Así llegó Javier Darío Restrepo a la idea de la ética
15 de Febrero de 2017

Así llegó Javier Darío Restrepo a la idea de la ética

El pasado 9 de febrero, en el auditorio central de la Universidad de Ibagué, se dio inicio a la Cátedra de ética periodística Javier Darío Restrepo, con un acto de exaltación al director del Consultorio Ético de la FNPI y con la conferencia titulada “Cómo llegué a una idea de la ética”, cuyo texto compartimos aquí.

“La ética es una invitación a la excelencia y parte de la certidumbre de que como seres humanos y como profesionales, nacimos para ser excelentes”, afirma Restrepo en su discurso.

La Cátedra de ética periodística Javier Darío Restrepo tendrá lugar en la institución educativa anualmente y con diferentes invitados, de manera que se constituya en un referente de la discusión local y nacional sobre el trabajo de los profesionales de la comunicación y sus implicaciones.

Se espera que la participación de estudiantes, docentes, periodistas, directores de medios y comunidad en general, propicie una reflexión permanente sobre las relaciones entre la ética, la comunicación y el periodismo para el desarrollo de una cultura de paz y una democracia participativa.

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Cómo llegué a una idea de la ética

Mi primer contacto en serio con la ética ocurrió cuando hice parte de una comisión del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) que tenía la misión de preparar un proyecto de código de ética. La disputa entre dos grupos de socios del Círculo: los que defendían la conductas de periodistas que recibían doble salario: de las empresas en que trabajaban y otro de parte de los congresistas con el argumento de que los sueldos eran escasos y no satisfacían el derecho  de sobrevivir dignamente;  y los que censuraban esa dependencia como indigna y dañina para la credibilidad de los periodistas, todo había culminado con la exigencia de un código de ética para la institución que en aquel momento celebraba sus treinta años de existencia.

Digo que ese trabajo de corredactor del código de ética fue mi primer contacto en serio porque hasta entonces mis relaciones con la ética habían sido las de estudiante de filosofía o las de profesor de la materia con muchas referencias librescas y contenidos teóricos pero sin contacto con la realidad. De esos tiempos conservo una conferencia que leí en unas jornadas de actualización celebradas en distintas capitales adonde  se desplazó un grupo de conferencistas de la capital. Al revisar recientemente esa conferencia la rechacé con cierto rubor; eran páginas que entraban en contradicción con la experiencia adquirida a partir de la redacción del código del CPB.

La ética: un modo de vivir

1.- La experiencia que siguió es la que quiero compartir con ustedes. Un día al leer en la introducción de Ética para náufragos, del profesor español José Antonio Marina: “ hay una ética de supervivencia, una ética de felicidad y una ética de la dignidad” caí en la cuenta de que los libros de ética deberían ser manuales de supervivencia, algo completamente distinto de esos libros museos de prohibiciones en que se han convertido los exposiciones sobre ética.

La redacción del código de ética para periodistas argentinos fue una reveladora experiencia. Finalizábamos un taller con un trabajo práctico sugerido por ellos: la redacción de un proyecto de código. Cuando en la sesión final lo leyeron, les propuse una segunda redacción de esos artículos en positivo y eliminar las cláusulas negativas. Cambiaron el tono y la redacción de ese código. Habían entrado en  conflicto dos visiones de lo ético: la que  lo mira como una exposición de deberes y de prohibiciones y la que, por el contrario construye un modelo de vida buena. Al respecto, subrayé la expresión de Marta Nussbaum: “ la idea de vida buena se refiere a un conjunto enumerable de cualidades interna y externas que definen un modelo deseable de personas humanas”.  Esta fue una importante corrección: la ética no es un catálogo de prohibiciones, es el descubrimiento  de un modelo ideal, capaz de entusiasmar y convencer para construir la propia vida.

Pero con esta fórmula no quedó resuelto el problema puesto que podría preguntarse: ¿para qué la construcción de ese modelo?. ¿Acaso para ser éticamente correctos? Y ser correcto es lo mínimo. Escribía Ortega y Gasset “la moral no es una performance suplementaria y lujosa que el hombre añade a su ser para obtener un premio, es el mismo ser del hombre”.

En efecto, no basta ser correcto, la ética es mucho más ambiciosa. Alguna vez hice un ejercicio académico: en vista de las muy variadas respuestas que se dan sobre la etimología de ética y moral, propuse a un grupo de periodistas reunirlas y analizarlas. Y comenzamos por averiguar el significado de la palabra griega Ethos y de Mos, la palabra latina. Al final encontramos que Ethos es lo real y Mos, que da lugar a morada, o lugar donde uno vive, son significados que no parecen tener relación con ética y moral.

La confusión  crecía al encontrar otros usos: suelo firme, raíz de donde brotan los actos humanos; modo de ser, disposiciones del hombre en la vida, formas de vivir que se adquieren, segunda naturaleza que se  adquiere por hábito, talante. Uno repasa todos estos significados que, aunque diferentes, tienen un elemento común, revelador de la naturaleza de lo ético, que es un trabajo personal que uno se impone para obtener una personalidad, un talante, un modo de ser, una segunda piel que se adquiere viviendo.

Después de este ejercicio llegué a la conclusión: 1.-Tenemos una idea de la ética demasiado insignificante. 2.- Ese lugar común nos aleja del verdadero significado de lo que Aristóteles enseña al definir la ética como “ obediencia a la naturaleza”.

Cuando tuve esto claro, concluí que apenas comenzaba mi búsqueda de las riquezas de la ética.

La ética no se enseña, se comparte

2.- Me invitan desde distintas partes a dictar conferencias como esta o talleres sobre ética médica, o periodística, o de las comunicaciones como uno que hice para obispos de Brasil; preparo un texto o un esquema, los entretengo con mi rollo de teorías y ejemplos prácticos, pero yo sé, quizás las audiencias también, que la ética no se enseña como sí ocurre con el inglés, las matemáticas, la alta cocina, la historia, el crochet o el yoga. ¿Por qué la ética no?

Encuentro una clave para responder en Aristóteles en su tratado de ética para Nicómaco  en donde define la ética como un saber práctico. No la ve

como la ciencia de lo correcto y lo incorrecto, que es otra definición en uso, sino como saber práctico que te permite distinguir lo bueno de lo malo, no mediante la aplicación de fórmulas o modelos, sino mediante la activación de la sensibilidad ética.

No estamos, pues, ante una fórmula que, aplicada te da certezas, sino ante una sensibilidad que reacciona ante lo bueno aprobándolo y adoptándolo y contra lo malo, rechazándolo y previniendo para evitarlo.

Busco una realidad equivalente que me permita desplegar un ejemplo que haga comprensibles estas afirmaciones, y me sale al encuentro la experiencia del amor.

No es asunto de química como con ingenuidad o idiotez se explica, como si todo se pudiera reducir a una fórmula; hay mucho más que eso, solo que excede, y en mucho, los razonamientos, como sucede con todo lo que tiene que ver con la vida.

Así es lo ético, no cabe en los esquemas mentales, toda categoría le resulta estrecha porque, como la vida, se reinventa todos los días. En el Consultorio ético de la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo se ha vuelto frecuente y repetitiva la pregunta: ¿hay una nueva ética para lo digital? Antes se preguntaba sobre la ética para la radio, o la televisión, o la publicidad, como si la ética fuera uno de esos vestidos diseñados según la estación o el acto social.

En cada caso la respuesta ha sido, con distintos matices, la misma: la ética es una actitud, por tanto se lleva por dentro y no está hecha, es un hacerse, no es de poner y quitar, es una segunda naturaleza que cada uno crea con sus respuestas ante la vida, tanto más o menos acertadas si obedece a ese potencial enorme de la naturaleza. Como ven es lo menos cercano a una fórmula preestablecida.

Investigadores del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se propusieron estudiar los efectos que había producido en un grupo de niños, su paso por la guerrilla, y comprobaron, con adolorido asombro, que de su sensibilidad había desaparecido cualquier clase de reacción ante el bien o el mal. A fuerza de obedecer sin reflexión, pero con un miedo siempre renovado, las órdenes de sus jefes, su sensibilidad ética había desaparecido, reemplazada por una fidelidad canina, esa que vuelve dóciles a los animales después de un entrenamiento de castigos y estímulos combinados, en el que desaparecía cualquier estímulo racional o moral.

Este escandaloso caso provee una pista  para nuestra búsqueda: en los estímulos externos, en el clima espiritual que rodea a las personas, aparecen factores que propician o que desestimulan el crecimiento ético de las personas. Tal es el hecho que permite concluir que la ética crece- deliberadamente omito decir que se aprende- crece en el ambiente propicio del hogar. Los padres, llegan a ser así, los primeros formadores de la ética de sus hijos.

Incurriré una vez más en la repetición de una historia que suelo contar y que le oí a un indio aymara en La Paz. Almorzábamos en un restaurante indio y hablábamos sobre el tema cuando me dijo: mi más temprana experiencia con la ética me la dio mi padre, indio aymara, analfabeta y agricultor, cuando nos enseñó su idea de  la justicia:  justicia es que si somos ocho en la casa, haya 8 panes en la mesa; si hay seis o diez eso no es justo. Nunca he olvidado esa primera lección de ética. Yo tampoco la he olvidado porque ratifica la percepción de que ser ético no es asunto de conocimiento sino de la sabiduría.

Esta es una palabra emparentada con otra: el sabor, esa calidad atribuida a comidas o bebidas, porque la sabiduría como los sabores les da, a la vida, a las actitudes, al talante de las personas, una cierta definición y singularidad que, como la figura, la piel, el color o la apostura, señalan un modo de ser. Lo saben los catadores de vinos, de café o de platos exóticos, el sabor se extiende por todo el alimento o la bebida,  y se percibe a través de los sentidos; la sabiduría, producto de la experiencia, abarca y singulariza todas las manifestaciones de la persona.

Si sucede así con la ética es porque esta es la sabiduría de vivir, que se aquilata con la experiencia; la ética lejos de ser una teoría, una fórmula o discurso, o sermón, es el producto que deja una larga experiencia y se transmite  mediante la comunicación de experiencias, no con palabras.

Expresa o implícitamente los profesores perciben el mensaje de sus estudiantes: ¿eso que dice usted, es posible? ¿Usted lo hace? Y si no, ¿qué valor tiene lo que dice?

El recurso más utilizado en las universidades para hablar de este tema al estudiantado, es el estudio de los códigos de ética del periodismo, o de la medicina, o del derecho etc, según el caso, con el peligro  de reducir la ética a una práctica reglamentada que, como todo lo que se rige por normas, códigos o reglamentos,  acaba en la búsqueda y adopción de lo mínimo de una materia cuyo espíritu es la búsqueda y adopción de los máximos.

Cuando uno se rige, por ejemplo, por un código de tránsito, se limita a cumplir con la letra que pide lo mínimo y hace caso omiso de la norma si no hay agente o cámara de vigilancia a la vista. La norma es una orden que te imponen desde fuera y coactivamente, pero que no cuenta con tu consentimiento libre. Pero la ética es otra cosa: no se puede imponer desde afuera, porque uno es ético por decisión propia y no para unas situaciones, sino para todo el conjunto de la vida y porque le da la gana. En expresión precisa Kant dice que la ética nos convierte en legisladores de nosotros mismos, no en súbditos de los autores de códigos, o de los maestros de ética.

Un ideal

3.- Más de una vez en el curso de conferencias o talleres los colegas me han calificado de idealista. “Muy bonito lo que dices, pero imposible” me han dicho.  Y debo admitirlo, soy un irreductible optimista e idealista. Estoy convencido de que la ética nunca propone cosas fáciles, generalmente va más allá de los  límites corrientes y entra en el campo de lo posible pero aún inexistente. El humano es un ser rodeado de posibles que se convierten en reales merced a la acción humana. Antes de que una atleta rusa rompiera con su salto en garrocha la marca de los 5 metros, llegar a los 5.10 era un ideal que no había sido alcanzado. Cuando ella lo logró, el mundo aplaudió porque había hecho real lo que solo era posible pero irreal. La ética mantiene como un ideal lo que es posible pero aún no logrado: “híbridos  de realidad y de posibilidad” escribe el filósofo Marina. Y en una bella expresión agrega: “la realidad entera queda  en suspenso a la espera de que el ser humano acabe de darla a la luz, porque las cosas no son lo que son: son lo que son y lo que pueden ser”.

Sucede así con el deseo humano de felicidad; todos queremos serlo, pero ¿cómo? Hay un proyecto ético para lograrlo; decía Séneca: “Todos quieren serlo, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida”. Es una posibilidad que la ética revela como real y como uno de sus resultados. Y así como puede hacerse real ese posible, ocurre con el ideal de la perfección. Los persas antiguos  estaban seguros de que el buen guerrero debía saber disparar flechas y no mentir. Era su ideal de perfección. Los grandes campeones, los científicos deslumbrantes, los escritores de genio un día creyeron que ese ideal era posible; no fue algo impuesto por nadie; se lo imponían a sí mismos y en uso de su libertad asumieron ese compromiso consigo mismos.

El citado filósofo Marina reúne tres reveladores ejemplos que ilustran esta idea del humano que, al hacer real lo posible, se superan a sí mismos. Porque de eso se trata: de ir más allá de nuestros propios límites.

Decía Nietzche por la voz de Zaratustra: “Ahora me veo a mí mismo por debajo de mí”  tal era su visión del hombre capaz de superarse a sí mismo; Séneca, a su vez elogia a los esforzados hombres que en sí propios hallaron el ímpetu para subirse en sus propios hombros;  idea que tomaría san Buenaventura: “cualquiera fracasa si no se encarama sobre sí mismo”.

La persona ética no se transa por menos. Lejos de una mediocridad resignada, la vida ética es superación constante porque se encuentra inmersa en el mundo de lo posible. El hombre, en efecto, es una estructura inconclusa, advierte Aranguren (Etica) quien agrega lapidariamente: por eso es libre. Y este fue otro hallazgo que enriqueció mi conocimiento sobre la ética.

Libertad y ética

4.- No podría precisar si fue en Argentina o en México; lo que recuerdo es que fue durante un taller en que me había propuesto orientar nuestras tareas hacia el fortalecimiento de la identidad profesional. Me decía que el resultado tendría que ser muy claro sobre el orgullo de ser periodista, muy distante de la vanidosa apostura de quien sabe tener entre sus manos un enorme poder del que hace uso caprichoso; muy distinto del que llega a ver que maneja la materia prima de la libertad. Nosotros  no le damos libertad a la gente, pero sí ponemos en sus manos la materia prima de la libertad: la información.

Es la información indispensable para quienes toman decisiones, que es el caso, por ejemplo del elector, que solo hará una elección libre si está bien informado sobre candidatos y programas. Al darle esa información aportamos la materia prima para su libertad de decidir. Otra es la idea que se tiene de la profesión cuando se entiende que ese es el  papel de la información periodística: habilitar para decidir en libertad.

Cuando esta idea se incorpora a la conciencia de la identidad profesional, esta se hace más fuerte y arroja una claridad al sentido de la dignidad personal y profesional del periodista.

Esta relación de la libertad y del ser periodista complementa y fortalece la conciencia de seres libres que ya había marcado nuestra relación con lo ético. Esta es una relación que tiene que formarse como actitud fundamental.

En efecto, la actitud ante la ética es una cuando se la entiende como una actitud heterónoma, o sea ajena a la persona, procedente de una autoridad externa; otra es  la que se adopta cuando, según el criterio kantiano se la descubre como un ejercicio autónomo que nos convierte en legisladores de nosotros mismos.

Es distinto, en efecto, recibir órdenes de alguien, o darse órdenes a sí mismo. La ética que se fórmula como el cumplimiento de un código ético que alguien ha redactado sin consultarnos tiene una débil consistencia; la misma de un código de tránsito o un reglamento de trabajo, que se cumplen por presión y con vigilancia externa y se incumplen sin escrúpulos cuando no hay la presión ni la vigilancia. En cambio, “darse órdenes y observarlas es el fundamento de la libertad”

Piaget fundamente su planteamiento educativo cuando comprueba la existencia de dos tipos de relación social: la sumisión a una autoridad externa y la cooperación entre iguales que supone la adopción de unos principios y normas  como decisiones propias. En vez de la conducta del sometido se genera el talante de la prensa libre y del razonamiento moral. Cuando esto sucede y es la  libertad el motor de acción, uno es ético no por imposición sino por decisión. En términos familiares, esto es ser ético porque a uno le da la gana. Esta doble relación entre ética y libertad es otro de los hallazgos que quería compartir con ustedes.

Los códigos

5.- Como les relaté  al principio mi acercamiento serio a lo ético ocurrió con la comisión redactora del proyecto de código del CPB. Pero ideas como  las que he expuesto concluyeron en un replanteamiento sobre el papel de estos códigos en la conciencia ética de los periodistas. Mi trabajo semanal en el Consultorio ético  que aparece en la página web de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo me ha dado la oportunidad de escuchar y estudiar las dudas éticas de periodistas de todo el continente. La mayoría de esas consultas tiene un mensaje implícito: qué dicen los códigos sobre  este caso. Existe una generalizada persuasión de que los códigos son la ética y que ser ético es someterse a los códigos. A  fuerza de estudiar y deliberar sobre  casos y conductas en el Consultorio y en los talleres, he llegado a la convicción de que son útiles como herramientas nemotécnicas que hacen recordar valores, principios y actitudes lo mismo que errores y falseados principios; con esa convicción he llegado a otra: los códigos reducen las dimensiones de lo ético, impiden el acceso a la verdadera naturaleza de lo ético y ocultan sus más ambiciosos objetivos.

Isaac Asimov, bien conocido por los lectores de sus obras de ciencia ficción, me sorprendió en alguna de sus publicaciones con un código ético para robots: el robot no puede hacer daño a los humanos; debe obedecer las órdenes;  debe proteger su propia existencia. Leyendo esos tres incisos debí reflexionar sobre el modo de sintetizarlos del autor y sobre la reveladora semejanza con los manuales de instrucciones para armar un mecano o cualquier aparato. Son órdenes que anulan o restringen la libertad, o sea lo contrario del espíritu de la ética cuyo componente esencial es la libertad, como hace un rato lo dije: uno es ético porque le da la gana. Descubrir  las implicaciones éticas de una acción supone la existencia y el impulso de esa gana: ser ético es estar activando la libertad en todo momento y actuar por propia iniciativa.

La ética, concluyo, va más allá de los códigos y reducir la ética a normas y artículos de un código es una forma de empobrecerla y de reducir el espíritu de lo ético .

El bien común, como clave

6.- El estudio de los casos propuestos por los colegas, que son fragmentos de su vida real, deja ver las claves éticas con las que se va haciendo la construcción de una segunda naturaleza, que viene a ser lo ético: un talante, un modo de ser, un estilo de vivir.

Sería interesante cuantificar los casos en que la práctica periodística tropieza con las exigencias y deberes del bien común.

Sin necesidad de esa cuantificación puedo asegurar que el ser ético del periodista incluye como uno de sus valores básicos el del respeto y servicio al bien común. A manera de ejemplo, ¿por qué darle prioridad a una crisis de servicios de salud sobre una impactante victoria en futbol? ¿Qué debe destacar el periodista: la corona de una reina de belleza o los daños ambientales que está produciendo la minería?

Entre dos informaciones: el escándalo de corrupción de un alto funcionario, o un acuerdo de paz, ¿usted qué escoge como información principal? ¿Qué es su periódico o noticiero: un negocio particular o un servicio público? Son consultas que se resuelven con la referencia al bien público y que mantienen latente la idea de que el periodista es, antes que cualquiera otra cosa,  un servidor público y que lo suyo es la defensa y promoción del bien público.

Es una clave, pero no solo eso. De esta referencia al bien común emerge un elemento esencial de la profesión y la naturaleza del papel del periodista y del periodismo en la sociedad; ese elemento permite configurar el ideal ético de la profesión, al tiempo que destaca lo que no debe ser el periodismo. Cuando se desactiva la práctica de un periodismo de servicio y se activa el potencial publicitario, o de relaciones públicas, aparece la deformación y degradación profesional.

La explicación de este fenómeno la encuentro en Aranguren: “La ética está subordinada a la política. La moralidad pertenece a la polis, las virtudes del individuo reproducen las de la política”. (31)

Habla este autor dela política como un servicio del bien común, por eso explica que lo ético se realiza en tres momentos: la familia, la sociedad y el Estado, afirmación que le permite concluir que ”el Estado aparece como la concreción final de la vida moral” (37) En efecto la ética social es una parte constitutiva: “por ser ética de la persona, la ética general le da alcance necesariamente a la ética social”. (38)

Teniendo  a la vista esta relación entre la ética y lo público creo haber descubierto otra clave de lo ético en la práctica periodística y un elemento fundamental para trazar el perfil de lo ético. En efecto, la ética aparece cuando en el horizonte personal emerge el otro.  La relación entre la ética y el otro me hizo avanzar en la comprensión de la ética. ¿Qué tienen que ver la ética y el otro?

El Otro

7.- Encontré en Ética para Amador de Fernando Savater una cautivante reflexión enredada en alguna de las jornadas de Robinson Crusoe, cuando ya habían pasado 20 años después de su naufragio y llegada a la isla.

La huellas de un humano, que encontró en la playa le provocaron un inmenso sobresalto. Recordó al instante la escena que había encontrado a través de la lente de su catalejo. En una playa lejana desembarcaban unos hombres que arrastraban consigo a dos prisioneros. Los arrojaron al suelo, encendieron una hoguera, les dieron muerte a cuchilladas y procedieron a sacar tajadas de carne de sus cuerpos. Aún chorreaban sangre cuando las pusieron a asar en el fogón.

¿Lo había soñado? ¿Era la realidad atroz que parecían comprobar estas huellas?  ¿Estarían a punto de llegar a su rancho estos caníbales?

Se detuvo entonces a pensar lo que correspondería hacer: ¿ir por su arma, seguir las huellas con todos sus sentidos alerta y con toda su experiencia de cazador como guía y eliminar la amenaza? ¿Y si eran varios? Dudó. Pero había otra posibilidad: se le apareció otra escena: seguir las huellas, no con un arma en la mano sino con una canasta llena de flores y frutas, encontrar al hombre y ofrecerle su canasta en señal de amistad. Ganaría tranquilidad y compañía.

Savater interrumpe el relato para reflexionar: en 20 años y por primera vez en su vida de náufrago Robinson enfrentaba un dilema ético: matar o amar. La ética había aparecido con la presencia del otro. La ética lo había sacado de su ensimismamiento, le había abierto los ojos para la contemplación  de la existencia, de los intereses, de las posibilidades del otro; le había planteado alternativas distintas de las que solo tenían el tamaño minúsculo de las que solo consultaban sus intereses. Había abandonado los confines de su yo y entrado en el amplísimo universo del nosotros.

Me he extendido en este relato porque me reveló el papel que el otro asume en la ética. Hice el ejercicio de leer algún código de ética y encontré que el objetivo y razón de ser de esas normas era el otro: el respeto a su intimidad,, el de su buen nombre, el deber de informarle y de dignificarle con la información; su derecho a la verdad, el cuidado por las consecuencias de la información, siempre el otro como presencia ubicua en la reflexión ética. Hablar, pues, de ética es hablar de mis deberes para con el otro y esto hasta el punto de que la sensibilidad ética equivale a la sensibilidad hacia el otro.

Agréguenle a las anteriores, la consideración sobre el lugar que ocupa el otro en la vida del periodista, que es un islote rodeado de otros por todas partes: el otro es a la vez el objetivo de nuestra información: investigamos, editamos y difundimos para él; el otro es nuestra fuente y es el tema de nuestras informaciones: las investigamos, les damos forma y las publicamos porque es nuestra manera de servirles. Con ellos y desde ellos evaluamos lo que hacemos, nada en nuestra actividad ocurre sin el otro.

El cuidado

8.- Esa relación con el otro tiene un comienzo. Su primera manifestación es el cuidado. Preparaba una conferencia sobre ética médica cuando  me salió al encuentro en un texto la información de que el primer paso hacia la ética es el cuidado.

Leonardo Boff, el teólogo y filósofo brasileño ve el cuidado como “una actitud de relación amorosa, suave, amigable, protectora de la realidad personal, social y ambiental”.

Si alguno está pensando que mi idea del periodista es la de  una versión de la madre Teresa, quiero decirle que no está del todo equivocado. Tenemos en común con ella que no miramos a los demás para aprovecharnos de ellos, sino para servirles. Esto difiere escandalosamente del periodista a quien una catástrofe, o un crimen  le interesan como chiva y nada más.  Cuando se hace ese periodismo necesariamente será de mala calidad porque es incompleto y, por tanto, deshumanizado.

“ Cuidar es una forma de vivir, de ser, de expresarse, es una práctica ética y estética ante el mundo”,  escribía Regina Waldow. Es una forma de vivir más allá de lo natural y se convierte en una segunda naturaleza añadida a lo natural. Es un cuidado natural que dice: cuido de ti porque quiero hacerlo.

Todo esto me lleva  a preguntarme sobre lo que cambiaría, en la práctica diaria del periodismo si este fuera el enfoque y la motivación; la respuesta a esa pregunta es reveladora.

Si una de las formas del cuidado es que uno se pone en el lugar del otro para comprenderlo, ¿qué pasaría al entrevistar? En el otro vería incertidumbre, miedo, inseguridad, soledad o indefinición. Ver esto le dará a mis preguntas un tono, una intencionalidad, un aire distinto. Ponerse en el lugar del otro, si ese otro es la persona de quien se informa, o cuando ese otro es la persona a la que se informa, le daría a la información otro tono, otro contenido, otro enfoque porque es una información que protege, que ayuda, que sirve. Estará hecha desde el otro y con las formas que aconseja el cuidado.

Cuando entendí que el primer paso de la ética es el cuidado mi idea del periodismo cambió. Recordé lo que había oído de alguien, que toda obra  del hombre es humana si cuida de lo humano en el hombre. Y esa es la tarea que cumple uno como periodista cuando se pone en el lugar de otro, que es la calidad del que cuida. Es un primer paso que le da el tono a la ética.

En ética nadie es juez de nadie

9.- Me enseño mucho la cordial discusión que sostuve con colegas de Bolivia en La Paz. Estaban satisfechos y orgullosos del tribunal de ética que habían instalado y esperaban ideas y experiencias sobre  esos tribunales.

Los desconcerté al  manifestarles mi convicción de que un tribunal de ética es una contradicción en los términos. Puesto que la ética no puede ser impuesta por nadie porque es un ejercicio de la libertad, y por tanto decisión personal y autónoma, no cabe esa forma de presión externa que es un tribunal, les expliqué. Estos tribunales toman prestado el lenguaje de lo legal. En los tribunales se acusa, se condena, se absuelve, se sustancia, se obtienen pruebas y con los tribunales de ética se pretende que se sigan procesos paralelos, con lo que se desnaturaliza el proceso ético.

Mencioné antes la expresión de Kant cuando llama a la persona ética legisladora de sí misma y retomo esa frase para subrayar la autonomía de lo ético que nace de unas decisiones autónomas y personales.

No se trata de una opinión caprichosa y sujetiva, sino que nace de la lectura que cada uno hace  del mandato de su naturaleza.  La adopción de los códigos de ética crea el equívoco de que al cumplirlos se acata alguna autoridad institucional, ideológica, religiosa, política, cuando en realidad la ética es una obediencia a sí mismo, sea que ese sí mismo se entienda como la propia conciencia, el yo o la apropiación de una cultura.

Por tanto si lo ético es el resultado de una decisión personal y no de instancia externa alguna, soy yo quien legisla, soy quien adopta un compromiso y quien juzga sobre su cumplimiento. En ética no solo somos legisladores de nosotros mismos, también somos nuestros jueces.

Este es el fundamento de una frase que como mantra suelo repetir: en ética nadie es juez de nadie, salvo de sí mismo. Se ha convertido en sofisma de distracción la discusión sobre presuntas o reales violaciones de la ética por parte de los colegas periodistas. Son discusiones en las que generalmente se echa de menos la pregunta principal, ¿en los zapatos del colega acusado, qué hubiera hecho yo? ¿Habría adoptado la conducta de él? ¿Por qué? Cuando este es el enfoque de la discusión esta se vuelve aprendizaje y oportunidad de ver los propios errores y de aprender de ellos. Pero, sobre todo,  por la ética uno se vuelve en el conductor de su propia vida con los riesgos implicados en esa condición y deberes como el de la autocrítica llegan a ser parte del quehacer diario.

La utopía de ser excelente

10.- Dí otros pasos cuando, invitado por los colegas del foro de periodistas argentinos (FOPEA) para la presentación del código de ética que ellos habían redactado en los tres años que siguieron a un taller de ética, redacté el texto de una conferencia que sirviera de introducción a aquel código. Entonces abordé el tema de la ética como una utopía, que me condujo a la cima de estas reflexiones, en la que pude concluir que la ética es la respuesta a la vocación con que todos nacemos, de ser excelentes. Iré por partes puesto que estamos en la recta final de este camino.

¿Se llega alguna vez a la cima de lo ético? ¿Alguien podría decir en esta sala, yo soy ético?

Se plantearía el mismo problema si ustedes o yo dijéremos soy libre, o soy justo.

Ni la ética, ni la libertad, ni la justicia son realidades que están ahí, hechas y acabadas. Son dinamismos del espíritu que tienen mayor o menor actividad pero que nunca alcanzan una total plenitud.

Es más exacto afirmar que el ser humano está en proceso de ser ético, o libre o justo, cuando es ese el propósito de la vida. Por esa razón, porque impone en la vida una actividad que no admite pausas, porque su mandato en la conciencia es a la vez inalcanzable e irrenunciable, la ética es una utopía que no deja espacio para el descanso.

La ética cumple las funciones de las utopías, todas las que en el mundo han sido fuerzas de transformación.

La utopía nace de la insatisfacción ante lo real, se alimenta de la convicción de que todas las realidades pueden y deben ser cambiadas, es la fuerza movilizadora de los cambios.

Manheim habla de la utopía como un estado mental que trasciende la realidad y que va más allá de lo real. La utopía no es una isla, que fue el sentido que le dio Tomás Moro cuando unió las dos palabras griegas u, negación, y topos, lugar, o sea, lugar que no existe, porque tiene que ser creado.

Prescindan del lugar físico, y quédense con el estado mental y el resultado es que utopía es esa voluntad permanente de cambio, de mejoría, que alienta en los humanos a quienes moviliza la convicción de que nada es perfecto, de que la realidad, toda realidad, debe ser cambiada porque así lo imponen, primero la vocación humana a la excelencia y, segundo, su irrenunciable examen crítico de las realidades.

A esa insatisfacción de todas las horas se agrega la propuesta de lo que debería existir, que sobreviene cuando de lo real insatisfactorio se pasa a lo real posible, esa parte de la realidad que se mantiene invisible hasta que la acción humana la hace emerger.

Esta descripción de la utopía  proporciona el marco en que nace la ética. En su proceso todo comienza con la crítica de lo existente. No se puede ser ético y conformista. La persona ética es inconforme consigo misma y con lo que hace. Sometida a constante autocrítica, la persona ética encuentra que siempre hay fallas que enmendar, errores que reparar o rectificar, metas nuevas que alcanzar. Entiende, asimismo que la vida no es descanso, ni satisfacción por lo hecho. Esto explica la importancia de la autocrítica y del diálogo ético en que se comparan el ser y el deber ser de personas, profesiones o instituciones y se aceptan fallos y errores y se reemprende la tarea o búsqueda de la utopía.

La ética es, pues, una utopía, es decir un dinamismo de insatisfacción y de búsqueda, de lo posible que espera el momento de ver la luz de lo real.

Leer un código de ética es internarse en el terreno de lo posible, es recibir la notificación de lo mucho que uno puede hacer y el llamado a realizarlo, a sabiendas de que nunca lo lograremos totalmente y de que la utopía se mantendrá como certeza de que los humanos siempre somos seres posibles.

Por último, amigos, la ética es una invitación a la excelencia y parte de la certidumbre de que como seres humanos y como profesionales, nacimos para ser excelentes.

La ética nos sitúa en niveles más altos que lo real, como expresión, no de otra realidad, sino de  la misma realidad pero llevada a esa alta potencialidad que es la excelencia personal o profesional.

Allí se señalan todas las posibilidades que le caben al ser humano; es la utopía del ser humano perfecto que han soñado los filósofos, o la del hombre nuevo, que es la cima de los sueños revolucionarios, se creyó verla en los santos y la iglesia celebra el hallazgo de su utopía en cada canonización; entre los griegos fue el héroe que cantó Homero., para los romanos la excelencia estuvo encarnada en el guerrero que regresaba vencedor, en el siglo de las luces fue el científico, para muchos lo fue el astronauta y en las olimpíadas mundiales ese ideal de excelencia se ve encarnado en los campeones aplaudidos en lo alto de los podios como representación de la pasión por la excelencia que mueve a todos los humanos.

En cada caso ha habido ese trabajo de corrección, pulimiento, consolidación y conquista de sí mismo que convierte a cada hombre en escultor de sí mismo, empeñado en hacer de sí una obra perfecta.

Como inspiración y motor de ese proceso opera la ética, esa inconformidad con lo mediocre y lo torpe, esa vocación para llegar al deber ser.

Por fin termino, admirando su paciencia. Si tanto Camus como García Márquez coincidieron en llamar al periodismo la más bella profesión del mundo es porque lograron reunir en una frase todo lo que con dificultad acabo de decirles como primera lección de su cátedra de ética del periodismo. Muchas gracias.

 

Documentación

José Antonio Marina: Etica para náufragos. Anagrama. Barcelona, séptima edición. 2006.

José Luis Aranguren: Etica, Altaya, Barcelona, 1994.

Fernando Savater: Etica para Amador, Ariel, décima reimporesión, Bogotá 1995

Victoria Camps: La imaginación ética:  Ariel, 1991,  Barcelona

Leonardo Boff: El cuidado necesario. Trotta, Madrid 2012.

Juliana Gonzalez: El ethos, destino del hombre, Fondo de Cultura Económica, México 1997.

Salvador Alsius: Etica i periodismo, Romanya/Vals Barcelona 1998.

Jack Fuller, Valores periodísticos: Sociedad interamericana de prensa. Miami, 1996.

El pasado 9 de febrero, en el auditorio central de la Universidad de Ibagué, se dio inicio a la Cátedra de ética periodística Javier Darío Restrepo, con un acto de exaltación al director del Consultorio Ético de la FNPI y con la conferencia titulada “Cómo llegué a una idea de la ética”, cuyo texto compartimos aquí.

“La ética es una invitación a la excelencia y parte de la certidumbre de que como seres humanos y como profesionales, nacimos para ser excelentes”, afirma Restrepo en su discurso.

La Cátedra de ética periodística Javier Darío Restrepo tendrá lugar en la institución educativa anualmente y con diferentes invitados, de manera que se constituya en un referente de la discusión local y nacional sobre el trabajo de los profesionales de la comunicación y sus implicaciones.

Se espera que la participación de estudiantes, docentes, periodistas, directores de medios y comunidad en general, propicie una reflexión permanente sobre las relaciones entre la ética, la comunicación y el periodismo para el desarrollo de una cultura de paz y una democracia participativa.

* * *

Cómo llegué a una idea de la ética

Mi primer contacto en serio con la ética ocurrió cuando hice parte de una comisión del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) que tenía la misión de preparar un proyecto de código de ética. La disputa entre dos grupos de socios del Círculo: los que defendían la conductas de periodistas que recibían doble salario: de las empresas en que trabajaban y otro de parte de los congresistas con el argumento de que los sueldos eran escasos y no satisfacían el derecho  de sobrevivir dignamente;  y los que censuraban esa dependencia como indigna y dañina para la credibilidad de los periodistas, todo había culminado con la exigencia de un código de ética para la institución que en aquel momento celebraba sus treinta años de existencia.

Digo que ese trabajo de corredactor del código de ética fue mi primer contacto en serio porque hasta entonces mis relaciones con la ética habían sido las de estudiante de filosofía o las de profesor de la materia con muchas referencias librescas y contenidos teóricos pero sin contacto con la realidad. De esos tiempos conservo una conferencia que leí en unas jornadas de actualización celebradas en distintas capitales adonde  se desplazó un grupo de conferencistas de la capital. Al revisar recientemente esa conferencia la rechacé con cierto rubor; eran páginas que entraban en contradicción con la experiencia adquirida a partir de la redacción del código del CPB.

La ética: un modo de vivir

1.- La experiencia que siguió es la que quiero compartir con ustedes. Un día al leer en la introducción de Ética para náufragos, del profesor español José Antonio Marina: “ hay una ética de supervivencia, una ética de felicidad y una ética de la dignidad” caí en la cuenta de que los libros de ética deberían ser manuales de supervivencia, algo completamente distinto de esos libros museos de prohibiciones en que se han convertido los exposiciones sobre ética.

La redacción del código de ética para periodistas argentinos fue una reveladora experiencia. Finalizábamos un taller con un trabajo práctico sugerido por ellos: la redacción de un proyecto de código. Cuando en la sesión final lo leyeron, les propuse una segunda redacción de esos artículos en positivo y eliminar las cláusulas negativas. Cambiaron el tono y la redacción de ese código. Habían entrado en  conflicto dos visiones de lo ético: la que  lo mira como una exposición de deberes y de prohibiciones y la que, por el contrario construye un modelo de vida buena. Al respecto, subrayé la expresión de Marta Nussbaum: “ la idea de vida buena se refiere a un conjunto enumerable de cualidades interna y externas que definen un modelo deseable de personas humanas”.  Esta fue una importante corrección: la ética no es un catálogo de prohibiciones, es el descubrimiento  de un modelo ideal, capaz de entusiasmar y convencer para construir la propia vida.

Pero con esta fórmula no quedó resuelto el problema puesto que podría preguntarse: ¿para qué la construcción de ese modelo?. ¿Acaso para ser éticamente correctos? Y ser correcto es lo mínimo. Escribía Ortega y Gasset “la moral no es una performance suplementaria y lujosa que el hombre añade a su ser para obtener un premio, es el mismo ser del hombre”.

En efecto, no basta ser correcto, la ética es mucho más ambiciosa. Alguna vez hice un ejercicio académico: en vista de las muy variadas respuestas que se dan sobre la etimología de ética y moral, propuse a un grupo de periodistas reunirlas y analizarlas. Y comenzamos por averiguar el significado de la palabra griega Ethos y de Mos, la palabra latina. Al final encontramos que Ethos es lo real y Mos, que da lugar a morada, o lugar donde uno vive, son significados que no parecen tener relación con ética y moral.

La confusión  crecía al encontrar otros usos: suelo firme, raíz de donde brotan los actos humanos; modo de ser, disposiciones del hombre en la vida, formas de vivir que se adquieren, segunda naturaleza que se  adquiere por hábito, talante. Uno repasa todos estos significados que, aunque diferentes, tienen un elemento común, revelador de la naturaleza de lo ético, que es un trabajo personal que uno se impone para obtener una personalidad, un talante, un modo de ser, una segunda piel que se adquiere viviendo.

Después de este ejercicio llegué a la conclusión: 1.-Tenemos una idea de la ética demasiado insignificante. 2.- Ese lugar común nos aleja del verdadero significado de lo que Aristóteles enseña al definir la ética como “ obediencia a la naturaleza”.

Cuando tuve esto claro, concluí que apenas comenzaba mi búsqueda de las riquezas de la ética.

La ética no se enseña, se comparte

2.- Me invitan desde distintas partes a dictar conferencias como esta o talleres sobre ética médica, o periodística, o de las comunicaciones como uno que hice para obispos de Brasil; preparo un texto o un esquema, los entretengo con mi rollo de teorías y ejemplos prácticos, pero yo sé, quizás las audiencias también, que la ética no se enseña como sí ocurre con el inglés, las matemáticas, la alta cocina, la historia, el crochet o el yoga. ¿Por qué la ética no?

Encuentro una clave para responder en Aristóteles en su tratado de ética para Nicómaco  en donde define la ética como un saber práctico. No la ve

como la ciencia de lo correcto y lo incorrecto, que es otra definición en uso, sino como saber práctico que te permite distinguir lo bueno de lo malo, no mediante la aplicación de fórmulas o modelos, sino mediante la activación de la sensibilidad ética.

No estamos, pues, ante una fórmula que, aplicada te da certezas, sino ante una sensibilidad que reacciona ante lo bueno aprobándolo y adoptándolo y contra lo malo, rechazándolo y previniendo para evitarlo.

Busco una realidad equivalente que me permita desplegar un ejemplo que haga comprensibles estas afirmaciones, y me sale al encuentro la experiencia del amor.

No es asunto de química como con ingenuidad o idiotez se explica, como si todo se pudiera reducir a una fórmula; hay mucho más que eso, solo que excede, y en mucho, los razonamientos, como sucede con todo lo que tiene que ver con la vida.

Así es lo ético, no cabe en los esquemas mentales, toda categoría le resulta estrecha porque, como la vida, se reinventa todos los días. En el Consultorio ético de la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo se ha vuelto frecuente y repetitiva la pregunta: ¿hay una nueva ética para lo digital? Antes se preguntaba sobre la ética para la radio, o la televisión, o la publicidad, como si la ética fuera uno de esos vestidos diseñados según la estación o el acto social.

En cada caso la respuesta ha sido, con distintos matices, la misma: la ética es una actitud, por tanto se lleva por dentro y no está hecha, es un hacerse, no es de poner y quitar, es una segunda naturaleza que cada uno crea con sus respuestas ante la vida, tanto más o menos acertadas si obedece a ese potencial enorme de la naturaleza. Como ven es lo menos cercano a una fórmula preestablecida.

Investigadores del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar se propusieron estudiar los efectos que había producido en un grupo de niños, su paso por la guerrilla, y comprobaron, con adolorido asombro, que de su sensibilidad había desaparecido cualquier clase de reacción ante el bien o el mal. A fuerza de obedecer sin reflexión, pero con un miedo siempre renovado, las órdenes de sus jefes, su sensibilidad ética había desaparecido, reemplazada por una fidelidad canina, esa que vuelve dóciles a los animales después de un entrenamiento de castigos y estímulos combinados, en el que desaparecía cualquier estímulo racional o moral.

Este escandaloso caso provee una pista  para nuestra búsqueda: en los estímulos externos, en el clima espiritual que rodea a las personas, aparecen factores que propician o que desestimulan el crecimiento ético de las personas. Tal es el hecho que permite concluir que la ética crece- deliberadamente omito decir que se aprende- crece en el ambiente propicio del hogar. Los padres, llegan a ser así, los primeros formadores de la ética de sus hijos.

Incurriré una vez más en la repetición de una historia que suelo contar y que le oí a un indio aymara en La Paz. Almorzábamos en un restaurante indio y hablábamos sobre el tema cuando me dijo: mi más temprana experiencia con la ética me la dio mi padre, indio aymara, analfabeta y agricultor, cuando nos enseñó su idea de  la justicia:  justicia es que si somos ocho en la casa, haya 8 panes en la mesa; si hay seis o diez eso no es justo. Nunca he olvidado esa primera lección de ética. Yo tampoco la he olvidado porque ratifica la percepción de que ser ético no es asunto de conocimiento sino de la sabiduría.

Esta es una palabra emparentada con otra: el sabor, esa calidad atribuida a comidas o bebidas, porque la sabiduría como los sabores les da, a la vida, a las actitudes, al talante de las personas, una cierta definición y singularidad que, como la figura, la piel, el color o la apostura, señalan un modo de ser. Lo saben los catadores de vinos, de café o de platos exóticos, el sabor se extiende por todo el alimento o la bebida,  y se percibe a través de los sentidos; la sabiduría, producto de la experiencia, abarca y singulariza todas las manifestaciones de la persona.

Si sucede así con la ética es porque esta es la sabiduría de vivir, que se aquilata con la experiencia; la ética lejos de ser una teoría, una fórmula o discurso, o sermón, es el producto que deja una larga experiencia y se transmite  mediante la comunicación de experiencias, no con palabras.

Expresa o implícitamente los profesores perciben el mensaje de sus estudiantes: ¿eso que dice usted, es posible? ¿Usted lo hace? Y si no, ¿qué valor tiene lo que dice?

El recurso más utilizado en las universidades para hablar de este tema al estudiantado, es el estudio de los códigos de ética del periodismo, o de la medicina, o del derecho etc, según el caso, con el peligro  de reducir la ética a una práctica reglamentada que, como todo lo que se rige por normas, códigos o reglamentos,  acaba en la búsqueda y adopción de lo mínimo de una materia cuyo espíritu es la búsqueda y adopción de los máximos.

Cuando uno se rige, por ejemplo, por un código de tránsito, se limita a cumplir con la letra que pide lo mínimo y hace caso omiso de la norma si no hay agente o cámara de vigilancia a la vista. La norma es una orden que te imponen desde fuera y coactivamente, pero que no cuenta con tu consentimiento libre. Pero la ética es otra cosa: no se puede imponer desde afuera, porque uno es ético por decisión propia y no para unas situaciones, sino para todo el conjunto de la vida y porque le da la gana. En expresión precisa Kant dice que la ética nos convierte en legisladores de nosotros mismos, no en súbditos de los autores de códigos, o de los maestros de ética.

Un ideal

3.- Más de una vez en el curso de conferencias o talleres los colegas me han calificado de idealista. “Muy bonito lo que dices, pero imposible” me han dicho.  Y debo admitirlo, soy un irreductible optimista e idealista. Estoy convencido de que la ética nunca propone cosas fáciles, generalmente va más allá de los  límites corrientes y entra en el campo de lo posible pero aún inexistente. El humano es un ser rodeado de posibles que se convierten en reales merced a la acción humana. Antes de que una atleta rusa rompiera con su salto en garrocha la marca de los 5 metros, llegar a los 5.10 era un ideal que no había sido alcanzado. Cuando ella lo logró, el mundo aplaudió porque había hecho real lo que solo era posible pero irreal. La ética mantiene como un ideal lo que es posible pero aún no logrado: “híbridos  de realidad y de posibilidad” escribe el filósofo Marina. Y en una bella expresión agrega: “la realidad entera queda  en suspenso a la espera de que el ser humano acabe de darla a la luz, porque las cosas no son lo que son: son lo que son y lo que pueden ser”.

Sucede así con el deseo humano de felicidad; todos queremos serlo, pero ¿cómo? Hay un proyecto ético para lograrlo; decía Séneca: “Todos quieren serlo, lo difícil es saber lo que hace feliz la vida”. Es una posibilidad que la ética revela como real y como uno de sus resultados. Y así como puede hacerse real ese posible, ocurre con el ideal de la perfección. Los persas antiguos  estaban seguros de que el buen guerrero debía saber disparar flechas y no mentir. Era su ideal de perfección. Los grandes campeones, los científicos deslumbrantes, los escritores de genio un día creyeron que ese ideal era posible; no fue algo impuesto por nadie; se lo imponían a sí mismos y en uso de su libertad asumieron ese compromiso consigo mismos.

El citado filósofo Marina reúne tres reveladores ejemplos que ilustran esta idea del humano que, al hacer real lo posible, se superan a sí mismos. Porque de eso se trata: de ir más allá de nuestros propios límites.

Decía Nietzche por la voz de Zaratustra: “Ahora me veo a mí mismo por debajo de mí”  tal era su visión del hombre capaz de superarse a sí mismo; Séneca, a su vez elogia a los esforzados hombres que en sí propios hallaron el ímpetu para subirse en sus propios hombros;  idea que tomaría san Buenaventura: “cualquiera fracasa si no se encarama sobre sí mismo”.

La persona ética no se transa por menos. Lejos de una mediocridad resignada, la vida ética es superación constante porque se encuentra inmersa en el mundo de lo posible. El hombre, en efecto, es una estructura inconclusa, advierte Aranguren (Etica) quien agrega lapidariamente: por eso es libre. Y este fue otro hallazgo que enriqueció mi conocimiento sobre la ética.

Libertad y ética

4.- No podría precisar si fue en Argentina o en México; lo que recuerdo es que fue durante un taller en que me había propuesto orientar nuestras tareas hacia el fortalecimiento de la identidad profesional. Me decía que el resultado tendría que ser muy claro sobre el orgullo de ser periodista, muy distante de la vanidosa apostura de quien sabe tener entre sus manos un enorme poder del que hace uso caprichoso; muy distinto del que llega a ver que maneja la materia prima de la libertad. Nosotros  no le damos libertad a la gente, pero sí ponemos en sus manos la materia prima de la libertad: la información.

Es la información indispensable para quienes toman decisiones, que es el caso, por ejemplo del elector, que solo hará una elección libre si está bien informado sobre candidatos y programas. Al darle esa información aportamos la materia prima para su libertad de decidir. Otra es la idea que se tiene de la profesión cuando se entiende que ese es el  papel de la información periodística: habilitar para decidir en libertad.

Cuando esta idea se incorpora a la conciencia de la identidad profesional, esta se hace más fuerte y arroja una claridad al sentido de la dignidad personal y profesional del periodista.

Esta relación de la libertad y del ser periodista complementa y fortalece la conciencia de seres libres que ya había marcado nuestra relación con lo ético. Esta es una relación que tiene que formarse como actitud fundamental.

En efecto, la actitud ante la ética es una cuando se la entiende como una actitud heterónoma, o sea ajena a la persona, procedente de una autoridad externa; otra es  la que se adopta cuando, según el criterio kantiano se la descubre como un ejercicio autónomo que nos convierte en legisladores de nosotros mismos.

Es distinto, en efecto, recibir órdenes de alguien, o darse órdenes a sí mismo. La ética que se fórmula como el cumplimiento de un código ético que alguien ha redactado sin consultarnos tiene una débil consistencia; la misma de un código de tránsito o un reglamento de trabajo, que se cumplen por presión y con vigilancia externa y se incumplen sin escrúpulos cuando no hay la presión ni la vigilancia. En cambio, “darse órdenes y observarlas es el fundamento de la libertad”

Piaget fundamente su planteamiento educativo cuando comprueba la existencia de dos tipos de relación social: la sumisión a una autoridad externa y la cooperación entre iguales que supone la adopción de unos principios y normas  como decisiones propias. En vez de la conducta del sometido se genera el talante de la prensa libre y del razonamiento moral. Cuando esto sucede y es la  libertad el motor de acción, uno es ético no por imposición sino por decisión. En términos familiares, esto es ser ético porque a uno le da la gana. Esta doble relación entre ética y libertad es otro de los hallazgos que quería compartir con ustedes.

Los códigos

5.- Como les relaté  al principio mi acercamiento serio a lo ético ocurrió con la comisión redactora del proyecto de código del CPB. Pero ideas como  las que he expuesto concluyeron en un replanteamiento sobre el papel de estos códigos en la conciencia ética de los periodistas. Mi trabajo semanal en el Consultorio ético  que aparece en la página web de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo me ha dado la oportunidad de escuchar y estudiar las dudas éticas de periodistas de todo el continente. La mayoría de esas consultas tiene un mensaje implícito: qué dicen los códigos sobre  este caso. Existe una generalizada persuasión de que los códigos son la ética y que ser ético es someterse a los códigos. A  fuerza de estudiar y deliberar sobre  casos y conductas en el Consultorio y en los talleres, he llegado a la convicción de que son útiles como herramientas nemotécnicas que hacen recordar valores, principios y actitudes lo mismo que errores y falseados principios; con esa convicción he llegado a otra: los códigos reducen las dimensiones de lo ético, impiden el acceso a la verdadera naturaleza de lo ético y ocultan sus más ambiciosos objetivos.

Isaac Asimov, bien conocido por los lectores de sus obras de ciencia ficción, me sorprendió en alguna de sus publicaciones con un código ético para robots: el robot no puede hacer daño a los humanos; debe obedecer las órdenes;  debe proteger su propia existencia. Leyendo esos tres incisos debí reflexionar sobre el modo de sintetizarlos del autor y sobre la reveladora semejanza con los manuales de instrucciones para armar un mecano o cualquier aparato. Son órdenes que anulan o restringen la libertad, o sea lo contrario del espíritu de la ética cuyo componente esencial es la libertad, como hace un rato lo dije: uno es ético porque le da la gana. Descubrir  las implicaciones éticas de una acción supone la existencia y el impulso de esa gana: ser ético es estar activando la libertad en todo momento y actuar por propia iniciativa.

La ética, concluyo, va más allá de los códigos y reducir la ética a normas y artículos de un código es una forma de empobrecerla y de reducir el espíritu de lo ético .

El bien común, como clave

6.- El estudio de los casos propuestos por los colegas, que son fragmentos de su vida real, deja ver las claves éticas con las que se va haciendo la construcción de una segunda naturaleza, que viene a ser lo ético: un talante, un modo de ser, un estilo de vivir.

Sería interesante cuantificar los casos en que la práctica periodística tropieza con las exigencias y deberes del bien común.

Sin necesidad de esa cuantificación puedo asegurar que el ser ético del periodista incluye como uno de sus valores básicos el del respeto y servicio al bien común. A manera de ejemplo, ¿por qué darle prioridad a una crisis de servicios de salud sobre una impactante victoria en futbol? ¿Qué debe destacar el periodista: la corona de una reina de belleza o los daños ambientales que está produciendo la minería?

Entre dos informaciones: el escándalo de corrupción de un alto funcionario, o un acuerdo de paz, ¿usted qué escoge como información principal? ¿Qué es su periódico o noticiero: un negocio particular o un servicio público? Son consultas que se resuelven con la referencia al bien público y que mantienen latente la idea de que el periodista es, antes que cualquiera otra cosa,  un servidor público y que lo suyo es la defensa y promoción del bien público.

Es una clave, pero no solo eso. De esta referencia al bien común emerge un elemento esencial de la profesión y la naturaleza del papel del periodista y del periodismo en la sociedad; ese elemento permite configurar el ideal ético de la profesión, al tiempo que destaca lo que no debe ser el periodismo. Cuando se desactiva la práctica de un periodismo de servicio y se activa el potencial publicitario, o de relaciones públicas, aparece la deformación y degradación profesional.

La explicación de este fenómeno la encuentro en Aranguren: “La ética está subordinada a la política. La moralidad pertenece a la polis, las virtudes del individuo reproducen las de la política”. (31)

Habla este autor dela política como un servicio del bien común, por eso explica que lo ético se realiza en tres momentos: la familia, la sociedad y el Estado, afirmación que le permite concluir que ”el Estado aparece como la concreción final de la vida moral” (37) En efecto la ética social es una parte constitutiva: “por ser ética de la persona, la ética general le da alcance necesariamente a la ética social”. (38)

Teniendo  a la vista esta relación entre la ética y lo público creo haber descubierto otra clave de lo ético en la práctica periodística y un elemento fundamental para trazar el perfil de lo ético. En efecto, la ética aparece cuando en el horizonte personal emerge el otro.  La relación entre la ética y el otro me hizo avanzar en la comprensión de la ética. ¿Qué tienen que ver la ética y el otro?

El Otro

7.- Encontré en Ética para Amador de Fernando Savater una cautivante reflexión enredada en alguna de las jornadas de Robinson Crusoe, cuando ya habían pasado 20 años después de su naufragio y llegada a la isla.

La huellas de un humano, que encontró en la playa le provocaron un inmenso sobresalto. Recordó al instante la escena que había encontrado a través de la lente de su catalejo. En una playa lejana desembarcaban unos hombres que arrastraban consigo a dos prisioneros. Los arrojaron al suelo, encendieron una hoguera, les dieron muerte a cuchilladas y procedieron a sacar tajadas de carne de sus cuerpos. Aún chorreaban sangre cuando las pusieron a asar en el fogón.

¿Lo había soñado? ¿Era la realidad atroz que parecían comprobar estas huellas?  ¿Estarían a punto de llegar a su rancho estos caníbales?

Se detuvo entonces a pensar lo que correspondería hacer: ¿ir por su arma, seguir las huellas con todos sus sentidos alerta y con toda su experiencia de cazador como guía y eliminar la amenaza? ¿Y si eran varios? Dudó. Pero había otra posibilidad: se le apareció otra escena: seguir las huellas, no con un arma en la mano sino con una canasta llena de flores y frutas, encontrar al hombre y ofrecerle su canasta en señal de amistad. Ganaría tranquilidad y compañía.

Savater interrumpe el relato para reflexionar: en 20 años y por primera vez en su vida de náufrago Robinson enfrentaba un dilema ético: matar o amar. La ética había aparecido con la presencia del otro. La ética lo había sacado de su ensimismamiento, le había abierto los ojos para la contemplación  de la existencia, de los intereses, de las posibilidades del otro; le había planteado alternativas distintas de las que solo tenían el tamaño minúsculo de las que solo consultaban sus intereses. Había abandonado los confines de su yo y entrado en el amplísimo universo del nosotros.

Me he extendido en este relato porque me reveló el papel que el otro asume en la ética. Hice el ejercicio de leer algún código de ética y encontré que el objetivo y razón de ser de esas normas era el otro: el respeto a su intimidad,, el de su buen nombre, el deber de informarle y de dignificarle con la información; su derecho a la verdad, el cuidado por las consecuencias de la información, siempre el otro como presencia ubicua en la reflexión ética. Hablar, pues, de ética es hablar de mis deberes para con el otro y esto hasta el punto de que la sensibilidad ética equivale a la sensibilidad hacia el otro.

Agréguenle a las anteriores, la consideración sobre el lugar que ocupa el otro en la vida del periodista, que es un islote rodeado de otros por todas partes: el otro es a la vez el objetivo de nuestra información: investigamos, editamos y difundimos para él; el otro es nuestra fuente y es el tema de nuestras informaciones: las investigamos, les damos forma y las publicamos porque es nuestra manera de servirles. Con ellos y desde ellos evaluamos lo que hacemos, nada en nuestra actividad ocurre sin el otro.

El cuidado

8.- Esa relación con el otro tiene un comienzo. Su primera manifestación es el cuidado. Preparaba una conferencia sobre ética médica cuando  me salió al encuentro en un texto la información de que el primer paso hacia la ética es el cuidado.

Leonardo Boff, el teólogo y filósofo brasileño ve el cuidado como “una actitud de relación amorosa, suave, amigable, protectora de la realidad personal, social y ambiental”.

Si alguno está pensando que mi idea del periodista es la de  una versión de la madre Teresa, quiero decirle que no está del todo equivocado. Tenemos en común con ella que no miramos a los demás para aprovecharnos de ellos, sino para servirles. Esto difiere escandalosamente del periodista a quien una catástrofe, o un crimen  le interesan como chiva y nada más.  Cuando se hace ese periodismo necesariamente será de mala calidad porque es incompleto y, por tanto, deshumanizado.

“ Cuidar es una forma de vivir, de ser, de expresarse, es una práctica ética y estética ante el mundo”,  escribía Regina Waldow. Es una forma de vivir más allá de lo natural y se convierte en una segunda naturaleza añadida a lo natural. Es un cuidado natural que dice: cuido de ti porque quiero hacerlo.

Todo esto me lleva  a preguntarme sobre lo que cambiaría, en la práctica diaria del periodismo si este fuera el enfoque y la motivación; la respuesta a esa pregunta es reveladora.

Si una de las formas del cuidado es que uno se pone en el lugar del otro para comprenderlo, ¿qué pasaría al entrevistar? En el otro vería incertidumbre, miedo, inseguridad, soledad o indefinición. Ver esto le dará a mis preguntas un tono, una intencionalidad, un aire distinto. Ponerse en el lugar del otro, si ese otro es la persona de quien se informa, o cuando ese otro es la persona a la que se informa, le daría a la información otro tono, otro contenido, otro enfoque porque es una información que protege, que ayuda, que sirve. Estará hecha desde el otro y con las formas que aconseja el cuidado.

Cuando entendí que el primer paso de la ética es el cuidado mi idea del periodismo cambió. Recordé lo que había oído de alguien, que toda obra  del hombre es humana si cuida de lo humano en el hombre. Y esa es la tarea que cumple uno como periodista cuando se pone en el lugar de otro, que es la calidad del que cuida. Es un primer paso que le da el tono a la ética.

En ética nadie es juez de nadie

9.- Me enseño mucho la cordial discusión que sostuve con colegas de Bolivia en La Paz. Estaban satisfechos y orgullosos del tribunal de ética que habían instalado y esperaban ideas y experiencias sobre  esos tribunales.

Los desconcerté al  manifestarles mi convicción de que un tribunal de ética es una contradicción en los términos. Puesto que la ética no puede ser impuesta por nadie porque es un ejercicio de la libertad, y por tanto decisión personal y autónoma, no cabe esa forma de presión externa que es un tribunal, les expliqué. Estos tribunales toman prestado el lenguaje de lo legal. En los tribunales se acusa, se condena, se absuelve, se sustancia, se obtienen pruebas y con los tribunales de ética se pretende que se sigan procesos paralelos, con lo que se desnaturaliza el proceso ético.

Mencioné antes la expresión de Kant cuando llama a la persona ética legisladora de sí misma y retomo esa frase para subrayar la autonomía de lo ético que nace de unas decisiones autónomas y personales.

No se trata de una opinión caprichosa y sujetiva, sino que nace de la lectura que cada uno hace  del mandato de su naturaleza.  La adopción de los códigos de ética crea el equívoco de que al cumplirlos se acata alguna autoridad institucional, ideológica, religiosa, política, cuando en realidad la ética es una obediencia a sí mismo, sea que ese sí mismo se entienda como la propia conciencia, el yo o la apropiación de una cultura.

Por tanto si lo ético es el resultado de una decisión personal y no de instancia externa alguna, soy yo quien legisla, soy quien adopta un compromiso y quien juzga sobre su cumplimiento. En ética no solo somos legisladores de nosotros mismos, también somos nuestros jueces.

Este es el fundamento de una frase que como mantra suelo repetir: en ética nadie es juez de nadie, salvo de sí mismo. Se ha convertido en sofisma de distracción la discusión sobre presuntas o reales violaciones de la ética por parte de los colegas periodistas. Son discusiones en las que generalmente se echa de menos la pregunta principal, ¿en los zapatos del colega acusado, qué hubiera hecho yo? ¿Habría adoptado la conducta de él? ¿Por qué? Cuando este es el enfoque de la discusión esta se vuelve aprendizaje y oportunidad de ver los propios errores y de aprender de ellos. Pero, sobre todo,  por la ética uno se vuelve en el conductor de su propia vida con los riesgos implicados en esa condición y deberes como el de la autocrítica llegan a ser parte del quehacer diario.

La utopía de ser excelente

10.- Dí otros pasos cuando, invitado por los colegas del foro de periodistas argentinos (FOPEA) para la presentación del código de ética que ellos habían redactado en los tres años que siguieron a un taller de ética, redacté el texto de una conferencia que sirviera de introducción a aquel código. Entonces abordé el tema de la ética como una utopía, que me condujo a la cima de estas reflexiones, en la que pude concluir que la ética es la respuesta a la vocación con que todos nacemos, de ser excelentes. Iré por partes puesto que estamos en la recta final de este camino.

¿Se llega alguna vez a la cima de lo ético? ¿Alguien podría decir en esta sala, yo soy ético?

Se plantearía el mismo problema si ustedes o yo dijéremos soy libre, o soy justo.

Ni la ética, ni la libertad, ni la justicia son realidades que están ahí, hechas y acabadas. Son dinamismos del espíritu que tienen mayor o menor actividad pero que nunca alcanzan una total plenitud.

Es más exacto afirmar que el ser humano está en proceso de ser ético, o libre o justo, cuando es ese el propósito de la vida. Por esa razón, porque impone en la vida una actividad que no admite pausas, porque su mandato en la conciencia es a la vez inalcanzable e irrenunciable, la ética es una utopía que no deja espacio para el descanso.

La ética cumple las funciones de las utopías, todas las que en el mundo han sido fuerzas de transformación.

La utopía nace de la insatisfacción ante lo real, se alimenta de la convicción de que todas las realidades pueden y deben ser cambiadas, es la fuerza movilizadora de los cambios.

Manheim habla de la utopía como un estado mental que trasciende la realidad y que va más allá de lo real. La utopía no es una isla, que fue el sentido que le dio Tomás Moro cuando unió las dos palabras griegas u, negación, y topos, lugar, o sea, lugar que no existe, porque tiene que ser creado.

Prescindan del lugar físico, y quédense con el estado mental y el resultado es que utopía es esa voluntad permanente de cambio, de mejoría, que alienta en los humanos a quienes moviliza la convicción de que nada es perfecto, de que la realidad, toda realidad, debe ser cambiada porque así lo imponen, primero la vocación humana a la excelencia y, segundo, su irrenunciable examen crítico de las realidades.

A esa insatisfacción de todas las horas se agrega la propuesta de lo que debería existir, que sobreviene cuando de lo real insatisfactorio se pasa a lo real posible, esa parte de la realidad que se mantiene invisible hasta que la acción humana la hace emerger.

Esta descripción de la utopía  proporciona el marco en que nace la ética. En su proceso todo comienza con la crítica de lo existente. No se puede ser ético y conformista. La persona ética es inconforme consigo misma y con lo que hace. Sometida a constante autocrítica, la persona ética encuentra que siempre hay fallas que enmendar, errores que reparar o rectificar, metas nuevas que alcanzar. Entiende, asimismo que la vida no es descanso, ni satisfacción por lo hecho. Esto explica la importancia de la autocrítica y del diálogo ético en que se comparan el ser y el deber ser de personas, profesiones o instituciones y se aceptan fallos y errores y se reemprende la tarea o búsqueda de la utopía.

La ética es, pues, una utopía, es decir un dinamismo de insatisfacción y de búsqueda, de lo posible que espera el momento de ver la luz de lo real.

Leer un código de ética es internarse en el terreno de lo posible, es recibir la notificación de lo mucho que uno puede hacer y el llamado a realizarlo, a sabiendas de que nunca lo lograremos totalmente y de que la utopía se mantendrá como certeza de que los humanos siempre somos seres posibles.

Por último, amigos, la ética es una invitación a la excelencia y parte de la certidumbre de que como seres humanos y como profesionales, nacimos para ser excelentes.

La ética nos sitúa en niveles más altos que lo real, como expresión, no de otra realidad, sino de  la misma realidad pero llevada a esa alta potencialidad que es la excelencia personal o profesional.

Allí se señalan todas las posibilidades que le caben al ser humano; es la utopía del ser humano perfecto que han soñado los filósofos, o la del hombre nuevo, que es la cima de los sueños revolucionarios, se creyó verla en los santos y la iglesia celebra el hallazgo de su utopía en cada canonización; entre los griegos fue el héroe que cantó Homero., para los romanos la excelencia estuvo encarnada en el guerrero que regresaba vencedor, en el siglo de las luces fue el científico, para muchos lo fue el astronauta y en las olimpíadas mundiales ese ideal de excelencia se ve encarnado en los campeones aplaudidos en lo alto de los podios como representación de la pasión por la excelencia que mueve a todos los humanos.

En cada caso ha habido ese trabajo de corrección, pulimiento, consolidación y conquista de sí mismo que convierte a cada hombre en escultor de sí mismo, empeñado en hacer de sí una obra perfecta.

Como inspiración y motor de ese proceso opera la ética, esa inconformidad con lo mediocre y lo torpe, esa vocación para llegar al deber ser.

Por fin termino, admirando su paciencia. Si tanto Camus como García Márquez coincidieron en llamar al periodismo la más bella profesión del mundo es porque lograron reunir en una frase todo lo que con dificultad acabo de decirles como primera lección de su cátedra de ética del periodismo. Muchas gracias.

 

Documentación

José Antonio Marina: Etica para náufragos. Anagrama. Barcelona, séptima edición. 2006.

José Luis Aranguren: Etica, Altaya, Barcelona, 1994.

Fernando Savater: Etica para Amador, Ariel, décima reimporesión, Bogotá 1995

Victoria Camps: La imaginación ética:  Ariel, 1991,  Barcelona

Leonardo Boff: El cuidado necesario. Trotta, Madrid 2012.

Juliana Gonzalez: El ethos, destino del hombre, Fondo de Cultura Económica, México 1997.

Salvador Alsius: Etica i periodismo, Romanya/Vals Barcelona 1998.

Jack Fuller, Valores periodísticos: Sociedad interamericana de prensa. Miami, 1996.

 

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