Relatoría del taller de libros periodísticos con Martín Caparrós
7 de Julio de 2022

Relatoría del taller de libros periodísticos con Martín Caparrós

El escritor y cronista argentino se reunió con ocho periodistas iberoamericanos durante la Feria del libro de Madrid para analizar y reflexionar colectivamente los proyectos de libro de cada uno.
Foto: Isabel Infantes | Feria del Libro de Madrid
Mónica Baró Sánchez

Para el escritor argentino Martín Caparrós, un libro significa un espacio de libertad para hacer lo que nos de la gana. Ese fue el punto de partida de su más reciente taller de libros periodísticos, que tuvo lugar en la Feria del libro de Madrid, entre el 5 y el 9 de junio de 2022, y reunió a ocho periodistas iberoamericanos.

“Si hacemos libros es porque queremos darnos el gusto de hacer lo que queramos hacer y no lo que nadie nos imponga. Es lo que más me gusta del libro. Entonces ya que uno hace eso, démonos el gusto de hacerlo en el tiempo que hay que hacerlo y de la manera en que tengamos ganas”, recomendó Caparrós desde el primer día.

Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, Caparrós no fue el protagonista del evento. Caparrós fue un guía que posibilitó que los ocho participantes se volvieran los protagonistas. Los proyectos de libro eran sometidos a un análisis colectivo profundo, sincero y respetuoso, en el que cada persona aportaba algo distinto.

“Me apunté en el taller por Martín, pero agradezco lo que me han aportado todos”, dijo el día del cierre la periodista española Miriam Ruiz, quien presentó una historia sobre el cáncer de mama.   

También Eileen Truax, escritora mexicana que ya había estado en otro taller de este tipo con Caparrós, y llegó a esta edición con un proyecto sobre el duelo, consideró que la fórmula de estos talleres “es mágica”, y funciona tanto, que la gente termina publicando.

“El nivel de vulnerabilidad que se alcanza, aceptar que otras siete personas te digan cosas, crea un vínculo. Y es un vínculo duradero. Porque te has mostrado vulnerable ante otros y los otros se han mostrado vulnerables ante ti. Con quienes yo estuve en el primer taller de libros he seguido en contacto”, dijo Truax.

Para Caparrós estos talleres “son ejercicios de generosidad, de pensar para los otros”. Ya desde el primer día había comentado: “Escribir es una de las actividades más solitarias que hay y poder reunirse de vez en cuando con otras personas para hablar de lo que estamos haciendo ayuda; estamos acá para charlar”.

Los otros participantes fueron los argentinos Ernesto Picco y Marianela Jiménez, la colombiana Juanita Vélez, la venezolana Ronna Risquez, el chileno Patricio (Pato) De La Paz, y el español Agus Morales, quienes llevaron propuestas de libros sobre la migración, el refugio político, el conflicto armado en Colombia, el crimen organizado, la construcción de memoria histórica y la explotación minera.

Los límites entre ficción y no ficción

Una de las primeras discusiones que se tuvo en el taller giró en torno a los límites entre ficción y no ficción. “Yo ahí soy un poquito rígido –reconoció Caparrós–. Lo único que separa la ficción de la no ficción es que la no ficción no sea ficción. Todo lo demás es manejable, modificable, las formas con las que se cuenta”.

“Todos los recursos son buenos si te permiten contar mejor lo que estás contando. El límite es estar honestamente convencido de que eso es cierto y haber hecho todo lo posible por confirmarlo”, afirmó. 

Una violación de esos límites, explicó Caparrós, sería construir personajes ficticios para contar una historia periodística.

En este sentido, Pato De La Paz, editor general de The Clinic, compartió una preocupación sobre cómo definir la realidad en las historias personales en las que la fuente principal es la memoria del propio autor. Algo a lo que su colega Eileen Truax respondió: “lo que tú recuerdas es la realidad”.

“También cuentas lo que no puedes contrastar, que es el gran debate que tienes cuando trabajas con víctimas. Cuando una mujer migrante te dice que la violaron tres veces, una dice que esa mujer dice que la violaron tres veces”, dijo la mexicana, quien cuenta con una gran experiencia cubriendo migración latinoamericana.

El narrador como personaje

¿Es el narrador un personaje? De ser así, ¿qué implica que lo sea?

Para Martín Caparrós “siempre hay un narrador, aun cuando uno no se regodee en ese narrador y no lo ponga por delante, el que cuenta siempre es un personaje; alguien que uno ha conformado de algún modo, lo cual no quiere decir que sea un engaño ni nada que se le parezca”.

El escritor argentino advirtió que “no hay que confundir el autor con el narrador”. El narrador es una construcción del autor, “alguien que se está mostrando como el que escribe”, y supone la elección de determinados elementos y la discriminación de otros para su construcción; por tanto, si se construye a partir de decisiones e intenciones narrativas claras, debemos considerarlo un personaje. 

Para Marianela Jiménez, el narrador “es una voz” que se construye en función de la historia, que no implica una renuncia a los principios del autor, aunque sean dos figuras que se diferencian.  

Sacar al mármol todo lo que le sobra

“La elegancia no consiste en encontrar segundas palabras”, dijo Caparrós, en alusión al uso de palabras rebuscadas. “Las primeras palabras son tan bonitas, tan naturales, y tan fluidas, que generalmente son las que mejor dicen”, añadió.

“Las palabras son precisas –dijo–. Todo nuestro trabajo consiste en elegir la palabra más precisa posible. Eso es escribir: desechar ochenta mil palabras y elegir una. En definitiva, no es más que eso. Yo cada vez más creo que la belleza es eso. En otras épocas creía que la belleza de una prosa estaba en la exhibición de ciertas habilidades, malabares y cosas por el estilo, y cada vez más creo que la belleza está en que la prosa sea precisa y que nada le sobre. Que todo de la sensación de que tiene que estar ahí con un sentido y no porque uno es cursi y tiene miedo a repetir y escuchó una palabra que quiere poner en el texto. Cada vez creo más en eso que decía (el artista) Miguel Ángel que ‘esculpir es sacarle al mármol todo lo que le sobra’. Escribir es eso, sacarle al texto todo lo que le sobra”.

El cierre y final de las historias

¿Cuándo hacer el cierre de una historia y encontrar el final de un texto? ¿Cuándo parar de investigar, reportar y escribir?

 “Cuando una siente que todo es muy reiterativo y no está agregando nada, ahí puede parar”, dijo la periodista colombiana Juanita Veliz.

Por su parte, Ernesto Picco, de Argentina, explicó que en ciencia sociales se llama saturación al momento en que una investigación deja de arrojar datos nuevos; que para él eso es una señal para concluir un proceso de reportería o escritura. 

Pero para Marianela Jiménez se trata simplemente de una decisión. “El punto final es una decisión”, dijo.  Además, aconsejó escuchar el texto para identificar “qué es lo que nos está pidiendo”.

Los talleristas insistieron en diferenciar el final de un texto, el final de la escritura, y el cierre de una historia. En el primer caso es la estructura narrativa y el ritmo de la prosa lo que determina la construcción del final; mientras que, en el segundo, el cierre de la historia depende de los objetivos de la investigación periodística y su cumplimiento.

“Para mí nunca acabas de escribir, para mí decides cuándo acabas de escribir. Luego hay una gran respuesta que es la fecha de entrega. Si no hay fecha de entrega hay gente que no es capaz de cerrar un libro, un reportaje”, dijo el español Agus Morales, director del medio 5W.

También Martín Caparrós contó que él sabe cuándo termina un libro cuando pasa más tiempo pensando en el siguiente que en el que está trabajando. “Algo que en un punto es contradictorio con que cada vez me gusta más corregir”, admitió.

“Pudiera parecer paradójico, porque a medida que uno va dominando su instrumento no debería corregir más. Pero me da mucho gusto. Cosa que por otro lado me hace pensar que soy bastante estúpido porque yo corrijo más los textos que no importan que los que sí”, dijo. 

La escritora mexicana Eileen Truax reveló que, en su caso, nunca ha terminado un libro y ha dicho de inmediato que quiere publicarlo: “siempre he terminado porque tengo la fecha de publicación encima, lo cual es muy bueno”.

La primera persona

¿Cuándo se justifica su uso y cuándo es imperdonable e interrumpe la historia?

“Yo he escrito muchas veces que estoy a favor de la primera persona en la crónica porque me parece muy política y digo que parece muy política porque rompe con esta falacia de los medios clásicos que pretendía que no había nadie que contaba para pretender que lo que se estaba contando era la realidad. Que no había mirada, que no había sujeto”, argumentó Caparrós. 

“Eso obviamente es imposible, no por una cuestión moral, sino por una cuestión estructural. No hay un relato si no hay un sujeto que relata. Aun en la tercera persona hay subjetividad, porque eliges la información. De eso trabajamos, de elegir aquello de la infinita realidad que vale la pena ser contado y transmitido”, agregó.

Para el escritor argentino, la primera persona es una forma más de contar, que considera disruptiva, al desafiar esa pretensión de objetividad periodística que utilizaba la tercera persona para intentar encubrir al autor. “La prosa en tercera persona trataba de ser lo más transparente posible para que no pareciera que hubiera una intermediación”, dijo.

“Uno siempre escribe en primera persona aun en tercera. No es necesario que haya una tercera persona gramatical para que se vea que hay alguien escribiendo”, afirmó.

Sin embargo, Caparrós alertó acerca del riesgo de utilizar injustificadamente la primera persona e interrumpir la lectura. “Hay que tener muy clara la diferencia entre escribir en primera persona y escribir sobre la tercera persona, que no suceda eso que pasa que uno lee un texto en primera persona y tiene ganas de decirle ‘correte cacho que no me dejas ver’, porque tiene ganas de ver lo que está detrás”, expresó.

Además, exhortó a evitar el empleo de la primera persona del plural como una forma de “enmascaramiento del yo”. Solo cuando hay otros personajes participando en la historia o las acciones resulta pertinente hablar de un nosotros. 

De los proyectos de libro que se discutieron en el taller, dos se desarrollarán en primera persona, porque se basan en historias vividas por sus autoras, pero otros tres utilizarán también este recurso en determinados momentos.

El sueño húmedo de los editores

¿Cómo ofrecer explicaciones sin ser condescendientes con los lectores? ¿Qué recursos funcionan para entender un texto? ¿Existe un lenguaje universal?

Para Caparrós, la selección de las palabras tiene que ver con el ejercicio de pensar para quiénes escribimos, aunque reconoce que no cuenta con una respuesta unívoca al respecto.

“Hay una especie de sueño húmedo de los editores que consiste en un castellano universal. Además, es simplemente impracticable, no existe. Uno escribe vereda o acera. Uno tiene que decidir. Yo siempre decidí escribir en el mío (mi lenguaje), pero también la idea del mío es variable, porque yo desde hace nueve años no vivo en la Argentina”, dijo. 

Pero siempre será la propia historia, advirtió Caparrós, la que guiará el proceso: “la discriminación aparece junto con el texto que estás trabajando, es el texto que te está dando la medida de qué tipo de material se adapta y cuál no”.

“Es una cuestión de ensayo y error. Yo consigo una cantidad determinada de material sobre un tema y luego voy probando qué funciona”, explicó. 

Uno de los recursos frente a los cuales se mostró bastante firme fue el de la nota al pie. El escritor argentino consideró que “la vieja nota al pie es patética, es la derrota del narrador”.

“A priori estoy de acuerdo con la idea de buscar distintos niveles de enunciación, pero las notas al pie vienen cargadas de una imagen de la derrota académica. Forman parte de un esquema en el que los académicos tienen que justificar lo que dicen”, argumentó.

“Yo a veces pongo largos párrafos entre paréntesis, pero están ahí en el texto. La nota al pie, si mantiene el papel justificativo, es un recurso un poco pobre”, dijo.

También la periodista mexicana Eileen Truax complejizó la discusión al hablar de la reproducción de prejuicios, estereotipos y discriminaciones en el lenguaje que se suele utilizar para abordar algunos temas, como el de migración.

“Lo que pasa es que muchas veces los periodistas repiten los vocabularios de los políticos, sobre todo el tomado de los desastres naturales. Por alguna razón hay una idea de que el lenguaje de los desastres naturales sirve: oleada, avalancha, desbordan, caos. Y se vuelve el lenguaje de ese fenómeno. Y te vuelves portavoz”, dijo.

Eileen, quien ha cubierto esta problemática en América Latina y Estados Unidos durante unos 15 años, afirmó que “crisis migratoria” es otra de las expresiones que se emplea frecuentemente de una manera desacertada.

“La migración no es una crisis. En ningún sentido. Si no los puedes recibir es porque es una crisis de recepción. La migración es el resultado de una crisis, que puede ser humanitaria, climática, o de un Estado violento que ocasiona una migración”, explicó.

Para ella, “los migrantes no son la crisis” sino un resultado o consecuencia de otras crisis. 

El periodista español Agus Morales, quien también cuenta con experiencia en procesos migratorios, en especial de personas refugiadas, resaltó que, en el caso de los ucranianos que han huido de la guerra en su país, iniciada tras la invasión rusa el pasado 24 de febrero, no se habló de oleada en los medios, aunque eran millones los que estaban entrando a territorio europeo.

“Es un tema de perspectiva, tendemos a asumir la perspectiva de los países que reciben, en vez de la perspectiva de los migrantes”, dijo Agus. Sin embargo, cuando la perspectiva se coloca en los migrantes, agregó, la historia cambia completamente. 

La pregunta acerca del impacto de lo que publicamos

¿Cuál es el impacto de nuestro trabajo? ¿Sirve de algo lo hacemos? ¿Valen la pena todos los riesgos que se corren a veces para contar una historia? ¿Cambia la realidad el periodismo?

Martín Caparrós piensa que preguntarse acerca de la utilidad de los trabajos periodísticos “es la mejor forma de desanimarse”. “Esa es una trampa fácil”, dijo, en la medida en que puede acabar desmovilizando a los periodistas.

La mexicana Eileen Truax agregó que el trabajo de los periodistas “no es cambiar el mundo sino ayudar a entender a la gente para que lo cambie”. “La cosa más frustrante que me ha pasado fue ver ganar a (Donald) Trump. Luego de 15 años escribiendo sobre la frontera, sobre migración, fue como sentir que eso no había servido de nada”, contó, en relación con el proceso electoral que llevó al empresario estadounidense a la presidencia de su país en enero de 2017.

Truax confesó que en ese entonces le pasó por la cabeza dedicarse a hacer entretenimiento en la ciudad de Los Ángeles, donde residía, por la frustración que sintió. No obstante, a cinco años de ese momento, piensa que “sin el trabajo que se hizo antes y durante el gobierno de Trump no hubiera ganado Biden, o no hubiera perdido Trump”.

La venezolana Ronna Risquez comentó que en su país también se vuelve muy frecuente el sentimiento de frustración por las características del gobierno de Nicolás Maduro, que es fundamentalmente autoritario.

Risquez dijo que, en ocasiones, luego de la publicación de denuncias de corrupción en el gobierno, los funcionarios acusados resultaban ascendidos. No obstante, destacó que el periodismo sí ha servido para nutrir con información, referencias y testimonios el trabajo de organizaciones internacionales defensoras de derechos humanos que ejercen presión sobre el régimen.

Otro de los ejemplos referidos fue el de Cuba, donde impera un régimen similar al de Venezuela, aunque su historia de represión es mucho más larga, pues cuenta ya con más de 63 años. En este caso, el periodismo independiente al Estado ha servido no tanto para cambiar la realidad reflejada en las distintas historias como para reivindicar los derechos de la ciudadanía a ejercer las libertades de prensa y expresión.

“Solo hay ese camino, somos periodistas al final por naturaleza”, dijo el español Agus Morales.

Sobre Martín Caparrós

Es un periodista, novelista y ensayista (Buenos Aires, 1957). Ha practicado periodismo cultural, político, policial, deportivo, gastronómico y taurino en prensa, radio y televisión. Comenzó en 1973 en el diario Noticias de Argentina. Vivió en París, donde se licenció en Historia, y más tarde en Madrid, donde colaboró con el diario El País y distintos medios franceses. De regreso a su país dirigió los mensuarios El Porteño, Babel, Página/30 y Cuisine & Vins. Ha publicado más de treinta libros traducidos a más de treinta idiomas. Uno de los más conocidos es El Hambre, que narra y explica esta problemática mundial a través de la no ficción, y ha tenido una gran repercusión internacional. Además, como novelista ganó el premio Planeta Latinoamérica 2004 por Valfierno y el premio Herralde 2011 por Los Living. Recientemente recibió el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes (España) y el Premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos). En estos momentos reside en Madrid y publica con el diario El País. Es maestro de la Fundación Gabo desde 2001 y miembro de su Consejo Rector desde 2013.

Sobre el taller de libros periodísticos con Martín Caparrós

Con la guía de Martín Caparrós, ocho periodistas y escritores iberoamericanos someterán a análisis y discusión un proyecto de libro periodístico en el que se encuentren trabajando, con el fin de lograr contar la mejor historia posible. El taller tiene lugar entre el 5 y el 9 de junio, en Madrid, España, como parte de la programación de la 81ª Feria del Libro de Madrid. También coincide con el aniversario 40 de la entrega del Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez. 

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