Consultorio Ético de la Fundación Gabo
29 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

En el departamento de publicidad del diario donde publico dicen que los avisos son información y que, por eso, deben recibir el mismo tratamiento que las informaciones diarias. ¿Es esto correcto? Son dos clases diferentes de información: la del publicista es una información interesada, que busca convencer a los lectores, oyentes o televidentes sobre las bondades de un producto nunca revelará sus debilidades o sus defectos. Si se trata de promover una medicina no hablará de daños o efectos secundarios, salvo que la ley obligue a dar esa información. Si el propósito es la venta de autos no mencionará sus defectos y lo mismo ocurrirá si la propaganda es de telas, toallas, margarinas o televisores. Es una información parcial y parcializada y así lo deben entender todos los que reciben esa información.
La que da el periodista no tiene esa limitación porque lo suyo no es vender productos, ni imagen institucional sino poner en contacto con los hechos a los receptores de la información. Su mayor orgullo profesional consiste en mostrar las noticias por todos los lados para que su conocimiento sea tan completo como es posible. Esto marca una diferencia fundamental con la publicidad y explica por qué un periodismo honesto diferencia con claridad la información publicitaria de la periodística. Esto ha sido claro en los periódicos y así lo reflejan los manuales de estilo, como se demostró en una respuesta anterior y como se podrá leer en la documentación siguiente.

Documentación.

El presidente Roosevelt tiene razón cuando dice ante la Conferencia de Periodistas que la propaganda no debe publicarse en los diarios de la misma manera que un hecho.
La propaganda no es un hecho sino una falsedad.
En realidad se aparta intencionadamente de todo parecido con la verdad, en beneficio de uno u otro bando en disputa o en conflicto.A lo sumo, la propaganda es una opinión, y la opinión no debe publicarse como un hecho, aunque sea sincera.
Además, la propaganda no es un hecho honesto, ni una opinión honesta. Es esencialmente deshonesta.
La Constitución le ha conferido a la prensa un alto honor y le ha impuesto una obligación igualmente grande en interés de una información pública, completa y exacta.
La prensa tiene el alto deber de merecer esa distinción, esa sagrada confianza, en todo momento.

William Randolf Hearst.
Fundador de la cadena de diarios Hearst.
En Arte y Sentido del Periodismo, compilación de E.D. Coblentz.Troquel. Buenos Aires, 1966.- Página 53.

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