Reina del Kongo: trenzando sueños

Reina del Kongo: trenzando sueños

La Sala de Belleza Reina del Kongo es el único salón del Palenque San Basilio. Aquí no se viene a guardar el negro detrás de la oreja, como se dice en el Caribe, o a dejar el pelo lacio y chinito. No hay secadores de pelo, ni tenazas. Tampoco hay rolos ni orquillas. En La Reina del Kongo lo que se hace es trenzar.
Brenda Medina

La Sala de Belleza Reina del Kongo es el único salón del Palenque San Basilio. Aquí no se viene a guardar el negro detrás de la oreja, como se dice en el Caribe, o a dejar el pelo lacio y chinito. No hay secadores de pelo, ni tenazas. Tampoco hay rolos ni orquillas. En La Reina del Kongo lo que se hace es trenzar.

La tarde del último día de agosto las jóvenes hermanas Elida Cañate Díaz y Yaelsi Cañate Díaz, las propietarias del salón, llenaban de trenzas libres la cabeza de la turista Raz Slomi. Entrelazaban los mechones con hebras de hilo de algodón color café y otras plateadas y brillantes. Trenzar es una habilidad que las mujeres de este pueblo fundado por esclavos cimarrones del Caribe colombiano han aprendido de sus madres, quienes la aprendieron de sus madres, quienes la aprendieron de sus madres, desde el siglo XVII.

Con un peine de punta finita las trenzadoras marcaban cuadrados en la cabeza de la turista Slomi para apartar mechón a mechón su cabellera lacia y color castaño, luego le apretaban los hilos en el tronco del pelo. Los dedos delgados y ágiles de las hermanas Cañate parecían danzar al ritmo de un tambor que empieza con toques lentos, y aceleran a medida que la trenza va cogiendo forma.

¿Ya te explicaron el significado de estas trenzas? Le pregunto en inglés a Or Saadi la compañera de viaje de Slomi.

“No”, me responde. Se voltea hacia las trenzadoras y les pregunta en su limitado español: ¿Qué es la significación de estas?

“Para nosotros representan el camino hacia la libertad. Nuestros ancestros se trenzaron en sus cabellos los caminos, como mapas, para escapar de los esclavistas y formar el palenque, y las mujeres también cargaron en los cabellos las semillas para sembrar los alimentos que los ayudaron a sobrevivir”, responde Elida, medio distraída, no muy convencida de que la turista la está entendiendo.

“Oh, libertad”, dice la muchacha, confirmando la sospecha de la trenzadora. Al parecer fue la única palabra que entendió.

Traduzco al ingles la explicación de Elida y entonces ambas turistas dejan escapar un ¡WOW!

Intercambian palabras en hebreo y luego Slomi, la chica a la que están trenzando agarra el cabello tejido, empuña unas cinco trenzas. Las mira. Se mira en el espejo que ocupa una de las tres paredes del salón. Mira nuevamente las trenzas como cosa que de repente adquirió vida propia. Otra vez sonríe.

Su amiga me dice “What else?! Tell me more!”. Y después a las hermanas Cañate les pregunta “¿Qué mas?”

Elida y Yaelsi ríen, complacidas. Durante nuestra entrevista en horas de la mañana me habían explicado que ese es precisamente el propósito del negocio.

“Nosotros acá en nuestra sala de belleza lo que hacemos es brindar un servicio de trenzados, como también brindar un servicio de información y que cada persona que llegue a este espacio, pueda saber el por que nos trenzamos”, me dijo Elida, que tiene 25 años y una hija de dos.

“Que nosotros simplemente seguimos en nuestra tradición del trenzado para salvaguardar nuestra identidad cultural a través de las trenzas”.

Una grupo de niñas del barrio que ayudan en el salón se sumó a la faena y en mas o menos una hora Slomi se paró de la silla color Pepto-Bismol que ocupa casi la mitad del pequeño local, con unas 25 trenzas en la cabeza. Pagó unos $20 y puso dinero en un una botella plástica de Coca Cola decorada con flores de cartón con la palabra “propinas”.

A diferencia de otros turistas o de hombres y mujeres de Palenque que viven en Cartagena, Slomi, quien viaja con su amiga Saadi por sur America, no llegó al pueblo buscando a las hermanas Cañate para trenzarse el pelo. Pero cualquiera que recorra Palenque inevitablemente se topa con el salón, al lado de la plaza y la iglesia. Y si no, alguien en la comunidad te recomienda que pases por allí, aunque otros te dicen que te pueden llevar donde una prima que también trenza.

Es que como dice el dicho “En Palenque todas trenzan”. Pero aunque esta habilidad la pasen de mano en mano en esta comunidad fundada en el siglo XVII, varios promotores culturales opinan que el trabajo de la Reina del Kongo es esencial.

“Han sabido sacarle el provecho al local porque muchas mujeres van a Palenque desde Cartagena y otros lados especialmente a trenzarse con ellas. Y van por la moda pero ellas han creado estos lazos con la cultura importantes. [Las clientas] se van del salón educadas”, me dijo Cirle Tatis, una periodista cartagenera que lidera “Pelo Bueno”, un proyecto para promover el cabello afro como vehículo de auto-aceptación de la mujer negra.

“Una vez tu conoces el significado de estos peinados se convierten en un asunto político, en un acto de rebeldía. Hace dos años en Cartagena cuando yo me hice trenzas yo era fea, era mal vista, era palenquera (no es de origen palenquero). Me decían Piedad Córdova de forma despectiva”.

Versiones de esta historia se repiten en cualquier lugar donde hay mujeres negras. El año pasado en Estados Unidos Brianna XXX, de 7 años de edad, fue humillada en plena aula por su maestra, quien le dijo que su cabello “es sucio”. En Sudáfrica un grupo de estudiantes de primaria están protestando contra un reglamento de su escuela que les prohíbe los afros. Hasta el 2014 el Army estadounidense prohibía que las soldados llevaran trenzas, una regla que limitaba los peinados de las enlistadas negras. Y en el último episodio de apropiación cultural en America, este verano, la revista XXXXX declaró que las Kardashian habían puesto de moda las trenzas pegadas de la cabeza (cornrows), un peinado tradicional de las mujeres negras, pero en cuyas cabezas es considerado un estilo ghetto.

***

En Palenque, Elida y Yaelsi crearon su propia revista para mostrar sus peinados. Una especie de menú de trenzas. El libro sin duda continuar’a evolucionado porque cada día nace un peinado nuevo.

Elida me muestra el libro con una foto de cada estilo, el nombre y su significado: El hundidito, el tomate, la puerca paria, innovación africana, popularmente conocido como la cachetá.

Este ultimo peinado parece ser el favorito entre las palanqueras de Cartagena. Las que entrevist’e en la playa de Boca Grande viven de trenzar a turistas pero viajan al pueblo a hacerse sus trenzas.

El negocio ha ganado popularidad entre los palenqueros que viven fuera de la municipalidad.

Nada emocionó tanto a las dos palenqueras de la plaza de la Torre del Reloj como la pregunta sobre el salón de belleza de Palenque.

– ¿Y han ido al nuevo salón allá?

– “Siiiii”, dijeron en unísono y sonriendo.

– ¿El que se llama Re…?

– “! Reina del Kongo!” completaron al mismo tiempo la oración.

– Uy, ¿Y por que tanta emoción?

“Es que las trenzas que hacen en el salón son espectaculares”, dijo Shirley Cassiani, de 31 años.

Y ella si que sabe de lo que habla. Antes de dedicarse a vender frutas en el casco histórico de Cartagena, Cassiani trenzaba el pelo de turistas en la playa de Boca Grande.

Creció viendo trenzar a todas las mujeres de su familia y hace 10 años se mudó a Cartagena a ganarse la vida con lo que había aprendido. Su prima Juana Salinas es una de las tejedoras del salón de Palenque.

“Yo me llevo de aquí mi cabello, porque me gustan las extensiones, y allá en el salón me hago los peinados”, dijo Cassiani.

¿Su favorito?

“Es que son muchos, hay una que se llama la cachetada. Ese es como a medio ladito”, dice Cassiani mientras se pasa la mano de un lado a otro de la frente.

Además de espectaculares los peinados son prácticos. A Cassiani le duran casi dos meses.

La cachetada es también el peinado favorito de Josefina Miranda Valdez, de 34 años, quien nació en Cartagena de padres palenqueros y viaja regularmente a la comunidad.

Le gusta ir a Reina del Kongo cuando está allí.

“Pero a veces voy y eso está de un lleno que me desespero”, dice Valdez extendiendo la e al pronunciar la palabra lleno para demostrar que la cosa es en serio.

“Van muchos turistas ahí al salón. La verdad es que hacia falta porque antes venían mujeres de Palenque a peinarse aquí. Ahora van mujeres a Palenque a peinarse”.

¿Pero que es lo que tiene de especial el salón en un pueblo en donde todas saben tejer, y se tejen hasta sus propios cabellos?

“Antes los peinados eran en las casas, sencillos, unas trenzas largas, pero es que en el salón te hacen unas cosas elaboradas. Tu vas para palenque con esos crespos y vas a ver que vuelves con un peinao’”, me aseguró Cassiani.

***

Finally it is my turn the tourist get up I sit down, she grabs my hair makes the coments of it being untangle, that would make this easier, it wont take that long. I will pay this much. Suddenly the atmosphere feels more relax. I ask her what people usually talk about at the salon, when there isn’t a journalists there pestering them.

Yaelsi suelta una carcajada y me dice “Uy aquí se habla de todo. Hasta del cabello”.

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