Óscar Martínez: “Salvo fenómenos puntuales, la cobertura de migración centroamericana está abandonada”
4 de Noviembre de 2020

Óscar Martínez: “Salvo fenómenos puntuales, la cobertura de migración centroamericana está abandonada”

El reportero impartió junto a la periodista colombiana Ginna Morelo un taller sobre desplazamiento forzoso en Centroamérica. Lamenta que los medios se han centrado en cuestiones coyunturales pero que existen preguntas básicas para las que nadie tiene respuesta.
Óscar Martínez, periodista de El Faro. Foto: Archivo Fundación Gabo.
Alberto Pradilla

La entrevista con Óscar Martínez (San Salvador, 1983) se convierte en una lista de tareas inacabadas. Primero como reportero de El Faro y luego como responsables de investigaciones especiales del medio digital salvadoreño, lleva más de una década cubriendo migración y desplazamiento forzado en Centroamérica. Más que mirar atrás sobre lo que ya se he hecho, el reportero profundiza en lo que nos queda por hacer, que es muchísimo. “Llegamos tarde” es una frase recurrente antes de enumerar una larga lista de interrogantes pendientes sobre rutas, actores, gobiernos. La migración, el desplazamiento forzoso, es una cobertura en movimiento. No solo porque sus protagonistas están en tránsito, sino porque las condiciones que los empujan al éxodo y las que se encuentran durante la ruta también cambian. 

En opinión de Martínez, la mirada de los medios se centró demasiado en los eventos coyunturales como las caravanas o las ocurrencias del presidente estadounidense, Donald Trump, mientras lo fundamental de la historia quedaba abandonado. “La migración esencial en México es el acto de moverse de forma clandestina en una carrera de obstáculos, muchos de ellos mortales”, recuerda. Un proceso que, a pesar de ganar visibilidad en eventos como la crisis de los menores no acompañados en 2014, sigue siendo mayoritariamente un camino entre las sombras. 

El éxodo centroamericano no nació con las caravanas, aunque las imágenes de familias exhaustas con la bolsa a la espalda volviesen a recordar al mundo que de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua la gente lleva huyendo desde hace décadas. Martínez, sin embargo, es crítico sobre cómo se ha narrado esta huida colectiva. “Cada desplazamiento tuvo unos motivos concretos. Y creo que nunca se contó del todo bien”, considera. 

En opinión de Martínez, queda mucha tarea pendiente. Y lanza el guante, por si alguno quiere recogerlo. “No creo que se haya cubierto bien el tema de cómo pelear un caso de asilo para un centroamericano. El tema del desfase de las normas internacionales. ¿Cómo un abogado surfea entre las normas para lograr que a un salvadoreño al que le persigue la MS-13 le den asilo? No he leído esa crónica. Estoy convencido de que hay muchísimos de lo que no hemos hablado. ¿Cómo se adaptan las comunidades a las que obligan a quedarse en el sur de México? Contar la vida de alguien cuya primera preocupación era que no le matasen, pero que ahora se enfrenta de nuevo a la vida. Eso no se ha contado”, asegura.

"Llegamos tarde a un fenómeno que debíamos estar entendiendo ya” 

La cobertura del desplazamiento, según Martínez, se centró más en sucesos extraordinarios que en la cotidianeidad. Y eso lleva irremediablemente a que los reporteros no alcancemos los fenómenos sino hasta que estos nos explotan en la cara. “Las caravanas pusieron de nuevo sobre la mesa las palabras asilo, refugio, desplazamiento forzado. Ya había ocurrido antes, con la crisis de 2014 de los supuestos niños no acompañados, que era esencialmente una crisis de desplazamiento forzado y reunificación familiar”, explica. Todo ello, mediatizado por los exabruptos de Donald Trump. 

“Creo que, aunque tenga focos de atención, seguimos llegando tarde. ¿Quién sabe cuál es el mapa del crimen organizado en México para los migrantes? ¿Cuánto cobra el cartel de Sinaloa por dejarte pasar? ¿Quién es el coyote y para quién trabaja el que domina Río Bravo en Nuevo Laredo? ¿Quién está perpetrando los secuestros? ¿Cuáles son los nuevos mecanismos que aplica el Cartel Jalisco Nueva Generación? A los grandes temas llegamos siempre tarde”, reflexiona Martínez. “Si bien hay grandes focos, que creo que no hay que dejar de cubrir, parece que si algo es muy evidente ya no es importante. Esa retórica no la compro. SI algo es evidente puede ser porque es importante, como Trump o las caravanas. Ahora hay otras cosas que no se están cubriendo para nada sobre el terreno”, afirma. Nuevamente, deja un recado: “nos costó tres años hacer un mapa de los grupos criminales en México”. Por si alguien quiere actualizar la idea. 

Uno de los trabajos en los que Martínez participó fue el especial 'De migrantes a refugiados', publicado por El Faro y Univision en 2017. Este tránsito, de marchar buscando una mejora a económica a escapar para que no te maten, sigue marcando la cobertura y cómo los reporteros nos acercamos a nuestro trabajo. “En la cobertura de migración el viaje era una parte fundamental. Aquí (en el caso de los refugiados), la mayor parte de fuentes que encontramos era gente que estaban en el lugar en el que pretendían instalarse. Y aquí aparecen otros temas. Una vez que la muerte no es preocupación de todas las noches empiezan los problemas de la vida: de qué trabajo, la escuela de mi hija, cómo adopto el acento mexicano, en qué lugar vivir”, dice. 

Permanecer es una de las recomendaciones fundamentales del reportero salvadoreño. “Permite una selección natural. En los albergues pedíamos permiso para presentarnos colectivamente. Y hacer un proceso inverso, esperar a la gente que quería hablar para evitar ser invasivo”, afirma. Otra recomendación: entender el contexto del que las personas huyen. Si puedes dar una conversación sobre pandillas, sobre gobiernos centroamericanos, sobre el contexto que rodea a la persona que escapa, es que “puedes otorgarle a alguien una conversación inteligente sobre el lugar del que viene”. “Eso no es invasivo”, explica.

El detalle y la dedicación por la profundidad de las historias y su contexto es, a juicio de Martínez, la antítesis de rutinas con la que a veces se afrontan estas coberturas. “Es imposible hacerlo como algunos corresponsables extranjeros, que llegan a los países para hacer una o dos entrevistas con los guiones super preparados. Uno solo puede tener conversaciones inteligentes si tiene algún tipo de conocimiento que le permita tener dudas pertinentes y no dudas 'marcianas'. El conocimiento son horas ganadas en horas de lectura, de computadora, de llamadas telefónicas, de entrevistas. Son la llave para hacer un trabajo decente”, argumenta.

En el taller compartido junto a la reportera Ginna Morelo, Martínez recordó que una mala praxis “puede joder la vida a alguien”. Y reitera esta idea. “Abundan las experiencias de gente que llegan a la zona poniendo en riesgo a la fuente, y empresas que han mandado a sus periodistas poniendo en riesgo a los periodistas y a la fuente”. 

Otra cuestión práctica: el lenguaje. Por ejemplo, en tiempos de Enrique Peña Nieto como presidente de México se hablaba del Plan Frontera Sur como un “plan humanitario”. Según su retórica, “lo que hacían era evitar que los centroamericanos subieran al tren para que no se mutilasen”. Ahora, con Andrés Manuel López Obrador al frente del gobierno mexicano y tras un acuerdo con Estados Unidos para frenar el flujo que llega del sur, los detenidos son “rescatados” y las deportaciones, “retornos voluntarios”. “El lenguaje es trascendente: media vez no asumamos ningún lenguaje oficial”, dice Martínez. Esto aplica para la forma de comunicar que tienen los estados, pero también pera el estilo de las organizaciones internacionales. “Hay organizaciones internacionales con los mejores deseos y hay estados como el mexicano que lo que quieren es usar las palabras para construir eufemismos. En ambos casos debemos preguntarnos si queremos usar sus palabras o no”, considera. Por eso, lanza la advertencia de vacunarse contra cualquier lenguaje oficial, “venga de una organización, un gobierno o la iglesia”. 

La pandemia de covid-19 vino a cambiar las reglas del juego, tanto de la migración como de los reporteros que la cubren. Sin embargo, Martínez observa las mismas carencias que se han mantenido durante los últimos años al abordarse el desplazamiento forzado centroamericano. “Actualmente, en el acontecer general de la migración centroamericana, la cobertura está abandonada. No hablo de los fenómenos puntuales ni los destellos políticos, sino que, en general, la cobertura está abandonada”, lamenta. 

Aun reconociendo que la pandemia redujo los flujos, estos siguen existiendo. Si no es en un lugar, será en otro. Si no van en tren, encontraremos a los centroamericanos por la sierra oaxaqueña. Y las preguntas se mantienen. “No sé cómo estará la frontera, si el triunfo y consolidación de un cartel en Juárez abrió puertas en lugares como Puerto Palomas. No sé que ocurre en esta medianía de Río Bravo al que tan pocas veces vamos, como es Piedras Negras. No sé si Tijuana, y lugares como Nido del Águila, siguen siendo opciones de cruce, o si Mexicali o Tecate son las opciones de los que tienen mucho dinero. 

“La migración esencial en México es el acto de moverse de forma clandestina en una carrera de obstáculos, muchos de ellos mortales: carteles, el estado que te persigue, una pandilla que te quiere matar”, explica Martínez. 

Para terminar, una nueva lista de tareas pendientes: “No tenemos sobre la mesa todos los actores. No tenemos las rutas, el mapa, los actores. No sabemos exactamente quién, por dónde, el papel de grupos concretos”, insiste. Y como la migración es un fenómeno que cambia con el contexto, lo reporteado hace unos años no sirve para explicar la actualidad. “Creo que en gran medida hay que empezar en muchos rubros desde cero. El fenómeno ha desarrollado patrones, pero nosotros llegamos tarde”, explica. 

Una advertencia para terminar: si alguien pensaba que el coronavirus iba a frenar el éxodo hacia Estados Unidos, está equivocado. Aunque la pandemia frenó el tránsito en algún momento, este va reactivarse. “No veo la razón por la que no vaya a haber incremento. La violencia esta relacionada con la precariedad económica. Los países van a salir en crisis, hay un alto nivel de desprotección de los estados, la falta de empleo y señales de represión y autoritarismo en países como Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua”, explica. En El Faro, el medio en el que trabaja Martínez, saben bien sobre presiones gubernamentales. Las amenazas lanzadas por el presidente Nayib Bukele generaron la respuesta de cientos de periodistas de diversas partes del mundo, que a través de la Fundación Gabo suscribieron una carta abierta a Edison Lanza, relator especial para la Libertad de Expresión, a quien instaron a intervenir para poner fin al hostigamiento. 

Las condiciones están dadas para que los centroamericanos sigan huyendo. Nada puede hacernos pensar lo contrario. Y, en opinión de Martínez, los reporteros deberíamos estar ya comprendiendo el fenómeno para ser capaces de explicar lo que se viene: “México se va a volver a llenar de migrantes. Nos toca llegar tarde a entender un terreno que podríamos estar entendiendo ya”. 

Sobre el taller virtual ‘Refugiados y migrantes: ¿cómo cubrir el caso centroamericano?’

Fue organizado por la Fundación Gabo y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para 12 periodistas de América Latina y se impartió virtualmente entre el 5 y el 16 de octubre. El taller estuvo dirigido por la periodista colombiana Ginna Morelo y el periodista salvadoreño Óscar Martínez.

 

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