Entrevista a Luis Miguel González, director editorial de El Economista de México

Entrevista a Luis Miguel González, director editorial de El Economista de México

Entrevista realizada en el marco de la conferencia 'Infraestructura en el desarrollo de América Latina', organizada por CAF, llevada a cabo en Ciudad de México los días 22 y 23 de junio de 2015.

En el marco de la conferencia 'Infraestructura en el desarrollo de América Latina', organizada por CAF - banco de desarrollo de América Latina, y desarollada en Ciudad de México los días 22  y 23 de junio de 2015, la FNPI llevó a cabo la mesa redonda 'Periodismo, onfraestructura y desigualdad', con el objetivo de discutir sobre los desafíos de la cobertura periodística de los proyectos de infraestructura en Latinoamérica, poniendo especial atención al impacto que dichas iniciativas tienen en la disminución de la desigualdad en la región. 

El martes 23 de junio, un grupo de 19 periodistas de 9 países, editores y directores de todo tipo de medios,  discutieron bajo la orientación de Luis Miguel González, director de El Economista, México, y maestro de la FNPI, acerca de las técnicas, los desafíos y las estrategias que emplean los medios para entender, explicar y procesar los eventos y procesos relacionados con el tema. En la actividad se buscó introducir el uso del periodismo de datos y la cobertura trasnacional como herramientas transversales para las estrategias presentes y futuras en este tipo de coberturas. Sobre estos temas González charló con el cronista mexicano Emiliano Ruiz Parra en la siguiente entrevista:

¿Cuáles son los temas que más se cubren y cuáles son los que deberían de tener más atención en el periodismo de infraestructura?

Desafortunadamente, los temas que se cubren más y mejor son las que le convienen al gobierno. Las coberturas se dan en cuatro fases: cuando se anuncia el proyecto; cuando se asigna; cuando se pone en marcha la obra, y cuando se inaugura. Lo que ocurre en los márgenes no está cubierto como se debería, como la justificación del proyecto, las alternativas que se descartaron. Todo eso entra en un territorio de periodismo discontinuo, sin compromiso de seguimiento.

En una redacción hay cambios de fuentes y rotación de personal. El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) va a tener su primer vuelo, si todo ocurre sin contratiempos, en el 2020. Tengo un reportero cubriendo el proyecto. La probabilidad de que el mismo reportero esté cubriendo la misma fuente para el mismo medio en cinco años, en el mejor de los casos es de 30 por ciento. Eso genera inconsistencias en la cobertura. Los temas o ángulos de un reportero no le interesan necesariamente al que sigue, y hay una pérdida de experiencia.

Hay muchos enfoques -político, empresarial y social, entre otros-- pero poco diálogo entre enfoques dentro de una redacción. Y en el mejor de los escenarios hay tres personas diferentes cubriéndolos. Y hay desconfianza mutua. Si tienes a alguien cubriendo obra pública desde el ángulo del uso de recursos públicos, quizá esté tentado a creer que el reportero que lo cubre desde el punto de vista económico-empresarial forma parte de una alianza del mal.

Y respecto a nuestra perspectiva, ¿cubrimos los grandes proyectos de infraestructura pero dejamos de ver la infraestructura a menor escala pero con gran impacto social, como la vivienda o las escuelas?

La infraestructura pone en evidencia lo mal organizadas que están las redacciones para cubrir el mediano y largo plazo. En 2010 el precio del viaje en el metro de la Ciudad de México subió de dos a tres pesos. Dijeron que era para mejorar el servicio. Cuatro años después cierra al público la mitad de la línea 12. Es doble el drama porque coincide con el ciclo que se tendrían que ver resultados de esa promesa de aumento del boleto. El hecho de que ni en la discusión de la Línea 12 se tenga en mente ese aumento, te da una idea de nuestra mala memoria. No es mala memoria sino mala planeación.  

¿Cuál es el trabajo de escritorio que tendría que hacer un reportero o un editor antes de meterse a investigar un tema de infraestructura?

Hay que garantizar que el reportero no llegue desarmado ante una fuente que tiene un gran conocimiento técnico. Si nos dice: la única solución posible es equis, lo que esperas es que el reportero haya hecho algo de trabajo previo para decir: hay otras soluciones en ciudades del mismo tamaño que se resolvieron de otro modo. Somos manipulables por el poder público y el poder económico, y también por los expertos. Hay que saber los suficiente del tema para no ser manipulado ni por el gobierno ni por la empresa ni por los militantes sociales de las Organizaciones No Gubernamentales. No espero que el reportero sea capaz de construir un puente, pero sí de distinguir cuando le cuentan cosas que no tienen pies ni cabeza.

Respecto a los megaproyectos nos hacen creer que el proyecto es único e incomparable. Y no hay nada que no pueda ser comparado. Efectivamente nos va a costar trabajo entender este aeropuerto (el NAICM) pero es un animal que pertenece a una familia que se llama megaproyectos. Los megaproyectos suelen irse hacia arriba en costos y tiempos. No es una locura pensar que eso podría ocurrir en el NAICM.

¿Cuáles son las fuentes del reportero de infraestructura?

Hay algunas que te permiten entender la lógica técnica, como las financieras (expertos, bancos, contadores) que te darán, por ejemplo, una idea aproximada sobre si los costos y los precios tienen sentido. Pero tienes otra dimensión completa: si el proyecto sirve para lo que se dice que va a servir o no, el impacto social.

¿En qué se tiene que fijar un reportero de infraestructura cuando camina por la calle?

Uno de los grandes temas de infraestructura es movilidad. Sólo con la rutina de ir al trabajo se tiene un reportaje de ciclo largo. Nuestro día está lleno de puntos de observación: el agua potable, el drenaje, la electricidad. Y hasta de información sobre costos: tienes recibos de luz, de agua, telecomunicaciones y de gas. Una buena práctica es sistematizar tu experiencia. Con frecuencia reporteamos con una disociación entre lo público y nuestra vida personal, y no están desconectados.  

¿Cómo converger el periodismo de infraestructura con el de política, negocios, y el llamado periodismo social?

Hay una tendencia fuerte de que los equipos trabajan en unidades separadas. La cobertura de infraestructura requiere crear equipos donde estén dos, tres o más personas, y lo ideal es que tengan distinto expertise. Los periodistas, en contra de la imagen que tenemos de nosotros mismos, somos gente conservadora, de hábitos difícles de modificar. La gente quiere interpretar un tema a partir de lo que sabe y no lo que necesita saber.

En The Guardian venía un reportaje muy divertido sobre fetiches. Me hizo pensar sobre la libertad temática que se dieron para hacerlo. Un buen ejercicio es mapear en tu redacción lo que no puedes cubrir. Lo que has prohibido sin querer. Hace años fui a entrevistar al jefe de zona militar en Colima. La Suprema Corte había decretado que podía haber mujeres en el ejército. Me dijo: "No me gusta. Tengo que construir, aunque haya una sola mujer, un baño para mujeres". Cualquier cambio conceptual o de hábitos culturales implica cambios en infraestructura para lo que no necesariamente tenemos voluntad. La infraestructura porque nos obliga a pasar del concepto a la acción, del discurso de inclusión de personas con discapacidad a preguntarse por los edificios que tienen condiciones para un uso no discriminatorio.  

Decías que la infraestructura a veces pareciera una pintura abstracta, un circo de cifras en cientos de millones de dólares, ¿cómo convertirlo en un tema de conversación?

Por ejemplo, cuando nos dicen "esta obra va a crear tantos empleos". Y cómo pasamos de esas cifras a pequeñas esculturas: qué tipo de empleos, ¿cuántos son albañiles, cuantos arquitectos? Si tal obra va a requerir un tipo que es una especie de volador de Papantla porque va a estar trabajando en el aire. La cifra tiene que descomponerse en elementos que sean digeribles.  

La corrupción. Pareciera que es muchas veces el tema de la cobertura de infraestructura, ¿lo es?

Es una especie de atracción fatal. Por momentos hay temas en los que te decepciona no encontrar corrupción. Pero yo diría la historia más importante con la infraestructura es la capacidad de transformar las vidas de los que estamos ahí. El contar la historia de cómo llegó la luz o el drenaje, es el equivalente a Macondo con el cubo de hielo. No minimizo la corrupción pero no es la única historia. Pero si sólo ves la corrupción no verás otras historias.

Has hablado de tener conceptos comunes al momento de cubrir infraestructura, ¿a qué te refieres?

Significa encontrar los adjetivos que te emocionen, y podamos rehuir frases hechas como "elefante blanco". ¿Qué pasa con el factor estético? A veces la corrupción está enmascarada en formas bellísimas. La cobertura de infraestructura tiene una asignatura pendiente con el uso del lenguaje. Puede abrevar de la crítica de arquitectura. ¿Cómo incorporar eso en una crónica? ¿Y cuál es el trabajo de campo? La vivencia de la obra. No puedes hacer una crónica de una línea de metro a partir de los libros. Tienes que ver las terminales, los andenes. Debes evitar la tentación de trabajar con abstracciones.

¿Cómo combatir el secretismo, porque hay una tentación en muchos gobiernos a que las obras de infraestructura sean opacas?

Hay tendencias positivas: las empresas que concursan son empresas públicas en el sentido de que cotizan en bolsa y están obligadas a dar muchísima información. Antes toda la información era escasa, y ahora no necesariamente. Hay proyectos con mucha información donde quizá el problema es que es muy abundante y contradictoria. Tratar la infraestructura como si siempre estuviéramos ante información escasa y secreta es un error. Hay mucha más información disponible ahora que hace 10 años. Y sí, lo que es imperdonable es tener la información y no saberla leer.

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