La postura del hijo

La postura del hijo

Arturo Aguilar

Cornelia (influyente arquitecta perteneciente a la clase alta de Rumania) entra a la estación de policía buscando a su hijo Barbu. Exige atención inmediata y una rápida respuesta de los oficiales de guardia mientras ignora por completo a la familia del niño que acaba de ser atropellado (y asesinado) por su hijo. Inmediatamente comienza a presionar (para después tratar de amenazar y/o extorsionar) a todo aquel que pueda para mantener a su hijo fuera de la cárcel.

En la Rumania actual, Barbu, un casi cuarentón, conduce su auto sobre el límite de velocidad cuando atropella a un niño. El niño muere poco después del accidente, y a Barbu le espera una seria condena. Pero su madre Cornelia hará hasta lo imposible porque esto no suceda.

Es la madre dominante, aprehensiva y controladora -la que se cuestiona qué tiene de raro el querer tener acceso libre a casa de su hijo o quien no lo deja ni hablar cuando le piden explicar algo- el eje de esta historia que, en el fondo, hace un retrato sobre la sociedad rumana actual, la cual intenta asimilar un sentimiento de culpa respecto a su pasado reciente mientras siguen reinando el uso de la corrupción, la prepotencia y los favores como moneda corriente para la clase alta.

Como contrapeso, Barbu enfrentará el dilema moral de lo sucedido, entre el cargo de conciencia de la muerte del niño y las presiones maternas para obedecerla y evitar ir a la cárcel. Así es como este hombre se convierte en un espejo de la compleja situación social en dicho país. Una representación profunda y atrevida, a ratos incómoda por el cinismo e inmoralidad con los que Cornelia se conduce por intereses personales y egoístas, que no es otra cosa que un retrato honesto, crudo y directo de una realidad.

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