Cubrimiento de brotes de enfermedades infecciosas, parte II

Cubrimiento de brotes de enfermedades infecciosas, parte II

A propósito del reciente brote de ébola en África, la periodista de ciencia Ángela Posada-Swafford comparte la segunda parte de sus consejos para periodistas de salud.

Fotografía: CDC Global en Flickr | Usada bajo licencia Creative Commons
Ángela Posada -Swafford

 

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Muchos de los periodistas que cubren brotes tienden a pensar o enfocarse en los más terroríficos, como el ébola, el machupo, la viruela, etc. Pero también hay que ponerles atención a los potenciales virus emergentes dentro de las ciudades. Como por ejemplo la fiebre amarilla, el más importante de ellos. 

Esta enfermedad se produce en un ciclo de la selva que involucra a los monos y a los mosquitos que habitan en el dosel de los bosques del África subsahariana y en la cuenca del Amazonas. Estuvo bastante bien controlada durante más de 60 años desde la década de 1940 hasta hace poco. “Pero en el último año o dos hemos visto algunas grandes epidemias urbanas emergiendo en Angola y la República Democrática del Congo, así como en Brasil”, explica Duane Gubler profesor emérito retirado de la Universidad de Duke.

“Entonces el mundo en 2018 está probablemente bajo el mayor riesgo de epidemias urbanas y fiebre amarilla de los últimos 70 años. Y la pregunta es, si ese es el caso, ¿por qué no hemos visto a la fiebre amarilla emerger como lo han hecho el dengue, el Chikungunya y el Zika? Pienso que solo es cuestión de tiempo; no sabemos por qué no ha surgido todavía”, añade advirtiendo que “los medios juegan un papel crítico en cómo nosotros, los funcionarios de salud pública, nos ocupamos de estas epidemias porque los periodistas pueden proporcionar un efecto positivo, o un efecto muy negativo”.

Detrás de todo esto está la importancia de la confianza. En un brote, el objetivo de la comunicación es construir, restaurar o mantener la confianza entre los funcionarios y el público, entre los encargados de la respuesta al brote y aquellos en riesgo; la confianza entre un país afectado, las naciones vecinas y sus socios comerciales. Y la clave para eso está en la transparencia y el anuncio temprano.

Solo que eso de la transparencia no funciona en todos lados. “En una ocasión, durante un brote en un cierto país, estábamos en una reunión con los funcionarios”, recuerda Thompson. “Esa noche se discutió cómo ocultar la gravedad y la ubicación del brote y ellos decían que tendrían que apelar a los militares para recoger los cuerpos en la noche y deshacerse de ellos, y esto escondería el brote y todo estaría bien. Pero les recordé que este lugar estaba lleno de periodistas internacionales que podrían destapar todo eso, y por lo tanto este plan nunca sucedió”.

Somos esenciales

Un reportero de ciencia y salud es esencial a la hora de un brote, no solo para actuar como perro guardián en casos como ese, sino porque es la persona que debe alertar a su audiencia sobre el hecho de que los brotes son extremadamente impredecibles. Durante el comienzo, el medio y el final algo puede suceder.

“Pero no se dejen llevar por eso de tal o tal enfermedad infecciosa están en mora de suceder”, dice Branswell. “Los brotes ocurren cuando ocurren. Uno ve que aparece una y otra vez en artículos, pero realmente estas cosas no tienen un horario, y si lo tienen, la ciencia no conoce el idioma en que ese horario está escrito; así que realmente les insto a no usar esa expresión”.

En general la idea es que debemos tomar una visión más comedida de los peligros que los brotes de enfermedades infecciosas representan. Un ejemplo reciente es sobre si los juegos de Río deberían o no haber sido cancelados y movidos a otro lugar. Las personas que encabezaban la campaña para mudarlos a otra parte o cancelarlos no eran realmente epidemiólogos; no eran expertos en enfermedades infecciosas; eran personas que pensaban que veían un riesgo y lo anunciaban. Pero no estaban teniendo en cuenta la epidemiología. Si uno habla con los científicos que sabían sobre este tipo de virus, había muchas razones para pensar que estas otras personas estaban equivocadas. Y lo estaban.

Ahora bien, si por un lado no hay que ser alarmista, por otro, hay otros momentos en los que el miedo es realmente un factor de motivación válido. Por ejemplo, uno desearía que más periodistas de salud hubieran sido más temerosos en la primavera de 2014 sobre el hecho de que había un brote de ébola en una ciudad africana. “El ébola urbano era nuevo en ese momento. El mundo no sabía lo que iba a pasar con un brote urbano un brote, y lo vimos y fue horrible. Pero le tomó a mucha gente demasiado tiempo reconocer el potencial de ese brote y África Occidental pagó un precio horrible por eso”, explica Branswell.

Este es el tipo de sexto sentido que desarrollan los periodistas científicos que dedican mucho tiempo a entender los temas de salud que cubren. De ahí que la falta de especialización es la causa de tantos malos reportajes.

Por su parte, los periodistas independientes tienen que vender historias y si su propuesta  es aburrida, nadie las va a comprar. Y entonces tendemos a centrarnos en enfermedades que surgen, mientras ignoramos o les prestamos mucha menos atención a las que siempre están allí, matando a millones de personas cada año, como la tuberculosis, el VIH, la malaria, que simplemente no son tan sexis ni tan amenazadoras, pero de alguna manera mucho son más importantes. 

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Lea aquí la primera entrega del artículo de Ángela Posada-Swafford sobre el cubrimiento de enfermedades infecciosas.

 

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