El que ha leído periódicos mal hechos toda su vida está condenado
28 de Abril de 2017

El que ha leído periódicos mal hechos toda su vida está condenado

Miguel Ángel Bastenier

El que ha leído periódicos mal hechos toda su vida está condenado, como Sísifo, a repetir profesionalmente lo que ha visto: hacer malos periódicos. Cuando digo que los ingleses (y los anglosajones, en general,) 'no saben hacer mal los periódicos' quiero decir que desde que el mundo es mundo y la Revolución Industrial su profeta, los hijos de la Pérfida (pero sabia) Albión han leído periódicos técnicamente bien hechos y carecen por ello, como sí nos ocurre a nosotros los latinos, de los conocimientos necesarios para hacerlo mal.

Así se ha ido formando una especie de cuasi biología periodística británica que es la antítesis de lo que hoy ocurre en América Latina. El 'chip colonial', ese virus dejado por los españoles de engolamiento, verbosidad, pompa, administrativismo que era el lenguaje oficial en Las Indias, vive aún entre nosotros y se propaga a la velocidad de la enseñanza escolar deficiente, de la carencia de libros en el hogar, y de la corbata de la auto-importancia que, como dice María Teresa Ronderos, se pone el periodista latinoamericano para sentarse a llenar de ruedas de prensa su periódico.

Pero si es verdad que los latinos hasta no hace mucho teníamos todo en contra para hacer buenos periódicos, porque desconocíamos de una manera cotidiana y natural su existencia, Internet puede cambiarlo todo. Hace unos años en un diario venezolano en el que estuve varias semanas recuerdo que en un momento de una cierta desesperación al comprobar que no estaba del todo claro para alguno de mis interlocutores qué era eso del presente de indicativo, pedí a los jóvenes redactores que hicieran el ejercicio de leer en internet otra prensa, europea o norteamericana. Y una niña que había escuchado en silencio mis palabras, días más tarde en otra reunión de trabajo, me dijo que había seguido mi consejo y expresándose con enorme clase, seriedad y propósito, casi más hablando con ella misma que conmigo, dijo solo estas palabras: "Es otra cosa; es otra cosa".

Esa 'otra cosa' es no hacer prólogos a la información; desechar cuando no se sabe cómo manejarlo el llamado 'lead retardado' y volver al sólido sujeto-verbo-predicado; no confundir interpretación (por qué pasan las cosas que pasan) con opinión (lo que me gusta o no que pase); soltar lastre a medida que la información avanza ( no repetir cada vez el nombre completo de cada cosa, sino aludir simplemente de la manera más sintética a quien o que corresponda); hacer que el marciano de marras entienda todo lo que se escriba en el periódico; no dejar cabos sueltos, o expectativas de información no satisfechas; no dejar nunca de consignar cuándo y dónde ocurren las cosas y tantas más que no preocupan a los ingleses porque llevan en la masa de la sangre no saber hacerlo de otra manera que respondiendo automáticamente a todas esas situaciones.

©Fundación Gabo 2021 - Todos los derechos reservados.