Un viaje al método Salcedo Ramos

Un viaje al método Salcedo Ramos

Durante el segundo día del Taller de crónica periodística, el maestro compartió su método de trabajo de algunas de sus historias más conocidas.
Segundo día del taller de crónica en Buenos Aires. Foto: Vera Rosemberg/ FNPI.
Martín Ale

En el segundo día del Taller de crónica periodística la propuesta es concreta: un viaje al corazón del método del maestro. Profesor generoso y con un anecdotario interminable –como buen barranquillero-, Alberto Salcedo Ramos recorrerá decenas de carpetas almacenadas en su computadora personal para mostrar a los talleristas cómo construyó algunos de los textos que lo volvieron un cronista tenaz en la búsqueda de información, paciente para esperar a ese personaje esquivo y con una escritura potente y exquisita.

“El punto de partida de cualquier cronista es ser un caradura”, dijo Salcedo Ramos. Animarse a telefonear a ese protagonista de la historia que el cronista imagina. Insistir. Convencer. Nunca sobreactuar. “No hay un decálogo que diga ‘serás introvertido’ o ‘serás extrovertido’ –dijo Salcedo Ramos-. Uno es como es, no se disfraza para ir visitar a un protagonista. Lo introvertido o extrovertido no garantiza el éxito de un reportaje”.

Los 15 talleristas seleccionados a este taller organizado por la FNPI y la Fundación PROA tomaron nota. El sol se asomaba sobre el Riachuelo de la Boca pero la sala de PROA estaba en penumbras: el maestro proyectaba en una pared alta su carpeta “Mis documentos”. Mientras recomendaba: “Siempre es mejor acompañar al personaje, luego habrá tiempo para preguntas. Pero primero veámoslo, escuchémoslo, acompañémoslo a caminar, al mercado”. Siempre hay que explicarle al personaje cómo será el método de trabajo: “te voy a ver cinco veces, a veces por la mañana, a veces almorzaremos, caminaremos por la ciudad”.

“Lleven a comer al entrevistado. La mesa de un restaurante es más devastadora que el diván de Freud”, dijo.

El cronista citó al escritor Mark Kramer: la mejor aspiración que puede tener un contador de historias es convertirse en parte del paisaje. Volverse invisible. De ese modo, los protagonistas se olvidan de la grabadora, de la libreta y se muestran más parecidos a como en verdad son.

El autor de La eterna parranda nació y se crió en una ciudad donde todo se cuenta, donde lo íntimo se vuelve público. “Contar historias era parte de la vida del pueblo. No era una profesión: en Barranquilla todo el mundo cuenta historias y uno llega a cronista con el oído ya entrenado”.

El maestro abrió la carpeta “Darío Silva”. Allí almacena todos los materiales con los que construyó su crónica El último gol de Darío Silva. La memoria de Salcedo Ramos es prodigiosa: recuerda diálogos, detalles, los silencios y risotadas de sus personajes. Pero la memoria a veces no es suficiente y por eso el maestro toma fotos. Muchas fotos. Darío Silva en el patio de su casa, Darío Silva en el restaurante, Darío Silva en la calle. “Luego, cuando veo las fotos puedo reconstruir las escenas con mayor precisión, contar con la mayor cantidad de detalles para hacer una buena descripción”. No son fotos que van en la nota, es un registro que queda para mí”. Y cuando trabaja con un fotógrafo, le pide al fotógrafo que le envíe el material “en crudo”.

A veces los protagonistas se vuelven complicados, difíciles, inaccesibles. Le pasó a Salcedo Ramos con La eterna parranda de Diomedes Díaz, crónica que le valió el Premio Simón Bolívar. El maestro aconsejó rodear al personaje. Hablar con todos aquellos que están cerca de un protagonista puede ser la llave. Y si aún así el plan no funciona siempre se puede volver a dos textos memorables de Gay Talese: los perfiles de Frank Sinatra y Joe Dimaggio.

¿Hay una fórmula mágica que le permita al cronista acceder a los protagonistas? ¿Cómo se desarrolla la capacidad de llegarle a la gente? Fueron las preguntas de los talleristas. “Lo fundamental es la empatía, no la estrategia. Y nunca sobreactuar simpatía. Yo no me hago amigo de los personajes”, dijo el maestro y dijo que llegó la hora de dejar de echarle la culpa a la grabadora cuando un personaje no quiere hablar con el cronista. “La grabadora, junto con la carne de cerdo, son los dos elementos más calumniados de la historia”. Y todos ríen.

Ya pasado el mediodía hubo tiempo para ver más carpetas con la materia prima con la que Salcedo Ramos construye sus textos. El maestro hizo escuchar unos audios de un recorrido por La Habana. He ahí otra clave del “método Salcedo Ramos”. Además de tomar fotos de todo, el cronista barranquillero lleva un diario de viaje. Le dicta a su grabadora datos, frases y a veces hasta párrafos con sintaxis perfecta. Lo que ve, lo que oye, lo que le llama la atención o conceptos sobre el tema van a para a la grabadora. Y de la grabadora al procesador de textos: Salcedo desgraba todas sus notas de voz. Después las subraya y construye un índice temático. En ese índice, dijo, están las claves de la estructura de sus crónicas.

Sobre el final de la segunda jornada de taller hubo tiempo para visitar las “carpetas” sobre Kid Pambelé, sobre los hermanos enfrentados por el conflicto armado, sobre William, el soldado que estuvo secuestrado junto a Ingrid Betancourt.

“Este es mi método, lo fui armando con los años. Cada cual que se arme el suyo. A mí me hace sentir seguro, darme cuenta lo que tengo, lo que me falta”.

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