Afuera y adentro: Anotaciones de viaje

Afuera y adentro: Anotaciones de viaje

Natalia Roa

Lunes

“Palenque es un rincón de África”, me dice Justo Valdés. Y cierra los ojos como recordando algo mientras caminamos por un calle angosta del centro de Cartagena. Paramos en una esquina; te presento a la mujer más hermosa del mundo, dice.

Una palenquera colorida se ríe bajo el sol con un mango maduro entre las manos, lo pica rápidamente, se limpia con un trapito que saca de su batea y me da su mano al tiempo que hace un gesto con su cabeza.

Entramos a un restaurante en esa misma calle donde Justo le indica a las meseras que “venimos a tomarnos un fresco”. En el fondo del lugar hay una elegante fuente junto con una mesa para dos.

“Maestro Justo, nos tocó la mesa más romántica de todas”, le digo entre risas.

Así es mi niña. La mirada de un hombre se levanta desde una de las mesas, parece incómodo con nuestra risa. Me mira, lo mira a él.

*

Es de noche y un grupo de tambores en la Plaza del Reloj entretiene a algunos turistas. Salgo al balcón a escuchar, pero el artificio de esos sonidos se parece al amor que ofrecen las prostitutas de las bancas. La plaza iluminada, la plaza estéril, coronada en su centro por el verdugo negrero, Don Pedro Heredia.

Martes

“Yo quiero parir un blanco

aunque no me de su mano

Que se riegue la noticia

que’s hijo de Don fulano”

Ceferina Banquéz canta bullerengue en un pequeño patio donde un ñeque merodea.

Mientras conversamos, el cielo se oscurece y me pregunto cómo voy a hacer para salir de ese barrio. Miro el reloj, son casi las cinco de la tarde y soy blanca.

*

Voy para Las Delicias.

Cuidado porque allá es caliente, me dice el celador de la casa cabrero. Tienes que ir antes de las diez de la mañana.

¿Por qué?

Porque a esa hora los rateros todavía están dormidos.

Miércoles

A dos horas de Cartagena (tal vez menos), están los Montes de María. Un lugar geográfico tan rico, que ha sido foco de guerra en los últimos 15 años por los diversos ejércitos de este país. Los campesinos siempre en medio, sufriendo del despojo crónico y de la sequía asesina mientras frente a ellos “los blancos” llenan represas con agua para el riego de sus monocultivos, secando las ciénagas.

San Basilio de Palenque.

Me encuentro con un pueblo cuyo modo de sustento es el turismo basado en la exotización del afrodescendiente y una patrimonialización que funciona como cortina de humo, “turismo étnico” le puse por nombre.

*

“Aquí no podemos tocar pechiche porque tengo a mi marido enfermo. Y si tocamos ese pechiche la gente en el pueblo va a creer que él ha muerto, y que hay Lumbalú”.

Jueves

Me sirvo el desayuno en el restaurante del hotel. A través de la vitrina veo a un hombre sentado sobre el andén, mirando el suelo, ¿será que ya desayunó? Levanta su cabeza como si me escuchara. Nos miramos fijamente.

Me sirvo un croissant.

Viernes

¿Qué es el color?

¿Cómo señalar las sutilezas groseras del neo-colonialismo?

¿Cómo quitarle el mundo al hombre blanco, republicano y católico?

No voy a escribir sobre un tambor

como si fuera

artesanía

artefacto

artificio.

Voy a escribir sobre un tambor porque su lenguaje es espiritual y sus códigos sagrados. Hay más que magia escondida allí.

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