que esté al alcance de cualquier fotoperiodista, reconoció Yako. Los factores del tiempo y el financiamiento son verdaderos retos a la hora de emprender trabajos de largo aliento. 

Yako explicó que pudo financiar su trilogía con algunas becas y apoyos, pero sobre todo con medios propios, principalmente con su trabajo como editor en Clarín.

“Muchos de los proyectos que yo he hecho no han sido para ganar dinero”, dijo. “Son proyectos que requieren una cantidad de tiempo y una cantidad de paciencia que quizá el mundo de hoy no está dispuesto a otorgarnos”.

Extinción, la primera parte de la serie, fue publicada en 2001. En ella, Yako abordó la crisis de empleo en Argentina en los años 90, a través de imágenes en blanco y negro de la vida de los trabajadores de las minas de carbón de la localidad de Río Turbio, al sur de del país.

En la segunda serie, El Silencio, el fotógrafo retrató el caso de un barrio del mismo nombre en Buenos Aires en el que los habitantes sobreviven de lo que obtienen en un basurero cercano. De este trabajo, Yako recordó la forma particular en la que se involucró con sus sujetos. Para él, estar inmerso en un mundo en el que era ajeno. Lo más importante era ganarse la confianza de la gente.

“En El Silencio podía estar dos o tres días sin tomar una sola foto, tomando mate, observando, sin levantar la cámara”, contó. “Ese método requiere trabajo, requiere dinero. Hay que estar ahí sin producir y en un momento decir ‘aquí puedo levantar la cámara’. Creo que hice un trabajo bastante respetuoso de la gente. La gente confió en mí”.

Un dilema que enfrentó fue cuando sintió que su trabajo fotográfico no iba a ser suficiente para dejarle algo a esa comunidad. Quiso ir más allá y ayudar a los habitantes de El Silencio, por lo que gestionó con autoridades para que financiaran 10 proyectos de negocios de fábricas de ladrillos, pero no funcionó por conflictos internos en la comunidad. 

Yako dijo que aunque su intento altruista fracasó, su trabajo como fotógrafo logró que la gente de ese barrio mejorara un poco su calidad de vida. Tras la cobertura mediática que tuvo su proyecto, las autoridades voltearon a ver al barrio y los apoyaron con la construcción de servicios y mejores casas.

En su proyecto más reciente, Exclusión, Yako tuvo una aproximación diferente a sus sujetos. El trabajo retrata a las personas en situación de calle, excluidas del sistema, en Buenos Aires y tiene como particularidad que no muestra ningún rostro.

Este trabajo lo dejó con la pregunta de si realmente los fotógrafos tienen derecho a fotografiar a la gente.

“Tengo la conciencia de que utilizamos a la gente. Puede ser que por una causa buena, pero siempre estamos utilizando al otro para expresarnos. Y no sé si siempre es con respeto”, dijo. “No sé si tenemos derecho, pero es mejor que la fotografía periodística y la fotografía documental existan”.

Yako contó que para Exclusión, usó como única herramienta la pequeña cámara que carga a todos lados. Por tanto, no requirió de mayor financiamiento.

“Este tercer proyecto está hecho con nada, con esta camarita, una Contax T3 que llevo siempre conmigo, un rollo de película y se hace en los lugares a los que yo accedo caminando. No voy a ningún lugar; simplemente es lo que me voy encontrando y hay un mundo ahí”.

La fotografía latinoamericana

En el tercer y último día del taller, Yako dedicó más de dos horas para que otros participantes compartieran con el grupo sus trabajos fotográficos y abrió la plataforma a los comentarios. El ponente también dio su propia retroalimentación a los autores.

Varios de los proyectos compartidos estaban relacionados con la pandemia por COVID-19, con enfoques que iban desde el confinamiento hasta distintas expresiones de la crisis sanitaria. También hubo trabajos sobre los conflictos añejos de América Latina: la vida dentro de prisiones, desapariciones forzadas, crisis migratoria y represión en protestas sociales, entre otras.

Yako invitó a los participantes a preguntarse quiénes eran sus fotógrafos preferidos en la región y dejó en el aire la pregunta de si existe realmente una fotografía latinoamericana.

“Creo que deberíamos trabajar mucho sobre la comunidad de fotógrafos latinoamericanos, que está siempre muy dispersa y que no conocemos los trabajos que están haciendo en los países vecinos”, dijo. “Conocemos poco lo que hacen los buenos fotógrafos -que los hay muchos- en Latinoamérica”.

Como agradecimiento y para cerrar el taller, Yako compartió con cada uno de los participantes la edición digital de su libro El Silencio y se mostró abierto a seguir conociendo los futuros trabajos de los fotógrafos presentes.

Sobre Dani Yako

El fotógrafo y editor agentino Dani Yako es ganador del Premio Konex 2012. Cursó estudios de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. En 1975 comenzó como reportero en el diario La Calle. En 1976, tras ser secuestrado por el ejército, se exilió en Madrid en donde, hasta 1983, trabajó en los más prestigiosos medios europeos y americanos. 

Con el retorno de la democracia volvió a la Argentina y se incorporó a la recién creada agencia DyN, espacio fundamental de la fotografía documental de los 80. Allí se desempeñó como editor jefe. En esa calidad, fue el responsable de la formación de muchos de los mejores fotógrafos jóvenes del país. Sus trabajos fueron publicados en revistas de Alemania y Brasil, así también como en las agencias Reuters y France Presse, entre otros. 

En 1996 pasó a trabajar como editor en el diario Clarín hasta 2019. Publicó los libros Extinción, últimas imágenes del trabajo en la Argentina (2001); Presagio (2007); 1983, imágenes del regreso (2008); y El Silencio (2016).

Sobre el taller Fotoperiodismo: edición y gestión de proyectos en la ‘nueva normalidad’

Esta actividad se realizó en el marco del Festival Gabo 2020, el cual es posible gracias a la alianza de la Fundación Gabo con los grupos SURA y Bancolombia, con sus filiales en América Latina, y a la alianza de la Fundación Gabo con la Alcaldía de Medellín.

Se realizó de manera virtual el lunes 7, martes 8 y miércoles 9 de diciembre de 2020, con la participación de 20 periodistas de 9 países.

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