Consultorio Ético de la Fundación Gabo
26 de Septiembre de 2016

Consultorio Ético de la Fundación Gabo

Los medios para salir antes que otros con un "golpe periodístico", publican informaciones basadas en rumores que afectan instituciones y personas. ¿Son cómplices de un "asesinato de imagen"? El pensamiento expresado en los manuales de estilo es claro: el rumor no es noticia. Algunos de ellos anotan, sin embargo, que el rumor puede contener una noticia, en germen por tanto no se lo debe desechar de buenas a primeras, sino que debe ser investigado hasta su plena corroboración o descarte.
Un estudioso del tema del rumor, el licenciado Javier H. Contreras, de la Universidad Autónoma de Chihuahua, en un artículo titulado "Rumores, voces que serpentean," cita a Benjamín Flores de la Vega: "el rumor, para nosotros, periodistas, es aviso, herramienta de trabajo, anotación para aplicar programas, resultado de la degradación de una verdad, un mensaje distorsionado o bien una comunicación de base falsa, que vale ser reencauzada".
Señala Contreras que el rumor ha sido utilizado como estrategia de guerra para derrotar al enemigo, también como arma política para introducir confusión entre los contendores políticos. Cita a Edgar Morin quien observa con severidad: "los rumores son historias sin fundamento. Han adquirido la imagen de una enfermedad mental en el cuerpo social".
Explica que el rumor corre por falta de noticias, por consiguiente, se deben proporcionar a la población "noticias lo más exactas posibles". Sin embargo, la fuerza del rumor consiste en que su fuente se mantiene oculta y misteriosa permite tratar temas que no han tenido sanción de los gobernantes no requiere pruebas y no cuesta nada. Características que, a la vez, explican el rechazo de los códigos y manuales de estilo cuando hablan sobre el rumor, sobre todo cuando tiene como efecto la destrucción o el daño moral de alguien.

Documentación.

Jean Noel Kapferer es quizás unos de los estudiosos principales de este fenómeno y para él el rumor se encuentra en todas partes, cualquiera que sea el ámbito de nuestra vida social y asienta que es el medio de comunicación más antiguo. Sostiene que antes de la invención de la escritura, el único canal de comunicaciones de las sociedades eran los mensajeros y mensajes que corrían de boca en boca. En otras palabras, el rumor era el vehículo de las noticias hacía y deshacía reputaciones y precipitaba las rebeliones o las guerras, y lo paradójico es que el desarrollo de los actuales medios, lejos de suprimir los rumores los ha hecho más especializados, cada uno posee su propio territorio de comunicación.
(...)Al pasar un rumor siempre se supone que está transmitiendo un hecho cierto y toma más fuerza cuando el emisor del rumor advierte: "hay que tomarlo como un rumor, pero me han dicho que..."
Por supuesto que en el rumor hay muchos fragmentos de verdad. Es más, requieren por lo general de una dosis de verdad como semilla, aunque lo que siga posteriormente se vaya alimentando de fantasías. Esta mezcla de dosis de verdad con grandes ingrediente de invención hace a veces difícil desvanecer o enfrentar un rumor.
La misma preocupación que despierta la circulación del rumor fortalece la posibilidad de que tenga algo de verdad. Si los rumores fueran simples mentiras, ¿por qué preocuparse de ellos, por qué tratar de desmentirlos si la gente sabe que se trata de imprecisiones o invenciones de mala fe?
El problema es que el rumor se vuelve molesto porque su mensaje puede tener fundamento y también los rumores molestan porque se trata de una información que está fuera del control del poder.

Javier H. Contreras.
Rumores, voces que serpentean.www.saladeprensa.org

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